CONICET/UBA/IIGG-GES [email protected] CONICET/UBA/USAM [email protected]
Palabras
comunicación,
géneros, sexualidades,
estupidización,
victimización
Keywords
communication, gender,
sexualities, dumbing,
victimization
Resumen
El objetivo de este trabajo es indagar sobre el estado actual de la crítica cultural en torno a géneros y sexualidades en Argentina. Partimos de un diagnóstico: existen dos posiciones estereotípicas acerca de la relación de los sujetos –y en particular de las mujeres- con los medios masivos de co- municación: la victimización y estupidización. Esto es: las mujeres son “víc- timas” cuando son representadas en la cultura de masas y “tontas” cuando la consumen.
Asimismo, entendemos que en la actualidad el espíritu de las legislaciones y de los organismos de gestión y control se orientan por una perspectiva de pluralismo e inclusión comunicacional y cultural, entonces ¿de qué modo esto puede verse potenciado u obstaculizado por las formas en las que se piensa el vínculo entre las mujeres y la cultura de masas?
Abstract
The aim of this paper is to investigate the current state of cultural criticism about genders and sexualities in Argentina. We start from a diagnosis: there are two stereotypical positions on the relationship between subjects - espe- cially women- and mass media: dumbing and victimization. That is, women are “victims” when they are represented in mass culture and “dumbs” when thought as audience.
Furthermore, we understand that today the spirit of legislation and agencies of management and control are guided by a perspective of communicational and cultural pluralism and inclusion, then we interrogate in what way this can be enhanced or impeded by the ways in which the link between women and mass culture is thought.
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Introducción
Este trabajo recoge algunos de los debates e interrogantes surgidos durante el Coloquio del Centro de Investigación en Mediatizaciones, realizado en Rosario en agosto de 20131.
En aquella ocasión presentamos una serie de cuestionamientos a lo que consideramos son las posiciones dominantes en el análisis del campo problemático que articula comunicación de masas, géneros y sexualidades. En este texto, sintetizaremos aquellos argumentos ini- ciales para luego dar lugar a algunas de las derivas que se abrieron en el diálogo colectivo.
Contexto
El último lustro puede pensarse como un momento de transformaciones significativas tanto en el campo de la comunicación como en el de las cuestiones relativas a géneros y sexua- lidades. Muchas de estas transformaciones se han materializado en la sanción de normati- vas (la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, de Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, en particular en sus aspectos referidos a la violencia simbólica; de Matrimonio igualitario, de Identidad de género, de Derechos sexuales y reproductivos, de Educación sexual integral, de Prevención y Sanción de la Trata de Personas y Asistencia a sus “víctimas”, entre otras), el diseño de políticas públicas y la creación de organismos destinados a su gestión y control.
Este escenario favorable a las demandas de derechos en materia de géneros y sexualidades y de ciudadanía comunicacional ha habilitado un tipo de relación entre el conjunto de actores de la sociedad civil que venían pugnando por aquellos derechos y las diferentes instancias del Estado involucradas, dominada por la denuncia como canal de expresión y comunica- ción.
Para el caso que nos ocupa –los modos de concebir la relación entre los medios masivos de comunicación y sus audiencias- ciertos organismos fueron adquiriendo un lugar central como interlocutores y responsables de la gestión de las demandas de derechos. De este modo, el Observatorio de Radio y Televisión –un órgano tripartito conformado por la AFSCA, el INADI y el CNM- y la Defensoría del Público, dependiente de la Comisión Bicameral del Congreso de la Nación, comenzó a procesar las denuncias provenientes de organizaciones sociales y de particulares en relación, principalmente, a ciertos contenidos producidos y
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difundidos en radio y televisión. Muchas de estas denuncias son sobre sexismo y violencia de género.
Si bien las críticas al sexismo y a la violencia de género en los productos mediáticos tienen una larga tradición tanto en el campo académico como en el activismo, la particularidad del contexto actual es que han adquirido una alta resonancia pública y social así como canales institucionales para su tramitación. Es precisamente a partir de la puesta en cuestión del lugar de la cultura de masas en la vida de las personas y, simultáneamente, la discusión en torno a qué significa ser un sujeto marcado por la configuración sexo-genérica de una cultu- ra, que numerosas denuncias, críticas y reflexiones han comenzado a tomar relevancia en la agenda pública y política.
