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Tipología de representaciones iconográficas

En este apartado analizamos las operaciones retóricas y los recursos visuales utilizados por los las cuentas que componen el corpus, mostrando con algunos ejemplos las tipologías de representaciones iconográficas relevadas que nos permiten reflexionar sobre las modalida- des estético narrativas en tanto estrategias de visualidad público-política.

Una mínima enumeración nos indica que de todas las imágenes recolectadas: 14 correspon- den a un nivel de representación fotográfico; 7 son ilustraciones que adscriben al nivel que Villafañe (1984) denomina representaciones figurativas no realistas; 10 imágenes presentan un alto grado de estilización, borrando los detalles en función de simplificar la representa-

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ción –nivel pictograma–; 4 se ubicarían en el nivel de la representación simbólica (con alto grado de convencionalidad que remiten a un significado X aun cuando no guardan relaciones de semejanza con lo representado); y 7 están compuestas por textos.

Asimismo, al interior de cada uno de estos conjuntos podemos establecer algunas constan- tes en torno a la utilización de recursos visuales utilizados:

El uso de las fotografías:

Pese a que, socialmente, la fuerza representativa de la fotografía se encuentre en crisis debi- do a la popularización del conocimiento sobre técnicas de manipulación, la fotografía entra- ña aun cierto registro de verdad. De alguna manera, la selección de una foto como imagen de perfil conserva cierta voluntad que podríamos denominar testimonial: la identidad de enunciación se construye en relación con ese instante capturado de lo real.

Una primera diferenciación posible sobre las fotografías relevadas se basa en el/los objetos representados, atendiendo especialmente a la presencia o no de mujeres. En virtud de esta variable, encontramos que en 6 oportunidades se presentan diversas mujeres: 2 de tras- cendencia pública (Cristina Fernández y Evita, esta última en dos oportunidades); 2 mujeres anónimas (Figura 3); 1 fotografía que muestra diversos rostros por mujeres anónimas; 1 fotografía donde sólo aparecen unas manos femeninas sosteniendo un pañuelo violeta y verde; y 1 fotografía que reúne un grupo de mujeres alrededor de un hombre en una situa- ción ceremonial.

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Otro grupo de fotos representan objetos variados, aunque alguno no presente vinculación aparente con la temática del colectivo (como un edificio, presumiblemente sede de la enti- dad). La mayoría de los objetos retratados tienen un alto valor significativo: el pañuelo verde alude a la lucha por la despenalización del aborto; la cédula de Eva Perón, al inicio del voto femenino en el país; la portada de la edición canónica de Le Nouvel Observateur de 1972, a la continuidad de la campaña “Yo aborté” en el presente (Figura 2).

A partir de aquí podemos observar que la selección de cada uno de estos objetos entraña una intencionalidad significativa: los pañuelos violetas construyen un signo de identidad militante, mientras la portada de la revista supone un contrato de lectura especializado, inter- pelan a un público que comprende el idioma –francés– y conoce la historiografía feminista, configurando de alguna manera una enunciación feminista ilustrada.

Por su parte, la imagen de la cédula de Eva Perón revela en un detalle todo su potencial significativo: la cédula es la número 0000001 (Figura 4) y Evita, en consecuencia, la primera ciudadana, el origen de la ciudadanía de las mujeres, asociando, a su vez, ciudadanía con participación electoral. La utilización de la imagen de Eva Perón –y también la de Cristina Fer- nández– en perfiles de agrupaciones políticas, si bien reivindica la participación de las muje- res en este ámbito, las sitúa en un plano de excepción como ejemplo del llamado síndrome Pitufina: hay algo en esas mujeres que las ha hecho capaces de destacarse en un mundo habitualmente dominado por los hombres, su llegada a espacios de poder es individual y desembragada de la militancia colectiva con perspectiva de género.

El uso de las ilustraciones:

A diferencia de las fotografías, que disimulan las huellas de su enunciación, las ilustraciones otorgan protagonismo a las marcas individuales de quienes realizan las mismas, a través de la noción de estilo (Barthes, 1992). En las redes sociales sin embargo, las imágenes circulan

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desconectadas de la identidad de sus autores, aisladas de otras que pueden darle sentido en tanto serie o parte de un conjunto. Observando el corpus, advertimos que el uso de ilustraciones supone además de una selección temática (aquello que la obra muestra) algún tipo de regularidad estilística. En el análisis constatamos que las ilustraciones representan mujeres en grupo (Figura 7), en relación con su pareja o solas (Figura 5 y 6). La mayoría de las imágenes son muy coloridas, las mujeres tienen ojos y labios destacados y cabellos largos. Predominan los estilos caricaturescos con rasgos infantiles, incluso en uno de los casos la mujer es sustituida por una pajarita vestida de color rosa. Estas ilustraciones son utilizadas indistintamente por organizaciones militantes y por entidades gubernamentales o partidarias.

