2.4 FASE DE FORMACIÓN
2.4.5 LA PERCEPCIÓN AUDITIVA
El oído es uno de los sentidos más importantes del ser humano y fundamental para poder desarrollar la función del lenguaje.
“El oído humano convierte las ondas sonoras en señales eléctricas que, a través del nervio acústico, llegan hasta el cerebro, donde el sonido es interpretado. La sensibilidad del oído varía en función del nivel de captación del sonido. Además, no tiene una respuesta líneas, ni en frecuencia, ni en intensidad, por ello, medimos la frecuencia por octavas ( que tienen el doble de frecuencia) y la intensidad en decibelios. Las sensaciones que percibe el oído humano son el tono, el timbre y la intensidad. Mientra que el tono y timbre dependen de los armónicos del sonido, la intensidad está en función del nivel de presión sonora” (Gómez y Cuenca, 2011:8).
Los alumnos deben aprender que tener una buena percepción auditiva es requisito imprescindible para desarrollarnos como personas pero además es fundamental para poder llegar a las más altas cotas de perfección vocal.
“Se puede vivir sin jugar al mus, sin bailar e incluso sin ir al fútbol. Muchas de las cosas que hacemos con los demás no son esenciales. Por el contrario, la conversación sí es esencial, es radicalmente humana: no hay sociedad si no hay palabra. Cuando explico esto a mis alumnos siempre les hago la misma pregunta: << supongamos que vamos a tener un hijo y hemos de elegir entre dos desgracias: que sea sordo o que sea ciego, ¿por cuál deberíamos optar?>> Todos prefieren que sea sordo porque les parece que la vista es para el hombre el sentido fundamental. Efectivamente lo es, pero sólo después de los primeros años. En la infancia, escuchar resulta más decisivo que ver y es gracias al oído como aprendemos el idioma. Nadie aprende a escribir antes de hablar. De modo que, sí prefiriéramos que nuestro bebé fuera sordo, le haríamos un completo desgraciado porque le reduciríamos las posibilidades del lenguaje y con ellas las de su pleno desarrollo intelectual” (Merayo, 1998:23).
En nuestro proceso formativo creemos que es necesario realizar ejercicios que ayuden a potenciar la capacidad auditiva de los alumnos. Resulta obvio pensar que es necesario percibir con claridad todos los matices del sonido para poder mejorar día a día y ser capaz de discernir entre lo correcto y lo erróneo.
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“La voz tiene una mecánica, que debe estudiar, pero las combinaciones personalizadas, influenciadas por el carácter y el estado anímico del hablante, transportan un “alma” irrepetible capaz de ser reconocida y diferenciada del resto. Por eso aumentar en el conocimiento de la propia voz no deja de ser aumentar el conocimiento de uno mismo. Saber cómo “suena-para-los-demás” le ayudará a encontrar las combinaciones más adecuadas al contexto comunicativo, a la relación que se desea mantener con el oyente, en nuestro caso en el ámbito de las narraciones radiofónicas deportivas” (Blanco, 2002:84)
Es bastante habitual que los trabajadores de un medio compartan los fallos de locución ya que se acostumbran a oírlos habitualmente y acaban pensando que actúan de forma correcta. De ahí vienen, por ejemplo, los tonillos, soniquetes y canturreos provocados por curvas de entonación incorrectas que se van transmitiendo de unos a otros hasta el punto de que acaban siendo una molesta seña de identidad de un medio de comunicación concreto.
“El peligro del sonsonete no repercute en quien lo haya creado; sólo trasciende en los que intentan después imitarlo o copiarlo. La copia de un sonsonete es casi siempre nociva y suena mal. Hay que desencantar a los jóvenes principiantes que aspiren a convertirse en profesionales sólo imitando sonsonetes ajenos”. (Blanch y Lázaro, 2010:156)
La imitación es el “gran mal” que se ha extendido en los medios de comunicación audiovisuales. Ante la falta de formación vocal de los que ocupan puestos relevantes se ofrece a los recién llegados la única vía de copiar a los que ya están dentro y que en su mayoría ofrecen una locución totalmente defectuosa. La falta de personal en las empresas y el afán de reducir costes parecen estar detrás de la extraña costumbre de dejar utilizar el micrófono a cualquier recién llegado, ya sea un fichaje de otra cadena, como un becario sin la más mínima formación ni experiencia al respecto.
