II. La fraseología Fundamentos y estado de la cuestión
2.4. Taxonomías
2.4.2. Taxonomía seguida en este trabajo
2.4.2.1. Colocaciones
En los últimos años, la lingüística española se ha interesado por este tipo de construcción binaria que llamamos colocación (por ejemplo, defensa numantina). Hablamos de construcción porque existen dos interpretaciones distintas de este mismo fenómeno, pues mientras unos creen que se trata de combinaciones léxicas restringidas, otros especialistas hablan de combinaciones semánticas restringidas. El quid de la cuestión está en decidir si lo que se combina en estas construcciones son unidades léxicas concretas o bien clases léxicas. En la primera línea se sitúan los estudios de Aguilar-Amat (1993), Alonso Ramos (1994- 1995)77, Corpas Pastor (1996) o Ruiz Gurillo (1997b), entre otros autores, puesto que, en opinión de estas estudiosas, en las colocaciones es una unidad léxica determinada la que selecciona otra unidad concreta, por lo que estas combinaciones deben incluirse dentro del ámbito de la fraseología. El máximo representante de la segunda opción es Ignacio Bosque (2001)78, quien cree que lo que selecciona la aparición de una unidad léxica no es otra unidad léxica, sino una clase léxica, es decir, un conjunto de unidades léxicas que comparten unos rasgos semánticos comunes; por ello, entiende estas construcciones como un caso de selección léxica, lo que las excluye del ámbito de la fraseología y las sitúa en el de la interfaz léxico-sintaxis.
Como hemos expuesto al inicio de este trabajo, consideramos que la fraseología se enmarca precisamente en un continuo léxico-sintaxis, porque nos parece ineludible que en el estudio de las unidades fraseológicas entran en juego aspectos propios del léxico y propios de la sintaxis, por cuanto los fraseologismos pueden actuar como unidades léxicas pese a
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Margarita Alonso Ramos ha adaptado al español la teoría de las funciones léxicas de Igor A. Mel’čuk para el análisis de las colocaciones y, siguiendo sus pasos, se encarga de la elaboración del
Diccionario de colocaciones del español(DiCE), actualmente en elaboración y disponible en línea.
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Frente al DiCE, Ignacio Bosque se ha encargado de la coordinación de REDES. Diccionario
combinatorio del español contemporáneo (2004) –previamente conocido como Diccionario de
restricciones léxicas (DRL)– y de Diccionario combinatorio PRÁCTICO del español contemporáneo
(2006), que, entre otros fenómenos lingüísticos, incluyen colocaciones, en el primero normalmente en el lema del colocativo y en el segundo en el de la base (como en el DiCE). Sobre la direccionalidad en los diccionarios combinatorios, vid. Bosque (2005); sobre los términos base y colocativo, vid. notas 80 y 81.
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constituir, formalmente, sintagmas, frases u oraciones completas79. No hay duda de que en muchos casos se pueden establecer relaciones semánticas entre las unidades léxicas que funcionan como base80 de un mismo colocativo81, por lo que a menudo puede hablarse de clase léxica, aunque en otras ocasiones este concepto no explica fenómenos aparentemente arbitrarios, como la diferencia de colocativos entre bases que pertenecen a una misma clase léxica. Por todo ello, defendemos la inclusión de las colocaciones en el ámbito de la fraseología y, por tanto, su consideración como unidad fraseológica.
Antes de continuar, nos parece necesario hacer una precisión, requerida por las divergencias que la bibliografía muestra. Si bien la distinción entre colocación gramatical y colocación léxica aparece bien definida y delimitada en la bibliografía82, no ocurre lo mismo entre ésta última y lo que podríamos llamar colocación semántica, en la que también coaparecen dos palabras léxicas, pero no por un proceso de selección arbitraria, sino por razones de significado: en el sentido del colocativo aparece por defecto el de la base. Se trata de unidades que se corresponden con la mayoría de las solidaridades léxicas a las que aludía Coseriu (como latir el corazón, maullar un gato o planta talofita). La diferencia entre unas y otras es que en las colocaciones semánticas no hay otra manera de referirse a esa realidad, mientras que en las léxicas sí las hay, pero el uso ha seleccionado una como preferente83. En este trabajo no vamos a incluir las semánticas, porque consideramos que quedan excluidas del ámbito de la fraseología, al tratarse de un fenómeno estrictamente sintáctico y de significado.
