Colección Teatro Universitario n27, Madrid 1968.
Estrenada en los Colegios Mayores Guadalupe y Calasancio (Madrid) en 1969 por Teatro Universitario de Madrid, que la lleva también a Ibiza; repre- sentada en Valladolid en 1972 por Teloncillo.
Premio Nacional de Teatro para Autores Universitarios 1968.
Censurada en 1969.
Ésta es la obra más extensa del primer grupo, ya que se compone de doce sketchs (una presentación y once collage), divididos en dos actos desi-
guales. El título alude tanto a los elementos visuales que acompañan la repre- sentación como a su composición fragmentaria. Pese a ello, la unidad ideoló- gica y la coherencia estructural se logran mediante la utilización de un mismo personaje -Hache-, y la articulación de los diferentes momentos escénicos como
explicación del suicidio anunciado en la primera intervención. Por tanto, cada
una de las piezas funcionan como “una estación del largo vía crucis de Hache
[...] por nuestro mundo” [RUIZ RAMÓN, 1986, 547] contempladas desde la pers- pectiva impuesta en la primera escena (“Diario de un suicida”). A partir de ella, cada collage muestra una serie de imágenes relacionadas con lo que va a ser representado a continuación.
“Diario de un suicida” abre el PrimerActo. Eme (la Mujer) reprueba elsui- cidio de Hache y, antes de mostrarnos su diario, presenta al personaje. Para ello recurre primero a una encuesta y después cede la palabra a Hache. Laspreocu-
8 Ruiz Ramón sitúa esta obra en 1969, fecha de su estreno, cuando ya se había publicado el
paciones registradas en su diario giran en torno al paro, elpoder de los bancos, la guerra, la miseria... Al entrar en la catedral, roba una joya de la Virgen y lo encarcelan. Su relación con Eme comienza a deteriorarse. Visita por dos veces el viaducto. Las imágenes del Collage 1 reproducen “grandes concentraciones humanas” Ip. 13] sobre las que destaca “la figura de un hombre solitario” [Ibídem]. En la escena que sigue, “El número de circo”, los payasos son ‘perso-
nas normales” [p.14]y el público, payasos. Hache es “el tonto” y reflexiona sobre la ausencia de relaciones de amor y amistad. Sin amigos y sin Eme, la soledad es la única realidad que queda a Hache. El Collage II mezcla imágenes deprác- ticas eróticas, drogas y alcohol, con otras diversiones (fiesta, trajes de noche) o el hastío matrimonial. La escena, titulada “Sex-Party”, muestra un matrimonio aburrido que píanea un cambio de parejas para huir de la rutina. El Collage III
exhibe la sala de un manicomio, fotografías del Marat-Sade de Weissy “una loca muy bella” [p.21]. En “Juegos en el manicomio” dos locos juegan a odiar a un tercero hasta que lo matan sin motivo. Para el siguiente Collage (el IV) el autor sugiere escenas depelículas (“Un hombre y una mujer”, “Del rosa al amarillo”, “Los paraguas de Cherburgo’), una pareja de universitarios, el acoso a una joven, un soldado destruyendo la estatua de Venus y una pareja separada por las d(ferencias religiosas. Como es de esperan al amor -o el desamor- es el eje de la escena (‘Los tres novios de Eme”), en la que asistimos a la disolución de las relaciones amorosas que se soñaron eternas. La infidelidad, la distancia o la convención religiosa son las causas de los sucesivosfracasos amorosos de Eme, que, escarmentada, rechaza el amor de Hache. El Collage V lo protagonizan fotografías de Esperando a Godot “en las que sólo aparezcan los personajes
