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CUANDO LA VOLUNTAD ACTÚA

Otro símbolo, que también empresa la energía de la Voluntad – Poder del primer Rayo, es el de un hombre timoneando una nave. Podemos visualizar a ese hombre al timón; y por tanto, en el control de la personalidad, como si fuera guiado por la energía de la Voluntad.

La voluntad espiritual es algo misterioso. El hombre al timón no se esfuerza para que la nave siga adelante; sólo mantiene firmes sus manos, dejando que la energía de Voluntad provoque los acontecimientos.

Muchas veces, a la Voluntad se la confunde con el esfuerzo, que es característico de la personalidad. En ese símbolo, se patentiza que los cuerpos ya están perfectamente integrados entre sí; una vez que son representados por un único objeto: la nave. Es la nave la que va al encuentro de las aguas, que es forzada por la corriente, la que choca con los escollos por los caminos del mar. La Voluntad hace que todo se deslice a través de aquel hombre que esta simplemente con las manos en et timón. El mar, las molas, las marejadas y todo lo que ocurre afuera, son fuerzas kármicas, los acontecimientos de la vida externa, hechos y circunstancias por los que tenemos que pasar y que nada tienen que ver con la verdadera energía que está allí, en aquel conjunto tan fuerte. Aquel hombre sabe adónde va a llegar y todo lo que la Voluntad está impulsando, conoce bien a la nave y al mar, pero no está involucrado en ellos; mantiene la mano en el timón y deja que todo acontezca. Ése hombre es el símbolo de una personalidad integrada, esto es; perfectamente alineada con el propósito del Alma.

Si el hombre abandonara el timón porqué dentro de la nave está ocurriendo algo o porque el mar está agitado; o por la lluvia o por una marejada, no llegaría a su destino. Si al estar atento a lo que está ocurriendo alrededor de él y dentro de él y se dejara envolver por los hechos o soltara el timón; la Voluntad no podría seguir actuando abiertamente, por el contrario, daría lugar al deseo, que tal vez se manifestase como

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tendencia a llegar a otro punto, sujeto a las fuerzas que juegan con el mar y con la propia nave.

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Visualizando esa imagen, podemos efectuar profundas reflexiones y extraer enseñanzas para la propia Vida. A partir de ella, tendremos una idea real de qué es la Voluntad, y veremos que, en muchas circunstancias; sería mejor quedarnos quietos y atentos, con la mano en el timón, alineados con la propia Alma y dejando que esa fuerza actúe, manteniéndonos en la misma postura, bien despiertos; sin abandonar el lugar en el que debemos estar. Evidentemente, si soltáramos el timón, la nave quedaría sin gobierno.

La nave puede representar también un solo y mismo deseo o una idea dominante. Si sólo tenemos un gran interés, una sola nave y permanecemos en la posición correcta ante esto, llega la energía de la Voluntad; si la idea dominante es espiritual, esto es, evolutiva; desde el punto de vista del primer Rayo esa actitud es un principio de meditación.

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A propósito de ello, se suele decir que, cuando un profesional se centra en su propia "nave", está en una escuela de concentración, la cual es una preparación para la meditación, La concentración es válida por el hecho de que él está allí acometiendo totalmente una meta evolutiva. Una actividad asumida con regularidad, Amor, estabilidad y entereza; no es en sí la meditación, pero de esta actitud podrá surgir algo preparatorio para el futuro silencio meditativo. En esa nave, simbólica, aunque llueva y brille el sol mientras estamos al timón, aunque haya personas que entran y salen de los camarotes y otras estén pescando o cocinando, podemos estar conscientes de lo que hagamos en ésta vida y a partir de allí, tratar de no distraer o desviar la atención de la meta percibida. No podemos evitar que en la nave haya otras personas, que llueva o que se produzca una marejada, pero podemos mantenernos concentrados en el propósito del viaje.

Una persona del primer Rayo, cuando está integrada en tal medida que sólo haga lo que se propone y nada más, consigue alcanzar más rápida y perfectamente ese

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meditar.

Conocí a un industrial que realizaba espontáneamente esa práctica del primer Rayo, sin que nada supiese conscientemente sobre el Yo superior o sobre la meditación. Su mujer me dijo que era como si no tuviera marido; que cuando él llegaba de su trabajo, seguía trabajando en casa; concentrado en su meta principal: un trabajo que mantenía en actividad a millares de personas en varios países. Cuando comíamos los tres juntos, él frecuentemente se desligaba de lo que ocurría alrededor y tomaba notas sobre asuntos propios de su trabajo, que en aquel momento se le ocurrían. Se comportaba pues, como si su esposa y yo no estuviéramos presentes; por nuestra parte comprendimos lo que estaba ocurriendo y percibimos la energía del primer Rayo que fluía libremente creando un clima maravilloso para las colaciones.

Cuando los dos viajaban, ella manejaba el auto y él se sentaba a su lado. A veces, efectuaban viajes de inspección de un país a otro, pasando por bellos lugares en los Alpes; y él, en el automóvil siempre con su anotador, escribiendo lo que se le ocurría sobre pormenores propios de su trabajo. ¡Qué matrimonio frustrado sería si ella charlara en aquellos momentos!.

