EL DESCUBRIMIENTO DE LOS RAYOS: EL FACTOR FE
PARA COMPRENDER LOS RAYOS, TENDRÍAMOS QUE ABOLIR COMPLETAMENTE LA PRISA Y LA ANSIEDAD, PORQUE ÉSTE ES UN ESTUDIO MINUCIOSO QUE
COMENZAMOS A REALIZAR A TRAVÉS DE LA OBSERVACIÓN DE TODA NUESTRA VIDA Y DE NUESTRAS REACCIONES ANTE LOS HECHOS. Lentamente, vamos descubriendo cuál es nuestra energía más evidente, que no necesita ser el Rayo predominante en nosotros, pues cada calidad de energía tiene siete subdivisiones e incluye así todos los Rayos, como ya vimos.
Se trata de un estudio que no puede efectuarse analizando solamente actitudes y reacciones; también es necesaria una ayuda de los niveles intuitivos, para que percibamos las cosas como realmente son.
Una vez que, en cada tipo de energía incluimos a todas las otras, una de ellas puede estar predominando en cierto momento; en consecuencia, pongámonos muy serenos ante este estudio. Por otra parte, un Rayo predominante puede ser sólo alguno
de los Rayos secundarios o subrayos, subdivisiones de aquéllos que califican a los cuerpos y que se hallan en manifestación sólo en determinado momento. Por ejemplo, si alguien fuera muy mental, puede expresar insistentemente el Rayo de la mente y no ser ésta la propia energía básica más profunda, eventualmente todavía escondida.
Al estudiar los Rayos, debemos tener presentes algunos puntos básicos, entre ellos, que TENEMOS UNA CALIDAD DE ENERGÍA EN EL ESPÍRITU QUE NO CAMBIA NUNCA AUNQUE, EN LOS NIVELES INFERIORES A ÉL, LOS RAYOS CAMBIEN PERIÓDICAMENTE. El Rayo del Alma por ejemplo, es mucho más estable que los dos cuerpos de la personalidad, pero tampoco es fijo; a partir de cierto punto de la evolución, el Alma tiene que cambiar obligatoriamente de Rayo, en caso de que no pertenezca al primero, al segundo o al tercer Rayo, pues sólo puede continuar progresando en sintonía con el Espíritu o con su centro, si estuviera en una de esas tres energías, en las cuales está el Espíritu.
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El Espíritu, el individuo o real Ser que verdaderamente somos, pertenece a uno de esos Rayos; no hay Mónada humana de cuarto, de quinto, de sexto o de séptimo Rayo, y el Alma no puede ser completamente absorbida por ella, si no estuviera en una de las tres primeras energías, como lo está la Mónada. Además de ello, el Alma podrá
también hacer otros cambios, dependiendo de la necesidad o de la energía y la naturaleza del Espíritu.
Normalmente, el Rayo de la personalidad cambia con cada vida y HASTA DURANTE UNA MISMA ENCARNACIÓN PUEDE SER CAMBIADO, DEPENDIENDO DE LA NECESIDAD O DE LA VOLUNTAD MAYOR DEL SER. Durante la misma encarnación, los Rayos de los cuerpos mental, emocional y físico también pueden cambiar; uno de los motivos para ello puede ser el de facilitar aún más la coordinación entre aquéllos. Si el
Alma consigue cierto control sobre dos cuerpos y tuviera dificultad sobre el tercero, puede cambiar de Rayo en beneficio de una mejor coordinación entre los tres cuerpos; lo
cual, evidentemente no depende de elección humana; se trata de una decisión espiritual que no está al alcance de la personalidad.
Incluso, antes de revelarse totalmente el Rayo de la personalidad empieza a
expresarse a través del cuerpo físico; el Rayo del Alma actúa ya sobre el cuerpo emocional, influyendo sobre él en forma visible; y el Rayo de la Mónada, que sólo es descubierto en una fase adelantada del proceso evolutivo, ejerce influencia sobre el cuerpo mental. (EM: Nótese la influencia trina del Rayo de la personalidad en el cuerpo
físico, del Rayo del Alma en el cuerpo emocional y del Rayo del Espíritu en el cuerpo mental)
EN LA HUMANIDAD EN GENERAL, EL PRIMERO, EL CUARTO Y EL QUINTO RAYO GOBIERNAN EL INCREMENTO DE LA VIDA MENTAL Y DETERMINAN EL CUERPO MENTAL DEL INDIVIDUO. EL SEGUNDO, EL CUARTO Y EL SEXTO RAYO GOBIERNAN POTENCIALMENTE LA VIDA EMOTIVA Y CONDICIONAN EL TIPO DE CUERPO EMOCIONAL. EL TERCERO Y EL SÉPTIMO GOBIERNAN LA VIDA FÍSICA-VITAL Y EL CUERPO FÍSICO, EN MUCHOS CASOS ACTUALMENTE.
