3. EL NIVEL TEOLÓGICO
3.4 COMENTARIO SOBRE LOS CAMPOS SEMÁNTICOS DE SUFRIMIENTO
3.4.1 El Encarcelamiento. Estas aflicciones no se derivan sólo de la persecución. Son «luchas por fuera, angustias por dentro». Hay que decir que todas estas aflicciones tienen un sentido positivo. Por eso, no hay que avergonzarse de ellas, sino que hay que gloriarse incluso (―porque sabemos que la tribulación produce paciencia, y la paciencia, carácter probado…‖ Rm 5:3). La tribulación fomenta la paciencia (12: 12), y ésta – a su vez – ofrece la posibilidad de dar buena cuenta de sí, es decir, la tribulación hace que la persona afectada experimente que ella se cuenta entre los que tienen la esperanza de ser participes de la gloria de Dios. Pablo llega incluso a escribir: ―Esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación‖ (2Co 4: 17), es decir, la gloria futura no admite punto de comparación con la calamidad del momento y la tribulación misma del encarcelamiento contribuye a la inmensa abundancia de gloria. Pablo, por el consuelo experimentado en medio de la tribulación, puede consolar también a otros que se hallan afligidos (2Co 1: 4). Más aún, la aflicción sucede ―para vuestro consuelo y salvación‖ ―para vuestra gloria‖; Cómo sucede esto, no nos lo dice Pablo expresamente; pero, desde luego, se halla relacionado de manera muy intima con el hecho de que esas aflicciones, que se experimentan como ―padecimiento de Cristo‖, por amor de Cristo y en comunión con Cristo, sirve para que se manifieste la vida comunicada por Cristo y el motivo correcto para la predicación salga a la luz..
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3.4.2 El Padecimiento por creer en JC. Los que profesan el evangelio de Cristo deben vivir como corresponde a los que creen las verdades del evangelio, se someten a las leyes del evangelio y dependen de las promesas del evangelio. En la fe del evangelio existe aquello por lo cual vale la pena esforzarse; hay mucha oposición y se necesita esfuerzo. La fe es el don de Dios por medio de Cristo; la habilidad y la disposición para creer son de Dios. Si sufrimos reproche y pérdida por Cristo, tenemos que contarlos como dádiva y apreciarlos como tales. Pero la salvación no debe atribuirse a las aflicciones corporales, como si las aflicciones y las persecuciones mundanas la hicieran merecer; la salvación es únicamente de Dios: la fe y la paciencia son sus dádivas. El creer en Cristo seguramente traerá conflictos que nos harán padecer.
En 1Ts 2: 14, que es el testimonio más antiguo, designa el sufrimiento de los cristianos en las persecuciones. Es una gracia ―sufrir por él (Cristo), es decir estar expuesto a las persecuciones por amor de Cristo, ya que esto es señal de la futura gloria y de los especiales lazos con el Crucificado. Para referirse a las propias tribulaciones, Pablo utiliza el verbo en 2Co 1: 6 (Cfr. Rm 8:17).
3.4.3 La Semejanza en la muerte de JC. Los cristianos sinceros se regocijan en Cristo Jesús. Aquellos que imponen las obras humanas oponiéndolas a la fe de Cristo, Pablo los llama hacedores de iniquidad. Los trata de mutiladores, porque rasgan la Iglesia de Cristo y la despedazan. La obra de la religión no tiene propósito alguno si el corazón no está en ella; debemos adorar a Dios con la fuerza y la gracia del Espíritu divino. Ellos se regocijan en Cristo Jesús, no solo en el deleite y cumplimiento externo. Pablo, había sufrido la pérdida de todo por los privilegios de ser cristiano. Sí, no sólo los consideraba como pérdida, sino como basura, sobras tiradas; no sólo menos valiosas que Cristo, sino en sumo grado despreciables cuando se las compara con Él. Es por fe en la sangre de Cristo que somos hechos conformes a la muerte de Cristo cuando morimos al pecado como Él murió por el pecado; y el mundo nos es crucificado como nosotros al mundo por la cruz de Cristo. El apóstol está dispuesto a hacer o sufrir cualquier cosa para alcanzar la gloriosa resurrección de los santos. Esta esperanza y perspectiva lo hacen pasar por todas las dificultades de su obra. No espera lograrlo por su mérito ni su justicia propia sino por el mérito y la justicia de Jesucristo.
El ―conocer o experimentar‖ la comunión con sus sufrimientos (los de Cristo) es, juntamente con la experiencia cotidiana del ―poder de su resurrección‖ la forma de estar unido con Cristo y de alcanzar la resurrección. Los sufrimientos son aquí los sufrimientos propios de Cristo, en los que el apóstol participa por sus tribulaciones diarias y con las que Pablo llega así a ―hacerse semejante a Él en su muerte‖.
