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Concepciones de Maternidad

CAPÍTULO V. RESULTADOS Y ANÁLISIS

5.2. Análisis de resultados

5.2.2. Concepciones de Maternidad

En esta categoría se presentarán y analizarán las concepciones que se tienen de la maternidad por medio de la voz de Diana que corresponden a las concepciones propias y a través de las voces de los funcionarios que trabajan en la institución que serán denominadas concepciones culturales.

5.2.2.1. Concepciones Propias

Ser mamá: Diana nos habla de la maternidad desde su experiencia como hija

“yo creo que mi mamá mamá, no sabia que era ser mamá ella nos tuvo y luchó y todo, pero nunca pensó en que alejar a un hijo del lado de ella iba a ser muy doloroso, porque ella que nos dio a las cuatro mujeres y los tres hombres se quedaron con ella, ella no pensó que si daba a sus niñas iba a ser para una, para alguna o para las cuatro, iba a ser muy doloroso al saber en que se había

convertido su mamá, que las regaló que no las quiso, ni pensar que por ella querer dar, como no querer vivir lo que ella no vivió, a mi me hizo vivir muchas más

cosas, pues si, si se empeñó en luchar por los tres niños y todo, pero ella debió haber dejado los hombres, haber preferido más a sus hijos que a sus hombres,

“pues mi otra mamá tenia un rol alterno, pero no lo supo desempeñar, por que ¿si? daba maltrato porque uno de niño es así, que si le pegan más se vuelve rebelde y lo he visto y yo debí haber visto que, que ella si me maltrataba más me rebeldizaba, que el maltrato que ella me daba yo me volvía más rebelde y ya, porque de resto ella me quiso dar el estudio, todo.”

Como se puede observar las concepciones de la maternidad para Diana no solamente se relacionan con tener hijos y luchar por sacarlos adelante, sino que también reconoce que se requiere de amor, de la creación de vínculos afectivos, del acompañamiento constante y de preferir a los hijos por encima de muchas otras necesidades; de igual forma, manifiesta que la educación hace parte de esas funciones como madre; no obstante, aparecen otros factores como el maltrato, el abandono, la negligencia y la falta de empatía, sobre los cuales, ella llama la atención, reconociéndolos como características de una mala manternidad que relaciona con la maternidad ejercida por su madre biológica y por su madre sustituta. Todo lo anteriormente expuesto, guarda una estrecha relación con las funciones parentales descritas por Barudy y Dantagnan (2005) relacionadas con la función nutriente, socializadora y educativa, que se basan en la teoría del apego propuesta por Bowlby (1988) y en aquellas interacciones que describe Spitz (2014).

De todo eso me enseñaron algo: Diana nos habla de aquellos aprendizajes que necesitó para ser mamá basados en la resiliencia

“de todo eso me enseñaron algo, que ya soy mamá, yo miro a mi mamá y me enseñó que primero, es que ella no quiso a sus hijos yo no voy a cometer el mismo error que cometió mi mamá, mi mamá nos dejó, yo ya tengo a mi hijo, mi mamá nos dejó, yo no voy a repetir la misma historia, mi madrina me pegó, no le voy a pegar a mi hijo, no le voy hacer lo mismo que me hicieron a mi ¿si?, a pesar

de todo eso, mi madrina me daba muchos consejos y de todo, (…) de todo eso me enseñaba cosas y de todo eso yo aprendí”

“A pesar de todo yo la quiero, yo todavía la quiero porque ahí le respondo, que si amo a mi mamá porque yo ahora soy mamá y yo ya la puedo entender en algunas cosas y por eso yo la quiero (…) mi mamá me dio fue porque ella quería lo mejor para mí, no fue la mejor decisión, pero en su mente era lo que ella creía”

