de la filosofía; pero es también un homenaje a la labor cultural de los exiliados españoles, en este año de 1989 en que se cumple el
NUESTRO MAESTRO*
MARÍA TERESA YURÉN C.
Adolfo Sánchez Vázquez, uno de los más conspicuos filósofos marxis- tas de habla hispana, nació en Algeciras, Cádiz, en 1915 y ha residi- do en México desde 1939, año en el que, obligado por la feroz em- bestida del franquismo en España, se exilió en nuestro país. Realizó sus estudios de bachillerato y magisterio (profesional) en Málaga —ciudad de una intensa vida cultural— y, en 1935, inició estudios universitarios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid, en donde tuvo oportunidad de asistir a cátedras de connotados maestros como: F. Montesinos, J. Zubiri y Ortega y Gasset, cuyo pensamiento marcó la pauta de ese mundo académico.
Su formación no es, sin embargo, resultado exclusivo de su vida escolar. En efecto, una precoz actividad política le llevó a la conclu- sión de que la audacia y la combatividad del movimiento que se había gestado en España, debía ser enriquecido por la teoría. Com- prendiendo que las corrientes de pensamiento imperantes en la universidad (raciovitalismo, historicismo y neokantismo) no cum- plían ese objetivo, se dedicó de manera autodidacta al estudio del marxismo. A su interés político se sumó el gusto por la literatura, lo que le llevó a procurar el contacto con los intelectuales de su tiem- po y a buscar en la poesía una forma de expresión a la altura de sus ideales y de la fuerza de sus convicciones. El pulso ardiendo recoge la obra poética de ese periodo.
En 1936, el doctor Sánchez Vázquez se incorporó a la lucha arma- da para combatir al franquismo; durante cerca de tres años desple- gó una actividad intensa en la que combinó las tareas propias del combatiente y del dirigente político con el trabajo editorial; las pu-
* María Teresa Yurén et al., Nuestros maestros, t. 1. México, UNAM, 1992.
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blicaciones Octubre, Ahora, Acero y ¡Pasaremos! cuyos nombres resu- men momentos de la lucha, son producto de ese esfuerzo, al que agregó su propia producción literaria que refleja el dolor y la pa- sión que le acompañaron en esos aciagos días.
Obligado por las circunstancias, se refugió en Francia durante algunos meses, hasta que llegó el momento ineludible del exilio (ese que el propio Sánchez Vázquez califica como "exilio sin fin" para expresar el desgarramiento que le provoca el ansia de volver a la patria y el no querer arrancar las raíces que lo atan a la tierra que lo acogió). En México, su vocación literaria y su trabajo editorial le vincula- ron a otros intelectuales españoles de la talla de José Gaos, Eugenio Imaz, Joaquín Xirau y León Felipe y a la pléyade de intelectuales me- xicanos, como Xavier Villaurrutia, Alfonso Reyes y Samuel Ramos. En esta tierra, que habría de conquistarle, inició una fecunda ca- rrera académica. Durante los primeros años de su residencia en este país fungió como profesor en el Colegio de San Nicolás de Hi- dalgo de la Universidad Michoacana y en la Escuela Normal de Morelia. Más tarde, en la ciudad de México, fue maestro en la Escuela Nor- mal Superior y realizó una importante labor de traductor, al tiempo que cursaba en la Universidad, en el edificio de Mascarones, la Maestría en Letras Españolas. Al iniciarse la década de los cincuen- tas, la necesidad de elevar la racionalidad de su actividad política le impulsó a estudiar filosofía. Para entonces, Mascarones albergaba un ambiente académico que era un verdadero semillero de talento. La fuerte presencia teórica de Gaos, el ardor polémico de García Bacca y J. Xirau y los intentos renovadores de los jóvenes filósofos del grupo "Hyperion", dominaban el panorama, sin menoscabo de las recias figuras de W. Roces y de Eh i de Gortari, que descubrían nuevas vetas en el marxismo. A la riqueza de los cursos que ahí se le ofrecieron y de la polémica generada por las diferentes posiciones teóricas, se añadió la del diálogo académico que sostuvo con sus condiscípulos, entre los que se contaban Fernando Salmerón, Ale- jandro Rossi y Ramón Xirau.
