10. EXPERIENCIAS DE RECUPERADORES EN AMÉRICA LATINA
10.1. Caso de la Ciudad de Buenos Aires en Argentina
En Argentina, particularmente el caso particular de la ciudad de Buenos Aires, el fenómeno de los recicladores, o cartoneros es un fenómeno de origen centenario, que se encuentra “atravesado por las vicisitudes de una sociedad que no termina de definir qué
hacer con la basura, ni qué status darle a quienes la ingresan al circuito productivo desde los márgenes y en pésimas condiciones laborales” (Schamber, 2007, p. 128). Esta situación
determina que los recicladores son un fenómeno que nace y crece al mismo ritmo del nacimiento y crecimiento de las basuras.
En el caso de Buenos Aires, al inicio, en la época colonial, el tema de las basuras era un problema de cada hogar o establecimiento, ya que se depositaban en huecos al frente de las mismas viviendas. Al respecto señala Schambers (2007) que “los habitantes la arrojaban a los “huecos” del frente o el fondo de sus propias viviendas o en los que existían
en distintos puntos de la ciudad” p. 129. Este fenómeno adquiere relevancia a partir de finales del siglo XVIII, cuando se presentan epidemias de peste, cólera y fiebre amarilla; que obliga al gobierno local a establecer un sitio, al margen de la ciudad, para depositar la basura de la ciudad.
A mediados del siglo XIX las autoridades locales, viendo la rentabilidad y utilidad de determinados residuos, contratan a empresarios privados en la labor de recoger y separarlos para colocarlos nuevamente al circuito productivo. Esta circunstancia propicia la aparición de los recicladores o rebuscadores de residuos, quienes entran a competir, desde la ilegalidad, por los productos reciclables dejados como basura, pues lo obtenían antes de que pasaran los carros recolectores.
A esta competencia se suman los recicladores o quemeros, que se instalan en los mismos “vaciaderos” o depósitos, haciendo surgir el llamado “barrio de las ranas”, que
alcanza a tener una población de 3.000 personas a finales del siglo XIX. En condiciones infrahumanas estas personas hurgan entre los desechos buscando cualquier residuo que sirviera para venderlo en los depositeros.
Con el crecimiento desproporcionado de la basura y la insuficiente administración de las mismas, determina que el gobierno local tome la decisión de incinerarla, sin importar si los restos eran útiles o no. Aún así, el fenómeno de los recuperadores siguió creciendo igual que los residuos de la ciudad, pero teniendo la connotación de ilegales, pues para el gobierno local, entraban a competir en un negocio exclusivo para empresarios privados pagados por el mismo gobierno.
La situación de los recuperadores se agrava en 1977, cuando el gobierno crea el CEAMSE (Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado), cuando se diseñan los llamados rellenos sanitarios, para lo cual el gobierno dispone de una empresa para dicha labor, pero con el agravante de que las bolsas de residuos dejadas por los habitantes de la ciudad, se convertían en „propiedad‟ de la concesionaria, prohibiendo de
forma expresa la recuperación de dichos residuos. Esta circunstancia los dejó al margen de cualquier tipo de desarrollo económico, pues el crecimiento de la ciudad „exigía‟ excluirlos
de la misma.
La decisión del gobierno fue desalojarlos de la ciudad por no ser parte de la misma. Al respecto Schambers describe éste fenómeno así:
La indiscriminada apertura económica y la consecuente desindustrialización nacional debilitaron los circuitos de recuperación locales y el indiscriminado entierro de residuos re aprovechables en los rellenos sanitarios resguardó años de irracionalidad económica y ambiental, has verse colmados, rodeados de autopistas y barrios populares. (Schambers, 2007)
Esta situación se rompe con la crisis económica sufrida a finales del año 2001, en donde se evidencia la desocupación, la pobreza y la exclusión; cuando miles de personas recurren a esta práctica para poder sobrellevar la crisis. Esto se debió por el incremento en los precios de los productos reciclados, que llegaron incluso a superar el 1.000 por ciento, lo que hizo que la mayoría de personas en estado económico crítico buscaran en este medio una forma para sobrevivir.
Con la llegada de la crisis, llegan igualmente los recuperadores a la ciudad, quienes buscan en la ciudad lo que de forma permanente le habían negado, llegando al punto de convertirse en „seres‟ visibles para los demás habitantes de la ciudad, que se solidarizan con
el impacto económico sufrido por todos.
Esta romería de recuperadores obliga al gobierno a „legalizarlos‟ por medio de la Ley 992 de 2002, que le da el estatus o sitio pedido. En el texto se dice que “el poder
Ejecutivo incorpora a los recuperadores de residuos reciclables a la recolección diferenciada en el servicio de higiene urbana vigente” (Schambers, 2007).
En este fenómeno entran a jugar un papel especial los depositeros, quienes son el puente entre los recicladores y las grandes industrias productoras del material reciclado. Para Schamber, lejos de ser agentes pasivos en el proceso de reingreso al circuito productivo de los productos reciclados, cumplen un papel fundamental, pues constituyen la bisagra entre la informalidad y la formalidad económica, transformando un residuo recuperado en un insumo industrial.
Sin embargo, estos depositeros obtienen muy buenas ganancias, pues son quienes realmente negocian los precios del producto debido precisamente a que son el puente entre quien hace el esfuerzo por conseguir los residuos y quienes lo tienen que transformar en un nuevo producto. La única acción de este sector es recibir y entregar, por lo que los costos se limitan a tener un espacio suficientemente amplio para acumular los residuos reciclables. Éste fenómeno es descrito por Schamber de forma ejemplar:
La trama de recuperación de residuos liga a recolectores, depositeros e industriales. Al recorrerla, puede apreciarse dos fenómenos paradojales: en primer lugar, los materiales recuperados por los cartoneros, en pésimas condiciones laborales e insuficientes ingresos, pasan por los depósitos y llegan a la industria comandada en algunos sectores por importantes grupos económicos; (…) no se trata de un encadenamiento que permanece en todas sus instancias en la informalidad y con niveles de rentabilidad bajos, sino que al final de la cadena aparecen grandes grupos económicos nacionales y extranjeros. (…) De esta manera, la recuperación parte de las necesidades relacionadas con la supervivencia cotidiana de los recolectores, y va asegurando la reproducción de los depositeros hasta llegar a la industria. (Schambers, 2007).
En conclusión, en Buenos Aires se habla de dos lógicas en el circuito que tienen los residuos reciclables, que a su vez son contradictorias: la lógica de la supervivencia vs. la lógica de la acumulación.
Con respecto a otro de los actores, las cooperativas de recuperadores, Schambers (2007), señala que éstas son de reciente creación, pero que sus energías están enfocadas en obtener apoyo y financiamiento estatal o privado, pero en ningún momento se están enfocando en un política de emprendimiento o en generación de rentabilidad del negocio. Asimismo señala que dicha formalización del negocio no viene precedida de políticas de emprendimiento, sino de propuesta de terceros (fundaciones u organizaciones sociales), lo que determina que no sea indicativo de un nuevo tipo de organización gremial, sino del aprovechamiento de ciertas circunstancias para favorecerse de forma individual.
Aún así, éste autor señala que las “cooperativas pueden ser emprendimientos
interesantes para potenciar las capacidades de sus miembros, logra un distribución de las ganancias equitativa, mejora la capacidad de acopio y de reciclado de residuos”
(Schambers, 2007). Con estos criterios los recuperadores tendrán un espacio formal y legal para su emprendimiento.