El uso de los pictogramas:

Como detallamos más arriba, los pictogramas suponen una operación de simplificación en la cual se eliminan los rasgos superfluos conservando sólo aquellos que representen rasgos estructurales del objeto representado. Si otorgamos especial atención a esta categoría es porque consideramos que en la negociación entre lo que se conserva y lo que se deja de lado se pone en juego lo que la (una) cultura conceptualiza como marca de lo esencial e irreductible.

En los ejemplos reunidos, estos caracteres se presentan en las formas que sugieren rostros de perfil y cabellos largos (Figura 8), cinturas y caderas (Figura 9) y la consabida nenita de pa- lito que se diferencia del varón por su triángulo pollera (Figura 11). También observamos que un objeto frecuente asociado a las estilizaciones de las mujeres es la mariposa (Figura 10). Un ejemplo extremo de estas formas estereotípicas es la imagen de perfil publicada por la Secretaría de Género e Inclusión de la Juventud Radical de Santa Fe (Figura 11) que reúne

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varios pictogramas rodeados por una flecha circular donde vemos mujeres, varones y ¡per- sonas con discapacidad! Ciertamente, aquí se entraman distintos prejuicios sociales que enfocan a las mujeres como colectivo a incluir en la sociedad (como si no lo estuvieran/ estuviésemos) y a las personas con discapacidad como seres sin diferencias de género ni vida sexual.

El uso de los símbolos:

La representación simbólica refiere a imágenes que no tienen relación de analogía con su re- ferente. En la escala de iconicidad de Villafañe (1993) son esquemas arbitrarios que no repre- sentan características sensibles. Dicha arbitrariedad se evidencia en los siguientes ejemplos extraídos del corpus que muestran la reiterada utilización del símbolo femenino.

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Un signo constituido por una circunferencia y una cruz es repetido, adaptado, rediseñado, intervenido y combinado con otros elementos simbólicos. Estas transformaciones sugie- ren diversos grados de reflexión ya que su utilización va desde la reproducción acrítica a la reapropiación irónica, al mismo tiempo que su propia reiteración tiende a banalizarlo, instalándolo como indicador naturalizado de lo femenino, despojado de su historicidad y genealogía.

En la categoría símbolos incluimos otros identificadores menos universales, pero que igual- mente aluden a un significado compartido por colectivos diversos. Entre ellos destacamos los isologotipos de partidos políticos y/o sindicatos locales en tanto permiten inferir aprecia- ciones sobre sus formas de representar las temáticas propias de las mujeres y el género. En este sentido, resulta curioso que los enunciadores utilicen generalmente la imagen de la organización sin ningún tipo de referencia visual a la particularidad de la cuenta en Facebo- ok. Un caso excepcional en nuestro corpus es el que presenta la UCR Tucumán: presenta el escudo del partido, pero virado al color ¡rosa! Pareciera que las organizaciones reconocen la necesidad de generar espacios particulares para sus áreas de género o mujer pero, al no po- der confeccionar otra imagen, emplean el recurso del color femenino más estereotipados.

Las influencias iconográficas:

En cualquier composición visual además de la identificación de los elementos figurativos o no figurativos, encontramos rasgos estructurales, compositivos y estilísticos cuyo significa- do se construye no ya en referencia a algún objeto representado, sino a través de una lectura intertextual, por su vinculación con alguna tradición iconográfica.

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El recorrido por las imágenes recolectadas permite observar, por un lado, la recurrencia de elementos alegóricos muy convencionalizados como las ramas de laurel u olivo; por otro, referencias a la patria a través de composiciones asociadas a la heráldica o a la imaginería religiosa (una silueta de mujer en posición de crucifixión, unas manos elevadas hacia una luz celestial, la bandera argentina). Estas representaciones asocian el concepto mujer a su sig- nificado más tradicional, circunscribiéndolo al espacio familiar hogareño, aun cuando hagan alusión a la patria, en tanto ésta aparece configurada como un hogar ampliado.

En otras imágenes de perfiles encontramos un diálogo textual con ciertas tradiciones ico- nográficas como la del activismo político callejero a través del recurso del esténcil o de la elección de una imagen muy famosa y replicada (We can do it!). También podemos recono- cer en ciertas producciones una referencia estilística al flowerpower, con sus fusiones de espirales, flores y soles y ojos.