APLICACIÓN DE LAS PRUEBAS PSICOLÓGICAS A LA MEDICIÓN
CLASIFICACIÓN DE LA INTELIGENCIA
Para explicar y poder entender el por qué de la clasificación de la inteligencia, podríamos hacer un parangón con las leyes físicas que controlan y predisponen al individuo a discriminar los colores del arco iris. La inteligencia genera un continuo semejante al espectro del arco iris. La conducta humana se expresa en diversas formas, es decir, presenta patrones específicos que dependen de las exigencias del ambiente. La denominada conducta inteligente tiene también expresiones que plantean patrones de comportamiento, mismas que en cierto momento los psicólogos deben determinar y localizar en ese continuo que hemos denominado inteligencia.
La contribución de la psicología moderna en este campo ha sido, por lo menos, dar nuevas configuraciones a la conducta intelectual y precisar conceptos de ella mediante la introducción de métodos cuantitativos. Las ventajas teóricas de la clasificación cuantitativa son obvias, aún cuando en la práctica no son reales, debido a que una clasificación cuantitativa depende no sólo de la confiabilidad de los datos empleados, sino también de la validez de la interpretación asignada a ellos. Los datos cuantitativos se basan generalmente en medidas derivadas de diversas pruebas de inteligencia, y la clasificación dependerá del tipo de unidad psicométrica que se utilice (percentiles, CI, calificaciones T, etcétera) a partir de las cuales la significación podrá ser diferente.
Por ejemplo, en la clasificación de Terman, los CI Stern obtenidos inferiores a 70 clasifican a las personas como deficientes mentales; aquellos que obtienen entre 80 y 90, como subnormales; aquellos que obtienen de 90 a 110, como normales o promedio; etcétera.
Kuhlmann considera que el límite inferior para las categorías arriba descritas es: inferiores a 75, deficientes normales; de 75 a 84, limítrofes o borderlines (también se les denomina fronterizos); de 85 a 94, subnormales; de 95 a 104, normales; etcétera.
Otros autores han utilizado distintos criterios para la clasificación de la inteligencia. Sin embargo, lo importante es saber por qué utilizan tal amplitud de intervalo.
Wechsler considera necesaria una redefinición de las categorías básicas de la inteligencia, en función de criterios estadísticos explícitos. Así, propone que para cada nivel de inteligencia se tenga un intervalo de clase que marque un rango de CI que se encuentre a una distancia medida a partir de la media y que se expresará en términos de la desviación estándar. De este modo, un deficiente mental es una persona cuyo CI se halla a tres o más desviaciones abajo de la media, lo que
inferior de la población total. Una persona con inteligencia fronteriza o limítrofe, en términos de CI, se hallaría entre las desviaciones 3 y 2 a partir de la media; etcétera.
La elección de los puntos límites es relativamente arbitraria. En el caso de los deficientes mentales, existen varias formas de evaluación. Estas estimaciones tienen en consideración la amplitud de variación entre ellas mismas, las cuales se aproximan bastante al 2.5% de la población total. Para definir a los grupos deficientes mentales, es necesario y razonable hacerlo a partir de aquellos individuos que obtienen un CI cuya distancia es de -3 o más, a partir de la media.
El esquema de clasificación de Wechsler es simétrico y comprende muchas clases, tanto hacia arriba como hacia debajo de la media. Wechsler elaboró una clasificación final de la inteligencia, en la cual incluye porcentajes para cada categoría dada. La tabla siguiente expresa la forma en que han sido clasificados, de acuerdo con este investigador, los diversos niveles de inteligencia, los cuales se refieren a las escalas de WAIS y de WISC.
Bajo este criterio, Wechsler encuentra que el concepto estadístico de la inteligencia, para la clasificación mental, es necesario en la ciencia psicológica. El concepto y sus implicaciones lógicas son difíciles de aceptar para algunos psicólogos, debido a que pueden conducir a decisiones imprácticas y absurdas; sin embargo, estas decisiones no provienen del concepto en sí mismo, sino de la no comprensión de tal concepto.
Tabla 1. Clasificación de la inteligencia, de David Wechsler CI CLASIFICACIÓN De 130 o más De 120 – 129 De 110 – 119 De 90 – 109 De 80 – 89 De 70 – 79 De 69 – 50 De 49 – 30 De 29 o menos Muy superior Superior Normal brillante Normal Subnormal
Limítrofe (borderline o fronterizo) Deficiente mental superficial Deficiente mental medio Deficiente mental profundo
Realmente la definición estadística de inteligencia, obtenida sobre cualquier muestra particular o específica, es válida sólo para los grupos que representen la población muestreada. No limita la medida de los grupos de referencia, para los que pueden ser útiles las normas; éstos pueden ser tan grandes como la representatividad de la muestra lo propicie; pero las restringe a partir del tipo de individuos que queden incluidos y para los que se tengan otros propósitos de clasificación.