Ahora bien, nuestra preocupación es que el estado actual de dicha crítica cultural en torno a géneros y sexualidades en Argentina está dominado por dos posiciones estereotípicas acer- ca de la relación de los sujetos –y en particular de las mujeres- con los medios masivos de comunicación y que aquí se conceptualizan como victimización y estupidización. Con esto queremos decir que dichas críticas entienden que, por un lado, las representaciones mediá- ticas sobre las mujeres las violentarían ubicándolas en el lugar de “víctimas” de un conjunto de normas sociosexuales y de género reproducidas en las imágenes y discursos difundidos en los medios masivos de comunicación; y, por otro, que aquellas mujeres –excepto las denunciantes- que consumen estas representaciones son pensadas como “tontas cultura- les”, en la medida en que parecen ser inscriptas en una relación de literalidad y linealidad con aquello que ven y escuchan por lo que –siempre- estarían reproduciendo ellas mismas los imaginarios y estereotipos presentes en las representaciones mediáticas2. Nos inquieta
el hecho de que muchas de las denuncias, intervenciones e investigaciones en torno de la articulación comunicación, géneros y sexualidades recuperan estas retóricas como un punto de partida que aparece como incuestionable.
Si tuviéramos que enumerar algunos de los interrogantes a los que nos enfrenta la crítica mediática contemporánea, estos serían: ¿desde qué concepción de cultura se realizan al- gunas de estas denuncias?, ¿qué ideas sobre géneros y sexualidades sustentan sus hipóte- sis?, ¿qué posiciones de sujeto en relación con la cultura de masas estas retóricas habilitan u ocluyen?, ¿cuál es el rol que el Estado debería cumplir en estos casos?
Las respuestas disponibles tienden a formularse desde aproximaciones a las producciones de la cultura de masas y a su recepción en términos de pares dicotómicos: víctimas/victima-
2. A lo largo de este trabajo referiremos a tontas y víctimas como categorías que remiten a posiciones enunciativas en un debate, no a sujetos históricos, y que representan posiciones de sujeto en relación –entre otros campos- a la cultura de masas.
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rios, objetos/sujetos, activas/pasivas, tontas/críticas, lo cual acota o directamente desestima las complejidades y tensiones que aparecen tanto en los textos de la cultura de masas como en las prácticas en torno de ésta.
Como mencionamos al inicio de este texto, durante el Coloquio del Centro de Investigación en Mediatizaciones –cuyas intervenciones recoge este libro-, presentamos algunas de estas inquietudes y surgieron líneas de discusión interesantes para complejizar la mirada, que- remos rescatar aquí dos de ellas: en primer lugar, se planteó el problema de la traducción normativa de los principios generales que orientan una perspectiva inclusiva de la comunica- ción y la cultura. Es decir, si el espíritu de las legislaciones y de los organismos de gestión y control de las políticas en materia de comunicación y cultura se orientan por una perspectiva de pluralismo e inclusión comunicacional y cultural ¿de qué modo esto se ve potenciado u obstaculizado por las formas en que se interpreta y aplica la ley tanto como las característi- cas que adquiere la relación de la ciudadanía con esos instrumentos y organismos?
Por otro lado, se planteó también el problema de la tensión y la relación más bien desplazada que existe entre la normativa, el discurso social y la producción cultural, en especial respecto de sus lenguajes, formatos, géneros y estéticas. ¿Cómo aproximarnos a una crítica cultu- ral que no desconozca los contextos socio históricos en los que los discursos mediáticos son producidos –es decir, que no desentrañe los medios de las sociedades de las que son parte- y que haga lugar a la reflexión desde las características, modalidades enunciativas y contratos de lectura de los dispositivos comunicacionales en cuestión?
Este texto no intenta responder a estos núcleos problemáticos pero sí establecer un marco de reflexión para indagar sobre las orientaciones y direcciones que podría adoptar la crítica cultural y mediática, en especial, en un contexto en el parecen estar dadas las condiciones para plantear demandas concretas en materia de comunicación, géneros y sexualidades3.
Tontas y víctimas como sujetos (objetos)
de derecho
Una primera cuestión que debemos tener en cuenta a la hora de pensar qué caminos podría adoptar la crítica cultural es cuáles son las posiciones de sujeto desde las que se demandan –y/o podrían demandarse- derechos en materia de comunicación, géneros y sexualidades. Esto no sólo tiene que ver, como veremos, con las posiciones a través de las que se carac-
3. Mientras terminábamos de escribir este trabajo, la Corte Suprema de Justicia dictaminaba la plena constituciona- lidad de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
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teriza la relación entre audiencias y medios de comunicación sino también con el tipo de sujeto que se piensa como referente de la ciudadanía comunicacional.
Como hemos mencionado, en el campo problemático delimitado por la articulación de co- municación, géneros y sexualidades –y más específicamente en el cruce mujeres y cultura de masas- encontramos dos paradigmas que aparecen como incuestionables: el de la estu- pidización y el de la victimización4. Estos paradigmas habilitan dos posiciones de sujeto en
relación con la cultura de masas y con los medios masivos de comunicación en particular, representadas por la tonta y la víctima.