En 1955 Adolfo Sánchez Vázquez obtuvo el grado de maestro con la tesis Conciencia y realidad en la obra de arte y, en 1967, se doc- toró con el trabajo Sobre la praxis, el cual habría de constituir la parte sustancial de su obra fundamental: Filosofía de la praxis. Ésta
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significó la ruptura definitiva con el marxismo de corte soviético, en aras de un marxismo crítico.
Fue en la UNAM donde su marxismo crítico y abierto, "vivo como la realidad que lo inspira", penetró en las aulas universitarias. En esta casa de estudios se inició como ayudante de Eh i de Gortari en 1952, continuó como profesor de asignatura a partir de 1955, y desde 1959 que obtuvo nombramiento de profesor de carera, ha desempeñan- do una incansable labor como docente e investigador.
Además de los numerosos cursos que ha impartido, como son: Estética, Filosofía de la historia, Historia de la filosofía, Ética, Filo- sofía de la educación, Filosofía política, entre los que se destacan los de Filosofía marxista, su trabajo académico ha dado como fruto cerca de veinte libros y numerosos ensayos, muchos de los cuales han sido traducidos a otros idiomas.
En el conjunto de su obra se revela la intención de hacer de la filosofía de la praxis "una nueva práctica de la filosofía", por cuanto esta última se constituye a partir de la unidad de tres momentos: el conocimiento de la realidad a transformar, la crítica de lo existente, y el proyecto de emancipación, articulados por el concepto de praxis.
La elaboración teórica en torno a la praxis y a la filosofía de la praxis constituye su mayor aportación, pero no es la única. En efec- to, sus tesis también abarcan el arte y la estética, la moral y la ética, la ideología, la política y la historia, con lo cual abren una perspecti- va teórica de enormes alcances y de gran fecundidad. A ello hay que agregar los acuciosos estudios sobre la obra de Marx y el desa- rrollo del marxismo, así como sus reflexiones en torno al "socialis- mo real", al ideal socialista y al nexo indisoluble entre democracia y socialismo.
Por la calidad, amplitud y originalidad de su obra, Sánchez Váz- quez ha sido galardonado y homenajeado muchas veces. Entre otras distinciones, cabe mencionar la Gran Cruz de Alfonso X que le otor- gó el gobierno español, el Premio Universidad Nacional que recibió por su destacada labor como investigador en el área de Humanidades, la designación como Investigador Nacional, el nombramiento de Profesor emérito en la Universidad y el reconocimiento como doc- tor Honoris causa por las universidades de Puebla y Cádiz (España). Por su trabajo docente ha sabido ganarse el respeto, el afecto y la
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admiración de sus colegas y discípulos, muchos de los cuales se destacan hoy en la docencia o en la investigación filosófica. Maestro rigurosamente puntual, siempre atento a despertar el interés de los estudiantes y a estimular la reflexión, la problematización y la críti- ca, Adolfo Sánchez Vázquez constituye un ejemplo de seriedad y responsabilidad académicas. Cada programa, cada curso, cada cla- se que toma a su cargo son cuidadosamente preparados y desarro- llados para obtener los mejores frutos; su experiencia y conocimien- tos, que han costado años de trabajo, de esfuerzos y desvelos, son generosamente volcados en el aula universitaria. Por eso, quienes nos hemos beneficiado de su vocación docente nos sabemos pro- fundamente agradecidos.
ADOLFO SÁNCHEZ VÁZQUEZ*
GABRIEL VARGAS LOZANO
Adolfo Sánchez Vázquez nació en Algeciras, Cádiz, en 1915. En 1935 inició sus estudios de filosofía en la Universidad Central de Madrid. Desde temprana edad se incorporó a la Juventud Socialista Unifica- da y participó activamente en la lucha republicana. Cuando comenzó la Guerra civil, se enlistó en el ejército, formando parte del comisa- n do de prensa y propaganda. En 1939 sobrevino la derrota; "los caminos se poblaron de caminantes y hombres fugitivos que mar- chaban al destierro con el dolor a cuestas", decía Pablo Neruda. Sale hacia Francia en febrero de 1939 y viaja a México en el buque
Sinaia con sus "compañeros de bodega", Juan Rejano y Pedro Garfias.
