Imaginemos a un hombre en un cuarto oscuro. Allí dentro, él opera, condensa y mezcla lo que está alrededor. A pesar de la oscuridad va trayendo hacia sí todo lo que desea a tientas. Descubre que comprende la belleza, los colores y los sonidos que están fuera de la habitación, donde él no puede distinguirlos. Allí adentro, ese hombre en calidad de músico, debe crear la melodía que atraerá a los que van a aplaudir su obra. Por tanto, espera la admiración de muchos adoradores.
Sin embargo, puede ocurrir que un día su trabajo sea suplantado por un sonido estridente que absorbió todo lo que había hecho escondido dentro de la habitación. Ese sonido forma parte de un acorde mayor, imposible de ser medido o escuchado solamente por medio de los sentidos humanos. Alrededor del hombre sólo existe la oscuridad de la habitación y el sonido en sus oídos; él permanece así durante un tiempo, hasta que una luz brillante en la distancia, lo llama y él mira hacia ella. En ese momento, el hombre queda entre esa luz brillante y la oscuridad de la habitación: él, en medio de las dos. El tiempo pasa; todos sus amigos desaparecieron, en lugar de la armonía, él oyó la disonancia y en vez de belleza, encontró la fealdad de una tumba. Entonces, la misma voz que otrora escuchara, vuelve a hablarle y le dice: "Crea todo otra vez, construye, pinta y mezcla los tonos de la belleza, pero en ésta ocasión para el mundo y no para ti mismo''.
Ese relato antiguo y simbólico produce el sentido de reorientación para el temperamento del cuarto Rayo, energía fundamental para el reino humano. Expone los polos opuestos, dejando al hombre en el medio, para que los resuelva a través de la confrontación (conflicto).
EN EL CUARTO RAYO, TANTO LA ARMONÍA COMO EL CONFLICTO QUE ANTECEDEN SON NATURALES Y ESTÁN PREVISTOS EN LA LEY; LO QUE CORRESPONDE ES OBSERVARLOS, VER CÓMO SE VERIFICAN Y APROVECHARLOS COMO ELEMENTOS QUE AYUDAN A EJECUTAR LO QUE SE DEBE HACER.
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establece en el plano mental, mientras que en otras alcanza al plano emocional. Sin embargo, es común en un gran número de personas que el conflicto se de en los dos
niveles al mismo tiempo (emocional y mental), a punto tal que se confundan entre sí.
Este es un campo interesante y de apelación para la actuación de todos. En verdad, podríamos estar más cerca de la armonía, si la educación, la cultura, la vinculación con lo espiritual y sobre todo el espíritu de colaboración, estuvieran más desarrollados; empero, el individualismo, el personalismo y los condicionamientos que fijan al hombre en esquemas y estructuras, retardan ese proceso, haciendo que hoy en el reino humano, el conflicto sea grande y la armonía sea aún sólo aparente; y aunque esta integra los planos sobre lo mental pensante, en los niveles de la personalidad está todavía en vías de que se le reconozca. Por el contrario, en el reino vegetal, ella se encuentra presente y visible, según nos lo atestigua el propio color verde de las plantas, uniforme en todo el planeta físico.
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A través del relato sobre el hombre en la habitación a oscuras, se advierte que si una necesidad personal no corresponde a una necesidad más amplia, perteneciente al "Todo", pueden sobrevenir el conflicto y el dolor. Cuando confrontamos nuestra necesidad personal con la de la humanidad, si verificamos que no guardan correspondencia entre sí, podemos refrenar y redimensionar la nuestra, estableciendo el equilibrio en nosotros mismos; sin eso es inútil intentar armonizar al mundo.
Para mayores aclaraciones a este respecto, vamos a suponer que yo "quiera" comprar un terreno, entonces empiezo a examinar ese deseo. ¿Para qué quiero eso? - Si la respuesta fuera: "Es para que yo tenga mi tierra, mi sitio privado, mi hogar, mi huerta", estaré en un nivel solamente personal. En verdad, ¿Para qué sirve una tierra hoy en día?, ¿Qué será lo más importante y vital a realizar con ella?. A la respuesta personal y egoísta se la va descartando gradualmente a medida que se trabaja con el cuarto Rayo, con la Armonía. En ese Rayo, procuraré saber lo que debo hacer con la tierra para que los
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problemas "del mundo", en este momento puedan tener una solución; no tendré más en cuenta el hecho de "querer" una tierra para mí.
