Reflexión de fin de siglo
SOBRE CIENCIA Y REVOLUCIÓN*
ANGELINA CAMARGO B.
Con el libro Ciencia y revolución, que fue presentado el viernes pasa- do en la librería ElÁgora, el autor, Adolfo Sánchez Vázquez, enfren- ta el marxismo de Althusser para explicar las razones de su influencia y la debilidad última de su enfoque.
La elaboración de este libro está justificada por la importancia que el pensamiento de Althusser tiene desde hace muchos años —expli- có el catedrático de la UNAM—, no sólo desde el campo marxista donde obviamente tiene gran trascendencia, sino en general en el pensamiento filosófico contemporáneo.
No es casual que Althusser se haya convertido desde hace varios años en el eje de atención, ya que es una reacción especial en momen- to de crisis del marxismo, provocado diríamos por los años en que se estableció el fascismo, los efectos del stalinismo y el poststalinismo. El pensamiento de Althusser tiene la virtud de replantear, por de- cirlo así, los grandes temas del marxismo que habían sido olvidados o tergiversados.
Dijo el doctor Sánchez Vázquez que dentro de la crítica que some- te a Althusser, tomó como hilo conductor un problema que es fun- damental para el marxismo: la relación entre la teoría y la práctica, y llegó a la conclusión de que en la obra del estudioso hay una caída en el teoricismo, es decir, una primacía de la teoría sobre la práctica.
"El propio Althusser lo reconoce después e intenta superarlo me- diante una serie de esfuerzos autocríticos que quedan reflejados en sus últimos escritos. Precisamente uno de los propósitos de mi tra- bajo es demostrar que, no obstante el esfuerzo importante, sincero y profundo de tipo autocrítico realizado por Althusser, no logra su-
* Excelsior. México, 1 de abril de 1979.
126 SOBRE CIENCIA Y REVOLUCIÓN
perar este teoricismo, porque en cierto modo permanece prisione- ro dentro del marco teórico fundamental.
Althusser ha sido objeto de muchas críticas, pero en lo particu- lar he pretendido entrar en la crítica, no de un modo parcial, sino en una crítica a fondo de toda su obra, incluso en su desarrollo his- tórico a través de ese problema fundamental de la relación entre la teo- ría y la práctica. No es que toque todos los puntos del pensamiento althusseriano, pero sí lo he tratado en su totalidad a través de ese tema central".
¿Cuál sería la aportación de este libro?
El intento de tratar de valorar cuál es en definitiva el resultado de este proyecto teórico y político de Althusser, qué es lo que hay en él, qué elementos valiosos, cuáles son sus limitaciones, sus aspectos ne- gativos y a través de esta valoración reivindicar en cierto modo, de manera justa, el aspecto crítico del marxismo.
Althusser dice en uno de sus textos que sin crítica no hay revolu- ción y pide que se hagan críticas marxistas. A través de esta crítica de Althusser, pretendo reivindicar lo que considero es la verdadera naturaleza del marxismo, es decir, el marxismo como filosofía de la praxis; y al mismo tiempo, con esta confrontación entre marxistas, reivindicar también ese aspecto que siempre fue importante y que el marxismo dogmático ha tratado de relegar y olvidar: el aspecto cr - tico del marxismo, no sólo como crítica dirigida al adversario, sino crítica a los marxistas, porque sólo mediante esta autocrítica del mar- xismo puede desarrollarse como un pensamiento libre y creador.
Finalmente, con relación a la aceptación por parte de los sectores más jóvenes hacia sus estudios de filosofía, nuestro entrevistado ma- nifestó que esto podría ser indicio de una ampliación del círculo de lectores de México interesados por una vertiente crítica, no dogmá- tica, del marxismo.
CRÍTICA A ALTHUSSER*
BERNARDO LIMA
El marxismo dogmático debe ser superado mediante la crítica, afir- ma Adolfo Sánchez Vázquez, autor, entre otros textos, de Estética y marxismo, Las ideas estéticas de Marx y Filosofía de la praxis. Para este filósofo, quien durante más de veinte años ha sido maestro en la Facul- tad de Filosofía y Letras de la UNAM, su alejamiento de todo marxis- mo con ecos stalinistas se debe, según lo explica él mismo, a tres aconte- cimientos centrales: las revelaciones surgidas en el XXII Congreso del PCUS, la Revolución cubana y la invasión a Checoslovaquia.
Recientemente Alianza Editorial de Madrid, publicó Ciencia y revolución. (El marxismo de Althusser), libro en el cual Sánchez Váz- quez hace un análisis sistemático y riguroso de la obra del filósofo francés.
