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Procedencia y frecuencia de uso

II. La fraseología Fundamentos y estado de la cuestión

2.3. Características de lo fraseológico

2.3.4. Procedencia y frecuencia de uso

El último criterio definitorio del que habla Wray (2002: 59-60) es la procedencia de los fraseologismos, es decir, la manera en la que surgen y se instituyen como tales. Por consiguiente, se trata de uno de los aspectos que más interesan a nuestros objetivos. Desde este punto de vista, distingue entre las secuencias que nacieron como formularias y las que llegaron a serlo.

Podría decirse que las primeras son aquellas cuyos orígenes desconocemos y que los hablantes generalmente adquieren como un todo, por lo habitual sin ser descompuestas en sus partes. Sin embargo, esto no significa que el análisis atomista no sea posible, pues puede llegarse a extraer el sentido de sus partes individuales. Wray (2002: 60) pone como ejemplo que un fraseologismo propio del inglés estadounidense (take a rain check) ha sido reinterpretado por los hablantes británicos, que le han dado un sentido similar al que tenía (al inferirlo de los contextos de uso en los que aparecía en muestras de lengua procedentes de Estados Unidos), pero basado en unas motivaciones distintas, derivadas de la propia cultura y cotidianidad de los británicos51.

En el caso del español, es evidente que este proceso puede darse entre variantes fraseológicas propias del español de distintos países, cuya reinterpretación en ocasiones puede dar lugar a deducciones particulares no necesariamente ajustadas al sentido original, incluyendo las lecturas literales de unidades figuradas o idiomáticas (para algunas evidencias, vid. Szałek, 2010: 22-30). Pero incluso dentro de una misma comunidad lingüístico-cultural pueden producirse reinterpretaciones de fraseologismos a través de una inferencia analítica. Por ejemplo, la locución partir peras aparece en el CORDE52 con el sentido que documenta Buitrago (2002 [1995]: 550): “Tratar a una persona con confianza y familiaridad. Tener buenas relaciones con alguien”; por el contrario, en el CREA53 se atestigua el sentido contrario, conforme a la única definición que proporciona Moliner: “Dejar de ser amigos. Separarse dos que estaban asociados. Enemistarse” (DUE s. v. pera). La relación de esta unidad con el tema de la amistad es compartida por ambos usos y, por tanto, deriva del contexto en el que los hablantes la han oído usar; no obstante, el cambio de sentido es consecuencia de una reinterpretación analítica que ya no entiende el verbo partir como ‘compartir’, sino como ‘repartir, separar’, de acuerdo con el sentido moderno del verbo. Por

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Para más detalles sobre esta cuestión, vid. § IV.

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En Estados Unidos, un rain check es un vale recibido al suspenderse un partido deportivo debido al mal tiempo, por lo que la unidad significa ‘posponer una actividad’. En el Reino Unido, puesto que no existe esta práctica, el sentido que se ha inferido de los usos norteamericanos y que ha adquirido entre los británicos es ‘posponer la confirmación de una actividad al aire libre’ al momento concreto en que debería desarrollarse, en función del tiempo que haga entonces.

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“[...] dijo irritado su señoría, que era hombre de no partir peras con nadie en lo tocante a su cargo” (Ricardo Palma, Tradiciones peruanas, Espasa-Calpe, Madrid, 1967 [1877]: II.310); “[...] aunque de todos modos tienen sus rarezas y los hermanos no parten peras, conmigo se portan” (Elena Soriano,

Caza menor, Castalia & Instituto de la Mujer, Madrid, 1992 [1951]: 291). También tiene este sentido en algunos refranes incluidos en el Apéndice 8.28.2.

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“En el momento de la declaración de Conde, el presidente de Oasis, Pedro Pueyo, y Banesto ya habían decidido partir peras y separar sus actividades” (Ernesto Ekaizer, Vendetta, Plaza y Janés, Barcelona, 1996: 259).

40 Fraseología española de origen latino y motivo grecorromano

ende, en el trascurso del tiempo, cabe la posibilidad de cambios semánticos fruto de una cotidianización o adecuación de lo fraseológico, trasmutándose así la herencia lingüística.

En lo que se refiere a los condicionantes que pueden determinar la percepción holística de las unidades, Kapatsinski/Radicke (2009) apuntan a la frecuencia como un factor determinante. A partir de un estudio en el que los informantes debían indicar cuándo oían la partícula up en un discurso oral, sostienen que los resultados dependen del grado de frecuencia de las construcciones de las que forma parte: cuanto más frecuentes son las expresiones, menos se detecta la partícula. De este modo, establecen que las combinaciones léxicas de mayor frecuencia han entrado a formar parte del lexicón y, por tanto, no son percibidas de forma analítica, sino holística; en cambio, las de frecuencia media o baja pueden más fácilmente ser entendidas como construcciones con partes identificables y, por consiguiente, en un nivel más gramatical que léxico propiamente dicho.

