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4.2  Las uniones y matrimonios interétnicos en San Andrés 102 

4.3.6  Complementos a la Encuesta 118 

Con el propósito de profundizar algunos aspectos de la encuesta retomé entrevistas que habían sido realizadas en el marco de la fase de campo de la investigación, éstas aportan una mayor claridad respecto a los cambios detectados por la encuesta. El testimonio del joven Raizal, Isaac Bent, que creció en el sector del Barrack, ilustra el tema de los matrimonios interétnicos como una práctica que está afectando seriamente a la cultura Raizal. En una sesión de entrevista de la autora con este estudiante del INFOTEP de la carrera de Comercio Exterior, se le preguntó: ¿Cuál es la opinión que usted tiene sobre las uniones interétnicas y cómo cree que eso le afecta a la comunidad Raizal?

“…Para mí es preocupante, porque si estamos hablando de conservar la etnia, de que la cultura permanezca, pues el hombre Raizal como tal, debe tratar de conservar su cultura y ¿cómo se conserva?: en la unión con personas de su misma etnia, lo que pasa aquí es todo lo contrario, los hombres Raizales, por lo general le gustan las mujeres continentales y viceversa. Eso hace que la cultura se empiece a perder. Porque, por ejemplo yo me caso con una mujer del Continente, ya muchas veces yo no voy a querer practicar mis costumbres ancestrales, porque voy a estar pendiente de las costumbres de ella y las que están en el medio y la

mayoría de las costumbres que prevalecen en el medio, son culturas que provienen de la Región Caribe: Barranquilla, Cartagena, en fin. Entonces, eso es bastante preocupante. Era como hacer un llamado de atención a las personas de la isla: Hey, estamos hablando que la cultura de la isla se está perdiendo es por esto. Este es uno de los motivos por el cual la cultura de nosotros se está perdiendo porque nosotros en vez de conservar la etnia por medio de la unión con las mismas personas de nuestra misma raza, estamos haciendo todo lo contrario. Nos estamos relacionando sentimentalmente con personas que no son de nuestra raza…”.(Entrevista realizada por la autora, Isaac Esteban Bent, 2009)

Ahora bien, una vez se le cuestionó con respecto a sus opciones para la escogencia de la pareja, el joven señaló con cierto acento de infortunio que su observación en pro de la defensa de la etnia no aplicaba para su experiencia de vida, porque en lo particular, no había tenido experiencias de relaciones de pareja con mujeres de su propia etnia. Así mismo, manifestó su visión respecto a los hijos e hijas producto de ambas culturas, dejando entrever que los hijos producto de dichas uniones no necesariamente encajaban en la cultura nativa Raizal y que más bien, son un grupo de personas con una cultura distinta, dejando en evidencia la creencia respecto a la incapacidad de los sujetos híbridos para la “transferability” de la lengua y la cultura nativa Raizal. Respecto a la situación de ambigüedad de los hijos de las uniones interétnicas en la isla, Bent, hizo la siguiente observación:

Pues ese punto es complicado, porque la mayoría de estas relaciones, por ejemplo, el niño es el que prácticamente va a aprender de cualquiera de las dos culturas. Sin embargo, el niño siempre termina aprendiendo más de la cultura continental, porque por lo general cuando el hombre se casa o convive con una mujer continental, el niño aprende mucho más de la cultura de la mamá, o del papá, si es continental. Ahora, la cosa puede cambiar si esa familia vive en un sector nativo, allí de pronto puede prevalecer la parte cultural del Raizal, de acá, los barrios tradicionales como la loma, San Luis, son donde más se concentran estas comunidades. Pero en gran parte de los casos, ese tipo de familias viven aquí en el centro. Lo que ha hecho es que ese hombre Raizal ya desconozca de donde viene, porque se le ha inculcado otro tipo de cultura y va creciendo y se va desarrollando en un entorno en donde su cultura no es la de su padre o la de su madre que es Raizal.

