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Clase popular y Movimiento popular

CAPÍTULO 2. MOVIMIENTO SOCIAL DE MUJERES Y MOVIMIENTO FEMINISTA EN

3.1. Entre el pueblo y lo popular como categorías de análisis

3.1.3. Clase popular y Movimiento popular

Cuando se hace un acercamiento al feminismo popular, inmediatamente es común la referencia semántica al concepto de clase social, al que tanta centralidad le ha otorgado la tradición filosófica marxista. En su obra sobre el movimiento popular en Colombia, Leopoldo Múnera (1998) hace un recorrido por las significaciones del concepto de clase y a la centralidad que tiene en su definición: “por un lado las relaciones de producción constituyen el eje del sistema de relaciones sociales, y por el otro la lucha de clases es el motor del cambio social” (p.67). El debate se complejiza al reconocer que la tradición marxista, de acuerdo al socialismo científico, identifica la clase con un tipo de actor determinado, el proletariado que se expresa en el partido.

Según lo anterior, pareciera que más que una posibilidad explicativa como categoría analítica, la clase, condensara un devenir de quienes se encuentran en determinado lugar en la esfera económica y del tipo de conflicto que desarrollan contra sus antagónicos. Al considerarse deber ser se desconoce la pluralidad de actores y de prácticas sociales que contiene una clase social:

Las y los trabajadores privados de medios de producción, subordinados, asalariados o sin empleo, son estimulados para oponerse en mayor o menor grado al capitalismo, debido a esa situación de desposesión, sometimiento y explotación salarial. Pero son, al mismo tiempo, hombres o mujeres -y en el segundo caso padecen una opresión singular que también las invita a resistir; jóvenes, maduros o ancianos; de una u otra raza o grupo nacional, a veces relegado o humillado; cultos o analfabetos; con derechos ciudadanos o sin ellos… La condición real de la clase obrera reúne determinaciones variadas, estrechamente entrelazadas. Todas esas determinaciones y otras muchas confluyen en la clase obrera junto con las que toman pie en las relaciones de producción, impulsando todas juntas su capacidad de oposición o mermándola, empujándola a la rebeldía o a la resignación”. (Eugenio del Río, 1989, citado en Múnera, 1998, p.70)

En esta perspectiva, el concepto de clase continúa siendo vigente en términos explicativos y como lugar de enunciación y construcción política, desde una mirada más amplia, menos determinista, que reconoce la heterogeneidad de los actores individuales y colectivos que la integran, no sólo por su ubicación en el proceso de producción, sino también en relación con la dominación-subordinación que se desprende de ella, así como por las orientaciones culturales que se dinamizan: “Por consiguiente, la posición de clase está determinada de forma prioritaria por la relación de poder y no por el hecho de la propiedad privada de los medios de producción social” (Múnera, 1998, p.78).

La caracterización de la explotación económica dentro del capitalismo y de la dominación cultural y política constituye de manera particular la categoría analítica de las clases populares, integrando la definición genérica de pueblo y la específica de clases subordinadas, lo que hace que algunos grupos sociales que se definen como pueblo, sin tener la especificidad de subordinación del capital como las mujeres, los estudiantes, los grupos de pertenencia étnica-racial, entre otros, puedan considerarse como clase popular, cuando la mayoría de sus miembros pertenecen a las clases subordinadas.

Aparece entonces otro concepto clave para los propósitos de este trabajo y es el de movimiento popular como categoría analítica de la acción colectiva de las clases populares, conformado principal pero no exclusivamente por actores de las clases populares, que en muchas ocasiones participan de los movimientos sociales que no son definidos por las posiciones de clase:

El movimiento popular es un tipo particular de movimiento social que consiste en la articulación de las acciones colectivas e individuales de las clases populares, dirigidas a buscar el control o la orientación de campos sociales en conflicto con las clases y los sectores dominantes. El papel nuclear de las clases en esta concepción del movimiento popular define al movimiento social en función de los actores. En consecuencia, la posición que éstos ocupan en el sistema de relaciones sociales condiciona el tipo de articulación y de acción que le da

forma al movimiento; o sea, limita la gama de posibilidades estratégicas y culturales de sus prácticas sociales. (Múnera, 1993, p.71)

En el movimiento popular, según esta definición, se pueden establecer alianzas con las clases dominantes que no participan del escenario del conflicto o con quienes se comparte la pertenencia al pueblo, debido a que la definición de adversario no se da sólo en términos de clase, sino también como actor: “Sin embargo, el conflicto por la orientación y control de los diferentes campos sociales en el que participa es atravesado y mediado por un conflicto por el control y la orientación del Estado. En tal medida, el movimiento popular está insertado en un conflicto que independientemente de sus objetivos lo supera y repercute en él. No existe ningún movimiento popular incontaminado de política institucional, todos participan al mismo tiempo en el juego político del Estado y en el de la sociedad civil” (Múnera, 1993, p.78).

Por esta razón, Múnera (1998) menciona que el movimiento popular debe ser considerado como una de las expresiones de las clases populares, diferentes a los partidos, movimientos armados, etc., que se plantea acciones colectivas que pueden propender por cambios estructurales, o que con frecuencia sólo busca mejores condiciones de vida dentro del mismo sistema social (p.81).