Doctor, ¿cuál es la importancia de la obra de Althusser dentro de la filosofía marxista actual?
Su importancia es fácilmente perceptible no sólo en los méritos in- trínsecos de la obra, sino en las repercusiones teóricas y práctico-po- líticas de sus escritos. El pensamiento de Althusser se ha converti- do en los últimos años en centro de atracción en el marxismo, sobre todo para aquellos que lo ven no como un dogma sino como un pen- samiento crítico y vivo. Es asimismo la expresión de una crisis abier- ta en el marxismo por el stalinismo. Como verdadera expresión de ella, tiene la virtud de obligar a replantear los grandes temas mar- xistas y, en particular, el que a mí me parece crucial: el de la rela- ción entre la teoría y la práctica.
* Unomásuno. México, 30 de abril de 1979.
128 CRÍTICA A ALTHUSSER
Pero, admitida esa importancia de su pensamiento, ¿qué es lo que se ha propuesto usted en el libro que acaba de publicar Ciencia y revo-
lución. (El marxismo de Althusser)?
Me he propuesto —dice Sánchez Vázquez—, someter a crítica la obra entera de Althusser, dividiéndola en dos grandes fases, a las que lla- mo: "A la teoría por la política" y "A la política por la teoría". El hilo conductor de ese examen es justamente el gran tema al que me refería antes. La conclusión a que llego es que Althusser disocia teoría y práctica, ciencia y revolución, y cae así en una posición teoricista. Esto es patente en los escritos de Althusser de su primera fase; pero la misma posición se mantiene hoy no obstante el denodado esfuer- zo de Althusser por superarla en sus últimos trabajos.
¿Considera usted que la teoría althusseriana de la ideología consti- tuye.una aportación a la filosofía marxista?
Como es sabido, Marx en su juventud y Engels en los últimos años de su vida, teniendo presente sobre todo la ideología burguesa, in- sistieron en el concepto de ideología como conciencia falsa. Lenin, en cambio, habla de ideología proletaria, socialista, en un sentido positivo.
Althusser ha pretendido dar rigor a estas formulaciones elabo- rando una teoría general de la ideología en la que opone radicalmen- te ideología y ciencia. Pero en esta oposición está la fuente de sus difi- cultades. En efecto, cuando pretende elaborar una teoría particular de la ideología proletaria, de clase, se ve obligado a recurrir a la teo- ría de la "importación" de la ciencia a la ideología de las masas, teoría, cuyas consecuencias prácticas han sido funestas en la historia del movimiento comunista mundial: el partido como conciencia apar- te, depositario o propietario de la verdad.
No obstante, si se quiere hablar de alguna aportación de Althusser en este terreno, habría que buscarla en su intento de subrayar la ma- terialización de las ideologías con su teoría de los Aparatos Ideoló- gicos de Estado.
BERNARDO LIMA 129 ¿Por qué en su libro se muestra usted en desacuerdo con la distinción que hace Althusser de la función que cumple la filosofía respecto de la ciencia?
Cuando Althusser dice que la filosofía cumple la función de liberar a la ciencia de los obstáculos que interpone la ideología en su camino, esto puede aceptarse con referencia a ciertas filosofías puesto que otras buscan precisamente situarse frente a, o por encima de las ciencias. Por otro lado, el científico no está condenado a tener que recurrir a la filosofía para poder superar los obstáculos ideológicos que se inter- ponen en su propia práctica. Esto equivaldría a admitir que la con- ciencia de su propia práctica sólo puede venirle de fuera.
En su libro dice usted que la obra de Althusser discurre dentro de un teoricismo (prioridad de la teoría sobre la práctica), hecho que reco- noce el propio filósofo francés, y que dicho teoricismo se acerca al idealismo y se aleja de la historia real.
Ciertamente la clave de mi libro, como ya dije antes, es el examen de la posición teoricista de Althusser en el problema de las relacio- nes entre teoría y práctica. El marco conceptual de esta posición ha sido diseñado por Althusser en sus primeros libros con el concepto de práctica (autónoma y autosuficiente), distinción absoluta entre objeto real y objeto teórico (u "objeto de conocimiento" en la termi- nología althusseriana) y criterio inmanente, interno, de verificación del conocimiento. El teoricismo de esta posición ha sido reconoci- do francamente por el propio Althusser, y a partir de esto ha reali- zado un vigoroso y complejo esfuerzo por superarlo, tratando de unir lo que había desunido en sus primeros trabajos: filosofía y po- lítica, ciencia y revolución; o sea, teoría y práctica.
