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CAPÍTULO III: DESARROLLO DE LA I.E EN LA ECONOMÍA COLOMBIANA,

3.2. Flujo del Capital Extranjero en la Historia de Colombia

3.2.1 En la Colonia

El Estado colonial se apropió de las actividades económicas más productivas de la época (los monopolios de la sal, el tabaco y el aguardiente) y de los ingresos de los impuestos aplicados al comercio internacional y local, lo cual frenó el desarrollo comercial y la acumulación de capital privado, y por ende justificaron el movimiento de la independencia económica (KALMANOVITZ, 2010).

De tal manera, que con la llegada de Europa a América, la imposición de la ley española, la invasión y posterior colonización, determinó la extinción de la población aborigen, además de la expropiación de sus territorios convirtiéndolos en tierras

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disponibles (se pasa de una propiedad comunal a una propiedad privada de la tierra). En otras palabras, la población indígena se debilitó, por el sometimiento y explotación minera causada por la conquista de sus territorio. La conquista implico expropiación tanto territorial como cultural, social y política, sumado a las masacres cometidas durante el periodo de la conquista y Al sometimiento en la colonización, además el contagio de las enfermedades traídas por los europeos. La población indígena se disminuyó en una forma muy acelerada, cercana a la extinción (KALMANOVITZ, 2010).

El descenso poblacional generó grandes extensiones de tierras no cultivadas y por ende se dejó de explotar el oro. La Corona Española y la Iglesia decidieron importar esclavos de África, los portugueses, y más adelante se sumarían los Ingleses, y Holandeses como potencias marítimas, se dedicaron al comercio de esclavos (KALMANOVITZ, 2010).

Ahora, España con el respaldo de lo adquirido en el proceso de colonización, y junto con los demás imperios europeos, imponían las reglas al comercio y el control fiscal en las colonias.

Así mismo, a finales del siglo XVIII, en España se produce un cambio dinástico pasándose el poder de las manos de la familia monárquica Augsburgo a la familia dinástica Borbón, produciéndose una serie de inconvenientes por la forma de concebir los territorios ocupados, promulgando las famosas reformas borbónicas, que buscaban constituir un mayor control fiscal de la metrópoli sobre sus colonias y reinos, provocando una serie de descontentos que se trasladaron a las colonias empezando un rechazo a la intervención fiscal de España, que desconoció los derechos de la nobleza indígena (KALMANOVITZ, 2010).

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De tal manera que la minería del oro y la plata fueron objeto de la inversión extranjera, y la economía de la colonia o del Nuevo Reino de Granada se fundamentaba en la hacienda, en la minería del oro explotada con mano indígena y recuperada por la oferta de la mano de obra de esclavos y de mineros independientes. En la Colonia, una buena cantidad de la explotación del oro financiaba la defensa del imperio contra el asalto de los piratas y de las confrontaciones con Inglaterra y Holanda, mientras que otra parte era apropiada por mineros, comerciantes y funcionarios procaces, y una poca parte de la plata y del oro llegaba a la Corona Española, el tesoro de América llegaba en buena parte hacia Francia y Holanda, porque estos producían bienes, que requería España.

A nivel macro, la conquista se realizó mediante una inversión de la empresa privada de ocupación, la Corona española no comprometió sus recursos directamente, pero si impuso las condiciones para quienes pretendían ingresar a los nuevos territorios, entre los que se encontraba el territorio que más adelante en la Colonia se denominó Nueva Granada, esas cláusulas se encontraban en las capitulaciones (contratos) donde los huestes o conquistadores se comprometían a respetar, con el fin de obtener privilegios económicos y políticos en las nuevos territorios (utilidades), los cuales se iban incorporando a la Corona española. Los recursos de los territorios eran un premio al esfuerzo de los conquistadores, y así se fue acumulando la riqueza para la Corona Española, quien tenía el mayor interés de la riqueza de América como medio de compra, que no poseía para intervenir en el flujo comercial, que se imponía en Europa, lo cual gesto la costosa Armada invisible de España, para custodiar la riqueza transportada de América a España, situación que produjo una integración mundial de la economía para la época (OCAMPO, 2015).

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A medida, que se fue estructurando la conquista y el virreinato de la Nueva Granada, en la Colonia, se impuso un sistema económico y fiscal diseñado para obtener la máxima riqueza de América, no para el desarrollo económico de la colonia, la política española determino, que la economía del Nuevo reino de Granada era la producción de oro, y así se cumplió entre 1740 – 1810, la minería del oro representaba el 100% del comercio del virreinato, para la época el encomendero invertía en las minas de oro, y su utilidad o contraprestación fuera el oro que iba a Europa vía España, era la alta tributación, y el sometimiento del indígena, que llegó casi a su extinción, reemplazado por la mano de obra esclava traída de África, cuyo comercio fue el renglón económico más relevante durante la colonia, estos fueron vendidos en el puerto negrero de Cartagena de Indias, el único avalado por la colonia para desarrollar tan importante labor, de donde se distribuían a todas las provincias; este junto al oro fueron las mercancías de más alto rendimiento para los comerciantes

del Nuevo Reino de Granada, (KALMANOVITZ, 2010). Hasta la independencia el control económico lo ejercía España mediante el

recaudo y administración de los impuestos. Por tal razón, el comercio en las colonias no se desarrolló en forma adecuada, no genero bienestar, ni prosperidad, (OSPINA, 1955).