CAPÍTULO 2: GOBERNAR CIUDADES HIBRIDAS COMPLEJAS DESDE LA SOSTENIBILIDAD [Estado de la Cuestión]
2.3 COMPLEJIDAD URBANA: ENTRE CIUDAD DUAL Y CIUDAD HIBRIDA-DISPERSA
2.3.4 Ciudad Hibrida y Diluida ¿Democracia Directa o Participación Centralizada?
En esta sección se completa la elaboración del concepto ‘ciudad hibrida diluida’, desarrollado inicialmente como escenario de la ciudad venezolana en el Capítulo 1, a partir del análisis critico de los efectos socio- espaciales y políticos de las leyes que crean los consejos comunales (CCs) y, la aportación de la literatura al debate sobre el impacto de la participación, mirada desde democracia directa y considerando el paisaje urbano de la ciudad hibrida dispersa, su gobierno y la cohesión social, como fundamento de la gobernanza urbana.
El análisis de la ley que crea los consejos comunales (CCs) de 2006 y su reformulación como ley orgánica en 2009 (AN 2006 y 2009b), fundamenta el supuesto según el cual, este proceso de fragmentación sociopolítica y espacial que pretende instaurar el poder popular - centralizado del proyecto bolivariano, la ciudad y el Estado comunal y crear una nueva geografía y paisaje urbano, tiende a la disolución de la cohesión social-gobernanza de la ciudad y su gobierno, que se conceptualizan como ciudad hibrida dispersa y diluida y el gobierno del poder diluido centralizado. Para Morin (2011: 56) “la disolución de las solidaridades tradicionales no garantiza la formación de otras nuevas”. De acuerdo con la ley, la ciudad hibrida se divide-diluye en múltiples fragmentos y gobiernos sublocales autogobernados, consejos comunales de 150 a 400 familias o, 675 y 1800 habitantes87, poniendo en riesgo el derecho constitucional a la ciudad y al municipio, la cohesión social, la gobernabilidad y gobernanza multinivel y urbana.
Los consejos comunales (comunidades cerradas), según lo establece la ley, son configuraciones sociopolíticas y territoriales para la participación, responsables de la elaboración, aprobación y gestión del Plan de Desarrollo Comunal y de los proyectos formulados por la comunidad en respuesta a sus necesidades. Son unidades sublocales autónomas, autogobernadas por ‘asambleas de ciudadanos’ que pasan a depender del gobierno central (presidencia) a partir de la aprobación de la ley en 2006 y desde 2009, del Ministerio del Poder Popular con Competencia en Participación Ciudadana (Figura 26).
Figura 26. Estructura de los Consejos Comunales.
Fuente: Reyes 2011, a partir de la Ley de los Consejos Comunales en Asamblea Nacional 2009
Mercedes Ferrer y Arroyo, Febrero 2012
La creación de los CCs es una estrategia y política bolivariana top down (de arriba abajo) para organizar la participación social y pretende una descentralización llevada a límites extremos, según argumenta Rodríguez (2005) para implantar la democracia directa.
Paradójicamente, estas configuraciones sociopolíticas y territoriales-comunales se desvinculan del gobierno local, de la red de lazos ciudadanos y de la ciudad y tienden hacia la desintegración-disolución de la ‘conciencia de comunidad de destino’ (Morin 2011), al rompimiento de los lazos o vínculos existentes entre personas y de la cohesión social-gobernanza, para ser cooptadas y depender funcional y financieramente del gobierno central, reforzando la relación líder-pueblo, de “dominación a través de la vinculación” (Stuart Mill en Bauman 2009), objetivo del proyecto bolivariano. La ciudad como ‘comunidad de intereses y destino’ pretende ser eliminada del pensamiento y sensibilidad del ciudadano (Morin 2011: 55).
La ciudad hibrida dispersa y diluida se transforma en un escenario de confrontación entre flujos y fuerzas de poder centrípetas y centrífugas, que tienden a disolver-diluir la cohesión social y a excluir a los que no están con el proyecto, generando ingobernabilidad que pone en riesgo la gobernanza urbana. Timoteo (2005: xiii)88 argumenta que, “la fragmentación intrasocial puede llevar a poner en crisis las posibilidades de una relación real entre los diferentes agentes sociales y la comunicación corresponsable y eficaz entre ellos”, generando ingobernabilidad que obstaculiza la gobernanza y la superación de la pobreza urbana.
