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1.3. Concepciones teóricas sobre el índice de efectividad táctica derivado de los datos obtenidos a partir de la aplicación de pruebas específicas

1.3.2. El test o prueba como método para el control del entrenamiento

1.3.2.1. Clasificación de las pruebas

El éxito de la planificación del entrenamiento deportivo se puede medir mediante la aplicación de test o prueba, según Valdés, Faroy, González y Díaz (2008, p. 27), García (2010) se pueden clasificar en: teóricos, prácticos, competitivos y especiales. Las pruebas teóricas evalúan el nivel de aprendizaje de estos elementos del deporte, los prácticos evalúan el conjunto de acciones motrices desarrolladas en la práctica deportiva, las competitivas evalúan el desarrollo de los elementos necesarios para la competición y las especiales, evalúan aspectos particulares del entrenamiento deportivo relacionados con experimentos o investigaciones imprescindibles para el ajuste de la carga.

Según Morales y Álvarez (2001, p. 173), Pérez (2005), pueden ser de laboratorio o de campo. Las de laboratorio se realizan en un ambiente controlado, siguiendo un protocolo y con una instrumentación que simula la actividad deportiva, de forma que permite aislar las distintas variables que intervienen en la prueba. Las de campo son mediciones ejecutadas mientras el atleta desarrolla su prestación habitual en una competición simulada, por lo tanto, no se pueden aislar las distintas variables y por ello, son útiles para evaluar globalmente una prestación.

Para Patiño, Girón y Arango (2007, p. 32), existen pruebas funcionales, de aptitud física y de habilidad deportiva. Las funcionales: valoran la condición y el rendimiento biológico a través de la frecuencia cardiaca y/o la tensión arterial. (Pruebas ergométricas). Las de aptitud física: valoran la condición y el rendimiento biológico por medio del tiempo (cronómetro), las repeticiones y la distancia (cinta métrica), estos miden la resistencia, la velocidad, la fuerza, la flexibilidad y por último las de habilidad deportiva las cuales valoran la capacidad de aplicar habilidades que posibiliten un buen desempeño del deportista dentro de situaciones o acciones motrices inherentes a las actividades deportivas que practique.

Collazo y Betancourt (2006, p. 15) afirman que existen tres tipos de pruebas: médicas, psicológicas y pedagógicas. En esta se agrupa la clasificación emitida por los autores Hechevarria, Collazo, Falero, Betancourt, Cortegaza, Hernández y Paula

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(2006, p. 332), donde declaran que las pruebas médicas permiten la evaluación del estado de salud, psicológico, físico y funcional de los atletas, las psicológicas que valoran las particularidades psicológicas de los atletas y por último los test pedagógicos los cuales facilitan la evaluación del nivel físico y técnico táctico de los atletas.

De acuerdo a los criterios de García (2010, p. 1) las pruebas pueden ser: generales, especiales y específicas: planteando que el resultado de las generales permiten evaluar las capacidades generales del deportista para competir o entrenarse eficientemente, empleando un mismo tipo de instrumento de medición, cuyos resultados indican el valor de la cualidad, independientemente del deporte en que se aplique, las especiales se diseñan para evaluar capacidades especiales aplicables al deporte objeto de estudio, la realización de estas pruebas depende igualmente de su ubicación en el plan de entrenamiento y las específicas informan sobre la ejecución real de las capacidades propias del deporte, entre las que se incluyen las pruebas técnicas y tácticas propias del deporte elegido.

Los autores O'Farrill, Almenares, Nicot, León, López y Girón (2001) coinciden con García (2010, p. 1) en que las pruebas se clasifican en generales, especiales y específicas, pero dentro de su clasificación aportan las pruebas pedagógicas, psicológicas y biomédicas; atendiendo al tipo de observación que concibe la prueba se puede también establecer una distinción o clasificación de las pruebas.

Lanza (2004) plantea que al estudiar los fundamentos de la teoría de las pruebas pueden ser no específicas y específicas, aduciendo que el resultado de las pruebas no específicas permitirá evaluar las posibilidades potenciales del deportista para competir o entrenarse eficientemente, mientras que los resultados que brinden las pruebas específicas informarán sobre la realización real de estas posibilidades.

Harre (1988, p. 325) señala que se debe diferenciar entre pruebas generales y específicas del deporte; plantea que el estado de entrenamiento sólo se puede determinar más o menos exacto por medio de pruebas complejas. Las generales se aplican para comprobar de una manera muy general la capacidad de rendimiento orgánico, físico, psíquico y motor. Las específicas determinan el estado de entrenamiento del deportista, las habilidades técnicas y tácticas. La base para la

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selección, ejecución y evaluación de las pruebas específicas es el análisis del rendimiento deportivo a los factores que lo determinan.

Thiess y Schnabel (1986), citado por Vilte (2002), distingue entre los test, los específicos que se utilizan para determinar el nivel de los componentes de condición física, técnicos, tácticos y psíquicos en un deporte o disciplina deportiva determinada y test deportivos motores generales, que se utilizan de forma más sintética.

Dentro de la clasificación de los test dadas por los diferentes autores mencionados anteriormente, se seleccionaron las pruebas específicas que se utilizan para estudiar las habilidades tácticas en un deporte determinado y en el caso de esta investigación es el Baloncesto.

Según Harre (1988, p. 330) los controles de los conocimientos tácticos y el registro de las acciones tácticas, más las pruebas específicas, se realizan de carácter teórico y práctico tanto en el entrenamiento como en las competencias.

Las pruebas según Bangsbo (1998, p. 22) han de hacerse con un propósito, por lo que hay que definir objetivos claros antes de elegir un test determinado, existiendo varias razones para hacerles un test a los jugadores.

1. Para estudiar el efecto de un programa de entrenamiento 2. Para motivar a los jugadores que entrenen con mayor dureza 3. Para dar a los jugadores resultados objetivos

4. Para que los jugadores sean más conscientes de los objetivos del entrenamiento 5. Para evaluar si un jugador está preparado para jugar un partido de competición 6. Para planificar programas de entrenamiento a corto o a largo plazo

A fin de satisfacer estos propósitos hay que lograr que las pruebas específicas que se realicen se contextualicen a las particularidades del Baloncesto y que reproduzcan las condiciones que se desarrollan dentro de un partido, teniendo en cuenta los aspectos ofensivos tácticos que deben tener en cuenta los jugadores base; proporcionado por el autor Esper (2007) en su estudios, los cuales son: jugar sin balón, desmarcarse para buscar un lugar libre: alejándose de la pelota, acercándose a la pelota, cortes hacia el aro, rebote ofensivo, juego con balón, amagos y penetraciones al aro, amagos y pases, amagos y tiros, 1 vs 1 y 1 vs 2.

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Para realizar estas pruebas específicas para un deporte determinado, se deben tener presente los requisitos de calidad que deben cumplir las pruebas, según lo planteado en las diferentes teorías.