S. Guarner II, Valencia, 1984, págs 277-278.
46 Cf ed comentada, vol I, pág 110.
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Lucrecio en este caso radica en la utilización del monosílabo lar go al principio del segundo pie.
En el tercero y cuarto pie suele producirse la oposición entre ictus y acento, Jo que garantiza la presencia de la cesura que en
los poetas latinos es probablemente el resultado de la búsqueda deliberada de la oposición dicha en esta sección del verso. Por ello, prefieren la fuerza de la cesura masculina frente a los grie gos. Lucrecio que sigue este uso común, presenta dos modifica ciones: a) gusta de formar el cuarto pie con una sola palabra espondaica que destruya la cesura en él; en ese caso la palabra espondaica debe ir precedida de un monosílabo para asegurar la cesura en el tercer pie: quae mare navigerum quae terras (1, 3); b) en su poema aparecen 7 versos sin cesura alguna, pero en ellos Lucrecio parece contar con una quasi-cesura en el ter cer pie, originada por la separación en una palabra compuesta del prefijo y su raíz: tres ejemplos con immortalis, dos con ver bos compuestos, dos con inter separando sus dos sílabas: así
haud erit ut merito immortalis possit haberi (3, 715).
El cuarto pie y la diéresis bucólica. Si el cuarto pie está re
partido entre dos palabras se produce la heterodina, y si consta de una sola palabra o final de palabra dactilica o espondaica se da la homodina: coincidencia entre ictus y acento particular mente relevante en este lugar. Ejemplo de heterodina en Lu crecio: blandum per pectora amorem (1, 19), de la homodina:
terras frugiferentis (1, 3)· Se trata de asegurar la coincidencia
en los tres últimos pies. Además, si el cuarto pie term ina con el final de palabra está asegurada la coincidencia en el quinto pie. El corte en el verso después del cuarto pie, precedido de un dáctilo, lo utilizaban los griegos calificándolo de diéresis bu cólica. Ahora bien, entre los autores latinos, salvo el caso de Vir gilio en las Eglogas, se manifiesta la preferencia por el uso del cuarto pie espondaico antes de la diéresis, posiblemente porque así se producía una pausa más fuerte y se destacaba el corte. En el empleo de la diéresis, Lucrecio con un 59 por 100 en los 1.117 versos del libro I, se sitúa por debajo de Cicerón con un 66,3 por 100 en su Aratea y a medio camino entre los usos virgilia- nos de las Églogas (64 por 100) y la Eneida (54,4 por 100).
Relevante en el uso lucreciano es la marcada preferencia por la sola palabra espondaica en el cuarto pie, v. gr., da dictis diva
leporem (1, 28), por cuanto pretendía una forma enfática de
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to de cantinela, por lo que empleaba a conciencia mayor pro porción de contrastes.
Vinal del hexámetro: quinto y sexto pie. Es evidente que en
los finales normales tipo condere gentem (3 + 2) y conde sepul
cro (2 + 3) tomados de Virgilio, y en Lucrecio lumina solis (1,
5), posse videmus (1, 556), encontramos el porcentaje más ele vado, con mucho, de las terminaciones del hexámetro latino en sus dos últimos pies. En efecto, es un principio admitido que al final del verso ictus y acento deben coincidir en su mayor parte para que el metro resulte reconocible con la normal pronuncia ción de las palabras y que tal coincidencia en el final del hexá metro es conseguida, la mayor parte de las veces, si quinto y sex to pie presentan los finales normales señalados, o sus equiva lentes. Estos que ya en Ennio, sobre 200 versos analizados, su ponen un 74 por 100, en Lucrecio alcanzan el 90 por 100 y en Virgilio el 98 por 10041. Aquí advertimos una tendencia clara.
Ahora bien, en una estadística referida a pentasílabos, cuatri sílabos y monosílabos finales de hexámetro en toda la obra de Lucrecio, nos encontramos con un procentaje alto de palabras pentasílabas finales, el 4,1 por 100, es decir, 303 ejemplos, con un 2,3 por 100 de palabras cuatrisílabas, 173 ejemplos, y con un 2,2 de monosílabos que term inan el verso después de pala bras polisílabas, ya que se da un buen número de casos con dos monosílabos finales, 103, lo que supone un porcentaje de 1,5. U n solo monosílabo al final es considerado una terminación del hexámetro infrecuente y opuesta a la homodina, no así la p re sencia de los dos monosílabos que suponen la resolución equi valente al espondeo/troqueo final. Por eso, en dos terceras par tes de los ejemplos, los monosílabos finales producen la coin cidencia de ictus y acento.
En cambio, Lucrecio no tuvo dificultad alguna en servirse de pentasílabos y cuatrisílabos al final de verso; en cualquier mo mento los utiliza, si le conviene. Pero en lo que respecta a los cuatrisílabos, sobre todo si están resueltos en dos palabras, cui da de anteponerles un monosílabo para convertirlos en penta sílabos y, por lo mismo, en grupos homodínicos. No tiene ma yor reparo en utilizar el final espondaico y lo realiza con cua drisílabos con relativa libertad, con trisílabos sólo en tres oca siones; da la impresión de que tal recurso, por más que no pue