La Alberca Encantada
5.3. Concepciones precuauhtémicas
Contribuir a superar el mal entendido de la dicotomía progreso-tradición, lo cual implica entender – como ya lo ha probado la historia que las posibilidades de progreso no riñen con la tradición; se puede ser moderno o posmoderno sin perder las raíces, y las raíces nacionales incluyen el pasado más remoto: desde el precuauhtémico, hasta el producido por la Revolución Mexicana (Sánchez, 1999:402) .
Poco conocemos del pasado precuauhtémico, pero forma parte de nuestra identidad inconciente, profunda, negada y soñada. Esto se comprueba al registrar el nombre del lugar, el apelativo de sus habitantes, su símbolo, al recorrer las principales vialidades: Camarones, Avenida Azcapotzalco, Vallejo, Parque Vía y otras que son de origen precuauhtémico, así como sus barrios, los nombres de calles, avenidas, unidades habitacionales, escuelas, colonias, parques, sus monumentos y esculturas.
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Tezozómoc en la Explanada Delegacional
En México en la época precuauhtémica, había decenas de naciones. Luego de la invasión española se trató de borrar la identidad de ellas, llamándoles a todos los habitantes de las naciones originarias “indios”, porque los europeos creían haber llegado a la india. A todos los pueblos originarios se les ignoró, y sólo reconocieron a los mexicas, mal llamados aztecas y a los mayas. Desde posiciones unilaterales y verticales los españoles, ni siquiera averiguaron cual era su nombre y les llamaron como les llamaban los mexicas. Jamás se les reconoció derecho a la existencia, no sólo se les robaron sus tierras, sino hasta sus nombres, adoptando los motes o sobrenombres con los que se conocían en la ciudad de México.
El nombre del pueblo otomí es ñañu, tarasco es purepecha, mixteco ñuusavi o sa’an savi, zapoteco diidxaaj o ben zaa, mazateco shuta enima, mazahua jñatio, totonaco li’tachihuin, mixe ayuuk, huasteco tenek, tzotzil batzil kóp, tzeltal kop, trique driki, pame xi’ui, huichol wixaritari.
En las identidades territoriales de Azcapotzalco hay una base ñañu u otomí, que Durante siglos comenzaron a poblar la región y también mazahua. Cuando los tepanecas llegaron a éstas tierras, ya había una población. Esto es un hecho que no podemos seguir ignorando. Además, los tepanecas (los que pasaron por el pedregal), fueron el séptimo pueblo náhuatl que llegó a la región, y ya la tierra estaba poblada. También hubo habitantes matlazincas que llegaron después. Según la tira de la peregrinación, explicada por el maestro Miguel Angel Mendoza, leyendola de abajo para arriba, como se deben leer los códices náhuatl, primero llegaron los huexotzincas, (en cuyo glifo tienen un huejote o ahuejote) que se establecieron en Puebla, los primeros en llegar a la Cuenca fueron los chalcas, luego los Xochimilcas, que por cierto fueron los primeros en desarrollar las chinampas, y sembradíos de flores, posteriormente los cuitláhuacas (que se asentaron en Tláhuac) donde desarrollaron la horticultura, el quinto pueblo fue el malinalca, que terminó asentandose en
190 sexto pueblo fue el chichimeca (cuyo glifo es de un arco y flecha) que no venían con los pueblos náhuatl, y por lo mismo fueron relegados a la parte salada del lago, al oriente, donde se pusieron el nombre de acoholuas y se desarrolló la gran cultura de Texcoco. El septimo pueblo en llegar fueron los tepanecas, en cuyo glifo vemos una piedra, porque se distinguieron como labradores de piedra, por último los matlatzincas.
En Azcapotzalco, se tiene conciencia que además del pasado mexica de la ciudad de México, en sus tierras se desarrolló la cultura tepaneca, pero se tiene negado el registro de las otras culturas como la ñañu, en el desarrollo de Azcapotzalco.
Pero además, los tepanecas, no habitaron solamente en Azcapotzalco, como lo registra el imaginario actual ya que todas las ciudades del lado poniente del lago: Coyoacán, Tlalpan, Mixcoac, Chapultepec, Tacuba, Naucalpan, Tlalnepantla fueron tepanecas. Azcapotzalco era el huelli altepetl, la gran ciudad, que tuvo condiciones óptimas de desarrollo por su abundancia de agua dulce, mejor que el agua del lago. Azcapotzalco fue además el centro cultural, económico, político, militar, de los pueblos: altepetl tepanecas, más no era la única ciudad tepaneca. Sin embargo en el lugar en el que se tiene más conciencia de su pasado tepaneca es Azcapotzalco. De cualquier manera, todos los pueblos del Anáhuac compartían concepciones culturales, es importante constatar la visión filosófica del mundo de quienes originalmente habitaron nuestro territorio porque ésta de variadas maneras sigue reproduciéndose en la actualidad y forma parte de nuestra mentalidad. Lo más importante para entendernos, es reconocer la base de todas las concepciones de nuestros antepasados: La dualidad.