Como se puede observar, la resignificación de sus vivencias pasadas y el encontrarle un sentido distinto a lo sucedido, le permitió a Diana realizar descargas emocionales de manera adecuada, pudiendo identificar aquellos factores relacionados con las incompetencias parentales, desde los cuales se desprendieron aquellas situaciones adversas por las que tuvo que pasar, para tenerlos como referentes de aquello que no debe hacer una mamá; es allí, donde radica la mayor parte del aprendizaje de la maternidad de Diana, pues como bien lo señalan Barudy y Dantagnan (2005) es desde aquellas experiencias de la infancia, desde donde se inicia el aprendizaje de la parentalidad; no obstante, es la resiliencia la que juega aquí un papel fundamental, pues de no ser así, Diana no habría logrado superar la adversidad presente en sus experiencias de vida, ni habría podido realizar los aprendizajes necesarios para lograr adaptarse positivamente a las demandas que le genera el reto de ser una buena madre. Finalmente, se debe reconocer que la maternidad cumple aquí dos papeles fundamentales; por un lado cumple un papel empático, puesto que es a través de su propia maternidad que Diana logra descifrar y comprender la maternidad de su madre biológica y de su madre sustituta y por el otro, está el papel de la

sublimación20 que permitió , pues fue la represión el ‘mecanismo de defensa’21 empleado ante las situaciones vividas; por tanto, es a partir de la resignificación de sus experiencias que logra generar una descarga adecuada y efectiva que le permite estar tranquila consigo misma y por ende con su bebé. “yo tengo que perdonarla a ella y aceptar cosas y todo; dejar esos rencores, perdonar, dejar de ser rencorosa, porque eso me carga a mi, si me carga a mi yo cargaré a mi hijo de eso también” Diana refiriéndose a su madre biológica.

Ser mamá: Diana nos habla de la maternidad desde su experiencia de ser mamá

“Ser mamá es dar todo por sus hijos y luchar por uno también, no desgastar, no olvidarse que uno es mujer, porque a nosotras como madres se nos olvida que es ser mujer (…) a nosotras se nos olvida que somos mujeres y si tenemos a un hombre al lado nos dejamos manipular de ese hombre, nos volvemos como: ya no nos arreglamos, ya andamos simpre en la casa, ya no hacemos lo que antes hacíamos, divertirnos, no, en la casa como guisas y no nos arreglamos, ahora nos dejamos pegar, nos dejamos maltratar físicamente, emocionalmente, de todo, nos baja el autoestima un hombre y si estamos solas peor, no recordamos también que somos mujeres, somos madres y luchamos por nuestros hijos, pero así, como nosotros luchamos por nuestros hijos luchemos por nosotras arreglarnos, vernos bonitas, ir a cine con nuestros hijos, sacarlos al parque, compartir con ellos, eso es ser madre (…) ver a su hijo crecer, enseñarle las cosas buenas.”

20Proceso psíquico inconsciente que para Freud da cuenta de la aptitud de la pulsión sexual para reemplazar un objeto sexual por un objeto no sexual (connotado con ciertos valores e ideales sociales) y para cambiar su fin sexual inicial por otro fin, no sexual, sin perder notablemente su intensidad.” (Laplanche & Pontalis, 1996, p. 642)

21“Operación por la cual un sujeto confrontado con una representación insoportable la reprime a falta de medios para ligarla con otros pensamientos a través de un trabajo de pensamiento (…) los

mecanismos de defensa son puestos en juego para evitar las agresiones internas de las pulsiones sexuales cuya satisfacción trae conflictos al sujeto y para neutralizar la angustia que de ello de deriva.”

A partir de lo que Diana considera es ser mamá, se hace evidente una lucha constante entre la mujer y la madre, la misma que señala Badinter (1991), no obstante, hay que reconocer que aquí el contexto cultural y social juega un papel fundamental en la resolución de dicha lucha, puesto que como se puede observar en el relato de Diana, muchas de las mujeres que se convierten en madres

quedan relegadas bajo la sombra de la madre dejando de lado a la mujer debido a las exigencias de una sociedad machista y patriarcal que hipervalora la

maternidad; esto ha llevado a varias mujeres a desarrollar única y exclusivamente aquellas labores relacionadas con el hogar y el cuidado de los hijos, o a vivir

experiencias de sobrecarga ocupacional cuando esta desea trabajar, al igual que a situaciones de violencia intrafamiliar tanto física, como verbal y psicológica.