En este nuevo escenario urbano, la visión y gestión de la ciudad se abandona a la percepción de múltiples y desarticulados pequeños fragmentos o, comunidades cerradas-enclaves (CCs) y gobiernos sublocales, autogestionados y dependientes de las políticas y financiamiento del poder central. La ciudad y su gobierno son ignorados (¿muerte o vida de la ciudad89 y gobierno local?) no se mencionan en la ley y la ciudad muta a ciudad comunal, carente de visión compartida y de ‘comunidad de entendimiento’ (Bauman 2009; Morin 2011), “donde no todos los intereses tienen oportunidad de expresar su opinión” (Eckardt 2011) y, el Estado federal y descentralizado pautado en la Constitución se transforma en Estado Comunal (Figura 27).
Figura 27. Sistema de Planificación Venezolano Federal Descentralizado y Comunal.
Fuente: Reyes 2011 a partir de la Leyes de Consejo Federal de Gobierno, Ley del Poder Popular, Ley del Consejo Local de Planificación Publica y Ley de los Consejos Comunales (Asamblea Nacional 2009 y 2010)
Estos cambios tienden a fracturar la cohesión social y a poner en riesgo el derecho constitucional a la ciudad, al municipio y la gobernanza multinivel y urbana. ¿La conformación de los consejos comunales (CCs) fortalece
88 “Gestión del Poder Diluido. La construcción de la sociedad mediática”(1989-2004) 89 Jacobs (1961). “The Death and life of great America Cities. The failure of Town Planning”.
Mercedes Ferrer y Arroyo, Febrero 2012
el poder popular y la participación en la gestión de la ciudad? ¿Los CCs son comunidades? ¿Qué caracteriza a una comunidad? Comunidad desde la perspectiva argumental de Bauman90 (2009: 42-v-vii),
…Es una de esas palabras que producen una buena sensación, esta bien tener una comunidad, vivir y estar en comunidad. Hoy comunidad es sinónimo de paraíso perdido, un paraíso que todavía esperamos encontrar en nuestra búsqueda febril de los caminos que nos pueden llevar a el.
Ningún agregado de seres humanos se experimenta como comunidad si no esta estrechamente entretejida a partir de las biografías compartidas a lo largo de una vida y de una expectativa todavía mas larga de interacción frecuente e intensa.
Esta buena imagen se pone en cuestión cuando se analiza la ‘comunidad realmente existente’ que de acuerdo a este autor y, como es el caso de los CCs, exigen lealtad incondicional y obediencia estricta a cambio de recursos. El problema surge porque “la formula a partir de la cual se construyen las ‘comunidades realmente existentes’ (CCs) hace más paralizante y difícil de corregir la contradicción entre libertad y comunidad” (Bauman 2009: ix). El privilegio de ‘estar en comunidad’ tiene un precio, porque “la comunidad nos promete seguridad pero al mismo tiempo parece privarnos de libertad, el derecho a ser nosotros mismos” y, la tendencia sociopolítica venezolana hace improbable que se resuelva la tensión entre “seguridad y libertad y entre comunidad e individualidad” (Ibíd.).
La conflictividad surge porque “la seguridad sacrificada en aras de la convivencia tiende a ser la seguridad ‘de otros’ y, la libertad sacrificada en aras de la seguridad tiende a ser [también] la libertad de otros” (Ibíd.: 13). Lo que es evidente en el caso de los CCs es que, sin una praxis democrática que garantice individuos con libertades plenas para autoafirmarse, esta cuestión no puede resolverse y, una ‘sociedad autónoma’ es inconcebible sin la autonomía de sus miembros y, una republica, sin los derechos solidamente arraigados del ciudadano individual (Castoriadis en Bauman 2009: 136). En este sentido y, según Bauman (Ibíd.: 5),
...Comunidad significa un entendimiento compartido de tipo ‘natural’ y ‘tácito’, no sobrevive cuando el entendimiento se vuelve autoconsciente y proclamado. La comunidad solo puede ser inconsciente [...] o estar muerta, una vez que empieza a proclamar su valor único, es que ha dejado de existir. La comunidad ‘de la que se habla’ o, que ‘habla de si misma’, es una contradicción en los términos. No es una comunidad real es una comunidad producida.