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3.4.4 La Escasez económica. La naturaleza de la verdadera simpatía cristiana no es tan sólo sentirse preocupados por nuestros amigos en sus problemas, sino hacer lo que podamos para ayudarlos. El apóstol solía estar en cadenas, prisiones y necesidades, pero en todo aprendió a estar contento, a llevar su mente a ese estado, y aprovechar el máximo de eso. El orgullo, la incredulidad, el vano insistir en algo que no tenemos y el descontento variable por las cosas presentes, hacen que los hombres estén disgustados aun en circunstancias favorables. Declarémonos en sumisión paciente y en esperanza cuando estemos aplastados; en humildad y una mente celestial cuando estemos jubilosos. Es gracia especial tener siempre un temperamento mental sereno. Cuando estemos humillados no perdamos nuestro consuelo en Dios ni desconfiemos de su providencia, ni tomemos un camino malo para nuestra satisfacción. En estado próspero no seamos orgullosos ni nos sintamos seguros ni mundanos. Esta es una lección mucho más difícil que la otra, porque las tentaciones de la plenitud y de la prosperidad son más que las de la aflicción y la necesidad. El apóstol no tenía la intención de moverlos a dar más, sino exhortarlos a una bondad que tendrá una recompensa gloriosa en el más allá. Por medio de Cristo tenemos la gracia para hacer lo que es bueno, y por medio de Él hemos de esperar la recompensa; como tenemos todas las cosas por Él, hagamos todas las cosas por Él y para su gloria.
Conclusiones al comentario teológico sobre el sufrimiento:
Se considera que el concepto teológico acerca del sufrimiento, está en estrecha relación con el sufrimiento de Cristo. La pasión de Jesús no es casual, sino que está situada bajo el peso de la unción profética, adquiriendo una dimensión soteriológica.
Sin embargo, la pasión vicaria de Jesús no significa para sus seguidores, la liberación del sufrimiento humano, sino el ejemplo a seguir en cuanto a ser sin pecado, el aprendizaje de la obediencia y la positiva y permanente actitud de cara a la vida misma. Su sufrimiento contiene la exigencia de seguirle en el sufrir.
En la vida comunitaria, del sufrimiento surge la solidaridad. De la Koinonía surge la idea del sacrificio. El que tenga los mismos sentimientos de Jesús, tiene que sufrir, y esto no solamente se relaciona con la identificación en los sufrimientos y padecimientos de Cristo; sino también basados en esa unión mística entre Cristo y su iglesia, en la identificación y solidaridad con la comunidad. Esto exige no solamente tener compasión, sino compromiso existencial y solidaridad en el sufrimiento.
Ahora bien, no todo sufrimiento es por Cristo. Sería esencial para un autentico sufrimiento por Cristo, por parte del ministro o de la comunidad, que ellos sufran por razón del servicio o vocación. Que se sufra como cristiano, que el sufrimiento sea injusto, que no se sufra por ser ladrón, homicida o malhechor. El sufrimiento correcto es según el designio de Dios, en nombre de Cristo, por el Evangelio, de sufrimiento por nuestra experiencia con Dios, de
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sufrimiento por la justicia, dentro de una perspectiva de esperanza, de sufrimiento por el Reino de Dios.
Sobre el aspecto escatológico del sufrimiento, vale decir que así como para Cristo, el sufrimiento no es un fin en sí mismo, sino un medio para ser perfecto o acabado en el amor; así también debe ser para sus seguidores. Es decisivo para los cristianos el hecho de padecer por el objetivo o la meta y frente a la esperanza de la gloria eterna, se desvanece el tiempo de padecer.
Pablo menciona como objetivo de su nuevo modo de vida su conocimiento existencial y su experiencia, en primer lugar de la fuerza de la resurrección y luego la solidaridad con los sufrimientos de Cristo. En el N.T. se nombran juntas la pasión y la glorificación; así como la pasión y la paciencia; y así concibe Pablo su solidaridad, como una comunión en los sufrimientos y en el consuelo. Más aún, Pablo puede trasponer la provisionalidad del sufrimiento que precede a la glorificación, a toda la creación y no sólo al hombre. Así toda la creación sufre mientras camina hacia la redención plena. Así el cristiano no aguarda pasivamente el final, sino que tiene los ojos puestos en el objetivo, o la finalidad del sufrimiento, puesto que el Cristo resucitado no es sólo consuelo en el sufrimiento, sino también la garantía de las promesas de Dios en contra del sufrimiento.49
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