La tonta cultural es aquella posición de sujeto que encarna la falta de capacidad crítica para advertir el sexismo de los productos culturales que consume y lugar opresivo en el que es- tas construcciones discursivas contribuyen a construir para ella. Varias cuestiones subyacen a esta formulación: en primer lugar, la homogeneización con la que se lee a los productos de las industrias culturales. Todos ellos parecen ser sexistas y violentos, siempre y en todos los casos, sin advertir las contradicciones propias de este tipo de objetos, en donde las regula- ciones normativas en torno al género las sexualidades se rigidizan y flexibilizan, incluso en un mismo producto cultural. En segundo lugar, la poca o nula agencia que se les reconoce a las mujeres frente a unas industrias culturales que aparecen como todopoderosas. En ter- cer lugar, la supuesta incapacidad de un grupo de mujeres de advertir la violencia mediática hacia ellas. Las mujeres caracterizadas por esta posición no sólo son maltratadas por las in- dustrias culturales sino que no pueden darse cuenta de ello porque esas mismas industrias culturales le “introducen” una “falsa conciencia” (Hall, 1984) que, a su vez, les genera placer. Este conjunto de supuestos, no sólo no permiten imaginar otras posiciones posibles en re- lación con los consumos culturales sino que construyen una jerarquización entre dos tipos ideales de mujeres: las “tontas culturales” que no pueden ver cómo las industrias culturales “introyectan” en ellas la justificación de su opresión, y las “criticas” que sí lo advierten y tra- bajan sobre ello denunciando e iluminando al resto.
4. La caracterización de estos dos paradigmas tiene su origen en un conjunto de resistencias que observamos a lo largo de los recorridos investigativos para la elaboración de nuestras tesis de doctorado -en donde abordamos los imaginarios sociosexuales y de género que sustentan un conjunto de producciones mediáticas televisivas (Justo von Lurzer, 2012) y musicales (Spataro, 2012)-. Las mujeres y las representaciones de mujeres con las que trabajábamos no encajaban en las posiciones de víctima y tonta y esto, en la medida en la que implicaba que nuestros abordajes se distanciaran de los paradigmas de la victimización y la estupidización, producía cierta irritación. Ninguno de ellos nos permitía explicar aquello que nuestros campos nos ofrecían para el análisis pero buscar caminos alternativos para complejizar la mirada aparecía como una traición a lo que se nos presentaba como la causa feminista. Cabe hacer aquí una aclaración enunciativa: hasta ahora hemos preferido incursionar en ciertas generalizaciones –como referir a la causa feminista, las mujeres, entre otras- como si acaso fueran posibles, sencillamente porque es de este modo como se nos presentan en los debates que enmarcan este trabajo.
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La posición de sujeto víctima, puede pensarse como la contracara o incluso más precisa- mente como la deriva de la tonta. Ésta última, es víctima de una cierta ceguera cultural que le impide desnaturalizar las representaciones que consume para, de ese modo, protegerse de sus consecuencias vitales. Pero hay otra modalidad de la víctima y es aquella que puede observarse en producción, es decir, como una posición representada en los discursos de las industrias culturales: las víctimas en este caso son aquellas mujeres representadas como oprimidas por algún marcador social (de clase, de género, sexual, etario, de raza, entre otros) y ubicadas en un espacio de padecimiento e indefensión que requiere de la intervención de terceros.
Éste último es uno de los puntos centrales para el argumento que queremos sostener aquí: la intervención sólo puede ser de terceros porque la victimización anula el carácter de sujeto político de las mujeres que ocupan esa posición. Lo mismo sucede con la distinción que mencionábamos entre tontas y críticas, son las críticas quienes desarrollan intervenciones en defensa de los derechos de las tontas.
Ahora bien, si las posiciones de sujeto disponibles para pensar la relación entre audiencias y medios son la tonta y la víctima ¿qué tipos de demandas son posibles y qué mecanismos se utilizarían para llevarlas adelante? y, más importante aún, ¿quiénes están en condiciones de demandar y ejercer derechos en materia de comunicación, géneros y sexualidades?
Las transformaciones legislativas y culturales en torno a géneros y sexualidades, así como las crecientes discusiones en relación a las funciones de los medios masivos de comunica- ción -que hemos caracterizado como el contexto de los problemas aquí planteados- impli- can necesariamente la construcción de sujetos de estos nuevos derechos y de los modos y canales de ejercicio de estas ciudadanías. En lo que sigue, revisaremos algunas posibles consecuencias que los paradigmas de la estupidización y la victimización tienen en la am- pliación y democratización del campo de producción cultural y comunicacional en torno a géneros y sexualidades.