La Alberca Encantada
5.4. Cimientos identitarios, la Organización de los Calpullis
Toda la traza urbana de Azcapotzalco se ha erigido sobre la base de los antigüos calpullis, pero estos tienen su impacto no sólo en el trazado de las calles, sino en la mentalidad de los habitantes de este territorio. Para explicarnos esto es imprescindible profundizar en el conocimiento del calpulli.
Nuestros abuelos advirtieron que en una familia los intereses son comunes y la unidad es total en defensa de estos intereses, igualmente cuando ésta se enfrenta a un riesgo o peligro, y que en todos los casos, la cohesión también es natural. De ésta observación al deseo de multiplicar esta unidad básica para organizar grupos más grandes y, finalmente, a la sociedad total, no medió más que la decisión de hacerlo. Fue así en los albores del nacimiento de grandes núcleos humanos como se implantó el calpulli, palabra que consta de dos elementos: Kalli, casa y pul, pulli, que quiere decir grupo, conjunto o conglomerado de casas, esto es, de familias (Mendoza, 2003).
La unidad fundamental de la vida económica, social, política y cultural del período postclásico en el Anáhuac fue el calpulli. Los poblados o altepetl que se desarrollaron en aquella época estaban compuestos por diversos calpulli, no todos los calpulli en un poblado o altepetl tenían un mismo origen étnico, en los centros de población había grupos de muy distinto origen étnico (López Austin: 2000).
Por ejemplo Azcapotzalco a la llegada de los tepanecas (la gente que viene del pedregal), que fue el tercero de los 7 pueblos náhuatls que migraron a la Cuenca de México, ya existían Amantla, Ahuizotla, Tomatlan y Acayucan y vivían en la zona grupos matlazincas, ñañus u otomis, y mazahuas. Así que aunque la población tepaneca llegó a tener la hegemonía, convivió con calpullis de distinto origen en Azcapotzalco. Así mismo hemos de recordar que Azcapotzalco no era la única población tepaneca, puesto que también radicaron en Tlacopan o Tacuba y Coyoacán, poblaciones que por cierto abandonaron a Azcapotzalco justo en el momento crítico de la lucha contra los mexicas.
193 Sabemos que los barrios y pueblos que pertenecen a Azcapotzalco en la antigüedad eran calpullis y altepetl (poblados constituidos o no por varios calputin), es de hacer notar que el término náhuatl para pueblo era, precisamente, altépetl, “monte de agua”, o “monte lleno de agua”, su representación glífica consiste en un cerro con fauces y una cueva en su base, este simbolismo engloba dentro de un solo concepto la categoría sociopolítica que es el pueblo, y su fundamento ideológico en la cosmovisión (Broda 1991:480). Los principales teocallis como símbolos de identidad de la comunidad política, eran también concebidos como cerros llenos de agua. Los teocallis, no eran templos, dice Paul Kirchoff:
El México antiguo es un mundo ordenadísimo, todo y cada quien tiene su lugar…la arquitectura y el calendario son principios ordenadores: el calendario es ordenamiento doble, con el tiempo y con el espacio. Los teocallis son centros energéticos y de observación astronómica desde los cuales se ordenaba la vida social (Kirchoff, 1954).
El hueyi altepetl estaba constituido de un territorio en el que a su vez podía haber varios altepetl, que contenía diversos calpullis o calpotin que eran un conjunto de partes constitutivas cada una con su nombre propio y su gobierno. En el Anáhuac nunca existieron señoríos, éste es un concepto que corresponde a la Europa feudal, con un sistema económico, político y social muy distinto. Lo que han llamado “señorío tepaneca” era un icniuhyotl, que en náhuatl quiere decir “hermandad” y que formaban un conjunto de altepetl y calpullis.
Es importante que profundicemos más en el estudio del funcionamiento de los calpullis en Azcapotzalco pues los conocimientos que tenemos son todavía tentativos y generales. Pero aunque pareciera increíble, es indudable que conservan su influencia en la construcción de identidades locales en el siglo XXI.
A los calpullis los invasores españoles les llamaron equivocadamente barrios, teniendo una estructura socioeconómica distinta. Los calpullis a diferencia de los barrios españoles integraban a clanes familiares (Bandelier, 1878, Monzón, 1949 López Austin, 1996, León Portilla, 1995), no vivían las personas de manera individual y dispersa sino en el seno de un grupo de familias emparentadas por lazos de consanguinidad y además que se especializaban en alguna actividad en particular. Cada persona tenía una función dentro de la comunidad y era protegido por ella, había una cohesión social en la que cada quién veía por la comunidad y la comunidad veía por ella sin exclusiones.
Las características del calpulli han sido muy debatidas en las últimas décadas. Autores como Moreno, Monzón, Toscazo, Caso, Krichhoff, Katz, López Austin, han respaldado la idea de que los calpullis estaban compuestos por clanes familiares. Pedro Carrasco y Broda han puesto en tela de juicio el elemento de parentesco en la constitución de los calpullis. Miguel León Portilla,
194 apoyándose en Alonso de Zorita reafirma la idea de que los calpullis eran agrupaciones familiares (León Portilla, 1995:266).
Cada calpulli era autónomo, tenían su territorio, sus propios azkalkallis o teocallis– los llamados templos ceremoniales, colegios, organización de defensa y seguridad, y poseían la tierra en propiedad común (López Austin 1996: 201).
