DERECHO Y PREDERECHO EN LA GRECIA ANTIGUA
30 Cfr Ch P icaro , tphise et Claros, pp 277 sq 39 E strabón , XIV, 639.
40 Cfr. S. Luria, en Philologus, LXXXII1, pp. 131 sq. 41 Cfr. Jeanmaire, o. c., 379 sq.
petuado uno de ellos, el de la ofrenda de la cabellera que ya hemos mencionado. Por otro lado, la fiesta de las Apaturias, en que se efectúa la presentación de los nuevos miembros, exige el ministerio de los que se llaman con el nombre de oinoptai4Í, los cuales, encargados de di versas prestaciones, han de vigilar sobre todo las ofrendas de vino hechas en el festín del primer día; pues, en esta reunión de fratres, sinónima de francachela, se hacía la fiesta con las víctimas y con el vino traído como contribución por los padres de los niños recién admitidos43. La contribución en vino se llamaba otnisteria: esta misma palabra de signa una libación que los efebos ofrecían a Heracles con cada corte de los cabellos y que iba acompañada de un piscolabis que ellos pagaban. Podemos reconocer en estos usos a los que la intervención de una auto ridad pública tiende a imponer la forma casi fiscal de un impuesto, la huella de esas generosidades obligatorias que eran, por lo demás, los antecedentes de las «liturgias» y que, en nuestro caso, se ejercían con ocasión de las promociones de jóvenes.
Conviene retener aquí la costumbre cretense, en una ocasión aná loga y en un cuadro más arcaico que, en cualquier caso, constituye la originalidad de las sociedades denominadas dóricas. En la célebre página en que relata, siguiendo a Eforo, el código de los amores masculinos que le ha hecho famoso44, Estrabón, después de haber insistido en el rapto del joven mancebo y en el verdadero protocolo que ello conlleva, menciona especialmente los regalos a que está obligado el «secues trador»; precisa que el muchacho los recibe al ser conducido al campo, donde vivirá durante dos meses apartado del mundo, dedicándose a la caza y participando en banquetes con el raptor y los suyos. Pero los mejores regalos los recibirá en el momento de su liberación: primero están los «presentes reglamentarios» —traje de guerra, un buey, una copa43— ; pero a éstos «se añaden otros, harto costosos». La iniciación reviste aquí una forma muy particular, nada inesperada, por cierto, en este género de sociedad46. Con ésta se relaciona el uso de los presentes, en una relación tan determinada como la costumbre matrimonial; en realidad, se practica en beneficio del iniciado; pero el raptor adquiere un «paje», en una relación de prederecho exactamente del mismo tipo que el «matrimonio por compra» y en que se encuentra la misma mezcla de reglamentación y de libre generosidad.
Conviene no olvidar, por lo demás, uno de los rasgos característicos de la leyenda de Tántalo: el dios Poseidón, que se ha prendado del joven Pélope, lo rapta y le regala un maravilloso carro. La leyenda se * **
« ÁTH . X. 425 b.
O Textos y comentarios en TOPTFER, Atsiscbe Geneaiogie, p. 106.
** Estxabón. X, 483 c.
4* El buey sirve para un sacrificio ofrecido por el muchacho. La copa, instrumento de libación y «objeto precioso», aparece a veces, en los relatos y en las representaciones figu radas, relacionada con la realidad ¡niciítica.
prestaba especialmente a este tema47. Por otra parte, el mismo conjunto de los datos que estamos recogiendo y que, en el contexto de la época histórica, dan la impresión de ser accesorios o simples curiosidades, no deja de estar en relación con la psicología y circunstancias sociales que se vislumbran en la leyenda: en ésta hallamos como un reflejo bastante atenuado de ambientes prehistóricos que no columbramos, pero sobre los que da testimonio la misma. Esta humanidad vehemente que vemos actuar en la historia de Tántalo-Pélope, nos da la sensación como si fuera un arcaísmo discordante con la razón helena; sin embargo, nos damos cuenta de que tiene sus normas propias, así como una idea particular de la «obligación». Más aún: vamos a ver cómo esta idea está vinculada con un tipo de conducta colectiva en que se descubre algo así como la preformación de un concepto de derecho.
El festín de Tántalo es conocido en la tradición poética y mitológica como un éranos, el del monte Sipilo. La palabra tiene distintos empleos, tanto que parece a primera vista realmente desconcertante. Para nuestro caso, se trata de una de las palabras más ricas que existen.
La primera idea que se trasluce es la de gran fiesta. Así se denomina el gran festejo de Apolo en Cirene, en la pluma de Píndaro. El ele mento central de una fiesta es la de ser un festín colectivo; así, la Sotíc, por emplear la palabra más antigua y que aparece divinizada en Só focles, da lugar a esta glosa por pane de Hesiquio: «banquete que tiene lugar por medio de éranos». ¿Qué quiere decirse con ello? Con motivo del citado festín de Tántalo, Píndaro nos da su comentario al emplear, justo al lado del término éranos, la expresión de «festín dado en pago»4*. Estas generosidades cíclicas (igual, por lo demás, que las que se per petúan en los colegios religiosos hasta la época greco-romana y en la misma Roma) constituyen un dato en verdad importante, que sirve para precisar el que está en la base de nuestra leyenda.
Pero hay otro dato igualmente importante, en un ambiente legen dario que no se distingue demasiado del precedente. La gesta de Perseo tiene como punto de partida un éranos. La escena tiene lugar en la corte del rey de Serifo, Polidectes. Perseo es ya todo un mozo que forma parte del grupo de los invitados del rey. Se celebra un festín, ofrecido por Polidectes, en el que se exige una contrapartida; los otros invitados ofrecen caballos; Perseo, por su pane, deberá traer la cabeza de la Gor- gona. La palabra éranos se aplica al mismo festín, designando la «masa reunida» por Polidectes, así como la contribución personal del héroe49. A falta de un análisis que no cabría aquí, señalemos al menos, a través 47 A propósito de las costumbres cretenses, los antiguos evocaban a Ganimedes, raptado por Zeus para que le sirviera de «escanciador»: es curioso que el nombre de G a nimedes se le ocurra a Píndaro en el momento en que se trata de la leyenda de Tántalo; más aún, el rapto de Ganimedes es imputado a veces al mismo Tántalo.
48 PtND.. o.