Lucky y Pozzo” [p.28]. Da paso a “El pabellón zoológico”, una de las escenas más impactantes. Las jaulas encierran hombres, En una de ellas se lee el aviso
“muy peligroso“. Hache huye de Rodrigo, el amo, y es abatido por sus cinco
lebreles-hombres. Hache acepta formar parte de la jauría de Rodrigo para no ingresar en una jaula. Animado por el “Hombre muy peligroso”, consigue librarse de la correa y mata a Rodrigo. Ni los Hombres de las jaulas ni los lebre- les celebran la inesperada libertad, sino que uno de los Hombres se erige en el nuevo amo. En el Collage VI contemplamos hombres hambrientos, guettosy refe- rencias atómicas. La escena, titulada “La bomba china”, transforma a Hache en Martín, el fresador, empleado eventual de Don Guillermo. La explotación del
empresario, la indefensión del obrero, los accidentes laborales, las estrategias empresarialespara aumentar beneficios y la complicidad de los poderes guber- namentales, urden la representación de un capitalismo atroz. La amenaza ató- mica o “elpeligro amarillo” Ip.42] no preocupan a Hache, que considera la acti- tud de Don Guillermo suficiente para destruir la cultura y la economía de Occidente. Las imágenes del Collage VII aluden a fábricas, huelguistas, mani- festantes y policías. En la escena, titulada “Testigos”, se relata la vida gris y
miserable de los trabajadores. Un constructor sin escrúpulos roba los ahorros destinados a “un piso en un barrio satélite de la ciudad” fp.45]. La emigración, el trabajo infantil, la d~ferencia de clases... Finalmente, la única reacción posi- ble es el enfrentamiento contra el sistema, que acaba en un baño de sangre.
El Segundo Acto, más breve, se inicia con el Collage VIII’ una sucesión de mujeres desnudas, imágenes publicitarias y fotografías de actrices con referen- cias sexuales, se mezclan con la visión de alimentos y banquetes. En “Lucubraciones erótico-gastronómicas”, el sexo y la comida se convierten en actividades compulsivas y enfermizas. El Collage IX exhibe ‘fotografías de miembros de las familias reales de las cortes europeas” [p.52]y otros elementos vinculados a la monarquía (tronos, banderas, árboles genealógicos, etc.). A
continuación, la escena “Nacimiento y muerte de un rey” muestra el alumbra- miento delfuturo rey de Europa y la alegría de obispos, marqueses, generales y políticos. Los “honores” que van depositando sobre al cuna acaban por asfixiar al rey. El siguiente Collage (X) se dedica a la Iglesia: imagen de Cristo expul- sando a los mercaderes del templo, banquete de Obispo, la Ultima cena, la
comunión, el cardenal, santuarios, vírgenes... La escena lleva el esclarecedor título de “La orden del cura rampante”, y en ella se representa la actuación de un cura en un bautismo, una comunión y una boda. A todos exige elpago por sus servicios sin importarle la precariedad económica de los fieles. Ni el mori- bundo se libra de la avidez del cura, al que ha de darle lo único que posee. su traje. El último Collage se dedica a la torturay abre la representación de “El que
“ ~,,
no dijo sí”. Hache es torturado por tres verdugos que quieren hacerle deczr si Ante su negativa, van amputándole sexo, brazos, piernas y lengua, pero no el
cerebro.
La obra es descrita por su autor como
una sucesión de retablos de asuntos diversos que tienen como fondo la crisis actual de Occidente. Política, presión del poder económico, liber-
tad del hombre, erotismo y amor son algunos de los elementos que
componen ese fondo [pSI.
