la atención en este fenómeno. Para este profesor
de la Universidad de Florencia tal acumulación
en la cúspide ha generado una constricción su-
mamente peligrosa para la buena marcha de la
democracia:
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3.- la Sociedad compRehenSiva
Por cierto, hablando de justi- cia distributiva, debemos decir que uno de los temas recurren- tes de los teóricos del neolibe- ralismo, Robert Nozick entre ellos, fue el rechazo a conge- niar la libertad individual con la igualdad social.6 Por contra, escritores identificados con la tercera vía, como Bruce Acker- man, han refutado esa suposi- ción: “Nosotros rechazamos enfáticamente la idea de que hay una inexorable distancia entre la libertad y la igualdad. La sociedad comprehensiva (Stakeholder Society) prome- te más de las dos”.7 Así pues, la clave de la tercera vía radica en la íntima vinculación entre la libertad individual y la igual- dad social. Una vinculación armónica entre el liberalismo y el socialismo.
El rechazo neoliberal a la justicia social estuvo mañosa- mente mezclado con el des- precio por el populismo y el estatismo. No obstante, habría que decir que aquélla y éstos no son del mismo talante. Los neoliberales quisieron tirar a la niña (la justicia social) jun- to con el agua sucia (el estatis- mo y el populismo). Ahora se trataría de salvar la sustancia y retirar los añadidos. De otra manera, sólo estaríamos ha- blando de una reedición del Estado asistencial. La cuestión es admitir que cada individuo, en términos económicos, tiene un justo reclamo que efectuar no tanto al Estado sino a la so- ciedad en su conjunto. El mo- delo de desarrollo de la tercera vía impulsa, al mismo tiem- po, la iniciativa privada y la
equidad social. Que haya una igualdad de puntos de partida para que nadie se vea afectado por su extracción social para luego desplegar las propias ca- pacidades individuales.
De la misma manera que existe el criterio político-jurí- dico “a cada cabeza un voto” para el ciudadano, debe existir la pauta económica de que to- dos los ciudadanos tienen de- recho a gozar de los frutos de la cooperación social. La igual- dad material es necesaria para que la equidad política no sea tan sólo un postulado formal.
La sociedad justa florecerá allí donde se garantice la equi- dad a lo largo de todo el ciclo de vida a cada persona con independencia de su condi- ción social, raza, credo o nivel educativo. Esa sociedad justa, conocida también como socie- dad bien ordenada, se sinteti- za en la comprehensividad, en la inclusión, en la membresía que cada individuo tiene en la sociedad por el hecho de ser tal.8 La Stakeholder Society es una sociedad en la que todos sus miembros deben tener ca- bida, no ser excluidos y casti- gados permanentemente.
El concepto Stakeholder puede ser definido, en con- secuencia, de varias maneras: “otorgarle poder y dignidad a cada persona en materia econó- mica”; “dar oportunidad a cada quien de levantarse para ayudar a que el país se recupere”; “brin- dar elementos a todos para que trabajen en bien propio y de la sociedad a la que pertenecen”. La condición es que haya una sustancial lealtad cívica con la nación para hacer de la inclu- sión una realidad concreta.
Desde la perspectiva de la tercera vía se ha insistido en que el Estado nacional es indispen- sable como fuerza estabiliza- dora para asumir los retos de la globalización, las turbulencias financieras, la aparición de acto- res militares no convencionales como son los grupos terroris- tas y el avance telemático, por un lado; pero también, por otro lado, para encarar los embates de la fragmentación, la prolife- ración de los conflictos y la apa- rición de zonas grises carentes de autoridad 9 De manera se- mejante, se pone el acento en el fortalecimiento de un actor que hasta ahora no había sido toma- do debidamente en cuenta, esto es, la sociedad civil.
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Recordemos que la so- ciabilidad en los países que sufrieron los rigores del autori- tarismo soviético quedó cons- treñida a los hogares, y que, en el caso de los países que pade- cieron los excesos del “libera- lismo real”, esa sociabilidad abandonó los espacios públi- cos –calles, plazas y parques– por temor a la delincuencia nacida de la desesperación.
Tiene razón Tod Lindberg cuando afirma: “Este movi- miento realizado por los par- tidos de centro-izquierda a nivel internacional es el acon- tecimiento más importante registrado en la década de los noventa. Ellos, los partidos de centro-izquierda, decidieron enterrar sus viejos atavismos y obtuvieron, de esta manera, el poder y el gobierno”.10 La línea en boga, como lo hemos dicho al inicio, es producto de un profundo trabajo autocrítico.
