La construcción de identidades esta ligada a la cultura y los modos de vida, las identidades emergen y varían con el tiempo, son instrumentalizables y negociables, se retraen y se expanden…y, a veces “resucitan” (García
4.4. Movimientos vecinales, ahí va la hormiga con su paraguas
La movilización de vecinos de Pantaco, fue un movimiento social en defensa del medio ambiente, del entorno y de la ecología en Azcapotzalco, los vecinos del área se organizan a partir de que el movimiento de traileres en Pantaco crece exponencialmente a partir de la firma del Tratado de Libre Comercio en 1994.
La Aduana de México se inauguró en 1956, era conocida como la Aduana del Pulque porque a Pantaco llegaba el ferrocarril con grandes cantidades de esa tradicional bebida. Con la privatización de los Almacenes Nacionales de Depósito y la compra de los almacenes por empresas españolas, japonesas y estadounidenses comienza un excesivo movimiento de traileres en la zona.
Antes de 1994 no había movimiento de traileres, sólo algunos camiones de 400 kilos. En la actualidad se movilizan cerca de 2,000 traileres al día cargando toneladas de mercancías (Entrevista a Patricia de Anda, 2004).
El Puerto Interno de Actividades Logísticas de Pantaco, que se ha llamado Puerto Intermodal Pantaco, es considerado como parte estratégica para la reactivación de actividades económicas, comerciales, de servicios e industriales de Azcapotzalco y la Ciudad de México.
El 20 de marzo de 1997 se constituye el Fideicomiso Pical-Pantaco, el que integran la Unión de Transportistas del Puerto Interno de Pantaco, el Consejo de Administración de la Asociación y la Aduana de México.
Ya en 1997, la molestia de los vecinos era evidente pues los traileres pasaban a gran velocidad y al frenar provocaban vibraciones que a la postre fracturaron los edificios del área. Pantaco está inmerso en la zona industrial de Azcapotzalco y debido a la presencia de vías de tren y la constante circulación víal en su entorno, se multiplican los servicios de transporte, carga y aduana. Los vecinos de la U.H. Cuitláhuac, Hogares Ferrocarrileros, Rabaul y Jardín Azpeitia son los más afectados, pues los traileres producen hoyos y fracturas en la carpeta asfáltica y los vecinos se alarman, por esa época aparecen hundimientos y grietas en Ceylán, Ferrocarriles de Pantaco, Rabaul y la avenida Granjas. Particularmente resultó molesto el aviso de que los transportistas querían poner una malla y adueñarse de todos los estacionamientos del entorno de Pantaco.
Patricia de Anda, Belén Rico y Rafael Velásquez vecinos de Pical–Pantaco, al no ser atendidos por la delegación acuden a los medios de comunicación a externar su problemática y logran que El Universal publique una nota el 28 de julio de 1997 y comienzan a convocar puerta por puerta a los vecinos a la movilización para frenar la situación, en este proceso se construye la Identidad de resistencia:
Generada por aquellos sectores que se encuentran en posiciones/condiciones devaluadas o estigmatizadas por la lógica de dominación, por lo que se construyen trincheras de resistencia y supervivencia basándose en principios diferentes u opuestos a los que impregnan las instituciones de la sociedad (Castells 1999:30).
Frente a la intención de dar todas las facilidades a los transportistas y de ignorar a la gente del lugar, los vecinos se organizan para defender el entorno de su unidad habitacional, sus colonias y el patrimonio familiar. En estas circunstancias comienza a gestarse la construcción de nuevas identidades con un contenido ecologista de defensa del medio ambiente en su zona, y control de la vida urbana local.
A partir de diciembre de 1997, la ciudad cuenta con el primer Jefe de Gobierno electo democráticamente y con un Delegado de Azcapotzalco surgido del movimiento social, por lo que los vecinos cuentan con el apoyo de la delegación.
Comienzan a realizarse reuniones con la delegación que convoca a las instancias del gobierno del D.F. que tienen ingerencia en el problema. La Secretaría de Transporte y Vialidad del D.F. (Setravi), la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi) y la Secretaría de Medio Ambiente, con los transportistas y ferrocarriles, quienes prometen tomar medidas para solucionar las exigencias de los
Estos exigen: disminuir la velocidad a 20 kilómetros por hora, no estacionarse en vía pública, no interrumpir el tránsito al hacer maniobras de carga y descarga, no hacer colas de traileres, respetar el aforo máximo de ocupación, identificar a los transportistas, sancionar las violaciones, no reparar los traileres en vía pública, control de claxon, disminuir volumen en horarios de congestión, mejorar los semáforos y la señalización. Los transportistas y compañías de ferrocarriles se comprometen a hacer un estudio de impacto vial, mismo que no realizan.
