3. Referente
3.2. Referente teórico
3.2.2. Concepción de educación
Pensar en la noción de educación no es fácil, pues su conceptualización ha variado y se ha construido a través de los diferentes momentos de la historia. Si vemos el origen de la palabra, educación viene del latín ducere, “ducto” y con el prefijo “e” quiere decir “sacar del ducto”, “hacer aflorar” (20). Sin embargo los autores coinciden que el concepto de educación depende de la idea que se tiene principalmente del individuo.
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En el referente de esta investigación, y con la subjetividad que implica estar inmerso en la comunidad que desarrolla esta práctica en AIEPI, la educación se concibe como un acto en el cual se determinan acciones pensadas para el otro, con el otro y para el otro, y esto implica el reconocimiento del individuo como persona. Para ello, se recoge la definición de persona que nos presenta Romano:
el ser conformado, interiorizado, espiritual y creador, siempre que […..] este en sí mismo y disponga de sí mismo. Persona significa que en mi ser mismo no puedo, en último término, ser poseído por ninguna otra instancia, si no que me pertenezco a mi [….] persona significa que no puedo ser utilizado por nadie, sino que soy fin en mí mismo(21).
Romano pone de manifiesto que la persona no puede ser instrumentada, por lo tanto cada espacio de educación implica una construcción única dialógica entre el educando y el educador, el reconocimiento del otro, la educación como construcción no como un depósito de conocimiento.
El fin de la educación ha tenido sus contraposiciones, estas se encuentran entre planteamientos que la orientan para la sociedad y otros hacia las necesidades de la persona. Por una parte, Emilio Durkheim (1958) manifiesta que en cada individuo existen dos seres, uno “constituido por todos los estados mentales que no se refieren más que a nosotros mismos y a los acontecimientos de nuestra vida privada” (22) y el otro se constituye por el “sistema de ideas, de sentimientos y de costumbres que se expresan en nosotros, no nuestra personalidad, sino el grupo o los grupos diferentes en los que estamos integrados” (22).
Por esto, la educación está influenciada a partir del cambio para la sociedad que se quiere “es la sociedad, en su conjunto, y cada ámbito social especifico, los que determina ese ideal que la educación realiza” (22), la educación inmortaliza en el niño semejanzas esenciales que requiere la vida colectiva.
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Sin embargo, para Rousseau el fin de la educación es la vida misma y se debe enseñar al hombre a ser feliz “el hombre que más ha vivido no es el que tiene más años, si no el que más ha aprovechado la vida” (23). Rousseau manifiesta que la educación en el niño debe estar lejana de la acumulación de la información, “lo que importa es que aprenda a pensar, y para ello el niño tiene que madurar y disfrutar corporalmente en primer lugar, tiene que educarse a través de los sentidos y asimilar la enseñanza que proporciona la dependencia de las cosas” (23).
Ambos coinciden en que hay que reconocer las particularidades del individuo cuando se piensa en la educación; sin, embargo el primero centra el fin de la educación para el uso de la sociedad mientras que para segundo prima la felicidad del hombre.
Ubicar al hombre como un instrumento de la sociedad y la educación como el medio por el cual se logra este objetivo, convierte al ser humano en algo inanimado, sin posibilidad de cambiar esta posición, a expensas de lo que la sociedad le imponga según su conveniencia.
No obstante, Böhm tiene otra concepción de la educación, esta se convierte en un proceso activo, en el cual no se tiene que recibir o soportar la educación, sino que es un espacio para crear y deconstruir, “la persona- a través de sus características constitutivas: Razón, libertad y lenguaje- se forma a sí misma en un crearse y en un construirse” (2000) (24). La educación es un constructo donde el educando hace parte activa del proceso, desde él, con él y para él. En su “alegoría de la caverna”, Platón concluyó que “en el alma de cada uno hay el poder de aprender y el órgano para ello” (21).
Igualmente, Paulo Freire en su obra “Pedagogía del Oprimido”, propone un cambio de la perspectiva de la educación y presenta una educación basada en el dialogo en un ir y devenir del conocimiento, donde el educando sea un miembro activo en su transformación. Manifiesta que una “educación Bancaría”, que se convierta en “el acto de depositar, de transferir, de trasmitir valores y conocimientos” (25), convierte al educando es un ser pasivo en el
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proceso educativo. Proponer programas con este enfoque “sea éste educativo en un sentido más técnico o de acción política, que no respete la visión particular del mundo que tenga o esté teniendo el pueblo”, se consideraría una especie de invasión cultural, aunque se realice con la mejores intenciones (25). En contraposición Freire plantea una educación liberadora, que recata “el derecho a pensar de aquellos a quienes la estructura de dominación capitalista les ha robado ese derecho” (26). Esto lleva a que la educación se constituya “en un acto político y un acto de transformación del hombre y de la sociedad que implica generar espacios de lucha donde las personas recuperen el derecho a expresar, a pronunciarse, a participar en la creación y recreación de su cultura”(26).
Las posiciones de Freire confluyen en la pedagogía crítica, un modelo alternativo de educación, que enmarca sus postulados alrededor de: la participación social, la comunicación horizontal entre los diferentes actores que integran los estamentos, la significación de los imaginarios simbólicos, la humanización de los procesos educativos, la contextualización del proceso educativo y la transformación de la realidad social (27). Es necesario hacer un cambio en la concepción de la educación y no olvidar que finalmente el eje central es el hombre, por lo tanto es de vital importancia su participación en la construcción de estos procesos.