En este apartado bus-
camos aproximarnos al estudio de la explotación sexual –prostitución y tra- ta de personas- en Bahía
Blanca en la década de 1990. El término ex- plotación sexual hace referencia a la victimi- zación sexual de una persona por parte de los/ as explotadores/as y prostituyentes, ligada a la
movilidad entre estados –y al interior de los mismos-, característica que correspon- de tanto las redes de explotación como las personas en situación de vulnerabilidad. Nuestro análisis de la explotación sexual: por qué las mujeres, por qué en los 90 Para empezar a pensar sobre la cuestión de la explotación sexual es importante con- siderar dos factores centrales: en primer lugar, que, por sus características y por la población a la que afecta, constituye una problemática de género; en segundo lugar, que en ella se expresaron las tensiones existentes entre el ámbito nacional-local y el internacional en un período particular de la historia argentina, la década de 1990 (Riganti 2015, Riganti 2016).
En relación a su abordaje como proble- mática de género, la explotación sexual afecta principalmente a mujeres y niñas29 en todo el mundo -en particular a las de los países del denominado Sur global-. A partir de esto, uno de los conceptos que guiarán 29 Los datos más actualizados surgen del informe de 2016 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).
nuestro análisis es el de patriarcado* u orga- nización social patriarcal, que entendemos como el establecimiento y naturalización de relaciones desiguales y jerárquicas en- tre varones y mujeres, donde los primeros tienen predominio sobre las segundas. Sostener esta perspectiva para analizar un período histórico como los 90, caracteriza- do por la pauperización de las condiciones de vida -vinculada al aumento de factores clave para el sostenimiento de la cohesión social como el desempleo y el desarrollo de procesos de flexibilización y precarización laboral- implica entender también de qué manera estos procesos afectaron a varones y mujeres. En ese contexto, el concepto de feminización de la pobreza echa luz sobre el período, en tanto expresa una interpretación de dicha pauperización con perspectiva de género*: dado que en una sociedad patriarcal las relaciones entre hombres y mujeres no son igualitarias, las reformas estructurales tampoco impactarán de la misma manera a cada género. En este sentido, “como las mujeres generalmente acceden al mercado de trabajo bajo condiciones más precarias, ellas y sus grupos familiares pasan aún ma- yores necesidades” (Weisburd 2011:198), lo cual las coloca en una situación de mayor vulnerabilidad que a otros grupos sociales.
Corresponde en este punto pensar no sólo qué consecuencias tiene este fenómeno, sino también sus causas, es decir, cómo “actúan las ‘jerarquías’ de género en la pro- ducción y reproducción de las situaciones de pobreza” (Aguilar 2011:131), entendiendo éstas en el marco de un proceso social de larga data como es la organización patriarcal de la sociedad.
En segundo lugar encontramos, entonces, la cuestión de los dos niveles sobre cuya inter- sección se sitúa nuestra problemática. Nos interesa de ellos principalmente el aspecto jurídico-normativo, ya que la inserción del país en la dinámica de la globalización -la cual generó la mayor interconexión entre actores- implicó en el ámbito legislativo cambios tendientes a uniformizar los pro- cedimientos y las regulaciones nacionales e internacionales. Esto se evidenció par- ticularmente con la consolidación del ali- neamiento de Argentina con Estados Unidos mediante la adhesión a una serie de reunio- nes en las que se abordó la defensa de los Derechos Humanos de distintos sectores de la población, en especial los de las mujeres para lo cual nuestro país firmó la Convención de Belém do Pará e incorporó la Convención por la Eliminación de Todas las Formas de
Violencia Hacia la Mujer (CEDAW por su sigla en inglés) a la Constitución Nacional. Sin embargo, las propuestas presentes en estos acuerdos internacionales encontraron límites en su materialización, ya que el nue- vo alineamiento implicó la implementación de unas reformas estructurales de carácter neoliberal que, como dijimos, consolidaron las desigualdades entre la población y que se caracterizaron por pauperizar su situa- ción (Svampa 2010). Resultó evidente en este marco la consolidación de dos procesos paralelos: por un lado la re-familiarización de tareas y reforzamiento un nuevo pa- triarcado privado (Walby 2002),30 y, por el otro, el surgimiento de la mujer global, es decir, mujeres que cruzan fronteras locales,
30 En este período, la vuelta de las mujeres a las ta-
reas de cuidado –vinculadas tanto a los servicios do- mésticos como a la prostitución- no fue un fenómeno generalizado sino que se dio en un sector determi- nado: las mujeres pobres, en su mayoría las pro- venientes del Sur global. Un ejemplo claro de esta situación fueron las mujeres dominicanas: muchas de ellas llegaron a la Argentina en los años 90. Antes de emigrar tenían trabajos en el ámbito público o eran cuentapropistas, situación que se revirtió al desti- narse, en Argentina, a las tareas vinculadas con los roles domésticos y/o el sexo.
provinciales y nacionales para ocupar unos lugares generizados: como niñeras, amas de casa, y prostitutas (Ehrenreich y Russell Hochschild 2004).