La interpretación de los elementos naturales que los hombres del Anáhuac desarrollaron fue la raíz de su visión del mundo y de la vida, bases sobre las que construyeron su organización social (Leyva, 1991:4).
Dios era para ellos un ser dual...el Omeyocan (el cielo) era el lugar de la escencia dual, Ometeotl (dios) era mujer-hombre Omecihuatl y Ometecutli eran una dualidad femenina-masculina, desde el nivel 13 el Omeyocan todos los 12 niveles restantes tenían una esencia dual, por eso aquí en México tomó tanta fuerza la virgen de Guadalupe y de hecho el pueblo sigue teniendo una diosa y un dios, en Europa hay un Jesucristo y muchas vírgenes, aquí hay una virgen de Guadalupe y luego dios...bueno ahí se disputan la preeminencia.
Los Anáhuacas creyeron que el mundo y la vida estaban formados de dualidades, cuyos elementos siempre estaban unidos, aunque en oposición y choque en un lugar y tiempo, a cuyo término llega una etapa en que las cantidades y calidades de esos elementos se acomodan y se armonizan para dar paso a la producción de condiciones necesarias para el desarrollo de la vida (Leyva, 1991:4).
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Todo es dual...nos lo enseñaban nuestros abuelos aquí en el Anáhuac, la cultura europea es unilateral solo valora la juventud (pintarse las canas), la felicidad (tome pastillas antidepresivas), lo alto (usar tacones si se es chaparro), al hombre (mujeres subordínense o vuélvanse como hombres), el futuro (el pasado hay que olvidarlo y enterrarlo), la vida (la muerte hay que negarla y suprimirla), la fuerza (el débil es despreciable y pisoteable).
El sol y la tierra representan la dualidad más importante del mundo y de la vida. Con base en esta idea, los Anáhuacas dedujeron lo siguiente: el mundo es dual de por sí, y sus elementos forman la unidad o están unidos en su acción (Leyva, 1991:4).
La cultura dual valora la vejez y la juventud, la tristeza y la felicidad, lo bajo y lo alto, la mujer y el hombre, adentro y afuera, el pasado y el futuro, la muerte y la vida, la debilidad y la fuerza, lo dulce y lo salado, lo oscuro y luminoso, las lluvias y las secas, la luna y el sol, el cielo y la tierra....porque así es la vida, la vida es dual, nadie puede permanecer siempre joven, o siempre alegre, o siempre estar arriba, ni los hombres son mejores, y sin pasado no hay futuro, y la muerte y la vida van de la mano, y lo débil tiene su fuerza y la fuerza su debilidad. Dice el maestro Arturo Meza que esta cultura dual se daba en todo el Anáhuac, aquí el principio supremo era femenino – masculino, Omecihuatl y Ometecuhtli .
Que también se llamaban tonacacihuatl y tonacatecuhtli formaban el Ometeotl, en la cosmogonía zapoteca pudieron ser Xeela Xuana y Coqui Xee y en la maya Ixchel y Itzamna o Xmucanu y Xpillancoe que conformaban a Hunab Ku, en la mitología purepecha Xaratanga y Juriata que formaban a Curicaueri o en la cosmogonia tepehuana Masada y Sahuatoba.(Meza,1994:9).
La idea de que el sol y la tierra firman una dualidad y unidad por su acción condicionada y de que cada uno de esos elementos naturales, a la vez, desarrolla su propia vida, vino a desembocar en otra de las ideas de importancia decisiva para comprender su sistema ideológico y de su organización social. Se trata de la idea de autonomía considerada como lo que es propio a la tierra para su desarrollo, y de su relación necesaria y adecuada con la acción del sol (Leyva, 1991:4).
Por eso en cada una de las instancias de gobierno y en cada institución se práctica la autonomía, desde el calpulli, hasta el hueyi tlahtocan, también la dualidad se da en todas las instituciones de la vida social, por ejemplo en el ejército eran dos los máximos dirigentes ell tlacochaclactl y el tlacatecatl, en el poder judicial también había una pareja el huitznáhuatlailotlac y el tizociahuacatl (León Portilla, 1995:277).
192 Esto era así también a nivel religioso entre los mexicas los máximos guías espirituales eran dos el Quetzalcoatl tótem tlamacazqui al servicio de Huitzilopotzli y Tláloc tlamacazqui al de Tláloc (Sahagún 15:214), en el gobierno, el tlahtocan o consejo nombraba a dos máximos funcionarios: el tlahtoani y el cihuacoalt. El tlahtoani no era rey ni emperador, el tlahtoani es el que habla, el vocero, no el mandón. Manda obedeciendo. Y el cihuacoatl (mujer serpiente) era el administrador. La serpiente era signo de energía, de sabiduría y de conocimiento, el cihuacoatl organizaba con sabiduría de mujer los asuntos internos de la comunidad.