Asimismo, para el análisis de nuestro corpus también resulta cabal el hecho de que pueda llegar a establecerse la procedencia de un fraseologismo, que habría surgido como no formulario pero que habría llegado a alcanzar dicho estatus con el tiempo. Hudson (1998: 2) describe el proceso mediante el cual una expresión puede convertirse en fraseológica: de su empleo en el discurso se extrae una información pragmática que perfila su sentido y su función, lo cual lleva a su conceptualización en la mente de los hablantes, hecho que favorece que llegue a alcanzar una forma determinada, que será repetida en su ejecución hasta convertirse en fija. Por su parte, Mieder (1994 [1990]: 24) indica que los refranes tienen un origen individual y que, en su proceso de difusión, proliferan numerosas variantes en busca de la forma perfecta, que será la que terminará institucionalizándose.

En consecuencia, para que una combinación pueda llegar a considerarse fraselógica, será necesaria su reiterada repetición. Intuitivamente, pioneros como Becker (1975) o Bolinger (1976) dedujeron que las expresiones prefabricadas tienen una alta frecuencia de uso, una afirmación que ha sido posteriormente corroborada por estudios de corpus como los que a continuación comentaremos y que se centran en diversos géneros discursivos orales y escritos.

Analizando el contenido fraseológico del inglés hablado, Altenberg (1998) concluye que más del 80% de las palabras de su corpus forman parte de algún tipo de “word- combination”54, a modo de “ladrillos” prefabricados que ayudan a construir el discurso y que pueden darse en diversos niveles (básicamente, sintagmático y oracional). En la inserción de estas construcciones en el discurso, se observan diferentes funciones: mientras los enunciados fraseológicos suelen responder a un fenómeno pragmático (constituir un acto de habla), las unidades del nivel sintagmático, además, acostumbran a poseer funciones semánticas o gramaticales. De este modo, en relación con la función que desarrolla en el discurso, argumenta que la convencionalización de una unidad puede deberse a un proceso de pragmaticalización, de lexicalización o de gramaticalización, si bien no siempre es posible distinguirlos aisladamente.

Desde otro punto de vista, Moon (1998b, 1998c) parte de un gran corpus escrito para concluir que las unidades fraseológicas que presentan una verdaderamente alta frecuencia de uso son, más que las léxicas, las funcionales (locuciones conexivas, fórmulas rutinarias,

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El empleo de este término se debe a que no sólo incluye lo que habitualmente se consideran unidades fraseológicas léxicas, sino también las gramaticales (como la combinación verbo + preposición), lo cual, asimismo, explica su alto porcentaje.

Xavier Pascual López_ II. La fraseología. Fundamentos y estado de la cuestión _ 41

etc., como at least u of course), así como las colocaciones, en detrimento de las unidades idiomáticas o figuradas, que suelen ser infrecuentes o incluso manipuladas en su uso (debido a que son fácilmente reconocibles). Además, esta autora señala que existen diferencias en función del tipo de texto, por ejemplo, en cuanto a las paremias: mientras Norrick (1985: 6-8) sólo localiza dos proverbs55 en un corpus inglés de conversaciones orales, Moon (1998c: 97) localiza diecinueve en uno que incluye, además, emisiones radiofónicas, lo cual le lleva a pensar que en este tipo de texto es más frecuente que en la conversación cotidiana.

En el caso de los refranes españoles, Sevilla Muñoz/Cantera Ortiz de Urbina (2002: 255- 263) se lamentan de su escaso uso en la actualidad, al tiempo que Penadés Martínez (2006: 293) cree que el uso real de paremias es porcentualmente mínimo (en 145 horas de grabación de textos orales de diversa índole, localiza 22 refranes). Por su parte, Mieder (2007: 394) considera que la frecuencia de uso de las paremias depende de la persona y del contexto y que, aunque pueden aparecer en cualquier tipo de texto, son especialmente frecuentes en conversaciones amistosas, discursos políticos, sermones religiosos, obras literarias y los medios de comunicación masiva. No obstante, tanto Norrick (2007: 385) como Mieder (2007: 407-409) sostienen que su frecuencia es mayor de lo que habitualmente se afirma, puesto que las búsquedas en corpora no permiten localizarlas tal como se emplean mayoritariamente en la actualidad: desautomatizadas en forma de lo que algunos llaman anti-proverbs, en especial con finalidades lúdicas, satíricas o publicitarias (cf. Mieder/Mieder, 1981 [1977]; Militz, 1999).

Puede concluirse que la lingüística de corpus presenta la ventaja de poder localizar las unidades fraseológicas en su contexto y poder llegar a hacerse una idea de la frecuencia real de las unidades (por ejemplo, para el establecimiento de un mínimo fraseológico de cara a la enseñanza de una lengua extranjera), pero al mismo tiempo topa con el obstáculo de la tipología textual incluida, así como de las deficiencias de la propia búsqueda computacional.

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