127 Universidad Nacional Autónoma de México. Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental.
tralistas, entes liberales y conservadores, con decenas de golpes de estado y rebeliones. Dado el contexto, este origen de la geografía científica Mexicana es un exotismo, explicable sólo porque el México de entonces no era más que un proyecto de estado nacional en peligro de ser diluido por sus fracturas internas o derrotado por ambiciones imperiales externas.
En esta vorágine, la geografía mexicana pareció encontrar su misión. De una parte, el desarrollo de cartografía del nuevo país, para facilitar los despliegues militares, para definir y defender linderos estatales, para titular propiedades, para instalar infraestructuras modernas; de otra parte, para contribuir a la construcción de una imagen y una sustancia identitaria nacio- nal. En la historia de la geografía mexicana estas tareas de construcción del Estado han sido su imperativo dominante. Ya desde el positivismo liberal al porfiriano; ya durante el siglo XX, en el afán planificador y centralizado del régimen autoritario posrevolucionario. ¿De dónde entonces viene esta incer- tidumbre disciplinaria entre los geógrafos?
Creo que a través del relato de Federico se puede encontrar la respuesta al que podría llamar el “síndrome Humboldt”. Una suerte de añoranza por una geografía como saber totalizador. En efecto, me parece que no hay otra disciplina, salvo la geografía, que invoque al naturalista Alemán como pa- dre fundador, cuando sin duda muchas disciplinas también podrían hacerlo con merecimiento. Humboldt fue una figura asombrosa. Quizá el personaje más acabado de la ilustración a la vez que precursor del positivismo cientí- fico. Intuitivo, sagaz, inteligente, culto. En sus viajes de exploración registró sistemáticamente todo lo registrable: paisajes, océanos, climas, flora, fau- na, sistemas políticos, lenguas, tecnologías locales, cartografías de regiones, observación de estrellas, costumbres locales, etc. Es decir de observaciones sobre todas las “marcas” que hacen singular un territorio sobre planeta. E in- cluso participó en la fractura de los usos éticos del conocimiento científico. Después de haber firmado un compromiso con la corona española para no dar los hallazgos y cartografías sobre América Española a la novel republica norteamericana, tuvo a bien dar al presidente Tomas Jefferson, copia de sus investigaciones, que se revelarían cruciales para la expansión territorial ame- ricana sobre la naciente republica mexicana
El desarrollo de la investigación científica en siglo XIX y especialmente en el XX disolvió la totalidad Humboldt en múltiples disciplinas especializa-
Comentario a Paradero 2010 129
das. Se desarrollaron las ramas científicas y sus especialidades (biología, geo- logía, astronomía, cartografía, antropología, lingüística, sociología, etc.) Con el tiempo los geógrafos y su afán de totalidad, vieron como los otros cientí- ficos le iban hurtando fragmentos de su objeto de estudio, dejando aquella totalidad densa de los años de Humboldt cada vez más vacía y finalmente arrinconándolos –en términos de fronteras legitimadas e institucionalizadas entre campos disciplinarios–, en la trama abstracta de coordenadas topográ- ficas, y en la representación pública de la geografía con la sentencia siguiente. Pregunta: ¿Qué hacen los geógrafos?; Respuesta: hacen mapas.
Hay que decir que en México la defensa de los geógrafos y su disciplina ha sido tenaz. La cartografía fue el resistente bastión que dio sentido a la disciplina, cuando ésta más parecía vacía de contenido. Desde la definición inicial de las fronteras del país y de sus jurisdicciones estatales a principios del siglo XIX, como su uso para organizar el esfuerzo estatal para impulsar polos de desarrollo regional en el siglo XX; o bien en los inicios del siglo XXI con su uso para intentar resolver los problemas de organización de espacios urbanos y rurales mediante el “Ordenamiento Territorial”, el “Manejo de paisajes” y el desarrollo de modelos para predecir y evitar “riesgos”.
Afortunadamente, para la geografía, el signo de los tiempos parece estar cambiando. La apuesta científica por la especialización parece agotada para explicar la complejidad de los problemas actuales y poco a poco los espe- cialistas de otras disciplinas redescubren la importancia de ubicar multi- plicidad de problemas en el espacio geográfico para encontrar respuestas y soluciones no imaginadas. Nuevas líneas como la geografía de lo cotidiano; la geografía de la representación cultural del espacio, las geografías políticas del ambiente, las geografías de la globalización de capital, entre otras, aflo- ran por todas partes. Esta necesidad por el regreso a la comprensión de los problemas como articulaciones complejas apunta a un retorno hacia la geo- grafía integradora de Humboldt. Pero ya no en el sentido sólo descriptivo del ancestro ilustrado, sino como una explicación mucho más comprensiva de las determinantes del espacio geográfico, de la “naturaleza”, con los sistemas sociales.
Como lo deja entrever Federico, en esta defensa disciplinaria los geógra- fos se han sostenido gracias a la tenacidad por poner el acento en la expre- sión espacial de los fenómenos. Y convoca a no renunciar a los siguientes
principios: 1) Mantener un enfoque meta disciplinario; 2) No desintegrar el lugar que se estudia; 3) Lograr una interrelación trans-escalar tanto espacial como temporal 4) hacer trabajo de campo; 5) generar cartografías 6) Buscar un sentido de aplicabilidad a los conocimientos generados.
Paradero 2010, de Federico Fernandez Christlieb, es una lectura obligada para todo geógrafo mexicano. Encontrara riqueza en esta conversación sin compromiso. Ha llegado el autobús y es tiempo de dejar la estación e irnos a otro destino.
El medio ambiente en el quehacer geográfico de Colombia 131
A pesar de que la ciencia avanzó de manera muy importante durante la se- gunda mitad del siglo XX, lo hizo de manera especializada y fragmentada, donde distintas disciplinas van acrecentando ese acervo de conocimiento de manera casi independiente de otras. La visión “sectorizada” del conoci- miento y de su aplicación práctica es uno de los factores que contribuye a la falla constante de la sociedad para resolver sus problemas ambientales, ya que este enfoque fragmentado desconoce las interconexiones entre el mundo natural y la sociedad y, además, desconoce que hay otras visiones y formas de abordar esta relación distinta a la de la sociedad occidental. Existen llamados para un nuevo tipo de abordaje científico que permita tener en cuenta es- tas relaciones entre medio ambiente y sociedad, de manera que se considere esta relación desde una perspectiva integrada (Silver y De Fries, 1990; Odum, 1997), e incluso marcos conceptuales que tratan de eliminar la frontera en- tre naturaleza y sociedad impuesta por el pensamiento occidental, y poner a nuestra especie nuevamente dentro de los ecosistemas al hablar de siste- mas socioambientales (Berkes y Folke, 1998; Gunderson y Holling, 2002).