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Competitividad Internacional: Definición y factores

In document La Productividad en América Latina (página 115-119)

Capítulo III: Productividad y Competitividad de países de América Latina

3.1. Competitividad Internacional: Definición y factores

Tradicionalmente, el pensamiento económico indicaba que un país era más competitivo a nivel mundial en función de la cantidad de recursos que disponía, pero esta idea ha ido cambiando y actualmente, la evidencia empírica muestra que no sirve de nada tener abundancia de recursos, si no son empleados de manera eficiente, es decir, si el país no presenta altos niveles de productividad, difícilmente podrá competir en los mercados extranjeros por más que tenga una gran cantidad de recursos. América Latina, es el mejor ejemplo de aquello, puesto que, cada país de la región muestra varios y diversos recursos para poder explotarlos, pero lamentablemente, no se ha implementado, en sus procesos productivos, el desarrollo tecnológico o las maneras eficientes de hacer las cosas, dando como resultado, una región con baja productividad y con problemas estructurales que no le permiten despegar en el crecimiento económico.

Asimismo, vale acotar que las estructuras económicas y el patrón de especialización de exportación influyen directamente en las ventajas competitivas que tienen los países y es ahí, donde se asocian los términos de productividad y competitividad, puesto que juegan un rol importante para los países en vías de desarrollo y su crecimiento económico (Mortimore, Vergara y Katz, 2001).

Al igual que la productividad, la competitividad tienen un sinnúmero de definiciones e interpretaciones tanto a nivel empresarial, sectorial como a nivel país. Sin tomar en cuenta, las distinciones que existiría en cada punto de estudio (empresa, sector económico o país), muchos autores hablan de la competitividad desde dos puntos de vista, lo macroeconómico y lo microeconómico (Moreno, 2012 y Amar, Pastran y Villafane, 2004).

Desde la macroeconomía, algunos autores describen que la competitividad es una capacidad de una industria, sector o nación de producir y exportar sus productos en la economía internacional teniendo como referencia otros países que son su competencia, con la finalidad de mejorar los niveles de vida, aumentar la riqueza y el desarrollo de la nación (Maroto y Cuadrado-Roura, 2014; Cho y Moon, 2005; Reinert, 1995). Sin embargo, otros autores además de conceptualizar así a la competitividad, agregan que la competitividad de un país agrupa la competitividad de todas las empresas que componen la estructura productiva y que adicionalmente, depende de los factores, instituciones y políticas que inciden en el comportamiento de las empresas. En ese sentido, se debe tomar en cuenta aspectos como la política macroeconómica, la estabilidad de precios, el manejo del tipo de cambio, los acuerdos comerciales, entre otras (Peña-Vinces y Triguero, 2011; Ubfal, 2004; Lucángeli, 2002 y Rosales, 1994).

En la perspectiva microeconómica, la competitividad de una empresa es la capacidad de producir más bienes y servicios con ventajas competitivas para obtener mejores rendimientos sobre los competidores, tanto en mercados nacionales como en los mercados extranjeros. Se describe a las ventajas competitivas debido a que, en función de los recursos que tienen las empresas, deben aprovechar de tal manera, que se especialicen, diferencien los productos y puedan ganar más mercados (Serrano, L., 2012; Peña-Vinces y Triguero, 2011 y Sarmiento, 2008). Al final lo que buscan las empresas es poder vender más sus productos e incrementar su cuota de mercado, situación que sería similar desde la visión de país con el aumento de la participación de las exportaciones en los mercados internacionales (Serrano, L., 2012 y Ubfal, 2004).

En definitiva, ambas perspectivas coinciden en que la participación de ventas o de exportaciones en mercados internacionales reflejan una medida de competitividad y que la especialización productiva de los productos, las ventajas competitivas y todos los factores que influyen en el comportamiento de las empresas afectan al resultado de la competitividad agregada de un país.

Dentro de la influencia que tienen las empresas y los sectores, se debe especificar a las políticas del gobierno como factores positivos o negativos en la competitividad (Peña-Vinces y Triguero, 2011). Los gobiernos determinan el entorno socioeconómico y definen, mediante el marco legal, los costos laborales mínimos que deben tener las empresas con sus trabajadores, sea en términos remuneración como en seguridad social, pero en varias ocasiones también afectan con normativa específica para el desarrollo de algunas actividades económicas.

Efectivamente, se debe entender que la competitividad no solo abarca cuestiones de costos y precios, sino también, de aspectos relacionados con la intervención del Estado por medio de política pública y comercial (Amar, Pastran y Villafane, 2004). La influencia en la inversión en investigación y desarrollo, el marco regulatorio para los negocios, la normativa laboral, el crecimiento del PIB, los acuerdos comerciales, la estabilidad del tipo de cambio, el manejo de recursos naturales, los sistemas de educación, entre otras, son factores que pueden ser externalidades positivas como negativas a las empresas (Moreno, 2012; Cho y Moon, 2005 y Rosales, 1994).

