3. LA ADAPTACIÓN PSICOSOCIAL 54
3.1 EL CONCEPTO DE ADAPTACIÓN 54
Definir el concepto de adaptación sintetizando su significado y con precisión es una tarea compleja.
En El origen de las especies Darwin (1859) sugirió que las demandas del medio ambiente externo son las que determinan la adaptación de los seres vivos. Desde entonces el término adaptación se utilizó en las Ciencias Naturales.
De acuerdo con la conceptualización de Cosacov (2007), al término adaptación se le han atribuido diversos significados, dependiendo, del contexto y del momento. Como primera definición, adaptación es la acción recíproca entre el individuo y su medio. Es una relación marcada por la modificación de la conducta del individuo respecto a las condiciones del medio en el que vive y que permitirá evolucionar al individuo. En el evolucionismo darwiniano el concepto de adaptación es esencialmente dinámico. García Hoz (1961) lo definió como “autorregulación de un organismo para responder de modo positivo a la situación ambiental en que se encuentra” (pág. 2).
La adaptación también posee diversos significados, según sea empleado por la Biología, la Psicología Social, la Psicología Cognitiva o la Medicina. Incluso en la Biología tiene dos acepciones: al hablar de la evolución, adaptación significa adecuación al medio, pero tal adecuación puede ser genotípica o fenotípica. La primera implica una adecuación del sistema genético a las exigencias del medio; la segunda, una adecuación del individuo a las exigencias del medio. García Hoz (1961) mostró como “en términos biológicos, adaptación es vida” (pág. 2). En Psicología Social se habla de adaptación como adecuación al medio cultural, pero se distingue entre “adaptación pasiva” o conformismo y, “adaptación activa” propia de la persona que acepta las reglas de juego sociales, para progresar en el entorno. Para la Psicología Cognitiva (Piaget, 1969), la adaptación es la meta última del comportamiento inteligente y sintetiza el equilibrio entre acomodación y asimilación. En Medicina se habla de “síndrome general de adaptación” como sinónimo de estrés, definido como una reacción psicofisiológica que prepara al organismo para un esfuerzo, señalándose (Rodríguez Sacristán, 1998) “la reacción del organismo ante situaciones ansiógenas lo que supondría un significado más psicofisiológico, de adaptación funcional del cuerpo” (pág. 522). Por último, en Psicología
Experimental, se habla de la adaptación como al equivalente de habituación a un estímulo (Cosacov, 2007)
El carácter activo y subyacente al sujeto de la adaptación, es mostrada por diversos autores, por ejemplo Binet (1899), entendiéndose como la creación de una estrategia para realizar una tarea.
Otros autores, por ejemplo Issacharoff y Madrid (1994), presentan la adaptación como un estado de equilibrio meta-estable (en terminología de Piaget se trata de una “invariante variable”) de un organismo/ medio cuyo estadio resultaría de las múltiples interacciones recíprocas.
Un enfoque alternativo sobre la adaptación es aportado por Gallimberti (2002), que la delimita como el proceso a través del cual un individuo establece con su ambiente natural o social una condición de equilibrio, o por lo menos, de ausencia de conflictos. El proceso ocurre a través de la combinación de operaciones aloplásticas, orientadas a modificar el ambiente, o autoplásticas, dirigidas a modificarse a sí mismos en virtud de un equilibrio aceptable. Cuando el resultado de estas operaciones no surte efecto se habla de desadaptación, refiriéndose generalmente al ambiente social. El concepto, presente en todas las teorías psicológicas es asumido por el funcionalismo como principio explicativo de la génesis y del sentido de todas las actividades psíquicas.
En Psicología General, es corriente hablar de adaptación en el ámbito emotivo, donde se distinguen emociones de emergencia (dolor, miedo, angustia) que disuaden al individuo de comportamientos lesivos, y, de emociones de bienestar (afecto, alegría) que comportan comportamientos favorables al sujeto. Esta autorregulación hedonista es el primer inicio de los procesos de adaptación, que se desarrollan después en la dirección de las gratificaciones aplazadas respecto de las inmediatas, lo que permite la superación del nivel emocional en formas más maduras de autocontrol. Este enfoque de adaptación puede encontrarse en Páez, Valencia, Morales, Sarabia y Ursua (1992) quienes señalan que “representa una evolución conceptual
continua en la psicología de la adaptación ya que considera los procesos cognitivos como funciones conductuales adaptativas” (pág. 166).
La Psicología Social -por ejemplo Emler y Glachan (1988)-considera que la adaptación es una de las más importantes modalidades del desarrollo psíquico del individuo, por lo que analiza cada variable del psiquismo individual como función de la adaptación social, entendida como la adecuación a los estándares de comportamientos requeridos por la cultura ambiental de pertenencia, y como anticipación a los modelos esperados por la estructura social. Como han mostrado “esta perspectiva hace pensar que el estudio del conocimiento social se desembazará de las concepciones fundamentalmente individualistas del funcionamiento cognitivo” (pág. 96). Toda forma de desviación es desadaptación que requiere una serie iniciativas formativas, educativas, pedagógicas, dirigidas a la readaptación. Existe además una concepción dinámica de adaptación fundada en el análisis de las motivaciones que actúan como base energética del comportamiento, de las decisiones que llevan a la acción conductual, y de las modalidades de desarrollo de la organización social, lo que lleva a una continua revisión de las técnicas adaptativas que se utilizan en cada ocasión.
Como común denominador a la definición de adaptación se puede señalar que es un doble proceso (personal y social) relativo, que supone un núcleo de armonía y que los calificativos “adaptado” e “inadaptado” llevan implícitos juicios valorativos.
La adaptación, aunque puede considerarse como un estado, es básicamente un proceso (García Hoz, 1961) y, por esta razón, adaptarse no es someterse (Bodin, 1947) sino colaborar e influir personalmente en lo que se considera valioso.