187 Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Coordinación de Ciencias Sociales y Hu- manidades.
ponibles –sino el único- que intenta hacer un recuento de los programas de geografía en América Latina. Más meritorio aún resulta este texto pionero si consideramos los vacíos e inconsistencias que tiene la información especia- lizada sobre este tema. Como a ustedes les consta, las bases de datos sobre nuestro campo profesional son más bien escasas y deficientes. Por ejemplo, aunque podemos estimar entre 150 y 200 el número de doctores y doctoras en geografía que habitan en México, no tenemos un censo actualizado con esta información. Lo mismo puede decirse del número de maestros y licen- ciados en geografía en nuestro país.
Así, el artículo comienza por hacer un breve recuento de la instituciona- lización de la geografía, representada por la creación de sociedades geográfi- cas. El texto hace un breve repaso de este proceso que, sin duda, contribuyó a institucionalizar, definir y consolidar el campo profesional de la geografía, desde la fundación de la primera sociedad geográfica, creada en Paris en 1821 hasta el presente. Menciones especiales hace al autor a la Asociación Esta- dounidense de Geografía (AAG), creada en Washington 1904; a la Unión Geográfica Internacional, creada en Bruselas en 1922; y al Instituto Pana- mericano de Geografía e Historia (IPGH), fundado en 1928. Desde luego, en cada país latinoamericano, con diferente fortuna, se han formado asociacio- nes o sociedades profesionales de geografía –la mayoría en el siglo XX, con las conocidas excepciones de México (1833) y Brasil (1838). Palacio Prieto también destaca el papel de las organizaciones profesionales de geografía en- focadas hacia América Latina: CLAG (1970) y la UGAL (1999).
A la fecha, son la UGI –que tiene 35 países como miembros activos, y la AAG –que en 2008 tenía 10,082 miembros en más de 70 países- las asocia- ciones geográficas más grandes e importantes del mundo. El autor también destaca la convocatoria creciente que tienen estas organizaciones, que orga- nizan eventos periódicos –anuales o bienales-, que aglutinan a varios miles de colegas –en 2010 el congreso anual de la AAG, celebrado en Washington, D.C., aglutinó a más de 8 mil geógrafos y geógrafas, la mayor concurrencia histórica, el 26% proveniente de 81 países (Solis, com. Personal, 2010); la UGI reunió a mil 200 colegas en su último congreso, en Túnez, en 2008; la UGAL reunió a casi 2 mil 400 especialistas y alumnos en el XII EGAL, celebrado en Uruguay, en 2009.
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programas de geografía en AL. En general, el autor destaca una doble situa- ción paradójica: la primera es que con las excepciones de Brasil y Argentina, existe un incipiente y modesto, pero a la vez dinámico, desarrollo de estos programas en la mayoría de los países de América Latina. La segunda para- doja es que mientras la geografía se amplía en el nivel superior, se reduce en los niveles básico, secundario y medio. El autor registra 91 departamentos de geografía en AL y un promedio de un departamento por cada 5.7 millones de habitantes. Muy lejos de los indicadores de las dos potencias geográficas del continente americano: Canadá donde hay casi dos departamentos por cada millón de habitantes; y Estados Unidos, donde hay casi un departamen- to por millón de habitantes. Paradójicamente, Brasil, una potencia geográfi- ca indiscutida, casi triplica el indicador de población/departamento frente a Argentina: mientras ésta tiene un departamento por menos de 2 millones de habitantes, Brasil tiene un departamento por más de 6 millones de habitan- tes. México apenas supera a Venezuela en este indicador: mientras nuestro país tiene más de 12 millones por departamento, Venezuela tiene más de 13 millones.
La Figura 1 es contundente en cuanto a la intensidad del crecimiento en el número de programas: en los últimos cuarenta años se han creado 111 (79.8%) de los 139 programas existentes en América Latina. Especialmente fértil ha sido la década de 2000 a 2009, cuando casi se crearon los últimos 48 programas de geografía (34.5%).
