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Capítulo 2. Marco Teórico

2.2. Fundamento Teórico

2.2.3. Enfoque de formación basado en Competencias

2.2.4.2. Competencias evaluadas por el Ministerio de

cuenta las siguientes: la competencia interpretativa, argumentativa y propositiva, las cuales son definidas por Posada (2004).

La competencia interpretativa, se relaciona con la capacidad para “encontrarle sentido a un texto, una proposición, problema, gráfico, esquema” (p.7), en los cuales también se explica, se demuestra, justifica, reconstruye y concluye. La segunda, tiene que ver con la competencia argumentativa, como la capacidad para “asumir un punto de vista coherente y riguroso ante una temática o problemática, a través de

conceptualizaciones, procedimientos y actitudes” (p.7). Los componentes presentes en la argumentación son las tesis, los argumentos y las derivadas. Finalmente, la competencia propositiva entendida como la capacidad para “asumir una postura constructiva y creativa” (p.7) plantear opciones de solución a una problemática determinada.

A partir de estas dos categorizaciones: componentes de las competencias

comunicativas y competencias evaluadas, se puede identificar la relación existente entre los procesos de enseñanza y aprendizaje, vinculados a los requerimientos exigidos para lograr la calidad educativa. En este sentido, se genera el interrogante frente a

problemática encontrada por los bajos niveles obtenidos en las diferentes pruebas de lenguaje realizada por el Estado, lo cual hace necesario revisar y replantear diferentes aspectos involucrados en el aprendizaje.

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Por otra parte, se toma en consideración algunos aspectos relacionados con la competencia lectora y la competencia escrita. Con respecto al primer punto, Zayas (2012), considera que la “competencia lectora es una competencia básica, que incluye destrezas muy complejas, necesarias para interactuar en todos los ámbitos de la vida social” (p.13). Implica que el lector posee la motivación, la autonomía y un saber metacognitivo, para interactuar con el texto cuyas características dependen del tipo de género discursivo, para darle sentido a través de una serie de estrategias que utilizan para adentrarse en el texto, teniendo en cuenta los propios conocimientos y los propósitos de lectura que conllevan a localizar, seleccionar y valorar la información para luego integrar y relacionar ideas con las propias experiencias, dentro de un esquema de reflexión crítica.

Este mismo autor hace referencia a la definición dada por PISA en el 2009 (programme for International Student Assessment - programa internacional de evaluación de alumnos), como la capacidad para “comprender, utilizar, reflexionar y comprometerse con textos escritos para alcanzar los propios objetivos, desarrollar el conocimiento, potencial personal y participar en la sociedad” (p.13).

Con referencia a este último apartado, no se puede desconocer la transformación de las prácticas comunicativas, en cuanto al uso de las modernas tecnologías de la información y la comunicación. Es un hecho que las fronteras comunicativas son ilimitadas, y los requerimientos de la sociedad actual demandan otra clase de

competencias a los ciudadanos, cuyas exigencias son mayores que el simple hecho de saber leer y escribir.

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En este sentido, Cassany (2000), plantea que la tecnología digital ha reemplazado casi por completo el uso del papel y el lápiz usado dentro del esquema analógico. Hoy en día se está ante la presencia de una nueva expansión de la capacidad comunicativa que ha cambiado sus prácticas en el plano pragmático, discursivo y procesual.

En segundo lugar, se hace referencia a la competencia escrita, en la cual se ha podido observar como en algunos procesos de formación no se ha promovido lo

suficiente. Esta competencia se relaciona con la capacidad para expresar y producir ideas y textos de forma efectiva. El proceso de escribir implica organizar los contenidos del pensamiento y representarlos a través de un sistema de escritura.

En este sentido, Calderón (2009), considera la escritura como la capacidad de una persona, no solo de usar el lenguaje sino de colocarse a fuera para observar ese uso. Igualmente, se puede decir que es un proceso en el que intervienen diversos modelos cognitivos, dentro de una serie de etapas mucho más significativas, que el enfoque dado memamente a un producto final.

De esta forma conviene iniciar al niño en el desarrollo de la lengua escrita, a través del conocimiento y el uso de diferentes tipos de textos, los cuales cumplen funciones comunicativas diversas, en que es preciso tener claro tanto el objetivo de la escritura como el público o destinatario a quien va dirigido, en el que el mensaje presenta un contenido claro y coherente, a partir de estrategias de producción escrita relacionadas con organización, redacción, revisión y corrección.

Estos procesos tanto de lectura como de escritura, van más allá que funcionar como canales de comunicación, pero a través de estos últimos se da la posibilidad de

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transformar el conocimiento a partir de la generación de ideas producidas en diferentes momentos de escritura.

2.2.5. Perspectiva conceptual de la lectura y la escritura.

Ahora bien, al considerar estas dos competencias de lectura y escritura dentro del esquema escolar, presupone adquirir una cultura, un modo elaborado de pensamiento y de comprensión. En este sentido, Bruner (1988), considera el aprendizaje como un proceso activo, en que el estudiante construye nuevas ideas a partir de experiencias y construcciones mentales existentes. Es a partir de ahí, que los docentes pueden

proporcionar actividades que estimulen el descubrimiento de principios y estructuras en las diferentes áreas por sí mismos. Asimismo, el autor añade que el éxito en el dominio y utilización de competencias y saberes, está proporcionalmente relacionado con las herramientas culturales adquiridas en la interacción con la familia, el colegio y la comunidad que lo motiven a aprender.