La calidad del medio, sin duda, se resiente, pero no menos la voz de aquel que se enfrenta a una labor profesional sin tener las armas básicas para desarrollarlo. Inevitablemente esta mala praxis se traduce en voces llenas de defectos e imperfecciones que por no haber recibido una educación inicial nacen llenas de vicios que costará un gran trabajo eliminar.
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Es difícil detectar un soniquete si nuestro oído no tiene la preparación necesaria para ello. A los alumnos les cuesta apreciarlo en muchos casos. Es fundamental que aprendamos a oír con atención, a percibir los sonidos y las voces en toda su extensión para poder localizar los fallos y corregirlos.
En este punto a los sujetos participantes en esta prueba experimental se les pidió que escuchasen algunas grabaciones realizadas en la primera sesión del curso. Se buscaron voces al azar, que no pertenecieran, en cada caso, a ninguno de los presentes. Se les pidió que escuchasen con atención y expusieran con sinceridad sus puntos de vista a cerca de lo que acaban de oír.
El hecho de que la audición se realice de una forma anónima ayuda a que los participantes se lancen a hacer crítica de lo que escuchan con mayor soltura que si estuviésemos refiriéndonos a alguno de los presentes.
La crítica, en este sentido, no tiene porqué ser dañina, al contrario puede ayudar a cada uno a detectar errores que por repetidos pudieran pasar inadvertidos. En este sentido es importante someter las locuciones a la percepción de los demás para poder conseguir un juicio completo muy valioso si lo que se trata es de corregir errores.
En un primer momento los oídos, poco acostumbrados, de los sujetos expuestos a esta prueba detectaron tan sólo los fallos más evidentes de dicción, lo que podríamos llamar “errores de lectura”. En alguna ocasión hicieron también referencia a la monotonía de algunas lecturas o a la escasa variación de registros entre una lectura, puramente informativa y otra, de prosa poética.
En muchos casos son capaces de percibir que una determinada voz no les agrada pero no saben concretar porqué. La puesta en común, en este sentido, ayuda a completar ideas y fijar conceptos.
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Es conveniente también que el alumno aprenda a escuchar su propia voz, ya que lo normal es que en los primeros momentos experimente un rechazo hacia ella por el hecho de no reconocerla como propia.
“Cuando nosotros hablamos escuchamos nuestra voz por vía aérea y por vía ósea. La aérea corresponde a nuestros oídos, pero también escuchamos las resonancias que se producen dentro de nuestro cuerpo. Esto hace que nosotros nos escuchemos de una manera diferente a como nos oyen los demás. Cuando escuchamos nuestra voz grabada sólo la escuchamos por vía aérea por lo que nos resulta diferente. Nos tenemos que acostumbrar a oír nuestra voz, por eso es conveniente grabarnos y escucharnos, sobre todo al principio”. (Rodero, Alonso y Fuentes, 2004:226)
Oír con atención y aprender a conocer y a apreciar nuestra voz es importante para iniciar el proceso de aprendizaje. El hecho de realizar la formación en grupo favorece este punto, ya que la crítica constructiva de los compañeros hace que los sujetos se den cuenta de aspectos en los que no habían reparado. Así mismo les resulta más fácil percibir matices en las voces ajenas con lo que resulta beneficioso en un doble sentido.
En la investigación que nos ocupa resultó también decisiva estas primeras sesiones de puesta en común ya que los grupos se formaron con personas desconocidas entre sí y es necesario que desde el principio fueran rompiendo barreras entre ellos y se estableciese un contacto fluido para poder abordar sesiones posteriores, en las que la falta de confianza, la vergüenza o la timidez pueden coartar la expresividad necesaria en la locución.