En la última parte del texto, Palacio prieto expone tres razones para ex- plicar este crecimiento: a) Relevancia de la Geografía en asuntos de la vida cotidiana; b) Interés creciente y desarrollo explosivo en las tecnologías rela- cionadas con el manejo de la información geográfica; y c) Mercado de trabajo para los geógrafos.
A estas razones quizás habría que añadir las siguientes: la construcción diferencial de condiciones locales, regionales y nacionales que favorecen o inhiben el crecimiento de los programas (crecimiento demográfico, nece- sidad de ampliar la oferta educativa –lo cual ha favorecido el “redescubri- miento” de la geografía tanto por otros especialistas como por tomadores de decisiones-, transformación del campo profesional de la geografía, sobre todo su “aplicabilidad”, utilidad y pertinencia –potenciada, sin duda, por la geotecnologías- formación de cuadros especializados –sobre todo profesio-
nales con maestría y doctorado en geografía-, los efectos de la globalización que han acrecentado la interrelación entre grupos humanos que habitan re- giones diferentes y distantes del mundo; la creciente complejidad de la rela- ción sociedad-ambiente y de los problemas ambientales globales resultantes, que han contribuido a reposicionar a los profesionales de la geografía en un contexto inter y multidisciplinario y un largo etcétera. A esto habría que su- mar las competencias y habilidades geográficas y cartográficas para acopiar, procesar e interpretar e interrelacionar datos de procedencia y naturaleza diversa derivados de esa creciente complejidad. Hoy más que nunca, es im- portante tener presente que se hace camino al andar, que el trabajo creativo y entusiasta de los geógrafos y geógrafas genera el mejor efecto demostrativo para acrecentar el amplio horizonte de posibilidades que representa la geo- grafía.
Entre los posibles indicadores para medir el proceso de institucionaliza- ción de la geografía habría que considerar a los siguientes: i) la creación de programas para formar profesionales en esta disciplina –evaluables y certi- ficables, a nivel nacional e internacional; ii) el crecimiento, consolidación y especialización de la comunidad profesional de la disciplina; iii) la creación de una comunidad de especialistas que evalúan, acreditan y certifican pro- yectos de docencia, investigación y gestión en el ámbito de la geografía; iv) la creación de instituciones, redes o programas oficiales que promuevan o apliquen los conocimientos geográficos; v) la generación de políticas públicas –instrumentables y medibles a diferentes escalas- para promover la ense- ñanza, investigación y desarrollo de la geografía; vi) la creación, ampliación y consolidación de un mercado de trabajo especializado para los geógrafos y geógrafas; vii) el posicionamiento de los profesionales de la geografía en las redes jerárquicas para la toma de decisiones y manejo de recursos –por ejemplo, ¿en qué posición estamos en las cadenas de mando profesionales?-; viii) el reconocimiento del campo profesional de la geografía por otros espe- cialistas y por el público en general; ix) el nivel de pertinencia, visibilidad y aplicabilidad de la geografía; entre otras.
Por último, como señala Palacio Prieto, hay razones de sobra para el op- timismo. Empero, quizás es tiempo de acrecentar y profundizar las redes de colaboración entre los profesionales de la geografía; es tiempo de construir estrategias para ampliar, capitalizar y potenciar las condiciones tan favora-
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bles que, en general, ha encontrado la geografía en la última década. Por su- puesto, es tempo de un optimismo razonado pero no de echar las campanas al vuelo: tenemos que trabajar aún más en los frentes que están contribuyen- do a robustecer a la geografía (la formación de más profesionales, de licencia- tura, maestría y doctorado; la creación, aseguramiento y consolidación de un mercado de trabajo cada vez más amplio y diversificado; potenciar las compe- tencias en la geografía aplicada, orientada hacia la solución de los problemas ambientales y territoriales más apremiantes; robustecer a la geografía como una disciplina formadora para la sustentabilidad; en suma, transformar a la geografía en una disciplina formadora de competencias para la gestión inte- grada, social, participativa y sostenible, del espacio-territorio-ambiente, ha- bilidades clave para un mundo global complejo, diverso, dinámico y frágil como el que vivimos.