El recorrido por las distintas estaciones de este vía crucis, como lo deno- minaba Ruiz Ramón, permite a López Mozo denunciar aspectos de índole social, pero asistidos siempre por la indefensión del hombre ante su propia individualidad. El aislamiento, la soledad y la insolidaridad, dejan paso a una visión desconsolada del ser humano y del mundo que ha construido para sí. El
conflicto reside entonces en la propia naturaleza humana enfrentada a su nece- sidad de organización social. Lo que genera la tensión es que el sistema occi- dental desposee al hombre de los únicos resortes que garantizarían su dignidad y su felicidad. No olvidemos que cada sketch ilustra el camino que lleva a
Hache al suicidio, protagonista de algunas escenas y mero testigo de otras. La división en dos actos agrupa los collages y sus correspondientes esce- nas según un criterio que va de lo individual a lo colectivo. Los siete que inte- gran el Primer Acto van profundizando en la soledad y aislamiento del ser humano, primero frente a los otros (amistad, amor, sexo) y luego respecto a sí mismo. Su destino -trabajo, explotación, miseria, falta de libertad- es resultado de la cobardía para cambiar el sistema, pero lo cierto es que los intentos de rebelión acaban también en tragedia (Collage VIII. El Segundo Acto se dedica a ilustrar situaciones en las que el protagonismo corresponde a las estrategias del sistema para mantenerse (el placer, las instituciones, la coacción, la des- trucción del disidente). Los temas que aparecen reflejados en Collage
Occidental son los que ocupan al dramaturgo en estos primeros años, y la
inquietud por los lenguajes y técnicas teatrales va creciendo sin ocultar unas constantes ideológicas que lo enfrentan irremisiblemente a la censura.
Cada escena precisa sus propios personajes, siempre indiferenciados y la mayoría de carácter colectivo. Cuando poseen nombre propio, éste indica un valor estrictamente funcional. Sólo Hache y Eme adquieren cierta entidad como sujeto y ayudante, respectivamente. Lo que vemos nos es transmitido por el dia- rio de un Hache derrotado que ha huido de una realidad insoportable. Ruiz Ramón ve en él una “nueva versión de Max Estrella, el de Luces de Bohemia” [RUIZRAMÓN, 1986, 547], pero Hache no posee la capacidad de conmover que sí tiene la figura de Valle Inclán. Lo que importa de Hache no es sólo su clan-
videncia para interpretar los signos de la alienación y la destrucción, lo más significativo del personaje es la impasibilidad con que parece aceptar el sufri- miento y la muerte, que no es síntoma de un estoicismo sensato, sino de la
impotencia del hombre ante su destino. Hache simboliza al hombre contem- poráneo abrumado por el peso de unos acontecimientos que se muestran como
invariables. Esta visión desolada y trágica lo emparenta con otros personajes del teatro del Absurdo y son visibles las huellas de Beckett y de Adamov, como también las de Ionesco o Kafka9. López Mozo permite al personaje la última escapatoria -el suicidio-, pero al sernos referida sólo al principio, pierde su poder liberador durante el resto de la obra. Es Eme la encargada de establecer el alcance del suicidio de Hache. No es la pérdida personal lo que la hiere, sino la destrucción de una conciencia crítica en un mundo deshumanizado. Con estas palabras abre Eme la primera escena:
Hache se suicidó. Ese fue su mayor fracaso, porque con su muerte todo su esfuerzo resultó estéril. Él no hubiera cambiado el mundo, desde luego. Pero no debió renunciar a cambiarlo. Cada hombre como Hache es necesario y no podemos permitirnos el lujo
de perderlo. Hache, con su suicidio, destruyó cuanto había hecho, denunció la magnitud de la angustia que nos atormenta, condenó al
Occidente que conocía, condenó al resto del mundo... lp.7].
9 Wellwarth establece estas relaciones entre el Hache de la última escena (la tortura) y los per- sonajes creados por los autores citados: “Hache es el hombre racional en un mundo irracional, el hombre a quien Ballesteros convierte en héroe. Desea saber quién ha ordenado su tortura, pero los verdugos, simples funcionarios, que no saben nada y nada les importa, no pueden decírselo. Como el K de Kafka, Hache no es acusado de ningún crimen específico. Sólo tiene que decir sí, una respuesta simbólica sin referencia a ninguna cuestión particular, simplemen- te una afirmación y aceptación de lo que sea y una abdicación de la responsabilidad personal e individual. 1.. .1 A un nivel mucho más siniestro, es la sumisión a las convenciones exigida al Jack de Ionesco.l...] Termina de la misma manera que Le mutilé de Adamov en Lagrande et la
petite Manoeuvre o el torso viviente de Beckett en The Unanamable. [WELLWARTH,1978, 131-
132]. Las coincidencias van más allá de una escena puntual o unos personajes determinados porque dependen de una visión del mundo compartida en sus aspectos esenciales.