Sin embargo, como trato de demostrar a lo largo de mi análisis en la segunda parte del libro, "A la teoría por la política", Althusser no logra superar su posición teoricista. En su franco, sincero y pro- fundo intento rectificador solo logra rescatar la práctica para la filo- sofía que, a juicio suyo, no es conocimiento, pero la práctica sigue ausente con respecto a la ciencia, aunque se trate de la ciencia de la revolución. La razón fundamental de este resultado frustrado es que,
130 CRÍTICA A ALTHUSSER
no obstante sus virajes y rectificaciones, el marco conceptual bási- co, diseñado en sus primeros trabajos, se mantiene hasta lo último.
¿Yen cuanto a su idealismo, o posición cercana al neokantismo?
Althusser ha insistido con mucha razón en que el conocimiento es producción y con ello ha salido al paso, con apoyo en Marx, a la con- cepción simplista del conocimiento como reflejo. Pero con su dis- tinción absoluta de objeto real y de objeto producido en el conoci- miento, ha absolutizado tanto este aspecto de la producción que ha olvidado lo que hay en el conocimiento de reproducción de lo real. El idealismo sólo ve este lado activo productivo, puesto de relieve sobre todo por Kant y acentuado por los neokantianos de otros tiem- pos. Como ellos, ha olvidado que en el conocimiento se produce un objeto teórico para reproducir teórica, intelectualmente, un objeto real.
Doctor, ¿Para usted es correcta la distinción althusseriana de un joven Marte idealista, "premarxista' y del Marx "marxista" de El
capital?
Esta distinción, a que usted se refiere, pierde de vista el carácter continuo y discontinuo a la vez, en suma, dialéctico, del proceso de formación de Marx. El Marx maduro no es, ciertamente, el simple desenvolvimiento de las premisas del joven Marx, pero tampoco es la ruptura absoluta con él. Baste señalar a este respecto que ciertos temas de la juventud, como el de la enajenación, se encuentran, y no de un modo accidental, en una obra tan madura como los ma- nuscritos preparatorios de El capital: los Grundrisse de 1857-1858.
¿Es la filosofía, como dice Althusser, el destacamento teórico de la ideología en la lucha de clases?
La definición althusseriana de la filosofía como destacamento teó- rico de la ideología me parece muy afortunada. Pone de relieve, sin lugar a dudas, el carácter ideológico de la filosofía y su vinculación con la lucha de clases.
BERNARDO LIMA 131
Insistir en esto es importante porque todavía, cuando plenamen- te han quedado demostrados los vínculos de la ciencia con la ideo- logía, aún quedan filósofos que nos prometen una filosofía aséptica, incontaminada ideológicamente, declaradamente neutral en el te- rreno ideológico. Y no sólo esto: una filosofía que se presenta como un antídoto contra toda suerte de creencias o de ideología mientras ella, por arte de magia, corta todas sus amarras con el mundo en que vive y permanece pura, aséptica e inviolada ideológicamente.
Doctor, por último, ¿qué significado puede tener en nuestros días, el que un marxista critique afondo a otro marxista?
Creo que con nuestro libro hemos contribuido, aunque sea modes- tamente, a reivindicar lo que en sus fundadores y en otros tiempos ha sido el nervio mismo del pensamiento marxista: la crítica. Cuan- do Marx concibe la dialéctica como crítica radical de todo lo exis- tente, está apuntando a un elemento medular del marxismo. Pero si esto es así, los marxistas no pueden escapar a su propia crítica. Como no puede escapar nada de lo que prácticamente se hace en nombre del marxismo. ¿Por qué la crítica ha de dejarse sólo en manos del adversario ideológico mientras los marxistas renuncian a criticarse a sí mismos?
Al someter a crítica el marxismo de Althusser, no he hecho más que poner en obra lo que entre los marxistas ha sido durante largo tiempo, y debe seguir siendo, una práctica habitual, aunque esta práctica haya sido proscrita por un marxismo dogmático. Se trata del ejercicio de la crítica que Marx y Lenin llevaron a cabo no sólo con respecto a sus adversarios, sino con respecto a sus compañeros de lucha e incluso con su propio pensamiento y acción.
SOBRE ÉTICA Y SOCIALISMO*
MIGUEL BILBATÚA
Adolfo Sánchez Vázquez, exiliado tras la Guerra civil en plena ju- ventud, catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de Méxi- co, ha pasado unos días en Madrid en cuya Universidad ha dado una conferencia. Desde su Filosofía de la praxis hasta su Ética, pasan- do por Las ideas estéticas de Marx, y Estética y marxismo, Adolfo Sán- chez Vázquez ha sido un adelantado en el análisis de los problemas del arte y del comportamiento humano desde una perspectiva marxista.