Las autoridades delegacionales implementan una Mesa de Seguimiento y Operativos de Vigilancia Permanente, pero los avances son mínimos. La principal dificultad que tenía el gobierno local es que Pical Pantaco está en área federal en la que la delegación no tenía ingerencia.
El 22 de octubre de 1999, los vecinos de Cuitláhuac, Rabaul, Jardín Azpeitia y Hogares Ferrocarrileros realizan un bloqueo de entradas y salidas de Pantaco y cierran las vialidades de Cuitláhuac, Nueces y Rabaul ocasionando pérdidas millonarias a los empresarios y transportistas. Es a través de este paro que se juntan los vecinos que antes actuaban aisladamente. El principio es la unidad para resolver su problemática sin afiliarse a ningún partido.
Luego de estas medidas de presión, los transportistas comienzan a ceder y el 23 de agosto del año 2000 firman un convenio en el que se comprometen a controlar la velocidad de los traileres, y a no estacionarlos en las calles aledañas a Pantaco, se cancela el flujo de traileres por Rabaul y el Fideicomiso habilitaría los accesos por la calle Acalotenco, se plantea la utilización de los carriles centrales de la calle Nueces para entrada y salida de camiones así como la calle de Ferrocarril Central; se prohíbe estacionarse y pernoctar en Rabaul, Nueces y Ferrocarril Central; el 27 de junio de 2003 la siguiente administración refrenda este convenio.
Aquí aparece la hormiga “verde”, preocupada por el medio ambiente y movilizando a la comunidad local en defensa de su espacio.
Los vecinos se preocupan por su seguridad y por evitar desastres y logran un dictamen de la Dirección de Protección Civil del GDF. en el que se destacan los principales riesgos.
El principal riesgo detectado en la zona es por hundimiento, atribuido a que la zona se encuentra localizada en la zona dos (de transición) conformada principalmente por arcilla comprensible y a la extracción de agua a través de pozos profundos lo que acelera el proceso de hundimiento debido a la pérdida de agua en las arcillas. Este problema se conoce de tiempo, y afecta principalmente a las Colonias Jardín Azpeitia, UH Pantaco y UH Cuitláhuac, teniendo como consecuencia la presencia de fracturas, alteraciones en vías de comunicación y afectación a inmuebles. Alrededor de Pantaco, hay oficialmente 10 pozos de agua, más varios clandestinos (Hernández y Cafaggi, 1999:6). Este problema es reconocido por muchos habitantes de Azcapotzalco, al respecto el cronista de Azcapotzalco David Delgado dice:
Tenemos graves ejemplos de esta problemática en la ciudad, sólo aquí en Azcapotzalco, hay pozos perforados de más de 500 metros de profundidad, se están acabando el agua del
subsuelo, pero no la recuperamos, la sacamos y sacamos y pronto nos quedaremos sin ella. Habrá que ponerle un fin a este asunto (Delgado 2004:124).
Otro de los riesgos es el físico-químico derivado del manejo inadecuado de sustancias peligrosas e incendios, a partir del hecho de que un considerable volumen de sustancias son transportadas vía ferrocarril para su proceso en la zona industrial de Azcapotzalco. El ferrocarril transporta combustibles, además de productos químicos como diaminotolueno, acido acrílico inhibido, éter isopropílico y otros (Hernández y Cafaggi, op cit).
Es común la localización de materiales o actividades indeseables en comunidades de renta baja y zonas populares y la falta de transparencia y participación en la toma de decisiones sobre el uso del espacio.
Es aquí donde los ciudadanos demandan la extensión de la democracia local, una planificación urbana responsable y equidad para compartir las cargas del desarrollo urbano/industrial, a la vez que se impide la exposición a vertidos o instalaciones peligrosos (Castelles 1999).
Hace falta un control sobre el entorno por el bienestar de la comunidad local. En esta zona se confrontan lo que Castells llama el espacio de los flujos y el espacio de los lugares. El espacio de los lugares privilegia la interacción social y la organización institucional atendiendo a la contigüidad física. La mayor parte de la experiencia y el sentido humanos siguen teniendo una base local. Poner énfasis en la localidad y en el control de la gente de sus espacios vitales es un reto (Castells 1999:140).
Este es el reto que enfrentan los vecinos de Pical-Pantaco. La presencia de las organizaciones vecinales como la de ellos, es novedosa porque discuten como problemas políticos las orientaciones culturales de una sociedad, porque se cuestiona quién toma las decisiones o por qué se debatan distintos modelos de proyectos de vida y de comunidad (Touraine 1985:777, Safa 2003:161). En este sentido este movimiento en Azcapotzalco ha sido pionero en este campo. Y una vez más la presencia de la mujer ha sido determinante en la consecución de sus objetivos.