Este relato da cuenta de las transformaciones culturales que han vivido las familias en las islas. El entrevistado parte de que dichos cambios tienen una relación estricta con el medio donde se desarrolla las actividades cotidianas de la pareja. Con acierto señala que las madres son un vehículo importante para la transmisión de la cultura y que aquellos hijos e hijas de madre de origen cultural continental, se rigen por la cultura y la lengua de la madre. Las relaciones interétnicas que funcionan bajo el esquema ya señalado anteriormente, vinculan a la madre como responsable de mantener viva la unión y la cultura de la familia. Condición que exonera al padre de su función formadora en la identidad, la cultura y la pertenencia a un lugar como San Andrés. Esta situación se repite en muchos

casos de hijos e hijas de uniones interétnicas, en los cuales existe una sensación de orfandad con respecto a la cultura nativa, bien sea porque no crecieron en la isla, porque no hablan la lengua creole y el inglés o porque no viven en un sector tradicional del territorio. Sin embargo, la situación de estar dislocados, de hacer parte de una cultura Raizal por “mitades” y al mismo tiempo aceptar la “otra” parte, la continental, los ha sumido en un dilema que en términos prácticos, es mejor eludir.

Otro testimonio de otra joven Raizal, Jennifer James, una ingeniera ambiental vinculada a una empresa privada de la isla, permite ver que frente a la pregunta sobre la preferencia de pareja para entablar una relación de noviazgo o matrimonio, es importante la relación y la afinidad con gente de la isla así no sea de la misma etnia:

“…Después de haber tenido varias experiencias me he dado cuenta de que lo mejor es involucrarse con alguien de aquí, pero… este no debe ser necesariamente, Raizal-Raizal. La experiencia personal me ha demostrado que los Raizales son algo radicales, son conformistas y les falta empuje para hacer las cosas. Muchos de ellos son muy dependientes de sus padres y pareciera que no tuvieran otra ambición en la vida que la de vivir de las herencias o tierras que puedan tener en vida. Por eso, considero que a mí me gustaría tener como pareja a alguien que haya estado relacionado con la cultura de aquí, puede ser un continental que haya crecido acá o un Fifty-fifty, es decir, que sea mitad “paña” y mitad Raizal. Yo creo que lo más importante es el respeto y que realmente sientan amor por la isla, creo que esa es la base de toda relación de convivencia y de pareja…” (Entrevista realizada por la autora a Jennifer James, Diciembre de 2009). A manera de conclusión de este capítulo se puede decir que la información cuantitativa obtenida en el sondeo refleja los comportamientos y opciones a la hora de escoger pareja. Igualmente, se observó que el tema de las uniones interétnicas adquiere una gran importancia gracias al peso que tiene como hecho social y como práctica cotidiana de las personas que conviven en el territorio. Ambas observaciones permiten inferir que no existe una tendencia generalizada por parte de las personas de la comunidad Raizal a rechazar de manera tajante su posibilidad de tener relaciones con personas de la comunidad “paña” de la isla, como se podría haber pensado por los discursos revisados en diferentes textos. Tampoco desde la posición de los “pañas” se evidencia un absoluto rechazo. Asimismo, resulta sugerente el orden de preferencias de pareja según el género pues la mayoría de la población no tiene clara su opción de pareja, seguida de quienes consideran la posibilidad de entablar una relación sentimental con alguien de su misma etnia o cultura, o al menos compartir la experiencia de haber vivido en la isla, que invita a admitir las relaciones interétnicas como parte de la vida de las personas Raizales y no Raizales. Además, se detecta que dicha dinámica choca con los discursos de algunos sectores Raizales que propenden por la unidad y la homogeneidad de la etnia, discursos que pueden parecer anacrónicos pues niegan la incidencia de los procesos de hibridación y la configuración de la

sociedad insular multicultural actual, que cada vez, siguiendo a Losonczy (2006) se orienta más hacia una relación intercultural.

De aquí la pertinencia de abordar la situación del Archipiélago de San Andrés desde esta perspectiva teórica y política, ya que contribuye a ampliar la mirada sobre los distintos conflictos y choques que se generan por las pugnas de las “doxas” o los discursos (Avella, 2002) .También llama la atención sobre la necesidad de asumir un proyecto intercultural que parta del reconocimiento de la diversidad y de los aportes que cada una de las culturas han podido aportar para la convivencia pacífica en la isla. Esto sin duda, debe reflejarse en acciones y políticas concretas dirigidas a los nuevos sujetos híbridos del Archipiélago, que vertiginosamente, se han convertido en una población mayoritaria, vivo reflejo de una sociedad en relación. Esta sociedad se sintetiza en el ejemplo del rizoma, sugerido por Glissant, cuando habla del mundo creolizado y de la manera cómo este fenómeno ha servido para entender la dualidad, la hibridez del miti-miti, o Half & Half.