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(N=2.726)

La desagregación de los datos por variables socioeconómi‑ cas y sanitarias puso de manifiesto ciertas disparidades. El 11,7% de los niños que nacieron con bajo peso presentó retraso de talla. Entre los niños que integran hogares en situación de pobreza de ingresos, el indicador alcanza a 7,4%, al tiempo que se reduce a 3,7% entre los hogares que superan el umbral de pobreza. Al igual que en estudios pre‑ vios, se hallaron diferencias por sexo: es mayor el retraso de talla entre los varones que entre las niñas (cuadro IV.4.5). Cabe destacar que para este análisis se excluyeron los niños menores de 2 años que nacieron prematuramente.

5,4 4,1 4,7 0 1 2 3 4 5 6

Cuadro IV.4.5. Retraso de talla según variables sanitarias, condición de pobreza, sexo y región

Retraso de talla % Peso al nacer (N=2.726) Bajo peso 11,7

Pobre (N=2.723) SíNo 7,43,7 Sexo (N=2.726) Niñas 3,7 Varones 5,5 Región geográfica (N=2.726) Montevideo 4,9 Interior 4,5

La desnutrición actual de los niños es denominada ema- ciación en la bibliografía. Internacionalmente, el peso para la edad se utiliza como un buen indicador únicamente para los niños menores de un año, y en esta encuesta se detectó que 1,4% se encontraba por debajo de ‑2 desvíos estándar. Para los niños de entre 1 y 2 años, el indicador recomendado es el peso para la talla, cuyo valor hallado también es muy bajo: 0,9% de déficit. La oms recomienda el imc para la evaluación de los niños mayores de 2 años. En este caso se encontró que 0,9% se ubicaba por debajo de ‑2 desvíos estándar. Estos resultados muestran que la emaciación no es un problema de salud pública en el Uru‑ guay. La evaluación según la situación socioeconómica de los hogares no arrojó diferencias significativas.

En cuanto al exceso de peso, cuando el peso de los niños se encuentra entre 2 y 3 desvíos estándar se denomina so- brepeso, y cuando excede los 3 desvíos se denomina obe- sidad. Ambas categorías son importantes para el análisis de la salud en la infancia. En este informe varias veces se presentará el valor de ambas categorías sumadas: sobre‑ peso y obesidad.

En la muestra relevada por la endis se encontró que el 10% de los niños menores de 2 años presentan sobrepeso y obesidad utilizando el indicador peso/talla. En cuanto a los niños mayores de 2 años, con base en el imc se encontró que un 11,1% presentaba sobrepeso y obesidad. Para ambos indicadores, el porcentaje de obesidad (mayor de 3 desvíos estándar) fue similar: 1,7% para peso/talla y 2,3% para imc. Se encontró un porcentaje mayor de sobrepeso y obesi‑ dad en los niños que residen en Montevideo en compa‑ ración con los del interior, tanto para el peso/talla (10,8% y 9,5% respectivamente) como para el imc (13,3% y 9,9% respectivamente).

En cuanto a las diferencias según la situación socioeconó‑ mica de los hogares, los niños en hogares en condición de pobreza presentaron un 9,0% de sobrepeso, mientras que en los hogares por encima del umbral la proporción alcan‑ zó a un 10,4%. Cuando se analiza el sobrepeso y obesidad en función del peso al nacer, se destaca que solamente el 2,7% de los niños con sobrepeso nacieron con bajo peso y un 11,3% fueron macrosómicos. No se encontraron dife‑ rencias por sexo.

Si se compara el estado nutricional y el retraso de talla de los niños uruguayos con los de otros países, se destaca que, en cuanto al retraso de talla, Uruguay es de los países con menor prevalencia, al igual que Chile. En ese caso, el valor es aún menor: 1,9% para los niños de 1 a 4 años y 2,3% en los niños menores de 1 año (cuadro IV.4.6). En cuanto a sobrepeso y obesidad, Uruguay presenta una prevalencia de 10,5% (valor promedial de los niños de 0 a 3 años), lo que lo ubica como uno de los países con mayor incidencia en la región, al igual que Chile, país que pre‑ senta un 9,4% en los niños de 1 a 4 años (cuadro IV.4.6).

Cuadro IV.4.6. Comparación de la prevalencia de malnutrición con otros países de América Latina45

País Año del estudio (años)Edad N

Retraso de talla (1) SP/O % % Brasil 2006-2007 <5 20.395 7,1 7,3 (2) Chile 2011 <1 356.972 2,3 7,6 (3) Chile 2011 1 a <4 346.367 1,9 9,4 (3) Chile 2011 4 a <6 303.367 1,4 12,9 (3) Colombia 2010 <5 17.696 13,2 5,2 (2) Ecuador 2012 <5 8.894 25,3 8,6 (2) Guatemala 2008 <5 10.178 48 8,6 (3) México 2012 <5 10.658 13,6 8,6 (3) Uruguay 2013 <4 2.934 4,7 10,5 (2)(3)

(1) <‑2 score z. (2) imc >2 score z. (3) P/T >2 score z.

