gobierno federal pretendía habrían
tenido, en el mejor de los casos, efec-
tos sobre el crecimiento económico
de mediano plazo, mientras que
sólo políticas económicas adecuadas
implicarían efectos inmediatos a fa-
vor del crecimiento.
Por otra parte, la retracción de la inversión privada no puede explicarse a partir de que no se hayan realizado reformas estructurales, pues- to que las decisiones de inversión no se basan en posibles cambios jurídicos o en un impredecible futuro económico. Los elementos fundamenta- les en las decisiones de inversión privada son la confianza y la certidumbre que dan el presente y su proyección tangible. Por ello, la retracción de la inversión privada en la economía nacional y la caída de la inversión extranjera se explican, más que por la falta de reformas, por la incerti- dumbre en la conducción del país que lo llevó al estancamiento económico.
Existe un fenómeno económico altamente preocupante, de sobra conocido, que consiste en que en un contexto de estancamiento productivo el crecimiento de la población se convierte en una masa de desempleados que tiene como función en la economía de mercado el presionar para que no aumenten los salarios reales ni la calidad del em- pleo. La caída relativa de la masa salarial es con- secuencia directa del estancamiento macroeconó- mico, y el crecimiento poblacional se convierte en un dispositivo perverso de control salarial.
En el gobierno foxista, la caída del empleo, o si se quiere el aumento del desempleo, la dismi- nución relativa de la masa salarial y la retracción de la inversión privada se combinaron para redu- cir la demanda de bienes y servicios intermedios y finales. Este receso en la demanda sólo podía ser enfrentado exitosamente por las grandes em- presas que contaban con márgenes suficientes y recursos excedentes para mantener o incremen- tar su mercado, mientras que las pequeñas y medianas empresas arrastraron dificultades ma- yores para mantenerse en el mercado y mayores requerimientos para conservar sus activos.
La reducción de los ingresos en los hogares de la población trabajadora, las menores oportu- nidades de empleo para una población creciente en edad de trabajar, la retracción de la inversión que desarrolla la infraestructura de la planta pro- ductiva y el descenso en la magnitud de la de- manda tienen un nocivo corolario: deterioro y caída de la calidad de vida de la población, pola- rización en la distribución del ingreso y pérdida de confianza de los agentes productivos.
Para concluir, debe expresarse que en el pe- riodo 2001-2006 la carencia de políticas pú- blicas viables generó un permanente ejercicio coyuntural, al amparo de una especie de prag- matismo económico, político y social; esto es, la falta de políticas públicas conductoras pro- pició un desempeño ineficiente, incongruen- te, inconsistente y errático, pero mayormente ineficaz para el mejoramiento de la realidad nacional.
La estabilidad macroeconómica del país he- redada al gobierno foxista, no obstante su mos- trada fortaleza, fue insuficiente para generar por sí misma crecimiento económico, porque no fue aprovechada mediante políticas económicas, co- merciales, industriales y laborales adecuadas.
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Es decir, las promesas demagógicas, la au- sencia de políticas públicas viables, las metas irreales y la incompetencia gubernamental se tradujeron en mayores rezagos que lastrarán a las generaciones futuras y que, en lo inmedia- to, se manifiestan en desempleo, bajos ingresos, inequidad, pobreza y desequilibrios profundos para el desarrollo de nuestro país.
El estancamiento y deterioro económico al que ha sido llevado México no es sólo un pro- blema de disminución de la producción de bie- nes y servicios, es sobre todo un severo proble- ma de desperdicio y destrucción del potencial productivo, pérdida de riqueza y de progreso social. Un crecimiento económico de 1% o 2% significa que no se están aprovechando plena- mente las potencialidades de los recursos pro- ductivos –capital humano y capital físico– y que se está dilapidando el potencial de una so- ciedad construido a base de enormes esfuerzos individuales y colectivos.
El estancamiento productivo nacional tuvo como consecuencia directa, en el periodo ana- lizado, la desestructuración de encadenamien-
tos económicos y sociales sobre los que se sus- tenta toda la dinámica económica; asimismo significó la pérdida irrecuperable de un espacio económico y de oportunidades de inserción global que otras naciones del mundo aprove- chan en cada coyuntura en el continuo proceso de la integración global.
El gobierno foxista intentó convencer a la opinión pública de que el estancamiento econó- mico nacional fue resultado de la negativa de los partidos políticos en el Congreso para aprobar, sus muy discutibles y hasta inviables iniciativas de reformas estructurales; pero, en el mejor de los casos, tales reformas sólo habrían tenido efectos sobre el crecimiento económico en el mediano plazo, mientras que únicamente políticas econó- micas adecuadas implicarían efectos inmediatos y permanentes a favor del crecimiento.
Finalmente, la conjunción de los elementos planteados tiene un nocivo corolario: deterioro y caída de la calidad de vida de la población, polari- zación en la distribución del ingreso y pérdida de confianza de los agentes productivos. Ese es, en suma, el saldo del periodo foxista de gobierno. c
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En este periodo libra sus más famosas batallas intelectuales: 1) contra el bergsonismo, con Le bergsonisme ou une philosophie de la mobilité (1912) y Sur le succès du bergsonisme (1914); 2) contra el decadentismo en literatura con Bel- phégor. Essai sur l’estéthique de la société française dans la première moitié du XX siècle (1918); 3) contra la traición de los intelectuales con La trahison des clercs (1927) y La fin de l’éternel (1928). Cerrado el ciclo de la polémica, elabo- ra, a modo de justificación teórica y moral de la propia posición de “idealista abstracto” o de “ra- cionalista absoluto”, en una palabra de “clérigo”, un sistema metafísico in nuce (una especie de novela filosófica de gran fuerza sugestiva) con el Essai d’un discours cohérent sur les rapports de Dieu et du monde (1931). Por fin, respecto de este mismo clérigo, trata de comprender su na-
turaleza y circunstancia terrenal con dos escri- tos autobiográficos que están entre los mejores de los suyos –verdadero modelo de examen de conciencia de un literato: La jeuneusse d’un clerc (1936) y Un régulier dans le siècle (1937).
Antes de 1910 (es decir, de los 40 años) apenas si había escrito: permanecía silenciosa- mente apartado en el estudio de las más diversas disciplinas y artes, de la filosofía a la música, de la literatura clásica a la moderna (sobre todo la francesa del Siglo de Oro), de la matemática (de la que cursa estudios regulares en la Escuela Po- litécnica) a las ciencias biológica y física. Rom- pe su aislamiento sólo con ocasión del asunto Drey fus, escribiendo el primer artículo vio- lentamente “dreyfusista” en 1898, en la Revue Blanche, seguido de otro apartamiento, después del breve Dialogue à Byzance.