Para Wechsler, la gran ventaja que representa la utilización del CI como una base fundamental de clasificación es que indica clara y constantemente la relatividad de las medidas. A veces, en la práctica, es necesario utilizar los resultados de las pruebas como si representaran cantidades absolutas, por ejemplo, cuando aplicamos pruebas de aptitudes como medidas de
eficiencia mental. En una prueba de aptitudes podemos dar puntuaciones utilizando un mínimo como estándar para calcular los índices de eficiencia. Lo mismo podemos hacer con una prueba de inteligencia. Podemos decir, por ejemplo, que para ser un buen maestro o buen mecánico, un sujeto deberá tener determinada cantidad mínima de inteligencia en una prueba dada. Si el CI utilizado como medida de inteligencia del sujeto es tan claro que permita percibir el papel de una calificación mínima en el caso de la prueba de aptitudes, y si este denominador es constante, podrá considerarse que, debido a sus propiedades, constituye una medida absoluta. Esta forma de aplicación del CI puede ser aceptada siempre y cuando se tenga en consideración que se ha transformado en un CI de eficiencia.
Al hablar de las diferencias entre ambos cocientes, nos referimos a la medida del cociente de inteligencia de una persona en relación con el cociente de inteligencia de los individuos de su propio grupo, sobre la base de que se trata de un grupo homogéneo. Cuando estudiamos el cociente de eficiencia, no nos interesa la edad de la persona ni otros factores que influyen en la obtención del CI, sino sólo en las habilidades de esa persona, comparadas con la ejecución estándar del resto del grupo.
El CI no es la única calificación, ni la mejor, para clasificar esa entidad tan compleja y definirla con un simple número. Esta construcción es función de otros factores (además de la habilidad intelectual) como: impulsos, balances emocionales, persistencia, etcétera, que no son fácilmente apreciables, ni mucho menos mensurables, en situaciones concretas.
Un problema poco estudiado cuando nos referimos a la inteligencia es el de la deficiencia mental o retraso mental. Este, como muchos conceptos en psicología, sufre modificaciones con el transcurso del tiempo. Así, presenta dos problemas fundamentales: a) la definición abstracta del término, y b) su aplicación práctica.
Se han dado muchas definiciones psicológicas a partir de la interrogante ¿quiénes son los deficientes mentales? Se han diseñado métodos específicos para diferenciarlos. El problema de la definición es de orden moral y médico-legal; así, hay definiciones abstractas de deficiencia mental, aspectos cuantitativos y estadísticos y métodos prácticos de su medición. De acuerdo con esto, un deficiente mental es aquel que, debido a un desarrollo intelectual restringido, es incapaz de manejarse por sí mismo y de resolver sus propios problemas, constituyéndose no sólo en una carga familiar sino también social al tener que ser ayudado a sobrevivir. Podríamos agregar que el deficiente mental es una persona cuya dotación básica, intelectual, es insuficiente para asimilar y retener las experiencias necesarias que le brinda el ambiente. Esta situación hace que pueda producir una calificación mínima o un registro de edad mental o CI en ciertas pruebas de inteligencia estandarizadas.
En seguida haremos una breve descripción de las escalas de Wechsler a fin de ejemplificar una de las formas mejor construidas para medir la inteligencia (o el rendimiento intelectual). Estas escalas nos interesan particularmente, así como cada uno de los tests con que hemos tratado de ejemplificar cuando ha sido necesario, porque no sólo se han venido empleando en México desde hace mucho tiempo, sino que en la actualidad ya han sido estandarizadas, cuando menos para sujetos del Distrito Federal, es decir, de la ciudad de México. En algunos lugares de la República Mexicana también ya se han hecho estandarizaciones para grupos. Sin embargo, aún falta mucho por hacer
Mucho de este trabajo ha sido ejecutado por el Centro de Ciencias del Comportamiento, antes CICC, ahora INCCAPAC (Instituto Nacional de Ciencias del Comportamiento y de la Actitud Pública, A. C.), en donde desde hace cerca de quince años se empezó a trabajar tanto en la formación de investigadores en el campo de la psicología educativa, de la psicología social y de la psicología evolutiva como en la estandarización de instrumentos de medición en esos campos de la psicología.