Según nuestra postura, el fenómeno de la colocación se sitúa en el ámbito de la fraseología –en tanto que se trata de combinación restringida de unidades léxicas–, concretamente en su nivel más bajo: dentro de las unidades fraseológicas, las colocaciones son las que presentan menor grado de fijación. Ello nos lleva a establecer dos límites aparentemente bien definidos: con las locuciones y con los sintagmas libres.
En cuanto al límite superior, las locuciones y las colocaciones se diferencian primordialmente por su estructura semántica: mientras las primeras están constituidas, según la terminología de Hausmann (1998: 65-66), por unidades léxicas extrasemánticas (no definibles) que expresan un sentido unitario, las segundas están formadas por una palabra
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Además, la segmentación de la lengua en los niveles de análisis tradicionales no se corresponde con nuestro modo de entenderla, mientras que la idea de continuum resulta más concorde a nuestra óptica.
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Entendida como el elemento principal de la colocación, dotada de significado pleno y que determina la aparición del otro elemento. Siguiendo con el mismo ejemplo (defensa numantina), la base sería el sustantivo.
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Entendido como el elemento convocado por la base, con un significado especial a menudo vago o general. Utilizamos los términos vago o general conscientes de su imprecisión terminológica, puesto que nos sirven para introducir un aspecto sobre el que se ha polemizado, tanto desde el punto de vista terminológico como conceptual (deslexicalización, desemantización, sentido figurado o translaticio...). En nuestro ejemplo, el colocativo sería el adjetivo numantina.
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Como ya se apuntó, mientras en una colocación gramaticalcoaparecen una palabra léxica y una gramatical, en la léxica se combinan dos palabras léxicas (vid. § 2.3.1).
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Por este motivo, Corpas Pastor (1996: 51-53) considera que, desde el punto de vista del sistema, son combinaciones libres generadas mediante reglas gramaticales, pero presentan una fijación en la norma, entendida como el uso habitual y real de la lengua, como la concreción de un sistema abstracto en el que las asociaciones posibles son múltiples. En parte, esta fijación se corresponde con el concepto de idiomaticidad manejado por Pawley/Syder (1983), quienes, recordemos, le daban el sentido de ‘selección nativa/natural de una expresión’.
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autosemántica (definible sin contexto: la base) y una palabra sinsemántica (sólo definible a través del contexto: el colocativo), por lo que no tienen sentido unitario, sino composicional. Además de esta diferencia básica, se establecen otras múltiples distinciones, que se recogen en el esquema siguiente, adaptado de Ginebra (2002, 2003):
Colocaciones Locuciones
unidades fijadas por la norma de uso unidades fijadas por el sistema estructura: base + colocativo / colocativo + base sin estructura predeterminada84 no idiomaticidad ni sentido figurado unitario
lexicalizado (composicionalidad semántica)85 idiomaticidad y/o sentido figurado unitario generadas por las reglas sintácticas (con
restricciones combinatorias) unidades del léxico
permiten la conmutación paradigmática de uno de los constituyentes
no permiten la conmutación paradigmática de ninguno de los constituyentes
admiten la prueba de la disyunción no admiten la prueba de la disyunción definibles con la base como descriptor principal no definibles a partir de ninguno de sus
constituyentes la base se traduce a otra lengua del mismo modo
que cuando es una palabra independiente no traducibles literalmente admiten la pronominalización, según las
restricciones de cada palabra o lengua no admiten la pronominalización
Tabla 3: Diferencias entre colocaciones y locuciones (Adaptación de Ginebra, 2002 y 2003) Su límite inferior (con los sintagmas libres) resulta más problemático, debido a que la frontera que los separa es mucho más endeble, seguramente como consecuencia de la falta de precisión del concepto ‘colocación’ y de la amplitud de fenómenos que engloba la etiqueta sintagma libre. Centrada en la delimitación con respecto a las locuciones, la bibliografía a menudo olvida que el límite inferior de las colocaciones no está nada claro, dado que son muchas las unidades léxicas que imponen restricciones a las que deben combinarse con ellas; se trata de restricciones semánticas que, en la práctica discursiva, se traducen en restricciones léxicas, que pueden poner trabas a la separación entre la sintaxis libre y la sintaxis colocacional. Podría argüirse que los casos de selección léxica que se producen en los llamados sintagmas libres son de carácter semántico y pueden caracterizarse mediante una serie de rasgos semánticos (clases léxicas), lo que nos lleva de nuevo al planteamiento de Bosque (2001), quien elimina esta diferencia.
