2.4 FASE DE FORMACIÓN
Ejercicio 9: Colocar un lápiz en la boca y leer de forma que se entienda lo que
decimos.
2.4.10.- LA RESONANCIA
Cuando hablábamos del proceso de producción de la voz decíamos que el aire en su camino de salida al exterior abandonaba los pulmones hasta llegar a las cuerdas vocales que vibraban a su paso. A partir de ahí el aire llega a la boca y se transforma en sonidos articulados, como ya hemos visto gracias a esos órganos fijos y móviles que se conjugan según nuestra voluntad.
Estas partes tienen esa función pero también otra de la que vamos a hablar ahora. La voz antes de salir al exterior es necesario que se coloque adecuadamente dentro de la cavidad vocal. Es lo que se conoce como colocación o impostación de la voz y que se consigue mediante el adecuado choque del aire con nuestra cavidad de resonancia.
“el valor de un violín no depende de sus cuerdas (que son las mismas para todos los violines, sino y únicamente de su caja (su resonador), de la madera más o menos preciosa con que ha sido construida, de sus dimensiones, de los detalles de su fabricación; las diferencias que existen entre la sonoridad de un violín, un violoncelo, un contrabajo, se deben a las distintas dimensiones de sus respectivas cajas” (Mansion, 1997:45).
Para poder entender este proceso el primer paso es detenerse a analizar, una vez más, el diseño de nuestra boca por dentro a fin de tener un perfecto conocimiento de todo el proceso. Tomamos prestado para ello una imagen perfecta que nos brindan los profesores Rodero, Alonso y Fuentes.
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“Imaginemos una sala de conciertos. Debemos mirarla de lejos. La sala mantiene una forma abovedada en la parte superior. Toquemos ahora con la lengua nuestro paladar y comprobemos cómo ambas formas son similares. Incluso, algunos techos de las salas de conciertos son también estriados, como lo es nuestro paladar. Por otro lado, demos fijarnos en que la orquesta si sitúa en la zona centra de esa bóveda para que el sonido ascienda y resuene perfectamente en la cúpula. Pues bien, como es fácil de imaginar, nuestra boca, como uno de los principales resonadores, es una gran sala de conciertos y nuestra voz el sonido que emana de los instrumentos de unos músicos que se encuentran situados en nuestra laringe y faringe. El sonido de sus instrumentos debe ser alzado hacía la cúpula para obtener la mejor acústica gracias a la plena resonancia” (Rodero, Alonso y Fuentes, 2004:224).
Estamos hablando del sistema de resonancia compuesto de las cavidades donde el sonido choca antes de salir al exterior. Y para que este sonido se enriquezca es necesario que todas ellas estén correctamente colocadas para que cumplan su función. Así pues si el paladar no se arquea lo suficiente podemos obtener un sonido plano y poco brillante, sin amplificación, lo mismo que si la lengua se coloca en una posición demasiado retraída y obstruye la salida del aire desde la faringe o si se tensa demasiado presionando los dientes. Son algunos de los fallos que podemos cometer pero nuestra voz adquirirá todo su potencial en la medida que seamos capaces de conocer, sentir y hacer funcionar correctamente nuestros resonadores.
“Los resonadores son aquellos órganos capaces de entrar en vibración y, por consiguiente, en resonancia cuando se ejerce sobre ellos una fuerza cuya frecuencia coincide sensiblemente con la frecuencia de la voz emitida al fonar. Esto quiere decir que nuestro cuerpo tiene resonadores para aumentar nuestra capacidad de la voz. Estos resonadores pueden estar en el cráneo, en la nariz y en los senos, en la boca, en la faringe y en el tórax” (Rodríguez, 2000:7).
El control que tengamos de los resonadores nos va a permitir conseguir una voz con una mejor sonoridad dándonos la posibilidad de tener una voz dúctil capaz de adaptarse a las circunstancias comunicativas de cada momento. Los cantantes líricos, los actores de doblaje o los imitadores potencian al máximo la resonancia a fin de conseguir el mejor rendimiento de su voz en cada caso.
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Uno de los problemas más consultados por los profesionales: la voz nasal, tiene su origen en una resonancia incorrecta.
“La nasalización puede aparecer por alteraciones funcionales u orgánicas, peo siempre es por una posición incorrecta del velo del paladar que altera la comunicación entre la cavidad nasal y la bucal. Si el velo del paladar está muy bajo, se obstruye la salida del aire por la boca, el aire sale únicamente por la nariz, con lo que todos los fonemas orales se convierten en nasales. Esto se llama rinolalia abierta. Si el velo del paladar no se mueve, lo que obstaculiza es la salida del aire por la nariz con lo que todos los fonemas nasales se convierten en orales (como cuando estamos resfriados). Esta es la rinolalia cerrada. Hay una rinolalia mixta que es la combinación de las dos” (Rodero, Alonso y Fuentes, 2004:233).
En el caso de la voz profesional radiofónica no es diferente. El locutor se enfrenta a lo largo de su vida a distintos retos vocales diferentes que pueden salvarse con brillantez si domina la técnica. Se trata, en cualquier caso, de conseguir los mejores resultados posibles con el mínimo esfuerzo vocal.