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En el primer Rayo es típico ese amor por la concentración. Cuando a eso se agrega una reflexión profunda, constante, sobre la propia meta espiritual, la energía de la Voluntad-Poder fluye de manera más fácil y sencilla. Evidentemente, la persistencia y la tenacidad forman parte activa de ese proceso.

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Volviendo para un examen más profundo a aquella nave simbólica, vemos que el timón no representa a la Voluntad y sí a la mente, que debemos aprender a maniobrar y colocar en el lugar en el que debe estar. No giramos el timón hacia donde queremos, pues en ese caso la nave cambiaría de derrotero. La mente necesita pues, ser puesta en la posición exacta, a fin de que la nave llegue al puerto; ella es un instrumento del que nos

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Voluntad no es la mente ni el hombre que está al timón; la Voluntad proviene de otro nivel, más profundo.

Como consecuencia de ello, no son los hechos externos de la vida los que determinan la cualidad de la Voluntad, ni lo que ella habrá de hacer. Lo que importa es la actitud frente al timón, desidentificada de la nave, del mar, de la lluvia y de todas las demás circunstancias. También el deseo debe ser educado y canalizado, para que todo pueda ocurrir según un plan superconsciente. En ese proceso, al deseo ya no se le deja librado a sí mismo, pues el no lleva a la meta. Cuando se le satisface en términos humanos, se torna cada vez más fuerte, pidiendo una cosa nueva, exigiendo mayor esfuerzo para que se le contente; existe solamente una momentánea ilusión de satisfacción.

El deseo se manifiesta a través de la Voluntad y del esfuerzo humano y puede emerger en la nave íntegra; mientras la Voluntad proviene de otra fuente, reflejándose en la mente; por consiguiente, mientras el hombre no esté mentalmente polarizado, no se inicia el libre mecanismo de la Voluntad - Poder, hablando espiritualmente, existiendo solo reflejos de ella en el plano mental. La Voluntad supera a quien está con la mano en el timón, rendido, sin esfuerzo alguno y aparentemente sin hacer nada. Empero se, necesita una mente educada, para conocerse y penetrar en la realidad de esa energía.

CUANDO ESTAMOS BAJO LA ACCIÓN DE OTROS RAYOS, ES FÁCIL QUE NO SEAMOS NOSOTROS LOS QUE PENSAMOS, SINO QUE SEA LA MENTE LA QUE PIENSA POR NOSOTROS, "LA QUE NOS PIENSA"; ella se queda pensando, como si el timón empezara a moverse solo y continuásemos con la mano en él, muchas veces sin que percibamos lo que está ocurriendo, de manera que somos usados por la mente, ella va adonde quiere,

hace lo que quiere y produce pensamientos que seguimos a la buena de Dios. Esta situación tendría que ser controlada y cambiada, principalmente dentro de este estudio de la energía del primer Rayo.

Percibimos, entonces que, en parte; la mente funciona sola porque normalmente tiene una acción autónoma, tiende a desorganizarse porque tiene varios movimientos simultáneos y porque siempre salta de un lado a otro. Además de eso, es influenciable,

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tenemos entre manos, cuando estamos en alta mar: Algo que tiende a moverse por cuenta propia, automática y desorganizadamente de un lado a otro y que es profundamente sensible a lo que proviene de afuera. Es a través de la concentración de la mente que la Voluntad se torna real, consciente y activa en nosotros; empero, ¿Cómo trabajar con ese instrumento (la mente) que presenta tantas dificultades para concentrarse?.

Si el individuo fuera un Alma del primer Rayo o si tuviera esa energía en la mente, al decidirse a practicar algún ejercicio de disciplina que lo lleve a la meditación, cada pensamiento que le llega en el momento de la concentración es arrojado a gran distancia, expulsado con tal fuerza que no regresa más; quien es del primer Rayo puede

usar ese proceso con facilidad. Independientemente de la índole de energía que expresan, las mentes están siempre inquietas; entonces, para calmarlas, es necesario cambiar el método a utilizar, según la propia naturaleza del Rayo involucrado.

En la India, se acostumbra comparar a las mentes con monitos. Un instructor de meditación decía que la mente es un monito a veces borracho, a veces picado por un mosquito y a veces inquieto. Expulsar con violencia los pensamientos indeseables no es represión o evasión, dependiendo de la energía que se emplee; por ejemplo, si se usara una energía de menor fuerza o de menor decisión que la del primer Rayo, el efecto sería inverso; pues todo el material expulsado volverá a nosotros con más fuerza que antes. Vemos entonces que, con la Voluntad - Poder, el individuo llega al aquietamiento a través de la decidida expulsión de esos obstáculos.