Aun así, es de rescatar que para Diana la mujer debe reivindicarse y así,

reconocer y suplir sus propias necesidades y deseos, en busca de ser una buena madre; esto quiere decir que no se puede desconocer que antes de madre se es mujer, o mejor, que se tiene una relación indivisible entre la mujer y la madre pero que ninguna de estas pesa más que la otra, y que por tanto, la familia, la sociedad y el Estado deben empezar a aceptar y a configurar acciones que les permitan a estas mujeres desarrollarse, plenamente y con libertad, tanto en su aspecto maternal como en su aspecto individual de mujer.

5.2.2.2. Concepciones Culturales

Naturaleza y Divinidad: La maternidad vista desde la institución

Con respecto a las concepciones culturales, se hizo énfasis en las concepciones que se tenían de la maternidad dentro de la institución puesto que, a partir de ellas, se diseñaban e implementaban estrategias con las adolescentes y sus bebés. Cabe resaltar que estas se recogieron mediante la técnica de grupo de discusión. A continuación, se presentan dichas concepciones:

Funcionaria 1: Es algo innato que se desarrolla en la relación madre-hijo, como reconocer el llanto, es como el vínculo afectivo.

Funcionaria 2: Es algo que empieza desde el momento en que empezamos a reconocer a nuestro hijo en el vientre y se hace más fuerte cuando nace.

Funcionaria 3: Es algo primitivo, innato, sin embargo, en algunas ocasiones es triste que se vea más en las mamás animales que en las mamás humanas, es un don, que se da por ser mamá.

Funcionaria 4: Es un sentimiento innato que genera en la mamá cuidado por su bebé, protección, ayuda, sobreprotección.

Funcionaria 5: Proceso que viene del primer momento de gestación y en la lactancia se aumenta, es dar protección a los riesgos que pueda tener el bebé.

Funcionaria 6: Es algo innato, es como un chip que se activa al ser mamá y así cuidar a su bebé.

Funcionario 7: Es una conexión total de sentimientos entre la mamá y el hijo.

Funcionaria 8: Es algo que produce amor, que debe desarrollarse, es empatía, conexión, responsabilidad, protección, y depende de las experiencias de la mamá.

Funcionaria 9: Es como proteger, es una conexión, es algo que Dios nos dio.

Funcionaria 10: Es algo innato, un sentimiento, un don, algo que Dios no da, es proteger, cuidar, amar, ese soplo de vida que crece dentro de nosotras.

Funcionaria 11: Es un vínculo que se da con el hijo en el vientre, se aprende a medida que avanza el tiempo, es proteger de los riesgos al bebé.

Dentro de las respuestas manifestadas por el grupo, se identifican algunos

conceptos sobrepuestos o amalgamados que varían entre vínculo afectivo madre- hijo, el apego, los cuidados, la maternidad, entre otros, que pareciera son

determinantes en la construcción de las concepciones que tienen de la

maternidad; conceptos como: el ser innato o un chip, denotan cómo se asume que por el hecho de que una mujer esté embarazada, de manera automática se inicia el desarrollo del vínculo materno; de igual forma, esta tiene gran relación con la resolución de las necesidades que el bebé pueda presentar, las cuales a su vez, están mediadas por el amor y la comprensión. También, aparece lo espiritual o divino, en la medida en que se lo atribuyen a entidades religiosas, señalando que es un Don que Dios dio a las mujeres, o que algunas veces, se los da cuando quedan embarazadas, debido al "soplo de vida que crece dentro de ellas".

La mayoría de las concepciones que se tienen en la institución giran en torno a la constitución de la maternidad a partir del instinto materno, ya sea que este se haya dado de manera natural o que tenga un origen divino; de igual manera, es

evidente que allí la mujer desaparece pues solamente se es reconocida la madre; esta es la razón por la cual la mayoría de las acciones allí desarrolladas estaban enfocadas a fortalecer o estimular la maternidad sin tener en cuenta las

necesidades específicas que presentaba la mujer, todo lo anterior, coincide con lo planteado por Badinter (1991) frente a las reflexiones que hace de la lucha que existe entre la madre y la mujer en relación a las expectativas de sociedad y la cultura.