Los CCs, siguiendo la argumentación de Bauman (Ibíd.) son comunidades ‘producidas’, porque el entendimiento surge por imposición legal de un proyecto político y como instancia para obtener recursos. Por otro lado, la construcción de la ‘unidad de comunidad’ según Redfield (en Bauman 2009: 7) o, la ‘naturalidad del entendimiento comunal o voluntad natural” según Tönnies (en Bauman 2009: 7), coinciden en la materia que la constituye, en su homogeneidad (sameness). Comunidad significa para Tönnies (en Ferrater 2001: 614) ‘asociación en la que predomina la voluntad natural’ y sociedad ‘la comunidad formada y condicionada por la voluntad racional”. Para Bauman (Ibíd.) su característica clave es la mismicidad, ausencia del ‘otro’ especialmente del otro diferente, el ajeno, el que esta fuera de lugar.
En los consejos comunales (CCs) la homogeneidad consensuada (característica de la posdemocracia o, pospolítica para Swyngedouw 2011) se garantiza a través de la lealtad al proyecto bolivariano que excluye a los otros que no están con el proyecto, poniendo de manifiesto la “lógica institucional de segregación y agregación” (Wacquant en Bauman 2009: 116) que fragmenta la cohesión social y obstaculiza la gobernanza. Siguiendo la argumentación de Bauman (Ibíd.: 145), podría señalarse que, en el proyecto bolivariano,
La atracción de los sueños comunitarios se basa en la promesa de simplificación y, llevada a su límite lógico, la simplificación significa mismicidad y un mínimo estricto de variedad. La simplificación que se ofrece solo puede lograrse mediante la separación de las diferencias, reduciendo la probabilidad de encuentro y estrechando su grado de comunicación. Este tipo de unidad comunal se basa en la división, separación y mantenimiento de la distancia.
Mercedes Ferrer y Arroyo, Febrero 2012
La homogeneidad interna de los CCs se ‘construye’ mediante la selección, separación y exclusión, donde todo entendimiento comunal pasa a ser “un logro” que se alcanza a través de la discusión y persuasión; en vez de una isla de de entendimiento natural, la ‘comunidad realmente existente’ (CCs) es una ‘fortaleza asediada’ (comunidad cerrada-gueto). La praxis sociopolítica y espacial de los CCs se asemeja a las comunidades cerradas (guetos) y mezclan, siguiendo el argumento de Wacquant (en Bauman 2009: 113) confinamiento social y territorial, al combinar proximidad/distancia física y proximidad /distancia moral. Este doble confinamiento esta complementado con un tercer aspecto, la homogeneidad de los que están dentro en contraste con la heterogeneidad de los de afuera (Bauman 2009; Eckardt 2011).
El proceso de guetificación de los CCs, en un mundo en el que la movilidad y la facilidad para trasladarse e interaccionar se han convertido en factores de estratificación social, es un arma de exclusión y degradación extremas. El comunitarismo aislante diluye y desintegra la ciudad, inyecta más potencia a las presiones que tienden a atomizar la cohesión social y la gobernanza urbana y son la fuente más abundante de inseguridad. Bauman (Ibíd.: 147) argumenta que, en un mundo inseguro y de individuos, la comunidad solo puede y debe ser “una comunidad entretejida a partir del compartir y del cuidado mutuo; que atienda a y se responsabilice de, la igualdad del derecho a ser humanos y de las posibilidades para ejercer ese derecho”.
Sin embargo, para Rifkin (Ibíd.: 450) los altos niveles de individualismo y de auto-expresión (self-expression) que caracterizan la sociedad del conocimiento, son los que muestran mayor extensión empática, tesis que justifica argumentando que,
La emancipación de los estrictos lazos comunitarios y el desarrollo de asociaciones mas débiles pero más extendidas, expone al individuo a una red mucho más amplia de gente diversa que, al mismo tiempo, fortalece la sensación de confianza y apertura y proporciona un contexto para una conciencia más empática91.
En este contexto, las investigaciones de Inglehart et al. (Ibíd.: 450) sobre las actitudes y valores públicos, coincide con la tesis de Rifkin (Ibíd.) según la cual, “la seguridad individual incrementa la empatía” y, por el contrario, en situaciones de sobrevivencia-pobreza y dependencia (CCs) la empatía esta menos desarrollada y se reserva a un núcleo pequeño de relaciones (modo-de-vida popular); es decir, los ‘lazos comunales y la cadena jerárquica de autoridad deja poco espacio para extender la conciencia empática’, tiende a diluir la cohesión social impidiendo la gobernanza.