El tipo de cambio es un factor estratégico multidimensional, ya que, aparte de afectar a los precios internos y externos de un país, y por ende a las exportaciones, también influyen en el comportamiento de los salarios y de los costos laborales como tal (Bresser-Pereira, 2009). Además, hay que considerar que el factor trabajo, generalmente, es el mayor costo dentro de la función de producción para los países de América Latina. En ese sentido, se tomará en cuenta como principales factores de la competitividad, al tipo de cambio y a los costos laborales de los países, puesto que al manejar estas variables resultan son opciones para poder ganar o perder competitividad.

Al momento que los gobiernos deciden devaluar la moneda, los precios externos tienden a ser más bajos y puede dar como resultado que pueden exportar más, debido a la diminución de los precios relativos de los productos con otros países y al aumento de la demanda externa (Novella, 2001; Ubfal, 2004). Sin embargo, esta herramienta de política pública también disminuye el poder adquisitivo (por el efecto inflacionario) y el nivel de vida del país, así como también, no permite generar la necesidad de innovación y de mejorar tecnológicamente los productos de exportación (Moreno, 2012 y Frenkel, 2008).

El efecto de las devaluaciones del tipo de cambio de los países y el crecimiento de comercio internacional nace del estudio de Kaldor (1978), donde encontró el efecto de las devaluaciones monetarias sobre la competitividad del sector de manufactura y comprobó que existía una paradoja. La “Paradoja de Kaldor” consiste en que el aumento de las exportaciones está vinculado con una subida, en muchos casos mayor, de los costos de producción. Es decir, que no solo la reducción de los costos de producción influye en el crecimiento del comercio exterior, sino también con el propio aumento de los mismos.

Además, como ya se ha mencionado antes, deja especificado, que la competitividad no solo abarca aspectos relacionados con los costos y precios, sino también otros tipos de factores, como son las devaluaciones, la estructura del empleo, la especialización productiva, el desarrollo tecnológico, el entorno socioeconómico, la estabilidad política, entre otros.

Lo que sí, la literatura económica señala que el contar con una estabilidad en el tipo de cambio y más en economías en vías de desarrollo, podría mejorar sensiblemente el comportamiento de las empresas con respecto a los costos laborales, pero también, en la decisión de invertir en innovación y desarrollo tecnológico para los procesos de producción, ya que ayudarían a mejorar la calidad y la cantidad de productos de exportación. Por tanto, queda en evidencia que el tipo de cambio real juega un rol importante en los costos laborales y en el nivel de competitividad de la empresa, sector o país con los mercados internacionales. (Bastourre, Espora y Casanova, 2011 y Bresser-Pereira, 2009).

Hay que mencionar, que el precio de la mano de obra no constituye el único factor para determinar la competitividad (BID, 2001). Sin embargo, la mayoría de estudios económicos se basan en el análisis de esta variable, debido a que el mayor peso de los costos totales en economías en vías de desarrollo es el costo laboral, pero también porque es una variable que permiten comparar y diferenciar entre los países (Cho y Moon, 2005).

En ese sentido, se define a los costos laborales como la representación del costo de la mano de obra necesaria para la producción (Bureau of Labor Statistics, 2014). Con ello, se había mencionado, que la reducción del costo de mano de obra puede generar un aumento en la competitividad, pero hay que considerar dos posibles efectos. El primero, es que se puede reducir el costo de mano de obra cuando se incluye la tecnología para reemplazar dicho gasto y para mejorar el proceso productivo, por lo que, en este punto se incrementaría el nivel de productividad y competitividad.

El segundo punto es lo que usualmente pasa en economías en vías de desarrollo, donde la reducción de los costos laborales se debe a la evasión en el cumplimiento de la ley (tributos y seguridad social), pero vinculado, a la contratación informal de los trabajadores con la finalidad de no registrar y no pagar la contribución de una proporción del trabajo empleado para dicha producción (Tokman y Martínez, 1999).

Es así, que, en términos generales, la competitividad internacional abarca, entre otros factores, a la estructura productiva, apertura comercial, tipo de cambio y rentabilidad de las empresas. Por lo que, al momento de hablar sobre productividad y rentabilidad, la idea central se basa en que la competitividad de las empresas o países se relacionan directamente con los costos de producción. En ese sentido, autores como Maroto y Cuadrado-Roura (2014) agrupan la influencia tanto del tipo de cambio como de los costos laborales en una sola variable. Esta variable corresponde al tipo de cambio real basado en los costos laborales unitarios, puesto que esta variable refleja una medida de competitividad de los países, que permite evaluar su incidencia con la rentabilidad de las cuotas de mercado que tienen los países en mercados internacionales.

Por lo que, a continuación, se realizará el análisis de la especialización productiva de los países de América Latina, su nivel de concentración de las exportaciones, tanto por producto como por países de destino, y la evolución de las cuotas de mercado en el periodo 1995 – 2014. Una vez que se haya conocido la situación histórica de la competitividad internacional de la región, se construirá el modelo entre las cuotas de mercado de los países de América Latina y el tipo de cambio real basado en los costos laborales unitarios, con la finalidad de evaluar la estrategia de los países en el comercio internacional, es decir, la decisión de aumentar los costos para incrementar el nivel de competitividad o si la reducción de los mismos para lograr aumentar las cuotas de mercado.

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