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COLOMBIA: LA NEGOCIACIÓN DE LA PAZ Y LOS DILEMAS DEL POST-CONFLICTO.

DESNACIONALIZACIÓN Y ASCENSO DE LA IZQUIERDA Hagamos ahora una breve caracterización de la “nueva derecha” en

5.2 COLOMBIA: LA NEGOCIACIÓN DE LA PAZ Y LOS DILEMAS DEL POST-CONFLICTO.

En Colombia, la izquierda no ha tenido una posibilidad real de acceder a la presidencia de la nación en las últimas décadas, pese a la constitución en 2005 del Polo Democrático Alternativo (PDA), que agrupó distintas fuerzas de izquierda, y logró la victoria de su candidato, Gustavo Petro, a la alcaldía de Bogotá en 201154. Sin embargo, en 2015 Petro fue destituido y la izquierda perdió otras importantes alcaldías.

Alvaro Uribe tuvo dos mandatos como Presidente de Colom- bia, del 2002 al 2006 y luego del 2006 al 2010. Logró, con su promesa de una “política de seguridad democrática” que derrotaría a la gue- rrilla, capitalizar el descontento por el fracaso de los diálogos de paz entre las FARC-EP y el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002). Juan Manuel Santos era su Ministro de Defensa cuando se produ- jo el escándalo de los «falsos positivos», que probó el asesinato por miembros del Ejército de civiles inocentes, que hicieron pasar como guerrilleros muertos en combate, y cuyo monto se estima entre 2002 53 López Obrador ha fundado y es presidente de un nuevo partido político llama- do Movimiento Regeneración Nacional (MORENA).

54 Petro fue destituído en 2015, castigado por la Procuradoría, tras un accidentado y cuestionado proceso de nacionalización del sistema de recolección de basuras.

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y 2012 en más de 3.500 víctimas. Uribe se subordinó totalmente a las políticas de George W. Bush (2001-2009) con el objetivo, entre otros, de que las guerrillas colombianas fueran incluidas en su cru- zada contra el terrorismo. Estableció siete bases militares de EE.UU en territorio colombiano. Uribe atacó a las FARC-EP en el territorio de Ecuador el 1 de marzo de 2008, lo que dio lugar por el bombardeo a la muerte de un grupo guerrillero de 17 combatientes cuyo jefe, el comandante Raúl Reyes, era uno de los jefes más importantes de las FARC-EP. Esto desató una crisis internacional que se soluciono mediante negociaciones en el Grupo de Río. Las FARC-EP sufrieron otros duros golpes y pérdidas de importantes jefes guerrilleros, que influyeron en conducirla a la mesa de negociaciones durante el man- dato de Santos. Durante el segundo mandato de Uribe, había más de tres millones de desempleados, alrededor de siete millones ganaban menos de un salario mínimo, 20 millones eran pobres y ocho millo- nes, indigentes. El coeficiente de Gini, que subió de 0,58 a 0,59 entre 2005 y 2008, situó a Colombia como el segundo país más desigual de América Latina.

Tras su toma de posesión como Presidente en 2010, el candi- dato uribista, Juan Manuel Santos – que durante la campaña electo- ral había señalado que los principales problemas de Colombia eran las guerrillas y la inequidad – se planteo la búsqueda negociada de la paz con las FARC-EP, lo que Uribe consideró una traición a su polí- tica de seguridad democrática que aspiraba a derrotar a las guerri- llas militarmente. Con el apoyo de Noruega, Cuba, Venezuela y otros países, se iniciaron las negociaciones en la Habana, que en junio de 2016 parecen llegar a feliz término.55

En 2014, Santos fue reelecto para un nuevo perído hasta 2018, en unas elecciones en que los uribistas, enemigos de las ne- gociaciones con las FARC-EP, perdieron la partida con el candidato Oscar Zuloaga. Santos obtuvo el 50,95% de los votos contra el 45% de su contrincante. La izquierda con el Polo Democrático solo obtu- vo el 15% de los votos.

55 El jueves 23 de junio de 2016, las FARC-EP y el Gobierno de Colombia firmaron un acuerdo en la Habana para concretar el cese definitivo del conflicto armado.

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La reelección de Santos fue una competencia entre dos tipos de derecha. Santos representa, por vez primera en la historia de Co- lombia, la ruptura de la oligarquía agraria de índole rural (Uribe), con la industrial de carácter urbano (Santos), que sin duda consti- tuye una versión neoliberal-modernizadora de la “nueva derecha”, que considera insoslayable construir la paz y lograr – al menos en la retórica de su discurso – menores índices de inequidad.

La actitud diplomática de Santos implicó un giro impor- tante con relación a las políticas de Uribe. Restableció las relacio- nes bilaterales con Venezuela y Ecuador, y trabajó por la integra- ción latinoamericana en UNASUR, CELAC y en otros foros. Por otra parte, en su condición de estrecho aliado de EEUU, logró la firma del tratado de libre comercio en el congreso norteamericano y consiguió su aprobación.

Pese a su capacidad de diálogo con los gobiernos posneolibe- rales, mantuvo una estrecha alianza con EE.UU. en lo militar y lo co- mercial como miembro del TLC y de la Alianza del Pacífico. En todo momento tuvo el favor de los organismos financieros internaciona- les (BM, BID, FMI). Mantuvo su lealtad a las recetas neoliberales, sin trazar ningún plan de modernización o industrialización del país de relevancia como alternativa al extractivismo predominante. En el plano social, pese al talante dialogante de Santos, ha continuado lle- vando a cabo políticas oligárquicas dirigidas a maximizar las ganan- cias sin las políticas sociales prometidas. De ahí las duras críticas de la izquierda, que afirma que con Petro fuera de la alcaldía de Bogotá y cada vez menos representantes en el Senado y la Cámara, el único espacio real de la izquierda en Colombia, en este momento, es la movilización. La tesis central de Santos, consistió en sostener que si se lograba la paz esto implicaría una alta tasa de inversiones extran- jeras y un menor costo de producción para las empresas nacionales al alcanzarse la paz. Santos se presenta como el mayor garante de la seguridad jurídica que exigen los sectores inversionistas, pues los costos económicos de la guerra son muy elevados.

Hoy el país está polarizado entre los partidarios de la paz lide- rados por Santos y los que se oponen a ella, dirigidos por Uribe. Pero sin duda son mayoritarios los sectores que aspiran a construir la paz.

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El post-conflicto plantea serios dilemas: reintegrar a la socie- dad a los guerrilleros de las FARC-EP y verificar que se desmantele totalmente esta guerrilla, lograr un acuerdo similar con la guerrilla del ELN, impedir el resurgimiento de los paramilitares y también el agrupamiento en bandas criminales de los desmovilizados. También serán necesarias profundas políticas agrarias que impidan el resur- gimiento de conflictos similares.

5.3 PERÚ: HEGEMONÍA DE LA NUEVA DERECHA Y