Así lograron los “nuevos demócratas” en Estados Uni- dos lo que parecía imposible, arrebatarle la iniciativa al con- servadurismo. Los laboristas ingleses salieron a la luz des- pués de por lo menos 10 años de trabajar en la revisión de sus posiciones. Los comunistas ita- lianos, al deshacerse de la jerga maximalista y convertirse en el Partido Democrático de la Iz- quierda en 1991 columna ver- tebral del recientemente creado Partido Demócrata.
Conviene traer a colación el escrito titulado Europa: La tercera vía que comienza de la siguiente manera: “Los so- cialdemócratas están gober- nando casi todos los países de la Unión Europea. Ellos han encontrado una nueva acep-
tación gracias a que, mientras han mantenido sus valores primigenios, han iniciado un camino de renovación en sus ideas y programas. Se ha con- quistado este nuevo consen- so porque se han planteado no sólo la justicia social, sino también el dinamismo econó- mico, la creatividad y la inno- vación”.11 Es una aceptación que brotó del contacto directo con los problemas de hoy, y no de la repetición talmúdica de la jerga maximalista. Fue, de esta manera, como se moldeó el nuevo programa de acción.
Hay un esfuerzo exitoso sustentado en una serie de ini- ciativas que están siendo lleva- das a la práctica con un sólido respaldo popular. La izquierda ha conformado en esos países una clase dirigente distinta, capaz de conducir con talento los destinos de sus sociedades.
El esfuerzo no se ha cons- treñido a las personas. Por ejemplo, Gordon Brown to- mó la estafeta del gobierno laborista de manos de Blair, como lo hizo en su momento José Luis Rodríguez Zapatero respecto de la conducción del Partido Socialista Obrero Es- pañol (PSOE) que había lle- vado a cabo Felipe González. Son casos dignos de tomarse en consideración como pro- puestas de renovación doctri- naria en los partidos políticos y en los gobiernos de corte progresista. Esta es, en con- traste con la “política débil” de los conservadores, lo que podríamos llamar una “polí- tica robusta” porque ahonda sus raíces en el vínculo con los ciudadanos, los grupos socia- les y las dirigencias políticas.
4.- una alteRnativa fRente a loS
neoconSeRvadoReS
Bueno, pero la pregunta de ri- gor tendría que ser: y en todo esto, ¿qué tiene que ver Amé- rica Latina e incluso el mundo iberoamericano? La respues- ta es evidente: tiene que ver, y mucho, porque después de un proceso de transición tortuo- so y prolongado que se combi- nó contradictoriamente con la implantación del modelo neo- liberal, ahora la mayor parte de los países de la región están gobernados por la izquierda que ha echado a andar en cada nación su propia tercera vía. Díganlo si no Luiz Inácio Lula da Silva, en Brasil; Michelle Bachelet, en Chile; Tabaré Vázquez, en Uruguay; Cristi- na Fernández de Kirchner, en Argentina; Alan García, en Perú; Rafael Correa, en Ecua- dor; Oscar Arias, en Costa Rica; Álvaro Colom, en Gua- temala; Leonel Fernández, en República Dominicana; José Luis Rodríguez Zapatero (ya mencionado) en España y José Socrates en Portugal.12
Este fenómeno parece ir en consonancia con la propuesta alternativa del Partido Demó- crata en los Estados Unidos y que está viendo competir por la candidatura presidencial a Hi- llary Clinton y a Barak Obama. En referencia al caso americano habría que resaltar que se trata, a mi entender, de la renovación política e ideológica más sobre- saliente en los últimos años res- pecto de la controversia con la derecha que se llama a sí misma “neoconservadora”.
Con toda evidencia, cada caso nacional es distinto, pero en
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el plano internacional lo sucedi- do marca una tendencia hacia la superación del dilema formado por los polos opuestos del esta- tismo y el neoliberalismo.
En la agenda están pun- tos como los mencionados por Lowenthal relativos a: la interdependencia demográfi- ca, asuntos sociales de nuevo cuño, la vinculación de nues- tras economías y, sobre todo, la presencia de valores comparti- dos entre nuestros pueblos.
¿Y México? El proble-
ma es que aquí segui-
mos metidos en una
discusión absurda entre
nacionalistas y neolibe-
rales, entre políticos de
viejo cuño y tecnócratas
amateurs, entre orto-
doxos y pragmáticos.
Los debates locales, en comparación con las grandes polémicas internacionales, sue- nan a viejo, a estribillos ya muy conocidos.