Al efecto distanciador de esta revelación se une la interpretación más inmediata (que no la única) del mensaje que transmite Collage Occidental: el individuo está obligado a responder ante la historia con, al menos, el intento de transformar las estructuras sociales vigentes. Que Hache no lo consiga ilus- tra el proceso por el que un hombre puede llegar a ser abatido por una socie- dad implacable. A las mismas reflexiones conducen escenas como la de “Pabellón zoológico”, en la que es el propio individuo quien se somete a la tira- nía y la explotación. Tanto en el caso de los Lebreles como en el de los Hombres enjaulados, lo que se representa es la incapacidad para asumir la libertad, una especie de alienación voluntaria a cambio de la estabilidad:
La seguridad de la jaula ydel alimento regular que se reci- be en ella o la seguridad de arrastrarse con una cuerda alrededor del cuello, asida por una figura que recuerda al Pozzo de
Esperando a Godotde Beckett, es preferible a la inseguridad y la
intranquilidad de la propia responsabilidad. Cuando el personaje
semejante a Pozzo es asesinado, se le sustituye inmediatamente. Cuando se abren las jaulas, los hombres se niegan a salir de ellas,
[WELLWARTH,1978, 131].
Lo único que diferencia a Hache del resto de figuras alienadas es su consciencia, su capacidad para analizar la realidad. En “El pabellón zoológico”, como en la escena en que es víctima de la tortura (“El que no dijo si”), lo que el orden social quiere destruir es la facultad crítica, e incluso la mera posibili- dad de pensar:
Confórmate -dice Rodrigo a Hache- con ser uno de mis lebreles. Tiene sus ventajas. No piensan, no sufren, [...]. Los enjaulados pien-
Por eso el “Hombre muy peligroso” es definido como
un intelectual y, por intelectual poco productivo; de lengua peligrosa. Lp.33].
En la escena final, las últimas palabras de Hache antes de perder la len- gua son:
Extirpad mi cerebro. [p.68].
Cuando los Verdugos se preguntan por su significado, concluyen:
VERDUGO 3:[...] ha intentado hacernos ver que sin sexo, brazos,
piernas ni lengua aún puede pensar.
VERDUGO 1:¿Pensar? ¡Bah!. [Ibídem].
El resto de personajes pueden agruparse en paradigmas amplios que res- ponden a las constantes que veremos en piezas del segundo bloque: opreso- res/oprimidos, explotadores/explotados, poderosos/humillados. Pero a pesar de esa configuración básica, todavía se mantiene un tipo de personaje a que nos tiene acostumbrados López Mozo desde Los novios: seres incapaces de darse cuenta siquiera de su situación, o, en el mejor de los casos, negados para plantearse el más mínimo cambio. A tal categoría, heredera del teatro del Absurdo, se le suma aquella que anuncia un teatro abiertamente social y polí- tico: empresarios, banqueros, aristócratas, monarcas, ejército y, cómo no, el clero. Los atributos negativos de las clases dominantes no dejan lugar a dudas y no sólo por cómo actúan, especialmente por cómo nos los presenta el autor.
Resulta ejemplar la escena del Collage X, “La orden del cura rampante”, cuya mordacidad ataca las ambiciones de los curas, empeñados en mantener cínica- mente un discurso espiritual. Vemos al Cura contando repetidamente las mone- das que va acumulando, aunque las palabras con que se dirige a los incautos
son de este tenor:
¿Qué valor tiene lo terrenal? Efímero. Dad a la Iglesia cuanto tenéis y la Iglesia os abrirá las puertas del Bien Eterno. Yo soy la Iglesia. [p.59J.
La contradicción y la deformación se alían aquí en formalizaciones que recuperaremos en Espectáculo Andalucía, ¡Es la guerra!o La Lozana.