En lo que me es dado percibir, diré que podrá faltar alimento en un futuro próximo lo que, por otra parte ya está ocurriendo en innumerables zonas del globo terrestre. También compruebo que la mayoría de las tierras existentes ya está envenenada por el hombre; observo que a la naturaleza se la está agrediendo y que es preciso estar en armonía con todos los reinos. Entonces, puedo confrontar esas reflexiones con mis razones personales y observar qué es lo que prevalece; así sabré si puedo colaborar para resolver un problema general, dejando de ser ya un peso, en función de los problemas planetarios. El discernimiento me dirá incluso, si es también de esa forma; comprando un terreno, según lo propuesto anteriormente, que voy a cooperar con el planeta y con la humanidad o si debo utilizar otros caminos.
El trabajo consiste en que dejemos de insistir en una idea cristalizada o en un punto fijo y en someter “eso” a un cotejo con una necesidad mundial de este momento;
aunque las soluciones todavía no se manifiesten en gran escala, el hecho de que el problema ya esté presente en nuestra consciencia, es una señal de que podemos colaborar en el proceso de armonización planetaria.
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Otro ejemplo que cito es el conflicto de alguien que dice "querer" un hijo. Si la persona se preguntara profundamente por qué dijo eso, podrá tener varias respuestas de carácter personal; sin embargo, si ella sigue el movimiento del cuarto Rayo, podrá confrontar esas respuestas con la necesidad planetaria, que requiere nuevos hombres, de buena formación y crianza, desarrollados mental y espiritualmente. De ahí surgirán interrogantes que van a contribuir a una decisión más madura: "¿Cuál es mi condición actual?, ¿Qué puedo proporcionar a alguien que venga a nacer por mi intermedio?, ¿Estoy suficientemente preparado para traer a la Tierra a un individuo y para no conside- rarlo propiedad mía?, ¿Tendré ya claridad sobre cómo recibir a un Alma aquí en el plano físico y sobre cómo tratarlo?, ¿Puedo proporcionar a esa Alma un ambiente favorable para que se desarrolle?. Así comprobaremos que el procedimiento y la actitud cambian
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voluntad personal con la necesidad del planeta y de las Almas que en éste encarnan. Visto el asunto de esa forma, que no es unilateral sino armoniosa, el hecho de traer un hijo al mundo se reviste de mayor calidad. Dentro de esa energía bien desarrollada, aquel hijo podrá corresponder realmente a las posibilidades de los padres para que lo eduquen y él aceptará la ayuda sin restricciones, porque habrá sido concebido en un clima de equilibrio y no de egoísmo y posesividad. De esta manera, incluso antes de la concepción se establece el vínculo armonioso, que hace nacer a aquel que está en el punto evolutivo cierto para que viva una etapa de su vida sobre la Tierra con aquellos padres. De esa forma todos se integrarán sin conflicto en la corriente evolutiva que comenzó hace mucho y de la cual todos participamos.
Este proceso de contrastar la propia idea con otra más amplia y general puede aplicarse en todos los sectores de la vida y éste es el camino de desarrollo del cuarto Rayo.
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Una de las razones actuales por la que el conflicto no produce, posteriormente la armonía, es el hecho de que estemos excesivamente centrados en las cosas densas, preocupados e involucrados con el lado material de la vida. Un ejemplo típico es nuestra actitud frente a los alimentos: Podemos considerarlos como sustancias materiales físicas o como energía sutil y depositaría de fuerzas del universo, no visibles en laboratorios. El alimento también puede ser una oportunidad para que nos armonicemos con los reinos en él representados, en este caso el vegetal y el mineral y los productos derivados del reino animal. A partir de ahí, el acto de comer toma nuevo significado, produciendo otros tipos de energía y también la armonía.
