ISSN 1696-7208 DEPO LEGAL: SE-3792-
TITULO: “LA DINASTÍA DE LOS FLAVIOS” AUTOR: JESÚS DAVID ORDÓÑEZ GONZÁLEZ
3. LA CIUDAD Y LA POBLACIÓN DE ROMA
ISSN 1696-7208 DEPO. LEGAL: SE-3792-06
NÚMERO 50 – ABRIL 2009
Los Flavios trataron de mantener los compromisos del poder con la plebe alimentaria de Roma, que seguía alcanzando una cifra entre los 180.-200.000 ciudadanos romanos con domicilio en Roma. El resto de la población necesitada de la ciudad que no estaba inscrita en las listas de la “plebe alimentaria”, incluidos los ciudadanos romanos que tuvieran un “origen” por otra ciudad, quedaba excluido de ese grupo privilegiado. Los Flacios continuaron la tradición de hacer distribuciones gratuitas de alimentos y dinero para esa plebe alimentaria y buscaron además el apoyo de la misma con donativos extraordinarios de dinero, congiaria, y con la emisión de
abundantes espectáculos públicos, a los que la plebe asistía gratuitamente y en los que podía recibir además otros donativos extraordinarios. Así, Domiciano hizo tres congiaria (el 84, el 89 y el 93) dando en cada ocasión 300 sestercios a cada uno de los beneficiados.
También en la misma línea de Augusto, los Flavios mantuvieron un amplio programa edilicio en la ciudad de Roma. A Vespasiano se atribuye la reparación de acueductos, la reconstrucción de
templos como el del Júpiter Capitorialino o el de Honos el Virtus, de otros edificios públicos como la sede del depósito de los documentos oficiales, tabularium, el haber ampliado la pavimentación de las calles de Roma, la creación de unos grandes almacenes de víveres que podían además alquilarse como lugares de depósito de bienes de los particulares, los horrea Vespasiano.
Con la restauración del tabularium por Vespasiano se manifestó además el int4erés del emperador por recuperar un amplio contenido de textos jurídicos, hecho que marca uno de los rasgos de las preferencias administrativas flavias, pues hizo “reconstruir 3.000 planchas de bronce destruidas en el incendio del Capitolio y mandó buscar copias de ellas por todos sitios: era la colección de documentos más bella y antigua del Imperio, que contenía los senadoconsultos y los plebiscitos sobre pactos de amicitia y de foedus así como los privilegios concedidos a particulares casi desde los orígenes de Roma” (Suez., Vesp., VIII). En la depresión geográfica donde Nerón había mandado construir domus aurea de Nerón, se inició bajo Vespasiano la construcción del mayor anfiteatro del Imperio, el conocido hoy como Coliseo, que fue inaugurado por Tito y ampliado y consolidado por Domiciano. También bajo los Flavios, se atendió a la ampliación del palacio imperial de modo que pudiera servir de sede para una mejor gestión de las funciones
administrativas. Esa política edilicia es un reflejo del interés por dotar a la capital del Imperio del mayor esplendor. Su ejecución fue posible por el saneado estado de las finanzas públicas como consecuencia de las medidas tomadas por Vespasiano. Y no hay duda de que una parte importante del millón de habitantes de Roma tuvo ocasión de mejorar sus condiciones de vida con el trabajo ofrecido para llevar a cabo esa considerable actividad edilicia.
También se prestó atención particular a los pretorianos. Lo mismo que había hecho Vitelio al renovar las tropas pretorianas con la inclusión de soldados fieles escogidos en sus legiones, Vespasiano licenció a gran parte de esas tropas de Vitelio para sustituirlas por soldados de su ejército. Con el fin de privar a los pretorianos de su capacidad de intervención política, Vespasiano tomó varias medidas como la de poner al frente de esas tropas a su hijo Tito, la de incluir entre los pretorianos a muchos soldados extraídos de los ejércitos provinciales y la de disminuir el número de las cohortes pretorianas. Nos consta que se reclutaron de lugares tan alejados como Ávila., Lucus Augusti, Lugo, Asturica Augusta, Astorga, tres ciudades romanizadas de la Hispania Citerior.
Ahora bien, los textos de los autores antiguos presentan diferencias marcadas entre Vespasiano y Tito en relación con Domiciano en sus actitudes con los cómicos que constituían un eslabón fundamental en la creación de la opinión del pueblo sobre el poder. Vespasiano toleraba incluso las bromas que se hacían sobre su persona; llegó a recompensar con sumas inmensas a algunos artistas: al trágico Apelaris (400.000 sestercios), a Terpno y Diodoro, dos citaristas, (200.000
sestercios a cada uno) y así a otros (Suet., Vesp., 13-14). El liberalismo de Vespasiano se tornó en rigorismo bajo Domiciano: varios cómicos o simples copistas de obras que pudieran contener una alusión negativa a su persona fueron ejecutados (Paris, Elio Lamia, Salvio Coceyano…), aunque no
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dudó en prestar todo el apoyo a escritores y citaristas que participaban en actividades reglamentadas para las fiestas públicas.
La represión más dura de Domiciano afectó a judíos y cristianos, de los que antes hablamos, así como a los filósofos. Dice Suetonio que condenó a Junio Rústico por haber escrito panegíricos sobre Peto Trasea y Helvidio Prisco, en los que estos aparecían como hombres muy santos y que
“aprovechó esta acusación para expulsar de Roma y de Italia a todos los filósofos”, además de condenar a muerte al hijo de Helvidio Prisco. Del acertado estudio de Lomas se derivan marcadas diferencias en la actitud de Vespasiano y de Domiciano frente a los filósofos. La condena del estoico Helvidio Prisco por Vespasiano se inserta más en la decidida y sistemática oposición de Helvido, contrario a la forma de gobierno instaurada por Vespasiano y dispuesto públicamente a ampliar el número de sus seguidores para recuperar las viejas formas republicanas; Helvidio Prisco, senador, ya había sido víctima de otra condena bajo Nerón. La condena de Helvidio Prisco provocó un fuerte impacto en quienes pretendían seguir su camino, pues Helvidio era un testimonio vivo de honradez y buena gestión demostradas como cuestor en Acaya en el año 51, como tribuno de la plebe en el 56 y como pretor en el 66. Con su condena, Vespasiano demostraba al Senado hasta dónde estaba dispuesto a llegar en el uso de la libertad. Otras noticias hablan, en cambio, de la amistad que
mantuvo Vespasiano con varios filósofos como Petro Trasea, Sorano Barea, Apolonio de Tiana, Dión de Prusa y otros. Y ante los insultos que le dirigió el cínico Demetrio, Vespasiano se limitó a
responder con un monosílabo también insultante, además de definidor, “perro”. No hay duda, pues, de que, entre Vespasiano y Domiciano, había un talante muy diverso frente a los filósofos, siempre críticos con el poder.
La búsqueda del consenso social llevó a Domiciano a la expulsión de Roma de los astrólogos en el año 90. Sin filósofos, cómicos, astrólogos ni histriones a los que sólo “permitió practicar su arte en las casas particulares”, Domiciano se volcó en atraerse el apoyo de la plebe de Roma, a la que compró con abundantes espectáculos gratuitos y con donativos.