¿Por qué estudiar el caso de Bahía Blanca? Las características de Bahía Blanca permiten entender su centralidad en las rutas de la explotación sexual: la ciudad representó un nodo industrial en la zona, a medio camino entre el sur petrolero y las rutas del litoral atlántico,31 factores que, ante el impacto globalizador que implicó el aumento de los flujos de bienes y de personas –tanto varones como mujeres desplazadas de sus lugares de origen producto de su empobrecimiento-, fa- vorecieron su consolidación como núcleo de destino y tránsito en dichas rutas. Además, la ciudad estaba vinculada con los puertos de Ingeniero White y Puerto Belgrano -lo- calidades donde la explotación sexual es un fenómeno altamente visible hasta el día de 31 “Según La Casa del Encuentro (…) las zonas que de- finen los destinos de las mujeres son las rutas comer- ciales por excelencia. Por ejemplo, la ruta del petró- leo en la zona patagónica, la de la soja, la del turismo carretera en Córdoba, los festivales, etcétera, luga- res donde se garantiza la masiva presencia de clien- tes, es decir prostituyentes.” (Marengo 2010:12).
hoy, como también sucede en Bahía Blanca– y era cabecera de la región y capital de dis- trito. La localidad se insertó en las princi- pales rutas que conectaron a Argentina con países limítrofes, principalmente Paraguay, y Centroamérica, en particular con República Dominicana,32 lo que se evidenció en la gran cantidad de mujeres de esos orígenes que aparecieron en los operativos realizados en prostíbulos locales.33 Al interior del país, la 32 A mediados de la década de 1990, la migración do-
minicana prácticamente carecía de antecedentes. La ausencia de una historia migratoria -existencia de redes con capacidad de insertar a los recién llega- dos en el mercado nacional, formación de colectivi- dades y federaciones, etc.- generó que las migrantes de ese país fueran más vulnerables que otros grupos.
El informe de la OIM Migración, prostitución y trata de mujeres dominicanas en Argentina, basado en en- trevistas a mujeres que migraron entre 1996 y 2000, considera la Ley de Convertibilidad del menemismo (1991) como uno de los principales factores que pro-
movieron los ingresos de mujeres con fines de prosti-
tución (OIM 2003).
33 Entre 1990 y 2000, las migraciones desde América
Latina y el Caribe sufrieron un proceso de femini- zación. La principal variación en la llegada de mu- jeres se evidenció en la franja etaria de 20 a 29 años: mientras que en 1990 el total fue de 88.656, para el 2000 el ingreso de mujeres ya había llegado a 103.254 –un aumento del 16% en la llegada-, valores
que son significativos al compararlos con los ingresos
conexión entre el Noroeste y Buenos Aires transformó a esta última en el ámbito donde confluyeron mujeres de diversas provincias, lo cual también pudo observarse para Bahía Blanca. Las rutas fueron definidas por la circulación mujeres explotadas sexualmente desde, en y hacia la localidad bahiense, la cual puede considerarse como punto de ac- ceso hacia la Patagonia y articulador regional con otras zonas portuarias como Necochea y Mar del Plata34.
En la ciudad, las mujeres fueron explota- das en el espacio público pero también en ámbitos privados como whiskerías, pubs y cabarets que funcionaban en realidad como prostíbulos. Los mismos se ubicaron en In- geniero White, en zonas céntricas, principal- mente en la calle Soler, entre General Paz y Av. Cerri, y en el barrio Almafuerte –esquinas
decir, un aumento del 10%-. Fuente: Naciones Unidas,
https://esa.un.org/MigGMGProfiles/indicators/files/
Argentina.pdf.
34 Hasta la actualidad, Bahía Blanca sigue siendo una
zona central en el mapa de la explotación sexual: en 2013 el informe “Desaparición en democracia. In- forme acerca de la búsqueda de personas entre 1990
y 2013”, elaborado por Protex y la ONG ACCT (2015),
evidenció que en temporada alta la localidad alcanza los 400 prostíbulos.
de Gorriti y Sixto Laspiur y Rondeau y Sixto Laspiur-, siendo los principales locales Ba- rrabás, Diábolo, Acapulco y Toplay. Así, mien- tras el gobierno nacional buscó adecuar las regulaciones locales a los cánones globales en función de su interés por insertarse a nivel internacional, y se verificaban a nivel interno contradicciones en la legislación, los casos registrados en Bahía Blanca expusieron la existencia de recorridos clandestinos des- tinados a un comercio sexual que se corres- pondía con la lógica de las contrageografías de la globalización (Riganti 2017).
La interacción entre el impacto de la crisis económica y la pauperización social, el fe- nómeno de la feminización de la pobreza y las características particulares de la ciudad, generaron un clima propicio para el desarro- llo de una dinámica en torno a la explotación sexual que enlazó las lógicas del capitalismo y el patriarcado, transformando el caso de Bahía Blanca en los 90 en uno paradigmático. De esta manera, los procesos consolidados en ese período dieron lugar a la formación de un sistema de explotación sexual que se sostiene en la localidad hasta la actualidad, y que enlaza intereses de diversos sectores políticos y económicos.