Arribó a Veracruz el 13 de junio de 1939 junto con otras oleadas de algunos de los más valiosos intelectuales de España, que se acogían al refugio generoso que les otorgó el gobierno del general Lázaro Cárdenas. Ya en México, participa en la fundación de las revistas: Romance, España Peregrina y Ultramar. Los primeros años del exilio fueron los de la esperanza del retorno junto con una intensa activi- dad política y literaria. En su texto autobiográfico "Mi obra filosófi- ca", dice: "Una truncada práctica literaria y, más precisamente, poé- tica, me llevó a problematizar cuestiones estéticas, y una práctica política me condujo a la necesidad de esclarecerme cuestiones fun- damentales de ella y, de esta manera, casi sin proponérmelo, me encontré en el terreno de la filosofía". En 1941 se traslada a Morelia; en 1942 publica su libro de poesía El pulso ardiendo, y en 1943 regre- sa a la ciudad de México en donde prosigue sus estudios de filosofía
* Setenta años de la Facultad de Filosofía y Letras. México, UNAM, 1994. 49
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en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. En 1959 es nombra- do profesor de tiempo completo de la misma.
La obra de Adolfo Sánchez Vázquez se ha desplegado principal- mente en direcciones como la ética, la estética, la filosofía política y la filosofía contemporánea, aunque no ha dejado de abordar otras problemáticas. En el caso de la ética, frente al apriorismo, utopismo y moralismo, intenta fundar una ética desde el punto de vista cien- tífico. En el terreno de la estética su reflexión se inicia con el libro Las ideas estéticas de Marx (1965) y se continúa en la antología sobre Estética y marxismo (1970), así como en otras obras en donde se des- pliega un abanico de opciones frente a las tesis cerradas o normati- vas. Sostiene una concepción abierta de la relación estética entre el hombre y la realidad, concibiendo al arte como una forma de praxis. En su obra Filosofía de la praxis (1967), que fue originalmente su tesis doctoral, rastrea filológicamente el concepto "praxis" en la fi- losofía y propone sus diversas dimensiones. Más tarde, en su ensayo "La filosofía de la praxis como nueva práctica de la filosofía", inclui- do en Ensayos marxistas sobre filosofía e ideología (1983), concluye que "el marxismo representa una innovación radical en la filosofía. Su novedad estriba en ser una nueva práctica de la filosofía pero lo es justamente por ser una filosofía de la práctica". Para Adolfo Sán-
chez Vázquez la filosofía marxista es una filosofía de la praxis, inse- parable de sus funciones ideológica, crítica, política, gnoseológica y autocrítica.
Finalmente, Sánchez Vázquez ha hecho una honda reflexión so- bre el legado de Marx y sus consecuencias en la filosofía, la socie- dad, la política y la historia. Esta reflexión ha sido profundamente crítica y autocrítica. Por un lado, ha buscado destacar y enriquecer las concepciones originales del marxismo pero, por otro, ha sido un opositor implacable de las falsificaciones y dogmatizaciones que se han hecho en su nombre. En ese sentido, ya desde la década de los ochentas, al mismo tiempo que hacía una crítica al llamado "so- cialismo real", fundamentaba la tesis de un socialismo democrático. Pensamiento dialéctico, en movimiento, en crítica y autocrítica, con una voluntad creativa, reflexionado desde la óptica de una re- lación entre teoría y praxis y, por tanto, en sintonía con los proble- mas más acuciantes del mundo contemporáneo. Su aportación ha
GABRIEL VARGAS LOZANO 51
enriquecido a la cultura mexicana en general y a la universitaria en particular.
El doctor Adolfo Sánchez Vázquez ha sido honrado con el docto- rado Honoris causa por la Universidad Autónoma de Puebla, la Uni- versidad de Cádiz y la Universidad Nacional de Estudios a Distancia de España. Ha recibido la distinción "Alfonso X el Sabio", otorgada por el rey de España, el Premio Universidad Nacional en el área de Investigación en Humanidades, y es profesor emérito de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Sus obras han sido traducidas a va- rios idiomas.
ADOLFO SÁNCHEZ VÁZQUEZ, HOMBRE