Y también sigue funcionando la dinámica de la pareja, otra vez con conno- taciones negativas, tanto si se utiliza como vía de escape como si se convierte en otro síntoma de aislamiento. La figura femenina adopta diversos formatos que no son enteramente nuevos. El personaje principal de este paradigma es Eme, capaz de desempeñar diversas funciones respecto al conflicto. La usur- pación del papel de narradora convierte a Eme en nuestra guía a través de las páginas del diario, pero después ingresa en la representación y pierde su vir- tualidad reflexiva. Si ella es la que presenta a Hache a través de la encuesta ini- cial, es Hache quien primero nos la sitúa como su correlato afectivo:
Eme quería tener un hijo de mí. Li. ¿No es mejor no tener
herederos de tan mísera herencia? [p.1Oi.
Desdeaquí, asistimos a la disolución paulatina del vínculo amoroso, de modo que, tras la primera visita al viaducto, Hache nos cuenta:
Anoche he ido a casa. He esperado inútilmente a Eme. La por- tera me ha dicho que suele regresar de madrugada y que, a veces, no viene durante dos o tres días. He vuelto al viaducto. [p.l3].
En el sketch que sigue al Collage 1 presenciamos la ruptura: “Hache el tonto” pierde a la chica y “Momó el listo” se la lleva. Aquí, como sucederá en
El retorno, el rol femenino es casi exclusivamente de índole erótica o afectiva,
y la pareja es el espacio de la rutina y la inercia, tal como aparecía en Los novios y La renuncia. Y al igual que sucedía con los protagonistas de las dos piezas
anteriores, los personajes de “Sex-party” se empeñan en decirnos su felicidad
mientras nos demuestran su cansancio. En “Los tres novios de Eme”, la prota- gonista va deshaciendo las ilusiones amorosas hasta que arroja una piedra “contra la bola de cristal del amor, que se rompe en mil pedazos. Hache [que estaba dentro] cae al vacío” [p.28], mientras Eme se entrega a una masa de hom- bres desnudos. Volvemos a encontrarla en “La bomba china”, donde ejerce sucesivamente de esposa de un obrero fallecido en la fábrica, de secretaria de Don Guillermo, y de Blanca, su amante. El estereotipo ocupa cada una de sus intervenciones, desplazando del todo cualquier pretensión de profundización sicológica, que ni siquiera como Eme posee. Por eso cuesta tanto aceptar la definición que de ella hace Wellwarth como
una Lysístrata moderna, más decidida y trágica’0 [WELLWARTH, 1978, 1321.
10 El crítico afirma también que Eme “ha resuelto renunciar al amor porque cree que no hay que traer niños a un mundo caracterizado por la insinceridad y la guerra.” [Ibídem.]Esos pue- den ser los motivos de Hache, que además sabe distinguir entre hijos y amor, pero en absolu- to coincide con la sucesión de desengaños personales de Eme, auténtica razón de su renuncia.
Al igual que Hache, también Eme se ve desbordada por los aconteci- mientos, y sus actitudes no son tanto resultado de una voluntad consciente como de una forzosa adaptación al medio social.
La representación debe facilitar el movimiento y el cambio de persona- jes, de modo que el espacio se construye con la desnudez que hemos com- probado en piezas precedentes. Pero ahora la complejidad del montaje excede la aparente simplicidad. Como dramaturgo atento a las posibilidades de la pues- ta en escena, López Mozo establece la necesidad de resolver las cuestiones téc- nicas manteniendo la unidad a pesar del fragmentarismo (“unidad de estilo en
consonancia con la ideológica pretendida por el autor” [p.5]), al tiempo que el
montaje ha de poseer la agilidad necesaria para que los cambios de escena no provoquen tiempos vacíos. Con tales objetivos parece obvia la elección del collage y la utilización de recursos visuales y acústicos, que adquieren un nuevo protagonismo. El uso de imágenes, que pueden ser proyecciones foto- gráficas o cinematográficas, no es sólo una resolución técnica para los cambios, también
permite que el espectador pase de un cuadro a otro -de un estilo a
otro estilo- sin brusquedad, asimilando el ya presenciado y prepa-
rándolo para el que se le va a ofrecer lp.51.