¿Qué motivos le llevan a analizar los problemas éticos, los problemas de la moral y las costumbres, tan marginados habitualmente en el pensamiento marxista?
Lo hice bajo el impulso de las cuestiones que planteaba la juventud —incluso diría, como he explicado en el prólogo a la edición espa- ñola de Ética, de las lecciones de moral que estaba dando lajuven- tud durante la época del movimiento estudiantil de 1968—, especial- mente la juventud mexicana que es la que mejor conozco. La situa- ción era la siguiente: unos jóvenes que se incorporaban a la lucha por un mundo más justo, con un deseo de renovación ideológica, para los cuales eran totalmente insatisfactorios los manuales de éti- ca que tenían a su disposición: unos manuales muy cerrados, muy dogmáticos, que eran más un código moral que un análisis verdade- ramente marxista de los problemas morales.
* Mundo Obrero. Madrid, 29 de noviembre de 1979.
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¿Desde qué perspectiva se planteó el problema de la moral?
Mi punto de vista es que, en el marxismo, los problemas de la mo- ral, al igual que otros campos de actividad teórica y práctica, han estado a lo largo de decenios completamente sujetos y subordina- dos al imperio de la política.
Se ha producido, a mi juicio, una confusión. El marxismo funda- mentalmente, es una teoría de la revolución social. Naturalmente, la política, como la vía más adecuada para propiciar este cambio, tiene un lugar predominante. Es decir, contra cualquier tesis de tipo economicista, para nosotros comunistas no es el desarrollo de los factores económicos el que produce la transformación sino que, contando claro está con las condiciones objetivas, es la acción de los hombres conscientes, organizados en una política revolucionaria justa.
¿En qué sentido habla de la subordinación a la política?
Se trata de una interpretación mecánica del marxismo, de la cual no podemos excluir a Lenin. Tenemos que recordar el discurso de Lenin a las juventudes comunistas, poco después de la revolución, cuando dice que "la moral revolucionaria es la que sirve a la revolución". Tesis que es justa siempre que se entienda que la moral, para servir a la revolución, tiene que hacerlo justamente como moral; es decir, sin perder su especificidad, su campo propio. Digo esto en analogía con la afirmación de Gramsci cuando señala que el arte sirve a la revo- lución justamente en cuanto arte. La moral tiene un campo propio; la moral implica la aceptación de unas normas y el cumplimiento de ellas a través de, diríamos, un acto libre, consciente y voluntario del sujeto.
Si se pierde este elemento autónomo de la moral, desaparece su carácter específico y la moral se disuelve en la política. A mi juicio, la moral tiene que conservar, en virtud de su especificidad, una auto- nomía relativa que le permite, incluso, juzgar ciertos actos políticos. Por ejemplo, condenamos el terror, no solamente por sus efectos políticos, por lo que representa en cuanto política errónea, sino que también condenamos moralmente el terror. Naturalmente esto no
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significa que caigamos en el extremo contrario del moralismo polí- tico, porque esto llevaría, como dijo alguna vez Marx, a la impoten- cia en acción.
Todo este cúmulo de problemas, este ver cómo, realmente, la moral no ha sido investigada en su campo específico —y, particularmente, en sus relaciones con la política, que es un tema para mí muy impor- tante como miembro de un partido revolucionario—, fue lo que me llevó a preocuparme por los temas de la moral. Creo que este es un campo en el que hay todavía mucho que hacer en la teoría marxista, y los intentos que se hagan contribuirán a elaborar una ética mar- xista.
¿Cuáles son los fundamentos teóricos de una ética marxista? ¿En qué se diferenciaría de una moral idealista?
Creo que lo que aporta una ética marxista, y lo que la distingue de otras concepciones éticas idealistas es, en primer lugar, la tesis que el marxismo clásico sostiene del condicionamiento histórico-social de toda moral. Es decir, toda moral concreta, efectiva, está condi- cionada por unas determinadas relaciones de producción, por unas determinadas divisiones de clase dentro de la sociedad, por unos de- terminados intereses de clase. Contra toda pretensión de construir una moral universalmente válida, el marxismo dice que toda moral está históricamente condicionada.
Pero, al mismo tiempo, el marxismo reconoce, al igual que en otras formaciones ideológicas, una autonomía relativa de la moral, basada en su especificidad propia. Es esto lo que permite que se puedan integrar, en una moral marxista, elementos morales del pasado; lo que permite que podamos hablar, en virtud de esta posi- bilidad de trascender los condicionamientos, de una moral más ele- vada, una moral superior, a la que habremos de llegar cuando se