Mientras una minoría de países y población del mundo se esta volviendo cada vez mas cosmopolita en sus valores, la mayoría (de los países en desarrollo) va para el otro lado (Ibíd.)92. La individualidad-seguridad en uno mismo, a diferencia del comunitarismo, conduce a más confianza y apertura hacia otros y mayor tolerancia hacia aquellos que son diferentes (Ibíd.).
Morin (2011) cuestiona la individualización argumentando que es a la vez causa y efecto de las autonomías, libertades y responsabilidades personales y del deterioro de las antiguas solidaridades y de la atomización social. Giddens (2009: 187) desde la perspectiva de la planificación plantea la tesis según la cual es probable que “el futuro potencial sea el regreso al localismo e incluya redes de pequeñas comunidades autosuficientes” (¿CCs?) y Kunstler (Ibíd.) coincidiendo con Giddens señala que “la vida urbana se verá marcada por la vuelta a escalas de actuación más pequeñas en todos los aspectos de viaje y transporte”. Lo deseable y probable para Giddens, será la interacción de esa tendencia con su opuesta, una mayor movilidad y un transporte de naturaleza diferente.
Coincidiendo con la idea de Giddens de ‘convergencia de tendencias opuestas’, que Morin (2011: 37) asume como expresión de la ‘policrisis actual’93 y, sugiere la coexistencia de desarrollo con involución. Desarrollo entendido como eficacia y rentabilidad e, involución como inserción en la propia cultura y en la comunidad; este planteamiento según Morin 2011, “da respuesta a la aspiración de los seres humanos de asociar
91 “the emancipation from tight communal bonds and the development of weaker but more extended associational ties, exposes the individual to a much wider network of diverse people, which in turn, both strengthens one's sense of trust and openness and provides a context for a more empathic consciousness”.
92 83% have transitioned into a postmaterialist culture but 74% of the poorest counties have sunk back into a survival-value culture [. . ] a minority is becoming increasingly cosmopolitan in their values, a majority is going the other way”.
Mercedes Ferrer y Arroyo, Febrero 2012
autonomía con comunidad”, de vivir en comunidad y ser ‘ciudadano con libertades y derechos plenos’ en democracia-gobernanza (Sen en PNUD 2010).
Para Eckardt (2011) una de las principales hipótesis para lograr la democracia y gobernanza urbana es a través de la implicación directa de los ciudadanos en la planificación. Según argumenta, la planificación participativa que ha hecho suyo el principio de subsidiariedad se ha extendido por Europa y, la experiencia de Alemania evidencia que la democracia directa-nueva forma de participación en la post-democracia ha tenido importantes impactos en la planificación urbana de ese país. La emergencia de una sociedad post- democrática, resultado de la fatiga de las formas políticas tradicionales, exige nuevas prácticas de planificación e implicación ciudadana más directa en la formulación de políticas locales o democracia directa (Ibíd.). Coincidiendo con lo anterior Churchill (citado por Friedmann 2011: 13)94 en 1962 señalaba “la ciudad es la gente [...] lo que me preocupa es la perversión de los métodos de planificación [...] que pasan de la organización democrática de la comunidad a los controles autoritarios para beneficio de unos pocos”.
En este contexto, Morán y Hernández (en Alguacil 2003) argumentan que cuando los políticos hablan de participación se refieren a otras cosas, como la legitimación de sus propuestas porque se ha informado al público o, se ha realizado algún sondeo de opinión y encuestas, coincidiendo con la praxis del gobierno de la gestión visible (GGV). La condición esencial para que la participación sea real es la intervención de todos los agentes implicados en todas las fases del proceso de planificación, asegurando en todo momento la relación igualitaria entre actores, porque es el ambiente donde prospera la gobernanza (Ibíd.).
Para estos autores la participación ciudadana puede conseguir que los procesos sean más rápidos (a contracorriente del pensar de otros autores), pues el análisis es más fiable debido a la participación de los implicados y, facilita que los recursos se utilicen más eficientemente debido al control social, que mejora la calidad del resultado y, el sentimiento de apropiación, que aumenta la confianza, la cohesión social y gobernanza urbana.
Los procesos participativos resultantes de la praxis de los CCs desencadenan formas de coexistencia nuevas entre sujetos sociales y el gobierno local, reconstruyendo prácticas urbanas y relaciones sociales, que impactan la autonomía de las organizaciones y el ejercicio de la autoridad, para Martínez (2006) evidencia la necesidad de definir los límites-hasta dónde pueden llegar esos procesos de reconstrucción social-sin eliminar los cimientos de diversidad urbana y la autonomía local sobre los que se levantaron.