Se analizaron las prácticas de lactancia materna conside‑ rando su inicio oportuno, duración, lactancia exclusiva al sexto mes, lactancia continua (al año de vida y a los dos años), la incorporación de alimentos oportuna, prematura o tardía, y los motivos del destete para aquellos que no recibían leche materna en el momento de la encuesta.

Para algunas variables se realizó un análisis diferenciado por grupo de edad, considerando a los menores de 2 años y a los niños de 2 a 3 años cumplidos. Para el primer gru‑ po, en la descripción se utilizaron los criterios planteados por la oms y unicef para la alimentación del lactante y el niño pequeño. Se analizan las prácticas de lactancia y la frecuencia de alimentación así como la variedad de grupos de alimentos consumidos. La oms establece una frecuencia mínima aceptable de consumo diario según la edad, que en niños amamantados de 6 a 8 meses es de dos veces diarias, y de tres veces diarias para niños amaman‑ tados de 9 a 23 meses (excluyendo las comidas líquidas) (usaid, uc davis, ifpri, unicef, oms, 2009).

Para analizar la variedad en la alimentación se confor‑ maron 6 grupos de alimentos de acuerdo a las respuestas:

 Grupo 1 ‑ Cereales, raíces y tubérculos

 Grupo 2 ‑ Legumbres y nueces

 Grupo 3 ‑ Lácteos (leche, yogur, queso)

 Grupo 4 ‑ Carnes (carne, pescado, aves e hígado o carnes provenientes de vísceras)

 Grupo 5 ‑ Huevos

 Grupo 6 ‑ Frutas y verduras ricas en vitamina A En el grupo de 2 a 3 años se describe la frecuencia y la cantidad consumida de alimentos, así como los que apor‑ tan calorías vacías o gran cantidad de grasas, sal y azúcar (golosinas, alfajores, nuggets, embutidos, entre otros). Seguidamente, para este grupo de edad las respuestas de consumo de alimentos también fueron reagrupados pero de acuerdo a las Guías Alimentarias Basadas en Alimen‑ tos (gaba) del Ministerio de Salud Pública para niños de esta edad.

La práctica de la lactancia materna contribuye a la nutri‑ ción, la salud, el crecimiento y el desarrollo de los niños. Contribuye también a la protección de la salud de las mu‑ jeres, al espaciamiento de los embarazos y a la protección del medio ambiente. Por estas razones, la lactancia consti‑ tuye una estrategia de salud pública esencial que debe ser evaluada y monitoreada en forma constante (oms‑unicef, 2014; Ketan y Ketan, 2005).

La lactancia materna exclusiva hasta los seis meses y con‑ tinuada hasta el año ha sido identificada como una de las intervenciones de prevención más eficaces para reducir la mortalidad infantil. Se estima que, a nivel mundial, la implementación de esta estrategia con una cobertura de 90% podría prevenir 13% de la mortalidad de los meno‑ res de cinco años, lo que contribuiría sustancialmente al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio relacionados con la supervivencia infantil (Steketee et al., 2003; onu, 2014).

Para este estudio se calcularon los indicadores propuestos por la ops para medir la situación de la práctica de la lac‑ tancia en el Uruguay, mediante recordatorio de 24 horas en cuanto a la selección de lo que había consumido el niño menor de 6 meses.

Las recomendaciones nacionales sobre lactancia materna se detallan en la Norma Nacional de Lactancia Materna del msp (2009), que propone la lactancia exclusiva hasta los 6 meses de vida, lactancia continua hasta los 2 años y la incorporación de alimentos sólidos a los 6 meses.

La encuesta indica que el 97% de todos los niños encues‑ tados fue amamantado alguna vez, resultado similar al ha‑ llado en la Encuesta Nacional sobre Estado Nutricional, Prácticas Alimentarias y Anemia de 2011, realizada en la población de niños menores de 2 años.

Respecto al tiempo transcurrido entre el nacimiento y la primera mamada, se observa que el 66% de los menores de 24 meses fueron amamantados en la primera hora después del parto, valor que supera al relevado por la encuesta de 2011 mencionada en el párrafo anterior (60%).

A su vez, el 67,6% de los niños recibió lactancia materna ex‑ clusiva antes de los primeros 6 meses de vida. La proporción de niños de 12 a 15 meses que estaban siendo amamantados —indicador de lactancia materna continua según oms—, correspondió al 47,2 (cuadro A.27 del Anexo).

En promedio, el amamantamiento supera los 12 meses. Nótese que la edad promedio en meses de los niños que integran hogares bajo la línea de pobreza y son actualmen‑ te amamantados es un mes más que la de aquellos ubica‑ dos en hogares que superan el umbral (cuadro IV.4.7).

