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3. MARCO TEÓRICO

3.2 La comunicación y el lenguaje en la enseñanza de las ciencias

En la última década se ha dado una especial importancia a la comunicación en el aula de ciencias y con ella al lenguaje, debido a que es a través de este que expresamos y comunicamos nuestro pensamiento, ―las ideas se comunican y en esa comunicación se comparten y mejoran‖ (Secretaria de Educación pública de México, 2011).

El ser humano registra el mundo a través de los sentidos, generando una construcción particular de significados para la clase de ciencias naturales, esa construcción se produce con las palabras, las fórmulas, los experimentos, los informes, las exposiciones, las preguntas, entre otros. Es así como el lenguaje y la comunicación son de vital importancia en el aula y se

convierten en el vehículo o la herramienta que permiten explorar el pensamiento de cada uno de sus actores. Es a través del lenguaje que el ser humano hace visible y exterioriza sus ideas, pensamientos y sentimientos. Por consiguiente, una idea, un sentimiento o pensamiento es llevado al contexto en palabras, discursos, dibujos, expresión corporal, movimiento, representación, maqueta, anécdotas o textos escritos. Ahora bien, la comunicación entre

pensamientos es imposible, por eso se hace necesario aceptar la mediación de la palabra teniendo en cuenta que el pensamiento pasa por los significados del lenguaje interior y después por las palabras. ―El lenguaje interior es un pensamiento relacionado con palabras y el lenguaje externo

es un pensamiento realizado en palabras‖. (Rojas, 1989).

En este sentido, el ―habla‖1, la ―palabra‖ juegan un papel protagónico y la escuela debe dar

importancia de su uso en contexto, donde los estudiantes hagan visible su pensamiento sin temor a equivocarse o a ser sancionados o callados. Antes bien, la interacción dialógica debe fluir, es decir, el diálogo, la comunicación asertiva, comunicar efectivamente ya que, en últimas, es la que permite la construcción de significados a partir de interpretaciones diferentes de la realidad.

Por todo ello, el lenguaje lleva al ser humano a apropiarse conceptualmente de la realidad que lo circunda. Por eso, es fundamental en los procesos constructivos del conocimiento. El conocimiento se comparte y en ese proceso hay una construcción conjunta entre estudiantes y docentes. Además, tiene relación directa con el lenguaje ya, que a través del discurso que se emplea la argumentación para dar avance a la ciencia, es por eso que incentivar una

comunicación asertiva y lógica es fundamental en cualquier proceso de formación.

Así pues, en un aula donde se dé apertura al diálogo abierto y participativo, se transforma en un escenario en el que los estudiantes participan y se sienten motivados, pues se tienen en cuenta sus ideas, comprenden que, aunque ellas pueden entrar en conflicto con las de sus compañeros o el mismo docente, se hace necesario un cambio de conducta y actitud.

De este modo, se posibilita que aquellos estudiantes más renuentes a participar u opinar sobre sus percepciones, liberen sus ideas y logren expresar sus conocimientos, posturas u opiniones, de dicho modo, sustentar su pensamiento, debatir y expresarse con palabras,

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El habla representada en la fonética y la semántica; desde la fonética toma forma con el sonido, recordemos que en la adquisición del lenguaje está presente la capacidad receptiva constituida por las vías auditivas y visuales que permiten ver y oír entrando en contacto con el medio ambiente, también se encuentra la capacidad expresiva, entre otras, éstas deben permitir comunicar las ideas, sentimientos y pensamientos mediante las distintas expresiones del lenguaje. En cuanto al desarrollo semántico, el uso de la palabra en contexto nos permite construir un mundo de significado. Para Vygotsky (1979) el pensamiento surge de la actividad verbal, el significado es el concepto que se actualiza en el discurso de conformidad con el contexto. A partir de aquí el sentido de las palabras se influencia mutuamente y permiten la enunciación del discurso.

sometiéndolas a la validación de los otros para establecer una construcción de significados compartidos (tanto en la dimensión cognitiva como en la social).

En ese proceso de construcción colectiva y validación en comunidad del conocimiento escolar se ponen en juego las distintas perspectivas de los estudiantes, quienes hablan desde sus experiencias y conocimiento común. Según Gómez (2016), la idea de construcción colectiva tiene como base el trabajo en grupo y en equipo, lo que busca es que a través de la participación activa de los estudiantes se puedan aproximar a criterios de verdad, así con el diálogo y la crítica constante validar en conjunto si la conclusión a la que se llegó es admitida.

Sin embargo, es importante hacer una diferenciación, pues tampoco se trata de debatir sobre el conocimiento cotidiano, lo que se busca en sí es hacer ciencia por medio de procesos argumentativos, por lo tanto, el conocimiento cotidiano, a diferencia del científico, es el que está relacionado con experiencias personales y se concibe como creencias, ideas o concepciones que dependen del contexto y por tanto no pueden asumirse como universales. Para Jiménez (2010)―la elección de modelos o teorías en función de experimentos u observaciones está condicionada por las propias teorías que cada persona mantiene. Estos modelos actúan como lentes que solo nos permiten contemplar el mundo a través de ellos‖ (p. 23).Por tanto, se debe tener en cuenta en el aula ese conocimiento extraescolar o las ideas alternativas que los niños poseen, que entre otras cosas tienen una fuerza potente en su estructura conceptual.

Pero, no sólo es relevante reconocer que los estudiantes poseen sus propias formas de comprender el mundo, sino también que sus conocimientos cotidianos pueden estar cargados de concepciones que no corresponden con las ideas de la ciencia, y que pueden presentar serias dificultades para ser modificadas, es decir, para sustituir sus ideas alternativas por otras más acordes con los modelos científicos. Dichos cambios deben darse en todos los juicios de valor y los prejuicios que no permiten avanzar en el conocimiento, un ejemplo de esto puede ser la

religión, pues en la mayoría de casos, los valores religiosos infundados en el hogar niegan la ciencia y le dan paso a la fe o al mito

Es importante que los estudiantes comprendan que en la ciencia se han dado transformaciones de un modelo o teoría por otra. Al respecto, Jiménez (2010) plantea:

Se habla de pruebas disponibles en cada momento porque el conocimiento se ha ido construyendo a lo largo del tiempo, experimentando cambios de acuerdo con nuevos datos y pruebas como con teorías y modelos que permiten una

interpretación distinta de los mismos. Por eso hoy en día se entiende que el conocimiento tiene carácter provisional, que las explicaciones científicas no son definitivas, sino las mejores en un momento dado. (p. 12).

De igual forma, sus ideas son susceptibles de ser modificadas a partir del diálogo con los otros, de someter su pensamiento al debate y la evaluación, de esta forma la enseñanza está más encaminada a buscar justificación, llevando al estudiante al uso de pruebas, en este caso el maestro no se conforma con una respuesta adecuada, sino que busca la opinión del estudiante para movilizar el pensamiento y la sustentación de sus ideas, incluso llevándola a la práctica a través de la experimentación. Así pues, son los mismos estudiantes quienes manifiesten la necesidad de experimentar, hacer una salida orientada por ellos, quienes definen el propósito, las reglas o normas de convivencia, las herramientas, entre otros.

Por ello, las distintas investigaciones que se han revisado convergen en que en el aula se pone en juego la interacción entre el lenguaje, pensamiento y la acción; siendo el lenguaje una herramienta fundamental que permite la construcción del conocimiento en el aula desde la realidad contextual y que, a su vez, permite el uso de la palabra en un lenguaje natural en búsqueda de pruebas o evidencias que justifiquen sus opiniones.