Las parcelas se entregaban en usufructo a las familias, más no era su propiedad. Cada calpulli tenía su propio nombre y organización, su glifo o insignia y su nahual, sus ritos fiestas y ceremonias religiosas. También realizaban tianguis locales (García Chavez 1985:14). Como unidades autónomas contribuían independientemente a las obligaciones para con el altepetl (Rodríguez Soriano, 2004:45). Es decir tenían identidad propia.
Luis García Reyes después de analizar fuentes de origen náhuatl del siglo XVI en la ciudad de México aunque reconoce que los miembros del capulli tienen un origen étnico común, ha subrayado que lo que define a un calpulli es el culto y no la territorialidad. (García Reyes, 1996: 57). Pero la existencia del culto y rituales se daban precisamente en el territorio en que un clan desarrollaba su vida económica, social y política. Pero entre otras fuentes, Durán establece claramente; “calpulalli – refiriéndose al calpulli – que quiere decir tierra dedicada a los barrios” (Durán, 79). Rodríguez Soriano para apoyar la idea de que culto implica territorialidad y que el calpulli implicaba una unidad territorial (Rodríguez, 2004:90) cita la definición de Alonso Zurita
Calpulli o chinacalli, que es todo uno, quiere decir barrio de gente conocida o linaje antiguo, que tiene de muy antigua sus tierras y términos conocidos, que son aquella cepa, barrio o linaje; y las tierras, llaman calpulli que quiere decir tierras de aquel barrio o linaje.
Buscaba el aprovechamiento integral de los recursos y potencialidades locales y su autosuficiencia pero además de que cada calpulli tenía que bastarse a sí mismo, al mismo tiempo desarrollaban una actividad especializada que le permitiera aportar un excedente a la sociedad y comerciar con otras comunidades. Arturo Monzón en su libro El calpulli en la organización social de los tenochca( 1949), mostró la notoria correspondencia entre la especialización artesanal y los calpullis.
Cada calpulli se distinguía por una especialización, lo que no quiere decir que se dedicara exclusivamente a ella. Su gobierno autónomo era encabezado por un consejo o tlahtokan quien tomaba las decisiones y era representado por dos funcionarios: el vocero y el administrador.
Los calpullis tenían que pagar un tributo, generalmente del producto o actividad en la que se especializaban. Los tributos y servicios eran para ser aprovechados por la ciudad a
195 través de la gestión de los tecutlis o tetecuhtin, para la subsistencia de la población y para la confederación. La mujer tenía un lugar importante, existían en el calpulli dos asambleas una de hombres y otra de mujeres (RomeroVargas 1957:12).
Las decisiones las tomaban en colectivo, Zurita reporta que en la casa del calpoleque encargado de las tierras “se juntan los del calpulli a hacer y tratar lo que conviene a su calpulli y a sus tributos y a sus fiestas; y en esto gasta mucho porque siempre en estas juntas, que son muchas por año, les da de comer y beber y es necesario para tenerlas contentas y quietas” (Zorita 1942:35). Por lo que Rodríguez Soriano concluye que siguiendo las características del jefe parecería un cargo meramente administrativo y de representación, más que el de toma de decisiones (Rodríguez, 2004:93). Efectivamente en aquella época tenían un sistema de representación en el que los dirigentes eran mandatados por la comunidad para administrar sus bienes, pero no para disponer de ellos a su antojo. La máxima autoridad en el calpulli no la tenía un jefe, sino un consejo.
El gobierno del calpulli era ejercido por un Consejo, en el que recaía la autoridad suprema. Se hallaba integrado por los ancianos del calpulli, es decir, por los jefes de las parentelas o familias extensas; dicho de otro modo, por los hombres de mayor edad y sabiduría, cabezas de grupos de familias conyugales ligadas entre sí por herencia directa, patri o matrilineal. En la época colonial, estos ancianos fueron llamados ‘indios cabezas’ e intervenían en todos aquellos asuntos que demandaban una decisión trascendente (Aguirre Beltrán 1981:7).
El consejo estaba integrado en su mayoría por un grupo de ancianos (Rodríguez, 2004:92) que estaban por encima de un jefe y veía por el bienestar colectivo. Y a su cabeza no tenían un jefe, sino dos. No existía el gobierno unipersonal, ni el cacicazgo que fue una invención española (RomeroVargas Iturbide, 1957) sino una representación dual, así como en una familia compuesta por madre y padre. Además la elección de los dirigentes era por mérito y no por herencia, dice Zurita eligen el más honrado, sabio y hábil a su modo, y viejo, el que mejor les parece para ello (Zorita 1949:35). Además sólo se podía elegir a los miembros del calpulli que tenía la especialidad en el gobierno (Rodríguez, 2004:93).
La dualidad en el gobierno era una forma de equilibrio y armonía, todas las instituciones las encabezaba una dualidad, el tlathoani y el cihuacoatl en el gobierno eran el vocero del consejo y el administrador, siendo los dos máximos representantes del consejo, al que pertenecían y obedecían. Cihuacoatl quiere decir “mujer serpiente”, encargado del gobierno interno o administración interna, en lo que vemos reflejada una reminiscencia de la dualidad hombre-mujer.