HIDROTERAPIA Y TERMALISMO EN LA ANTIGÜEDAD, GRECIA Y ROMA CONTEXTO HISTÓRICO
TÍTULO: “CONSTANTINO Y LOS CONSTANTÍNIDAS” AUTOR: JUAN FRANCISCO ORDÓÑEZ GONZÁLEZ.
I. LA ÉPOCA DE CONSTANTINO (305-337) 1 HISTORIA POLÍTICA
3. LA ADMINISTRACIÓN CENTRAL BAJO CONSTANTINO
Los dos prefectos del pretorio, dependientes de los dos Augustos en los años de la Tetrarquía, fueron sustituidos por un número mayor de prefectos territoriales, que no coincidían siempre con el ámbito de control territorial cedido a los Césares. Entre el 326-337, hubo cinco prefecturas; muerto Constantino, quedaron en tres. Cada nuevo prefecto controlaba varias diócesis; así, de la prefictura de las Galias dependían la diócesis de las Galias, de Britania y de las Hispanias. Los nuevos
prefectos, ahora de rango consular o clarísimos, sin mando sobre el ejército, supervisaban la administración de los vicarios de diócesis y de los gobernadores provinciales, a la vez que ejercían de jueces supremos para el ámbito de la prefectura. Entre sus competencias administrativas se incluían la supervisión del correo público y del funcionamiento del sistema impositivo, el
abastecimiento y equipamiento del ejército así como el pago de los funcionarios y de las obras públicas. La institución de los prefectos territoriales equivalía realmente a una descentralización administrativa en el mismo momento en que se producía la centralización del poder en manos de un solo emperador.
Los prefectos del pretorio rendían cuentas detalladas de su gestión a la cancillería imperial que supervisaba la administración general del Imperio y todas las demás actividades de la corte. Al frente de todas las oficinas de la cancillería se encontraba el magíster officiorum. Como si se tratase de una relación personal más que política y administrativa, un conjunto de “compañeros” / “condes”, comités, del emperador estaban puestos al frente de las diversas oficinas de la
ISSN 1696-7208 DEPO. LEGAL: SE-3792-06
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cancillería; así, las funciones financieras del antes llamado a rationibus / rationalis eran
desempañadas ahora por un comes. El enorme capítulo de gastos imperiales (ayudas alimentarias y donativos extraordinarios para la plebe, edición de juegos y espectáculos, ayudas a las iglesias cristianas…) era gestionado por el comes sacrarum largitionum. Adquirió un mayor desarrollo que antes la sección de los “informadores”/ “espías” distribuidos por todo el Imperio, cuyas noticias se destinaban directamente a las oficinas centrales, a la sección de los agentes in rebus. Persona de confianza del emperador, su portavoz y copartícipe en la redacción de documentos oficiales, era el quaestor sacri palatii, con funciones casi equivalentes a las que antes tuvo el vicarius a consiliis sacris. La gestión del ámbito de la corte estaba supervisada por el praepositus sacri cubiculi, bajo cuyas órdenes había un amplio abanico de personal subalterno bien jerarquizado (domésticos, eunucos…) así como el castresnis o jefe puesto al mando de las tropas encargadas de la defensa de la cancillería y del emperador.
Los latos cargos de la cancillería imperial, un grupo de expertos militares juristas así como otras personas de la confianza del emperador formaban el consejo privado imperial, el consistorium, presidido por el quaestor sacri palatii en ausencia del emperador. Es importante reseñar como novedosa la ideología que encerraba el comitatus: el emperador distinguía con el título de comes a destacados funcionarios que, gracias a la confianza que el emperador les brindaba,
desempeñaban con frecuencia funciones no claramente reguladas que podían entrar en conflicto con las ordinarias de otros funcionarios.
Constantino mantuvo el sistema impositivo de la iugatio-capitatio establecido por Diocleciano, pero el incremento de los funcionarios y de las tropas militares, las liberalidades con las iglesias cristianas y con el pueblo así como la magna empresa de construir la ciudad de Constantinopla como capital del Imperio exigieron aumentar los ingresos públicos. Así, cada cinco años, los artesanos y comerciantes debían pagar un impuesto extraordinario, la lustralis collatio, conocido también como chrysargiro. Se volvió a la aplicación habitual del impuesto del “oro coronario” de cuyo9 pago se hacía ahora responsables a los decuriones de las curias municipales. Por otra parte, las personas de rango senatorial pagaban un pequeño impuesto anual según la proporción de sus riquezas, la gleba senatoria, además de esperarse de las mismas que contribuyeran de modo regular al sostenimiento de los gastos del tesoro público con “oro ofrecido”, aurum oblaticium, evocación figurada de lo que era en la práctica otra carga impositiva. Para los senadores, estas nuevas modalidades impositivas eran sin duda más humanas que las aplicadas muy a menudo por emperadores anteriores, consistentes en someterlos a condenas de pena de muerte para confiscar sus bienes que se destinaban a paliar las dificultades del fisco o del patrimonio privado imperial.
Una medida de larga trascendencia fue la fundación de la ciudad de Constantinopla, destinada a ser la capital del Imperio; se construyó de nuevo al superar en extensión al emplazamiento de la antigua ciudad de Bizancio. Desde época de los Severos y de forma más habitual durante la crisis del siglo III, los emperadores habían tenido su residencia en ciudades más próximas a la frontera renano-danubiana (Tréveris, Milán, Arlés, Sirmio, Nicomedia…) con el fin de atender mejor a los peligros de las incursiones de pueblos bárbaros; con ello, Roma había ido quedando como una capital honorífica. La provincialización definitiva de Italia desde Diocleciano había contribuido a una mayor marginación de Roma. La elección del enclave de Bizancio, tomada en el 324, se puede justificar por varias razones: la situación estratégica para el control de los estrechos, su posición de puente entre Asia y Europa, su valor estratégico para atender a los peligros de la frontera
danubiana así como para orientar la defensa frente a los eternos enemigos persas; no debieron ser ajenas otras razones como la consideración a la mayor riqueza de las ciudades de la parte oriental del Imperio, por otra parte más cristianizado. A pesar de ello, la inauguración de Constantinopla en el 330 se hizo siguiendo los tradicionales rituales paganos. Para la nueva capital del Imperio, se eligió un nuevo Senado en el que ya entraban muchos cristianos, un Senado de composición
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ideológica muy distinta al de Roma en el que seguían predominando los paganos. La visión de futuro de Constantino queda justificada cuando sabemos que Constantinopla se mantuvo como capital del imperio romano oriental o bizantino, después de la caída del Imperio romano de Occidente. Otra cuestión distinta reside en las referencias al urbanismo de Constantinopla, edificada muy aprisa y con malos materiales, hechos que trajeron un sinfín de problemas de carácter urbanístico que tuvieron que ser resueltos paulatinamente por los emperadores posteriores.