Sin embargo, hay también una segunda forma del primer Rayo para lidiar con esos pensamientos intrusos. Cada vez que el "monito" (la mente) empieza a saltar,

obsérveselo imparcialmente y enseguida volverá al objeto de la concentración, o sea; hacia adentro de sí mismo. Esta técnica, además de ser más lenta que la primera, debe

ser repetida durante algunos minutos de trabajo; empero, se trata de un método sencillo, sin mayores dificultades. Cuando llega el pensamiento intruso, se retira de él la

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atención, volviéndose uno entonces hacia el centro del Ser; al llegar otro, se repite la técnica pacientemente, sin violencia ni apuro.

La tercera forma, un poco más exigente, consiste en esperar que la mente se exprese, que el "monito" diga lo que tiene que decir; entonces, quédese indiferente a todo lo que está ocurriendo, mirando sencillamente hacia adentro. Cuando se ejercita

esa disciplina y se la anexa a la energía de la Voluntad - Poder, el "monito" brinca, salta, protesta y presenta sus argumentos que en general, son persuasivos; entonces se parti- cipa de ese juego, sin irritarse con el monito, aquietándose y observando los movimientos de la propia mente, cualquier reacción sería como si la nave chocara contra un escollo durante el viaje.

Si no percibimos lo que está ocurriendo con la mente, no podemos controlarla; sólo cuando nos disponemos a efectuar una pausa, hacer ese trabajo y observar todo lo que la mente hace, podemos finalmente ver y conocer directamente lo que en ella está ocurriendo. Antes de eso nada sabemos; por el contrario, somos literalmente "pensados" por ella, o sea; la mente es la que nos piensa. Si aplicamos ese proceso, realmente vamos a aprender a pensar, a reflexionar y a trabajar con la mente. Sólo entonces podremos emerger la Voluntad.

Ya que estamos tratando la preparación para la meditación, henos aquí ante el siguiente interrogante: ¿Cómo se relaciona la intuición con la energía de la Voluntad?. Ahora bien, lo que llamamos intuición no tiene origen en la mente, sino que penetra en ella procedente de otro nivel de la consciencia, más elevado o más profundo. En realidad,

el mensaje intuitivo penetra en la mente a través de los espacios existentes entre un pensamiento y otro; ella no "atraviesa" un pensamiento. Mientras los pensamientos

estén ocurriendo, no hay posibilidad de que ella se manifieste.

A primera vista, pareciera que no existe pausa alguna entre los pensamientos; empero, la verdad es que entre uno y otro, hay un intervalo casi imperceptible, por donde penetra la intuición. Como los pensamientos siguen procesándose, la mente no

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que la mente no está disciplinada y; a que la Voluntad no se aplicó todavía sobre los mecanismos de la personalidad. Cuando ese intervalo entre los pensamientos es más espaciado, la intuición llega a entrar haciéndose sentir más nítidamente. Durante el proceso intuitivo, estamos sin hacer nada allí ubicados, quietos, vacíos, como un hombre al timón; entonces, la intuición llega pronta, completa, sin elaboraciones previas, sin acarrear duda alguna.

Por consiguiente, lo primero que hay que hacer es trabajar con la mente, para

conocer mejor qué es el "monito"; este es el camino para que dejemos de ser "pensados" y finalmente pasemos a pensar y alcanzar un día, el silencio y la paz interior.

Si persistimos en ese trabajo, los cambios se tornan cada vez más nítidos, como consecuencia de la actuación de la energía de la Voluntad. Generalmente, este proceso se inicia a través de la fuerza del deseo, que llega siempre acompañada por sentimientos de incapacidad, confusión y debilidad; sin embargo, cuando la Voluntad empieza a revelarse, surge la posibilidad de que se domine la mente; entonces, se inicia la práctica de la concentración; y por otra parte, la creciente comprensión de que no debe demorarse aquello que es necesario hacer.

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Queremos destacar otra vez que, la voluntad pura por no ser una energía

desarrollada en este sistema solar, no puede manifestarse de forma completa, con todas sus posibilidades y sutilezas. Tanto es así que, sus manifestaciones en la Tierra son siempre violentas ya que llegan a través de cataclismos, erupciones volcánicas, terremotos, etc. Cuando desencarnamos, lo que nos "arranca” hacia afuera del cuerpo físico es el primer Rayo, la Voluntad - Poder; si no lo tuviéramos empujándonos

decididamente hacia el lado interno de la Vida; tal vez demoraríamos mucho más para vencer todas las resistencias, todos los apegos y todos los vínculos que nos aferran a la Tierra.

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En las manifestaciones sísmicas, tenemos la energía de la Voluntad - Poder en su forma casi pura (dentro de sus límites actuales), pero en los seres humanos ella no es tan nítida ni tan fuerte. El mismo Napoleón Bonaparte, que según dicen fue un ser del primer Rayo, manifestó Voluntad - Poder al invadir y conquistar países; pero al mismo tiempo, su vida estaba influida por muchas dispersiones. Por lo que se sabe, no existe aún una expresión pura del primer Rayo en seres humanos. De este modo, quien percibe en sí mismo afinidades con esta energía tiene por delante un vasto campo de trabajo y ob- servación.

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