“Una correcta emisión vocal es lo que entre los profesionales se define como “impostar la voz”, es decir, colocarla en la caja de resonancia a fin de que se obtenga el máximo rendimiento fonatorio con el mínimo esfuerzo posible, evitándose que dicho esfuerzo se sitúe en las cuerdas vocales. Pero ser capaz de proyectar o impostar al voz requiere un aprendizaje centrado en una toma de conciencia de la vida como una impresión, es decir, llegar a conocer donde habita la voz, los lugares y espacios de uno mismo para, al proyectar, llegar a quien escucha. Para ello, primero se habrá realizado un entrenamiento en respiración, relajación y control postural, primeros pasos a dar en la toma de conciencia de uno mismo y de su propio cuerpo” (Rivas y Fiuza, 2006:105-106).
La resonancia requiere de todos esos pasos que ya hemos dado para llegar hasta aquí y que deberían a estas alturas estar totalmente fijados. La respiración y sobre todo el control del soplo espirado nos va a permitir controlar el flujo y enviarlo hacía los lugares adecuados para que el sonido se amplifique y se enriquezca. La propiceptividad a través de la relajación y el control postural nos van a permitir tener plena conciencia de cómo se produce el proceso adecuadamente para poder descartar opciones erróneas.
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Precisamente para evitar acciones incorrectas realizaremos ejercicios tendentes a tomar un control preciso de todo lo descrito. Articularemos el sonido /j/ seguido de vocales para comprobar como se produce una fricción de la parte posterior de la boca que obstaculiza la salida del aire, dejándole el camino abierto en el momento que articulamos una vocal.
Con el fin de sentir el velo del paladar o paladar blando se debe tocar con la lengua y realizar pequeños bostezos con la boca cerrada para comprobar como puede cambiar de posición, desde la relajación hasta su arqueamiento en forma de cúpula. Articulando una vocal como la /o/ podemos subir y bajar el paladar percibiendo como el sonido que se oye es totalmente diferente.
Es necesario que se llegue a percibir ese recorrido que realiza el aire desde que sale de los pulmones hasta que llega a las cuerdas vocales y busca las cavidades de resonancia. Sentir como cuando esto se produce correctamente no tenemos ninguna sensación física desagradable, no percibimos malestar en las cuerdas vocales, no tenemos ninguna sensación de esfuerzo.
Cuando la resonancia es incorrecta o nula nos encontramos con voces muy guturales, sobre todo en varones. Estos parecen asociar la voz grave con la resonancia muy baja, lo que les provoca molestias en las cuerdas vocales y al oído nos ofrece una voz áspera, rasposa y poco brillante. Creemos que puede deberse a un mal uso de la voz durante la adolescencia cuando los varones intentan agravar su voz a fin de parecer más maduros enterrándola en la garganta privándola de su sonoridad.
Este extremo podemos corregirlo animándoles a hablar con un tono algo más alto que les obliga a utilizar los resonadores y le confiere a la voz un timbre más agradable. También esto ayuda en la articulación ya que estas personas al comenzar las frases en un tono tan bajo tienen dificultades para que los finales en cadencia se oigan correctamente ya que no pueden emitir cuando llegan a notas tan graves. Esto se traduce en que el receptor puede perder parte de la información porque le resulta inaudible.
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“Cuando la gente se queja de que la voz es demasiado aguda, en pocas ocasiones tiene que ver con el tono, lo que ocurre casi siempre es que los resonadores del pecho no están reforzando el sonido, lo que tiene como resultado que suene como si se interpretara una melodía en el piano sin notas graves: suena agudo, pero en cuanto añades los acordes graves todo suena con una octava menos. Lo mismo ocurre con la voz: tienes la nota, pero cuanto más plenamente la respalden los resonadores, más rica y sorprendente será. La solidez, los subtonos y la riqueza vendrán con la apertura de las costillas junto con la relajación del cuello, pues si el cuello está tenso en cualquier grado, eliminará las notas del pecho” (Berry, 1973:77-78).
Para practicar la resonancia, una vez se haya comprendido y percibido, se pueden utilizar pequeñas canciones y jugar con ellas para ir flexibilizando la cavidad vocal, notar nuevas sensaciones, oír como los sonidos cambian cuando le ofrecemos diferentes posibilidades. Quizá influidos por las enseñanzas en la voz cantada hay una tendencia a creer que la voz debe impulsarse hasta la máscara facial. Nosotros estamos más de acuerdo con la siguiente opinión.
“No es lógico decir que la voz debe localizarse en el rostro, detrás de los incisivos o por encima del velo palatino: ¡la voz no es un objeto que se localice en un lugar u otro del cuerpo! Si la pregunta ¿dónde hay que emplazar la voz? debe responderse con lógica, la única respuesta verdaderamente correcta es la siguiente: en el oído de quien debe escucharla” (Le Huche y Allali, 1994 A:12)
Efectivamente creemos que cada texto puede requerir una colocación diferente de la voz en la cavidad oral y que la flexibilidad de los elementos descritos puede llevarnos a afrontar distintos retos. En la voz cantada normalmente a los sujetos se les encasilla en una determinada tesitura y siempre trabajan bajo los mismos parámetros. En nuestro caso queremos que la voz sea lo más versátil posible y pueda moverse por diferentes registros con soltura.
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