“para motivarlas les damos como puntos, entonces cuando están muy pendientes de sus bebés y hacen todas las tareas pues se ganan cosas, como dulces, ropa para sus bebés, o cositas así, y como algunas de ellas pueden salir a visitar sus familiares los fines de semana entonces si no cumplen con eso durante la semana

pues se les niega la salida… así ha sido como la única forma que hemos medio logrado que ellas puedan estar pendientes de los niños… eso es muy triste,

porque finalmente los bebés no tienen la culpa, y tu vieras lo lindos que son, yo no sé como pueden ser así con ellos.” Coordinadora de la institución.

De igual manera, se puede observar, que las acciones de cuidado de los bebés realizadas por las adolescentes, estaban fomentadas en mayor medida por el condicionamiento de poder salir de la institución que por el deseo mismo de querer hacerlo, razón por la cual, el impacto que había tenido la estrategia no ha sido realmente efectivo; siendo evidente entonces el papel de la cultura que describen Geertz (2003) y Freud (2010), frente a la modificación de los comportamientos de las personas; de allí, que en palabras de la coordinadora “hemos medio logrado que ellas puedan estar pendientes de los niños”; adicionalmente y debido a las concepciones que se tienen de la maternidad en la institución, las acciones que allí de desarrollaban estaban enfocadas a generar esquemas de control para el cumplimiento de las funciones parentales; no obstante y a pesar de que esta institución está enfocada a la atención integral de adolescentes en estado de embarazo o en proceso de lactancia que hayan tenido vulneración de sus

derechos, no se realizaban acciones puntuales encaminadas a atender aquellas situaciones emocionales resultantes de la vulneración de sus derechos.

Esto se debe a la hipervalorización que tiene la maternidad en nuestra sociedad, por tanto, el deseo de la institución giraba en torno al ejercicio de una buena

maternidad que terminaba por convertirse en una exigencia para las adolescentes, aun así, dichas exigencias terminaban por agobiar a las adolescentes madres aun más. “Las enfermeras me decían que yo… me hacían creer que yo no era una buena mamá, que yo no lo quería, incluso una de las enfermeras un día me llegó a decir que si era que yo no lo quería tener y pues esa vez me dolió porque pues, o sea, a pesar de que yo no fuera tolerante y nada de eso, yo lo quería porque pues es mi hijo”.

Es importante señalar que fue necesario, generar un espacio de reflexión y capacitación, en el cual se reconociera la maternidad como ese conjunto de competencias que se deben desarrollar para aprender a tener empatía con los bebés y así poder identificar sus necesidades y resolverlas; a su vez, se logró visibilizar que la maternidad depende de las experiencias de vida y de los

aprendizajes que se puedan adquirir en torno a ella; es así, como se reconfiguran las visiones que se tienen de la maternidad y se empiezan a diseñar e

implementar otras estrategias para las adolescentes, reconociendo sus angustias, experiencias, saberes y necesidades.

“bueno pues yo creo que con todo lo que hemos visto y dicho, es importante ver también cuál ha sido la vida de estas chicas, porque la mayoría de ellas ha tenido unas familias muy disfuncionales, llenas de maltrato, situaciones precarias,

pobreza, drogas, y eso pues las lleva a encontrar refugio de todo eso en una relación amorosa, Stiven ahorita nos explicaba como las experiencias de vida inciden en la manera de ser mamá, entonces en estas niñas que han estado en entornos hostiles, que muchas de ellas han sido maltratadas, que han estado expuestas a tantas y tantas situaciones, que pues no son nada fáciles, pues claro, eso tiene que ver muchísimo con lo que vemos en ellas ahora siendo mamás.” (Psicóloga de la institución)