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mente: ¿Cuál es la utilidad del estudio de los Rayos? - Me parece que es múltiple. Primeramente, a través de ellos conocemos de a poco, las diversas partes de nosotros
mismos, lo físico, lo emocional y lo mental; si descubrimos cuál es la energía del cuerpo físico, colaboraremos más con éste; si percibimos cuál es la energía del cuerpo emocional, podremos tornarlo maleable y más amplio, haciéndolo funcionar no sólo como el Rayo que le es evidente, sino también con todos los otros que están en él incluidos; y luego, seremos ayudados a descubrir cuál es la energía del cuerpo mental, pues no permaneceremos confirmándolo sino también, usando los Rayos secundarios o sea los subrayos, dejándolos aflorar a la superficie para completarla.
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Para emprender esta investigación existe un orden que si se lo observa, podrá auxiliarnos. Primero, procuramos descubrir las energías de los cuerpos físico, emocional
y mental, porque somos más conscientes de ellos. Observándonos, percibimos cuáles son los Rayos que se manifiestan normalmente. Podemos llegar hasta ese punto a través
de la misma observación primaria que estamos utilizando al hacer este estudio. Sin embargo, si percibimos la energía que uno de nuestros cuerpos está expresando,
debemos indagar cuáles son aquéllas que él todavía no manifiesta, para hacerlas emerger a la superficie y enriquecer sus características ya presentes. Ese es el trabajo
básico, que lleva semanas, meses o años, dependiendo del esfuerzo en él empleado, de nuestro interés y también, de nuestro temperamento; dependiendo del temperamento la energía del Rayo facilita más o menos este estudio.
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Por tratarse de un mundo de energías, campo infinito de conocimientos, es necesario que tengamos humildad antes de hablar de los propios Rayos y de hacer afirmaciones respecto de nosotros mismos, lo cual nos puede condicionar, induciéndo-
nos a rotulaciones según clisés y etiquetas. Luego, afirmar al comienzo de nuestro estudio que "Yo soy de tal Rayo" es algo arriesgado. Debemos después de atentas, minuciosas y pacientes observaciones, después de confrontar nuestras tendencias y reacciones,
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abandonar por unos momentos esa indagación teórica, concreta y analítica y entregarla a nuestro mundo intuitivo. Por un lado, estamos ante un trabajo que puede durar vidas, antes de adquirir condiciones que nos conduzcan a conclusiones seguras; por el otro, podemos empezarlo hoy y mañana tener respuestas verdaderas. Es posible también, a través de la energía del mundo intuitivo, que sepamos cuáles son nuestros propios Rayos, sin que hayamos estudiado nunca ese asunto, aparentemente.
Se percibe qué, la actitud deseable es la de total entrega, de quien nada sabe,
porque sólo así la Luz va encontrando una apertura por donde fluir. Desarrollar la humildad en este estudio, teniendo aquel la Fe que produce seguridad, el sentimiento de que poco o nada se sabe sobre lo que es misterioso, esa es la psicología deseable para despertar la intuición. Se trata de un caminar perenne en la simbólica "cuerda
floja", que enlaza la completa ignorancia de la mente concreta respecto de los asuntos espirituales con el otro lado, el nivel intuitivo, en el que todas las cosas están resueltas y todas las respuestas están ya listas para nosotros.
No es necesario que caigamos de esa cuerda floja. Si nuestra atención la ponemos en el precipicio o en la propia cuerda que se balancea, es seguro que caeremos. Nuestros ojos deben mantenerse en la meta espiritual, que brilla más allá del otro lado del abismo y no en la cuerda floja que une los dos lados del despeñadero.
Concentrados en la meta y no en las situaciones externas, aparentemente inseguras, viviremos seguros en la propia condición humana todavía no iluminada por el mundo intuitivo y espiritual. Y de a poco, la Luz irá creciendo.
En esta época se están desarrollando ciertos puntos claves importantes para el despertar o el perfeccionamiento en el hombre, el de la facultad de la intuición. Uno de ellos por ejemplo es que, PARA QUE TENGAMOS UNA RESPUESTA DEL MUNDO
INTUITIVO SOBRE ALGUNA CUESTIÓN, ES NECESARIO CREER FIRMEMENTE QUE LA