Igualmente, se retoman aspectos básicos del constructivismo y del aprendizaje significado, planteados por Jean Piaget, Vygotsky y Ausubel. Según Piaget (1999), el aprendizaje se concibe como la conexión progresiva de todas las estructuras cognitivas, cuya tendencia está enmarcada en lograr un equilibrio en la construcción y

transformación del conocimiento, dentro de un proceso cíclico de constante desarrollo cognitivo, en que se dan cuatro estadios del conocimientos relacionados con la

experimentación, asimilación, acomodación y adaptación.

Estos estadios son mencionados por Ormrod (2005) teniendo en cuenta a Piaget, según el cual, el primer estadio tiene que ver con la posibilidad para manipular de manera activa elementos del entorno, así como la interacción con otras personas. Esta

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constante interacción con el entorno, hace que se desarrollen a su vez procesos

inmutables de asimilación y acomodación, en que inicialmente “la persona interactúa con un objeto o acontecimiento de manera coherente con alguno de los esquemas que posee” mientras que en el segundo, “la persona puede modificar un esquema que ya posee o construir uno nuevo que le permita explicar algo que no conocía” (p. 212).

En otras palabras: la asimilación permite modificar la percepción que se tiene del entorno y ajustarla a sus esquemas, mientras que en la acomodación se transforma un esquema para que se ajuste al entorno. Finalmente, la adaptación como proceso de transición para generar niveles más complejos de pensamiento.

Vygostsky (1988), por su parte hace su contribución en relación a la zona de desarrollo próximo, definida como la distancia entre el desarrollo real del niño y el nivel más elevado de desarrollo potencial, a partir de la resolución de problemas bajo la guía del adulto o la ayuda mutua entre iguales más expertos y la resolución independiente de determinadas situaciones problemáticas. Al respecto, se puede indicar que para

planificar estrategias y modelos de enseñanza, se requiere fundamentalmente, tener en cuenta el nivel actual del estudiante.

Para ello, se requiere un andamiaje que integre adecuadamente la teoría y la práctica dentro de un contexto que contribuya a desarrollar aprendizaje significativo. Para ello se considera importante la asociación entre la información almacenada a largo plazo y su relación con otros fragmentos de información similares.(Ormrod, 2005). De éste modo es más fácil almacenar y recuperar rápidamente información.

Ausubel (1986), considera el aprendizaje como un proceso constructivo, que se optimiza cuando el material aprendido es útil y significativo para la persona que

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aprende. Resulta de la interacción entre los conocimientos del aprendiz que ya tiene y la nueva información, dentro de un esquema caracterizado por la afectividad.

Igualmente, haciendo referencia al tema que nos atañe, agrega en su obra

publicada en el año 2000, que a la hora de escribir debe estimularse el “saber”, el “saber hacer” y el “saber ser” de tal manera que se vinculen en el proceso situaciones concretas y significativas en que se estimula en primer lugar el aspecto conceptual, a través de un conocimiento disciplinar y unos instrumentos conceptuales que contribuyan con la comprensión de la realidad. El segundo aspecto tiene que ver con lo procedimental en que se aprende a actuar en el contexto, dando respuesta a problemas y situaciones reales. Y en tercera instancia el aspecto actitudinal, mediante el desarrollo de actitudes

favorables que fortalezcan el auto concepto, la autonomía y la autoestima. (Zabala & Arnau. 2007).

De esta forma, el proyecto adquiere un enfoque holístico de las competencias puesto que integra habilidades y destrezas, actitudes y valores, habilidades sociales y conocimientos tal como proponen la UNESCO y Delors (1996) en su reporte de los cuatro pilares de la educación.

De otra parte, al hacer énfasis en la escritura desde el enfoque cognitivo de la lengua, es expresado como práctica social y como herramienta intelectual para potenciar el aprendizaje y la construcción del conocimiento teniendo en cuenta contexto,

intercambios sociales, pre saberes, los cuales tendrán sentido en la medida que estén basados en la comprensión y en su funcionalidad, según lo cual lo que se aprende sirve para algo.

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Esto se reafirma con los planteamientos dados por Bourdieu (2003) y Halliday (1982), quienes dan un enfoque social, consideran la posibilidad de transformar el conocimiento a través de la regulación de pensamiento, gracias al conjunto de relaciones humanas y el uso funcional del lenguaje como instrumental, regulador, interactivo, personal, heurístico, imaginativo y creativo.

Al respecto Halliday (1982. p.31) explica las siete funciones del lenguaje: Instrumental (“quiero”): para satisfacer necesidades materiales.

Reguladora (“haz lo que te digo”): para regular el comportamiento de los demás.

Interactiva (“yo y tú”): para involucrar a otras personas. Personal (“aquí estoy”): para identificar y manifestar el yo.

Heurística (“dime por qué”): para explorar el mundo exterior e interior. Imaginativa (“finjamos”): para crear un mundo propio.

Informativa (“tengo algo que decirte”): para comunicar nuevos informes.

A partir del referente anterior nos conduce a analizar el papel del lenguaje desde la perspectiva socio constructivista, en la cual tanto docentes como estudiantes cimentan estructuras de comunicación para construir textos de interacción que permitan entender y adaptarse a las diferentes situaciones a que se está expuesto en el entorno y a partir de allí construir procesos de transformación de la realidad social (Giroux 1992).

Al respecto, Lomas (2003), menciona que a través de los procesos de lectura y escritura se “aprende a orientar el pensamiento y a ir construyendo en ese proceso un conocimiento compartido y comunicable del mundo.” p. 2. Asimismo, constituyen acciones lingüísticas, cognitivas y socioculturales que se insertan en los diversos ámbitos de la vida personal y social del ser humano.

2.2.6. Lenguaje audiovisual. Antes de desarrollar este tópico, es conveniente

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