Para Bookchin y Barber (en Martínez 2006) entre otros comunitaristas, la participación social debería desembocar en la constitución de pequeñas comunidades altamente soberanas (¿consejos comunales?), en las que primen las relaciones cooperativas y de proximidad y en las que se desarrolle una democracia lo más directa, local y consensual posible (y no sólo en los municipios, también en los centros de trabajo). Las objeciones al comunitarismo y a los consejos comunales (CCs), siguiendo la argumentación de Martínez (2006) coinciden con los problemas centrales de la modernidad:
- Cuanta más homogeneidad social y más conocimiento mutuo se busca, más posibilidades existen de
estimular la exclusión y la represión de todos aquellos que se consideran diferentes;
- Es un artificio desproporcionado dividir en pequeñas comunidades soberanas y autosuficientes las actuales
ciudades y áreas metropolitanas, con toda la complejidad, hibridaciones y superposiciones que las definen;
- El comunitarismo siempre precisa de algún modelo superior para articular los intercambios e
interdependencias entre las distintas comunidades (o municipios) con justicia territorial (Young en Martínez 2006).
- Todas las virtudes que encierra la participación en lo local, entrarían en crisis y constante conflicto.
En este contexto, Ruano (2010: 107)95 señala que,
La participación genera ciertas expectativas en los ciudadanos (ser escuchado, influir en las decisiones colectivas) que pueden modificar el ejercicio del poder político y cuya insatisfacción puede realimentar la desafección política y la desconfianza en las instituciones. El ejercicio de
94
“Barrio por barrio: reclamando nuestras ciudades” (Urban 2011: 13-19)
Mercedes Ferrer y Arroyo, Febrero 2012
manipulación o, si se prefiere, de instrumentalización de la participación por parte de los responsables políticos refleja está dinámica de compleja interacción.
La praxis de los CCs coincide con la tesis de este autor según la cual, “la participación deriva en ocasiones en una suerte de fetichización basada en la fuerza evocadora el concepto “ciudadanía”, siendo que, “la voluntad de los ciudadanos puede expresarse a través de consultas o espacios de concertación, pero también se manifiesta a través de la configuración de las instituciones representativas y de la opinión pública”.
Para Ruano (2010), el sujeto “ciudadanía” no puede reducirse a su representación imperfecta en órganos deliberantes. Y en este sentido y para este autor, el reconocimiento y atención por parte de las administraciones públicas, a los distintos y contrapuestos intereses particulares, es necesario para la conformación de una idea más aproximada a la realidad social, pero es incompatible con la idea unívoca de un “pueblo” o de una “ciudadanía” que está en la base de la mitificación de la democracia directa como forma diferenciada y en equilibrio inestable con las instituciones de la democracia representativa.
El análisis de los objetivos y actores participantes en los consejos comunales (CCs), coincide con la argumentación de Ruano (2010) y evidencia que la democracia directa que pretende el proyecto bolivariano, no puede caracterizarse como una simple ampliación de los derechos democráticos, puesto que la realidad demuestra que “en algunos casos, las posturas políticas que asumen estos actores afectan las bases del consenso social y los derechos de las minorías” (Vatter and Danaci en Eckardt 2011), además de diluir-eliminar la autonomía y la descentralización local. Los CCs, emponderan a unos actores, los que están con el proceso y excluyen a los otros, fragmentan y diluyen la cohesión social y la cultura ciudadana poniendo en riesgo la gobernanza urbana. Siguiendo a Eckardt (2011: 72)96,
La aparición de la democracia directa debe contextualizarse en el paisaje social cambiante [...] donde la pobreza se ha convertido en un problema grave y la ciudad se encuentra cada vez mas fragmentada […]. La principal preocupación es que estas formas de intervención y participación en políticas locales y en la planificación urbana, están principalmente basadas en los intereses de algunos grupos y, por lo tanto, en la expresión de un punto de vista particular del tema.
La praxis de los CCs corrobora la argumentación anterior y se evidencia en el incremento de la fragmentación sociopolítica y de la cohesión social (apoyo o exclusión de grupos sociales según su afinidad política), que pone en riesgo la gobernabilidad y gobernanza urbana.