La producción de ideas no- vedosas parece no tener impor- tancia. En México la tercera vía no ha sentado sus reales como ya lo ha hecho en otras latitu- des para bien de la democracia y de la solución de problemas de productividad y redistribu- ción. Quizá es por esto que la transición, que en otros lugares cuajó hace 30 años, aquí no ha terminado de consolidarse.
La clave consistiría en convocar a la elaboración de propuestas conceptuales no- vedosas y a la formación de consensos con las fuerzas po- líticas que entiendan el proce- so de transformación en curso a nivel nacional e internacio- nal. Habría que estructurar
una alianza cuyo núcleo cen- tral estuviese compuesto tan- to por un conjunto de fuerzas sociales emergentes como por corrientes políticas capaces de conducir el cambio. Un frente común, ilustrado, que sustitu- yera a la coalición conservado- ra dominante.
El punto central es conso- lidar la democracia interna y modificar el modelo de desa- rrollo para sacar al país del os- tracismo en el que se encuentra y recuperar el liderazgo que tu- vimos durante largo tiempo en el mundo iberoamericano. Esto ayudaría a tener una mejor re- lación con nuestros vecinos del norte, al tiempo que nos mo- vería a jugar un papel mucho más importante en el proceso de globalización en curso del que hoy, hay que reconocerlo, estamos sentados en el último vagón. c
1. Periódico Reforma, 14 de febrero de 2008.
2. G. O’Donnell, P. Schmitter, L. Whitehead, Transi- ciones desde un gobierno autoritario, Paidós, Argentina,
1991, p. 19.
3. Danilo Zolo, Il Principato Democratico, (per una teoría realistica della democrazia), Feltrinelli, Milán, 1992, p. 132.
4. Anthony Giddens, La tercera vía (la renovación de la so- cialdemocracia), Taurus, Madrid, 1999, p. 123.
5. John Rawls, A Theory of Justice, Harvard University Press,
Cambridge Massachusetts, 1971, cfr, pp. 453-512; Salvatore Veca, La societá giusta, Il Saggiatore, 1988, cfr, 31-52.
6. Robert Nozick, Anarchy, State and Utopia, Basic Books,
Nueva York, 1974, cfr. Part II.
7. Bruce Ackerman, The Stakeholder Society, Yale University
Press, 1999, p. 4.
8. Para conocer al significado de este término extraído del lenguaje financiero me apoyo en P. Newman, M. Milgate y J. Easwell (ed.), The New Palgrave Dictionary of Money and Fi-
nance, Mcmillan Press Limited, United Kingdom, 1994, don-
de se encuentra el concepto Stakeholder en las pp. 528-529.
9. Ralf Dahrendorf, After 1989, San Martin Press, Nueva
York, 1997, p. 10.
10. Tod Lindberg, “Why the ‘Third Way’ Is Winning”, The Wall Street Journal, 26 de mayo de 1999.
11. Citado por Ralf Dahrendor, “The Third Way and Liber- ty”, Foreign Affaires, septiembre-octubre de 1999, p. 13.
12. Esta es una lista de los gobiernos iberoamericanos que yo considero cercanos a lo que se ha dado en nombrar también como “la socialdemocracia renovada”. No ignoro que hay otras opciones de izquierda en América Latina, como la de Hugo Chávez, en Venezuela; Evo Morales, en Bolivia, y Da- niel Ortega, en Nicaragua, pero, a mi parecer, esos gobiernos, tal como lo han expresado abiertamente sus dirigentes, sim- patizan con el modelo cubano que, en mi concepto, sale del esquema de la democracia liberal, social y constitucionalista para encajar en el viejo proyecto del socialismo autoritario.
Notas
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a democracia siempre ha sido objeto de críti- cas a pesar de ser reconocida como la mejor forma de convivencia social, porque se le ha considerado insuficiente. El principal cues- tionamiento se ha dirigido a las limitaciones que impone a la participación de los ciuda- danos y que se originan en que, por encima de todo, la democracia es, como la definiera Joseph Schumpeter, un procedimiento civili- zado y racional que permite a los ciudadanos
solamente elegir a sus gobernantes entre op- ciones determinadas. Si esto pareciera encasi- llar a la democracia en un esquema en extre- mo formal, el problema más delicado es que restringe la participación de los ciudadanos al ejercicio puramente electoral. Es por eso que la observación crítica de Rousseau acerca de que la libertad y participación de los ciudada- nos termina con el acto de depositar el voto, parece seguir teniendo vigencia.