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Siempre que la esencia de la vida, esa potencialidad infinita va a manifestarse, lo hace a través del conflicto, que es producido por el propio movimiento de descenso de la energía, atravesando el espacio en todas sus dimensiones. Ese proceso de fricción es
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niveles más sutiles, en los cuales es libre, para entrar en una forma que ella misma crea o coopera en su creación, decimos que está bajo la Ley de la Limitación. La vida tiene que
limitarse para tomar forma y hacer aquí experiencias; todo lo que entra en el nivel de la manifestación, ya se trate de hombre, animal, planta o planeta, queda limitado a las condiciones de aquella forma.
CUANDO ENTRAMOS EN LOS CUERPOS QUE AHORA USAMOS, SOMOS AUTOMÁTICAMENTE LIMITADOS POR ELLOS; MIENTRAS NO PERCIBAMOS QUE NO SO- MOS ESOS CUERPOS, SINO QUE SÓLO LOS HABITAMOS Y LOS USAMOS COMO INSTRUMENTOS DE SERVICIO SOBRE LA TIERRA, SEREMOS PRISIONEROS DE ELLOS.
Vivimos de esa forma durante un período y lo sentimos, para después comprenderla y transformarla, volviéndonos a vincular con la propia libertad del espíritu.
La no identificación con la forma es la que nos dejará abiertos hacia otros estados más elevados de consciencia.
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Si somos conscientes de esa limitación inicial en la forma, partimos hacia el movimiento opuesto que nos llevará a la armonía; por un lado, pensamos en el hecho de que estamos aprisionados en una forma; por el otro, vemos la realidad según la cual el Espíritu es libre, ilimitado, cósmico y que somos ese Espíritu también, y no sólo la forma o mejor dicho su aspecto denso. Cuando procuraba resolver ese punto conflictivo
en mí, yo era joven y caminaba diariamente por la playa que había frente a la escuela en la que estudiaba; mientras mis compañeros se quedaban en un patio en los intervalos de trabajo o de estudio, yo llegaba hasta la orilla del mar, me sacaba los zapatos y andaba sobre la arena o sobre las piedras. Cuando los pies se me mojaban y el sol me quemaba las costillas, yo bendecía el hecho de ser un individuo libre, por ser cósmico. No recuerdo después de ese período, haber sentido problema alguno por hallarme dentro de un vehículo físico; por el contrario, empecé a reconocer las funciones de esa circunstancia temporaria y a colaborar con ellas, dentro de mis posibilidades en aquella ocasión.
Hoy siento en paz la consciencia de este cuerpo físico en el cual habito y sé que ella es lúcida y armoniosa y que está lista para colaborar conmigo. Sin su colaboración, yo
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kármicas. Y no es preciso pedir confirmaciones de que somos seres infinitos, ni pedir a Dios que nos dé la consciencia de ese infinito, pues eso no acontece sólo a través de súplicas. En la energía del cuarto Rayo "afirmamos" que somos ese infinito, a fin de que
la experiencia sea realmente efectiva. Así, la "Limitación" en la cual nos encontrábamos termina su tarea y la condición de prisioneros de la forma se convierte en una continua colaboración con el evolucionar del Todo. Finalmente, traemos hacia la vida consciente
lo opuesto del condicionamiento inicial y primario. * * *
En el planeta Tierra existen actualmente tres reinos de la Naturaleza que tienen la posibilidad de salir de esa limitación y que pueden gradualmente, dejar de ser prisioneros de la forma; el reino humano es uno de ellos (EM: los otros son el elemental o dévico y el
angélico). Para el hombre, hay una puerta abierta a través del trabajo de identificación
con su propio núcleo anímico; ese núcleo corresponde en el individuo a la consciencia universal y por eso el ejercicio de imaginarnos la unión con el Todo, se torna en ayuda para el encuentro con esa nueva vibración.
A través de nuestra pacificación con nuestra parte material y del servicio prestado a todos los reinos de la Naturaleza, llegamos a esa unificación del Espíritu con su polo opuesto, la Materia; y eso no necesita ser producto de una lucha, sino de la búsqueda de la armonía perfecta, que puede ocurrir incluso hasta en el nivel físico, a medida que nuevas conjunciones astrológicas y otras se vayan instalando en el Universo y que el hombre tenga un desarrollo superior de consciencia.
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