Cuadro IV.4.7. Promedio de número de meses en que los niños son amamantados

Situación económica Media DS IC 95%

Pobres 17,4 0,07 17,3 - 17,5 No pobres 15,9 0,04 15,8 - 15,9

(N=818)

Si bien la práctica de la lactancia materna está ampliamen‑ te extendida, desciende progresivamente con el transcurso de los meses. Al año, el 53,9% de los niños recibía leche materna, y este valor baja a 28,1% en los niños de 2 años. En promedio, la incorporación de una leche diferente a la materna ocurrió algo después de los 5 meses. Las razo‑ nes que se destacaron para no practicar lactancia exclusi‑ va hasta los 6 meses correspondieron a cantidad de leche insuficiente (37,3%), indicación médica (22,0%), trabajo materno (9,2%), destete natural (8,7%) y decisión materna (6,7%) (véase el cuadro A.28 del Anexo). En los casos en que los niños no tomaron leche materna, las razones de mayor prevalencia fueron la cantidad insuficiente de leche (37,0%), la no succión del niño (32,9%) e indicación mé‑ dica (9,4%) (cuadro A.28 del Anexo).

Un niño menor de 6 meses que no recibe leche mater‑ na debe consumir leches apropiadamente modificadas para su edad. De lo contrario, se incrementa el riesgo de desarrollar anemia, presentar insuficiente consumo de nutrientes, tales como los ácidos grasos esenciales, o so‑ brecarga del riñón debido a una excesiva carga de solu‑ tos (msp, 2006) (American Academy of Pediatrics, 1998; Institute of Medicine, Food and Nutrition Board, 2004). Se encontró que el 53,7% de los niños comenzó a tomar le‑ ches distintas a la materna antes de los 6 meses, un 17,8% lo hizo a los 6 meses y un 22,0% entre los 7 y los 12 me‑ ses. Dentro del 6,6% restante, la amplia mayoría incorporó otras leches entre el primer año y los 2 años, y solo una mínima parte (0,6%) lo hizo luego de los 2 años.

Solo en el caso de los menores de 6 meses se preguntó por el tipo de leche consumida el día anterior. Se observó que el 78,6% había tomado leche materna y el 32,9% le‑ che de fórmula. En cuanto a otros líquidos que les fueron brindados, el 34,2% tomó agua, el 5,3% jugos preparados en casa, y té y tisanas el 2,4%. Nótese que ninguno había consumido refrescos, jugos en polvo o jugos comprados. Por tanto, si bien las combinaciones encontradas en la ali‑ mentación de los niños menores de 6 meses abarcan en su gran mayoría a la leche materna y solo el 19,1% consume

leche materna en exclusividad, son datos que merece la pena profundizar, ya que el número de la muestra de estos niños es algo pequeño (cuadro IV.4.8).

Cuadro IV.4.8 Caracterización de la alimentación de los niños menores de 6 meses*

Consumo de leches en menores de 6 meses % (N=39)

Leche materna 19,1 Leche de vaca 6,1 Leche de fórmula 8,7 Leche materna + leche de vaca 17,6 Leche materna + infusiones** 28,7

Leche materna + leche de fórmula 16,7 Leche materna + leche de vaca + leche de fórmula

+ infusiones* 3,1

Total 100,0

* El cuadro se realizó para aquellos niños que contestaron todas las preguntas de consumo de leches. En caso de que para alguna pregunta no hubiera dato, no se lo incluyó en el análisis. ** Infusiones: té, tisanas.

La alimentación complementaria consiste en la transición que se produce desde una dieta basada en la leche mater‑ na, o algún sustituto, hacia la incorporación total del niño a la mesa familiar. Es recomendable que el proceso no se inicie antes de los 6 meses y que se extienda hasta el final del primer año aproximadamente (ops, 2003).

Tanto la introducción temprana de alimentos como la tar‑ día representa un riesgo para la salud de los lactantes. En este análisis se buscó detectar prácticas inadecuadas de in‑ corporación de alimentos. Para ello se tomó como alimen- tación complementariaoportuna la introducción de alimen‑ tos sólidos o semisólidos a los 6 meses. La incorporación de alimentos sólidos no debe realizarse antes de los 6 meses, por lo que se considera alimentación temprana la intro‑ ducción de sólidos entre los 4 y los 6 meses y alimentación complementaria muy temprana la incorporación antes del cuarto mes de vida.

Las recomendaciones nacionales e internacionales plan‑ tean la incorporación de alimentos a los 6 meses, tanto si los niños son amamantados como alimentados con fór‑ mula, y se encontró que 67,5% de los niños incorporaron los alimentos en forma oportuna (gráfica IV.4.2). Sin em‑ bargo, la media de edad de incorporación de alimentos fue de 5,8 meses, con un intervalo de confianza muy estrecho, lo que indica una edad de comienzo de la alimentación complementaria muy cercana a lo recomendado. Este va‑ lor ha aumentado desde lo registrado en la última encues‑ ta de lactancia (5,5±3,5) (unicef, 2011).

Gráfica IV.4.2. Distribución de la secuencia de incorporación