Imaginaos un film donde todo se inicia con una operación de lobotomía y cuyo desarrollo se centra en un cirujano intentando descifrar un misterio morboso entre una viuda incestuosa y una histérica chica que no quiere recordar un hecho horroroso...todo eso adornado por manicomios y mansiones con gigantescos y exóticos jardines y finalizado con una escena de canibalismo. No, no se trata del último film de Cronenberg o
Balagueró sino del clásico De Repente El Último Verano (1959) de Joseph L. Mankiewicz con un guión basado en una obra de teatro de Tenesse Williams adaptado
por el propio Williams y el también escritor Gore Vidal. Y por si fuera poco extensa la lista de mitos ahí estaban Katherine Hepburn, Monty Clift y Liz Taylor para dar cuerpo a uno de los films de horror más deliciosos de la historia del cine. Pese a quien pese.
La demostración de que el cine clásico estaba muerto y el futuro del cine de terror moderno estaba en el film de
Mankiewicz es que justo después
aparecería Hitchcock con Psicosis (1960) para confirmar que los actorcillos disfrazados de Drácula y los jodidos Frankensteins estaban más que superados y solo eran un triste anacronismo de un género ahogado en sus propias autolimitaciones. Entre el film de Mankiewicz y el de Hitchcock apenas hay 6 meses de diferencia (entre un estreno y otro), y ambos films están basados en material literario (el del morboso por antonomasia Williams y el del discípulo Lovecraftiano de
Bloch) alejado del clasicismo rancio de
las adaptaciones de Bram Stoker y la novela gótica que tanto había sido utilizada para el horror en el cine. En De Repente El Último Verano no hay ni una gota de sangre ni escenas de impacto brutal, de hecho el film está rodado en un brillantísimo blanco y negro que se aleja a todas luces (nunca mejor dicho) de los estereotipos trillados de los géneros dedicados a la explotación del terror. Todo se basa en los diálogos y los
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personajes (como buena obra de teatro en la que se inspira) que solo con sus palabras y gestos son capaces de insinuar el horror, el misterio y el enigma así como hechos que les resultan repugnantes y demasiado extremos para ser confesados...al menos momentáneamente.
El gran logro histórico del cine de terror es el poder abandonar el lastre del folclorismo europeo (cuentos para niños, al fin y al cabo) y de los mitos de la novela gótica para demostrar que no hay horror más extremo que el que ejerce el propio ser humano. Los vampiros, hombres-lobo y demás monstruos utilizados y re-utilizados por el cine clásico de terror (Universal, Hammer, etc) dejan de dar miedo para pasar al verdadero engendro del diablo: El Ser Humano.
Ya era extraño que en un mundo donde el ser humano llevaba miles de años matando, violando y torturando el público tuviese miedo de aquellas pelis de la Universal que hoy han quedado tan ridículas y desfasadas. Más en una sociedad que había vivido los horrores de las guerras mundiales, que veníamos de la Santa Inquisición, de la colonización, de la esclavitud...es por ello difícilmente explicable el por qué aquel público de principios del siglo XX era tan sensible a las historias de monstruos y fantasmas para niños.
Afortunadamente el cine de terror maduró para dar un salto hacia el verdadero cine de horror y mal rollo, aquel que inquieta y angustia. Un cine que por lógica dejó al cine clásico en muy mal lugar y olvidado de las nuevas generaciones ávidas de sensaciones fuertes.
Escritores como Poe o Lovecraft habían logrado fascinar a los lectores de la literatura de horror. Poe era el genio para los lectores cultos, Lovecraft el loco de la serie B literaria. Admiro a los dos pero es evidente que siento una simpatía especial por el creador del horror cósmico y los delirios de Dioses venidos de otras dimensiones. Lovecraft resultaba más moderno que la elegante y poética prosa de Poe. Porque en realidad Lovecraft si daba miedo. De sus párrafos anárquicos y oscuros surge un horror primigenio que toca la fibra sensible de todo amante del horror puro y duro.
Por desgracia la forma de entender el horror según Lovecraft tardó mucho en llegar al cine...es más, de hecho aún no ha sido asimilada totalmente. Mientras que Poe ha sido fielmente adaptado, digerido y triturado.
El clasicismo de Poe siempre será más fácil de llevar al cine que el abstracto horror de Lovecraft. Poe no daba miedo, Lovecraft sí.
Así en el cine de terror siempre ha sido mucho más difícil encontrar un film que dé auténtico miedo, porque lo que abunda es el efectismo, el truco barato, el susto, la repugnancia, el gore...
¿Cuantas pelis de terror dan miedo de verdad? Esta es la pregunta que más se ha hecho entre los aficionados, ávidos de encontrar pelis que de verdad les asuste lejos del jolgorio gore o de los trucos baratos y anticuados de la Universal.
De Repente El Último Verano o Psicosis fueron un gran paso hacia ese cine de horror
total. El ambiente malsano ya no era cosa de poner un castillo en Transilvania o llenarlo todo de murciélagos. El adulto, superados los miedos infantiles a la oscuridad y los
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monstruos imposibles necesita una dosis más potente para sentir el horror en sus huesos. Esa dosis extra de horror llegaría en parte con el cine gore (lo repugnante, al fin y al cabo, también es horror) pero sobre todo con el horror practicado por el hombre y sus miedos más ancestrales y poderosos, miedos en su mayoría irracionales.
