Comentario XLVIII.
Los primeros versos de este epigrama se entienden en el contexto de una proliferación de doctrinas y de un ambiente espiritual en el cual la experiencia trascendente es cada vez más rara, de ahí la importancia del estudio y de la formulación racional de la verdad y de la moral que surgen como un substituto intelectual a lo que no puede darse ya en un plano más elevado.
En el entendido de que el estudio y el saber eran entonces cosas muy apreciadas, como también la base del prestigio de muchas personas, Lao Tse presenta una vez más la grandeza del Tao como paradojal en un mundo que valora como superior justamente lo que aleja al hombre del Tao, vale decir, el saber.
Pero ese disminuir y disminuir parece ir más allá que lo que concierne sólo al saber, pues el no-obrar no es sólo una actitud liberada del efecto condicionante del saber, sino de otras cosas más, aunque entre esas cosas de que es preciso liberarse, el saber figura entre las más importantes.
Así, una vez más Lao Tse proclama la paradojal verdad de que en el no- obrar no hay cosa que no se realiza, de manera que los tres últimos versos se proponen a modo de ejemplo de esa paradojal verdad.
Ganar el Imperio significa aquí antes que detentarlo materialmente, el gozar de la adhesión espontánea de todos los gobernados, y eso, que los malos soberanos nunca lograron, es el efecto de un gobierno por el Ser y no por el hacer. Lao Tse sugiere al respecto que sólo quien ha logrado esa adhesión espontánea ha ganado en verdad el Imperio, de manera que quienes simple mente tuvieron el Imperio nunca lo ganaron realmente, en todo lo cual se transparenta un concepto del buen gobernante que, correspondiendo al que tenía Confucio, parece emanar de algún principio de filosofía política de público conocimiento en la época. Según Confucio, seis características debe reunir en su persona el buen soberano para ser considerado tal, entre las que figura por sobre todas, la de gozar de la confianza de todos sus subditos.
Tratándose de Lao Tse se entiende que eso de gozar de la confianza de todos es poco decir, porque Yao el Grande, al parecer gozaba de la confianza de todos, pero no era lo suficientemente sabio como para alcanzar el no-obrar. En el Taoísmo se trata, como ya lo hemos visto en otros pasajes de nuestro comentario, de la influencia trascendente que irradia el hombre del Tao, y que corresponde a lo que antes se ha denominado influencia por el Ser y no por el hacer.
Con todo, es cierto también que la posición del Taoísmo frente a los héroes civilizadores como Yao, Wen y Wu, es ambigua. Poruña parte se les critica el hecho de haberse embarcado en lo que hoy llamamos un proyecto de desarrollo, pensando más en las cosas que en los hombres, por otra parte se les reconoce a algunos de ellos un resto de auténtica virtud trascendente. Por eso en algunos textos taoístas se les critica y se les alaba desde puntos de vista diferentes. En este sentido da la impresión de que cuando Lao Tse dice que el Imperio se ganó siempre sin acción parece estar aludiendo a hechos bien conocidos de la historia de esos héroes civilizadores, tales como la guerra que precedió a la entronización de la dinastía Tchu, que fue sólo una preparación, pues en los últimos momentos cuando el futuro emperador Wu Wang sitió la capital del tirano Tche, los soldados de éste combatieron entre sí y se dispersaron sin que hubiese habido para Wu Wang la ocasión de combatir. Se sabe que de inmediato toda la nación le manifestó espontáneamente su adhesión, e incluso, habiendo perdonado a muchos enemigos que huyeron, éstos, que no fueron perseguidos ni atacados, volvie ron a sometérsele.
A pesar de ser Wu Wang un héroe civilizador que poca simpatía inspira a los taoístas, la época en que estos hechos ocurrieron está aún muy distante de los tiempos decadentes y algo de la antigua Virtud se manifestaba aún, pues es preciso reconocer que lo que el Sagrado Libro de la Historia nos relata al respecto, viene a ser un precioso ejemplo de lo que Lao Tse llama el no-obrar. Muchos emperadores conquistaron el Imperio por las armas (manipularon el vaso sagrado) pero no por eso se puede decir que lo ganaron según lo que Lao Tse entiende por ganar el Imperio. Wu Wang si lo ganó, a pesar de su prestigio como civilizador, y eso que ganó y que no se puede alcanzar por ningún expediente práctico, se debe a la Virtud que había en él. Consciente de que es ese el ejemplo que el fundador de la dinastía Tchu está dando, Confucio dice: “Una vez Wu Wang ciñó su armadura de guerrero y conquistó el Imperio”. Independiente del contenido histórico político de este epigrama, el filósofo Wang Pi, a propósito del tercer verso, dice que ese “reducirse cotidia namente”, es un volver al vacío. En otro pasaje lo llama el “extremo de lo poco”.También dice: “Si reducimos hasta el agotamiento se alcanza ese extremo que se llama el Uno”.
Hay una interpretación budista también de este verso. Su autor es Tao Ngan (apodado en sánscrito Kumarajiva). Dice así: “Para disminuir, toda im pureza es rechazada. Primero se disminuye hasta superar el Mal. Enseguida todo lo que ha sido purificado es también rechazado hasta superar el Bien,
porque el Mal es negación y el Bien es afirmación. Por eso el texto dice que es preciso disminuir y más disminuir (Suen y más Suen). Una vez que la negación y la afirmación han sido olvidadas, las pasiones y apetitos han sido cortados”.
El sabio Tcheng Hiuan Yin, dice al respecto: “El primer Suen (dismi nuir) disminuye el Yeu (el Ser). El segundo Suen (disminuir) disminuye el Wu (el no-Ser). De modo que disminuir el Yeu y acercarse al Wu, es disminuir una vez. Superado el Yeu y el Wu, eso es disminuir una vez más”.