La gran mayoría de tipologías de colocaciones propuestas por la bibliografía española se basa en su estructura interna, concretamente en la categoría gramatical de las unidades léxicas que las componen (cf. Corpas Pastor, 1996). Sin embargo, esta terminología resulta un tanto molesta, incompleta, en ocasiones incluso redundante, además de ser demasiado general –ya que no se atiene a las diferencias internas de cada uno de los tipos propuestos– y
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Sin embargo, existen ciertos clichés que sirven como molde para la creación de nuevas locuciones, como de___a___ (de cabo a rabo, de Pascuas a Ramos, de higos a brevas, de uvas a peras),
de___en___ (de boca en boca, de bote en bote, de mano en mano), a___y___ (a trancas y barrancas, a trote y moche, a diestro y siniestro, a hierro y fuego) o al___ (al tuntún, al alimón, al albur, al bies, al desgaire, al dictado).
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Es posible que uno de los términos de la colocación tenga individualmente sentido figurado, pero no la colocación en sí, como por ejemplo ocurre en armar(se) un tiberio, en la que el sustantivo adquiere un significado traslaticio independiente de su aparición en la colocación. Para una valoración general de los límites de la idiomaticidad y la composicionalidad semántica en las colocaciones, vid. Salvador (2000).
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de ser completamente ajena a otras clasificaciones más establecidas que se enmarcan dentro del mismo ámbito, como la de las locuciones.
A causa de este vacío, nos hemos visto obligados a establecer una tipología de colocaciones, con la intención de servir a nuestros propósitos y sin ánimo de ser definitiva ni taxativa. Los criterios que se han tenido en cuenta son básicamente dos: la categoría funcional a la que la unidad pertenece tomada en su conjunto, y la categoría gramatical del elemento principal o base.
En los casos de coincidencia entre la categoría funcional de la unidad y la categoría gramatical de la base, se las ha denominado, simplemente, con un derivado adjetival del sustantivo que designa el tipo de categoría. Así, hablaremos de colocaciones nominales (defensa numantina), colocaciones verbales (saber(se) al dedillo) y colocaciones adjetivales (rematadamente tonto) cuando tanto una categoría como la otra sean, respectivamente, sustantivos, verbos y adjetivos.
En las ocasiones en que hay diferencias en el tipo de categoría entre la unidad y la base, se ha optado –a riesgo de resultar un tanto fastidioso–, por compuestos, en los que el primer elemento da cuenta de la categoría funcional de la unidad y el segundo de la categoría gramatical de la base. Así, nos encontramos con colocaciones sustantivo-adjetivales, que son formalmente sintagmas nominales pero con una base adjetiva (transparencia informativa); adjetivo-nominales,que funcionan como adjetivos pero con base nominal (lento de reflejos); verbo-nominales (cortar una hemorragia), verbo-adjetivales (mantenerse firme) e, incluso, verbo-adverbiales (poner/tratar/dejar/estar como un trapo), que funcionalmente son verbales pero con una base nominal, adjetiva o adverbial, respectivamente.
Hay que dejar constancia de que no distinguimos entre aquellas colocaciones integradas por un colocativo monoléxico, y aquellas cuyo colocativo es poliléxico (o fraseológico o sintagmático, es decir, locución o sintagma), ni tampoco si hay presencia o ausencia de artículos o determinantes, porque resultan irrelevantes para la consecución nuestro objetivo86. Para la formalización de este aspecto, particularmente presente en las colocaciones verbo-nominales, hemos optado por no incluir en la colocación ningún determinante cuando generalmente no aparece ninguno, como se deduce por lógica (cosechar éxitos, infundir ánimos, tomar café, abrir(se) paso); en cambio, cuando sí está presente un determinante, hemos optado por incluir en la colocación el artículo indefinido si no se trata de un determinante concreto (contraer una enfermedad, abrirse una herida87), mientras que, en caso contrario, la colocación se enuncia con el determinante pertinente en cada una, especialmente el artículo definido cuando el sustantivo es el sujeto (transcurrir el tiempo, temblar la voz).
Aunque otros criterios (tales como la estructura interna, la morfología, la semántica o la función pragmática) habrían dado lugar a subclasificaciones, el volumen de colocaciones incluido en este trabajo no es lo suficientemente elevado para que resulte relevante. Con todo, nos parece necesario establecer esta sucinta clasificación, paralela a la que manejaremos en el caso de las locuciones.
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Cf. Penadés Martínez (2001: 67-68), quien establece diferentes subgrupos en función de si aparece o no un determinante.
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De esta manera, damos a entender que también pueden aparecer otros determinantes, como en contraer esta enfermedad o abrir(se) su herida.
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