Psicosis explotaba la locura, El Exorcista los miedos de la tradición cristiana al mal en
estado puro (pero común a toda religión), La Matanza de Texas era una ampliación extrema del tema de Psicosis, Al Final de la Escalera una vuelta de tuerca al tema parasicológico de los fantasmas y los lugares malditos, Alien El Octavo Pasajero el miedo a lo desconocido...
El cine de horror más hardcore no tenía porque estar ligado al cine gore ¿Cuánto de gore hay en Psicosis, La Matanza de
Texas o Al Final de la Escalera? El
miedo es algo más profundo que un chorreón de sangre o una mutilación. El miedo es un estado de ánimo y para llegar a él hay que crearlo. El horror puro y duro tiene una fácil receta: Insinuación, Ambiente e Impacto.
De Repente El Último Verano, Psicosis, La Matanza de Texas, Al Final de la Escalera, Alien...todas tienen ese esquema donde todo empieza con una Insinuación para crear un Ambiente y llegar al Impacto. Cuanto más tarde el impacto en llegar más horror se transmitirá.
En De Repente El Último Verano el impacto llegará al final tras un largo ejercicio de insinuaciones, mal rollo (el ambiente) y misterio.
Psicosis es otra cadena de insinuaciones y ambiente (siniestro en este caso) que llegará al
impacto de la mítica escena de la ducha.
El Exorcista empezará con varias insinuaciones casi inocentes para crear un ambiente de
mal rollo hasta el primer impacto con la niña pegando botes en la cama.
La Matanza de Texas hace otro ejercicio de insinuación (esos chicos y su furgoneta
encontrándose con el tarado) para crear ambiente hasta el impacto de la aparición brutal de Cara de Cuero.
Alien es pura insinuación hasta llegar al ambiente frio e inquietante de un planeta aislado
donde algo misterioso está pasando...el impacto doble de la primera parte del film (el ataque del huevo de alien y el nacimiento del Alien saliendo del pecho de Kane) es horror puro y duro que Ridley Scott logra superar gracias a la metamorfosis del monstruo y sus apariciones sorpresa que poco a poco irán desvelando su inquietante físico. La evolución
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del monstruo es un rasgo muy moderno en contraposición de los aburridos y prototípicos Vampiros, Dráculas y Frankensteins del pasado.
Casi siempre tras el momento de impacto los films decaen bastante. Y es que la gracia del misterio, del enigma es mantenerlo. Al resolverse se pierde algo, sobre todo interés. Un misterio resuelto carece totalmente de interés, sobre todo en el cine de terror.
Ese interés por el misterio alimenta
Psicosis o De Repente El Último Verano...mientras que Alien o El Exorcista, una vez desvelados los
misterios y los primeros impactos, se ven obligados a ofrecer más (mucho más) para mantener el interés y la tensión. El saber hasta dónde llegará la niña endemoniada o quien sobrevivirá al jodido alien será la forma de estirar la tensión de la historia. Una vez superado el impacto de la revelación del misterio solo queda recrearse en él. Porque tanto en El Exorcista como en Alien (o como La Matanza de Texas) aunque descubrimos quien es el causante del horror aún no sabemos de dónde viene ni porque lo hace. Aún quedan misterios por resolver (algunos nunca se resuelven, lo que le da más encanto, como ese mítico final de La Matanza de Texas)
¿Por qué el demonio posee a una niña? ¿Por qué una familia de tarados les da por comer carne humana? ¿De dónde viene y cuál es el propósito del alien?
Si he dicho que el cine moderno de terror se alimentaba del horror provocado por el propio ser humano habría que explicar que tiene entonces de moderno El Exorcista. De hecho,
El Exorcista basa su historia en viejos mitos y creencias de la cultura judeocristiana. Lo
que la hace moderna no es el tema sino, por supuesto, la forma. El estilo casi documental de Friedkin, el pretendido realismo, la serie de pruebas que el Padre Karras realiza para averiguar si es un fraude o no, la eterna duda de si es una posesión o una simple enfermedad mental...el film avanza sin darnos pistas claras, jugando siempre con la ambigüedad de si es cierto o no lo que vemos, trata de confundirnos para que nosotros, desde nuestros miedos más ancestrales e irracionales demos la respuesta. Al final de la película ¿Sabemos lo que ocurrió en realidad? ¿Fue el demonio o solo una gigantesca histeria?
Alien El Octavo Pasajero juega con el miedo a lo desconocido, al enigma del cosmos.
Cuando algo no tiene explicación, cuando no conocemos la causa del miedo más poder tiene sobre nosotros. De ahí que cuanto más se oculta el monstruo más horror despierta. Ni siquiera haría falta sus ataques brutales y gore. El horror viene de la oscuridad y de lo
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desconocido. De otra forma de vida que ni comprendemos ni queremos comprender. Pero al final, como toda buena peli de horror moderno, el verdadero causante del horror es el ser humano. Al fin y al cabo es el ser humano el que los lleva allí para atrapar al alien y convertirlo en un arma biológica. Una vez más el tema de fondo es la maldad del propio ser humano, creador de todos los horrores de este mundo. El alien solo sigue su instinto. El cine de terror moderno lo es porque muestra que el miedo es un enemigo que está en casa, en nuestra mente, lejos de vampiros, castillos exóticos y hombres-lobo.
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