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Las creencias sobre la crianza de los niños mostraron diferencias significativas por estrato social, aspecto que también requiere una mayor profundización en futuras olas del panel. Asimismo, el análisis de las creencias so‑ bre prácticas permite perfilar sugerencias de posibles in‑ tervenciones orientadas a una mayor comprensión de la autonomía de los niños, al involucramiento paterno y a la mitigación de los roles de género tradicionales.

Se encontraron también importantes diferencias en tér‑ minos de ingreso, hacinamiento y clima educativo entre los hogares, que determinan contextos muy distintos para el desarrollo de los niños. En particular, se encontró una fuerte prevalencia del hacinamiento, que afecta a uno de cada cuatro hogares.

En estos contextos, los niños presentan distintos desempe‑ ños en términos de salud, nutrición y desarrollo infantil. La prevalencia de la desnutrición crónica o retraso de talla se ubicó entre 4,5 y 5% de los niños, valor coincidente con estudios poblacionales previos. Los niños en hogares en condición de pobreza presentaron valores en el entorno de 6,7%. Mientras tanto, el bajo peso para la edad presen‑ tó una muy baja prevalencia. Por el contrario, y en línea con los hallazgos internacionales sobre países de ingresos medios, los mayores problemas se radicaron en el exceso de peso, que alcanzó a entre el 9 y el 11% de los niños, dependiendo de la edad.

Según lo reportado por los hogares, únicamente el 9% de los niños fue diagnosticado alguna vez por anemia, con variaciones significativas por condición de pobreza (13,1% en hogares bajo la línea de pobreza versus 7,5% en el resto). Estos bajos valores contrastan fuertemente con los resultados de estudios clínicos, que ubicaban la pre‑ valencia para menores de 2 años en 31%. El 88% recibió suplementación de hierro y, dentro de este grupo, el 70% lo consumió diariamente.

Entre otros elementos, el estado nutricional de los niños se vincula a la disponibilidad y calidad de alimentos. Las prácticas de lactancia, la introducción oportuna de ali‑ mentos y su variedad son aspectos que fueron estudiados, pero requieren mayor profundización en futuras olas. Se

encontraron niveles de inseguridad alimentaria en tor‑ no al 13% y se constató que la dieta infantil es escasa en frutas, verduras y pescado y excesiva en el consumo de alimentos tipo snack y golosinas. Se requiere analizar la evolución de los niños, en particular en términos de so‑ brepeso y obesidad, y estudiar si la dieta se transforma a medida que crecen. Otro aspecto llamativo es que, pese a las recomendaciones en contrario, 50% de los hogares agrega sal a los alimentos de los menores de un año. El estudio del desarrollo infantil presentó un fuerte desa‑ fío para el equipo, pues implicó seleccionar un conjunto de instrumentos en un contexto de escasa experiencia en estudios poblacionales en el área. Se optó por elegir una batería de cinco tests, con los consiguientes problemas de consistencia entre ellos. Tres de ellos apuntaron a relevar información proporcionada por los padres (asq‑se, asq‑3 y cbcl), aunque se combinaron con observación directa de los encuestadores, y dos fueron de observación directa (eedp y tepsi lenguaje).

En la mayor parte de los casos se observaron diferencias por nivel socioeconómico, con peores desempeños de los niños en contextos de menor acceso a recursos. Una excepción la constituye la motricidad gruesa, donde los bajos desempeños de los niños de quintiles altos equipa‑ ran a los de los más pobres. Mientras algunos desempeños mejoran o atenúan sus diferencias con la edad, otros las aumentan, como es el caso de la resolución de problemas en asq‑3. En la mayor parte de los casos, no se encontra‑ ron diferencias significativas por sexo. eedp y tepsi mues‑ tran una creciente diferenciación de los resultados de los niños por condición de pobreza a medida que aumenta la edad. Dado que los niños analizados son muy pequeños, fue difícil acceder a estudios internacionales comparables. Entender los determinantes de los desempeños de los ni‑ ños en términos de su desarrollo requiere necesariamen‑ te del análisis longitudinal, por lo que solo será posible validar los resultados obtenidos en las futuras olas de la encuesta. Ello permitirá asociarlos con características del hogar, de los adultos a cargo de los niños, su propio cre‑ cimiento (dado que en el corte transversal se comparan niños de cohortes distintas) y la asistencia a centros de cuidado, entre otros factores.

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