2.2.2. La Inteligencia emocional
2.2.2.2. Concepto de inteligencia emocional
Aunque la psicología conoce desde siempre la influencia decisiva de las emociones en el desarrollo y en la eficacia del intelecto, el concepto concreto de la inteligencia emocional, en contraposición al de coeficiente intelectual, fue planteado hace unos años por los psicólogos Mayer, J. y Salovey (1994), y si bien, no existen tests para medirla con exactitud, varias pruebas que valoran este aspecto pueden ser muy útiles para predecir el desarrollo futuro de una persona.
La inteligencia Emocional la define Mayer y Salovey (1994: 25) como “una parte de la inteligencia social que concierne a la habilidad de comprender los sentimientos propios, conocer los ajenos y utilizarlos para guiar nuestros pensamientos y nuestros actos”. Por otra parte, Goleman (1996) indica que la inteligencia emocional es la
capacidad de saber utilizar un sentimiento adecuado a cada problema que nos plantea la experiencia, siendo la inteligencia emocional la que nos permite tomar conciencia de nuestras emociones, comprender los sentimientos de los demás, tolerar las pasiones y frustraciones que soportamos en el trabajo, acentuar nuestra capacidad de trabajar en equipo, y adoptar una actitud empática y social que nos brindará más posibilidades de desarrollo personal.
2.2.2.3. El marco de la inteligencia emocional
La inteligencia emocional es la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar estados anímicos propios y ajenos. Comprende un conjunto de habilidades emocionales, que se definen como las capacidades y disposiciones para crear voluntariamente un estado de ánimo o sentimiento a partir de las ideas que tenemos sobre lo que ocurre. De ahí que sea necesario aprender a atribuir significados emocionalmente deseables a los
acontecimientos que tienen lugar en las relaciones que se establecen con los demás. De esta manera, conociendo qué pensamientos y comportamientos provocan un determinado
estado de ánimo, éste se podrá manejar mejor para enfrentar y solucionar los problemas que aquellos generan. La inteligencia es precisamente eso, la capacidad de solucionar problemas adaptándose a las circunstancias.
Salovey y Mayer (1990) refieren que las capacidades de la Inteligencia Emocional están relacionadas con cinco esferas principales que Daniel Goleman desarrolla en la segunda parte de su libro “Inteligencia Emocional” cuando se refiere a la Naturaleza de la Inteligencia Emocional.
Estas esferas o dimensiones pueden ser clasificadas en dos grupos o áreas: La Competencia Intrapersonal o Competencia Personal y la Competencia Interpersonal o Competencia Social.
a) La Inteligencia Intrapersonal o Competencia Personal.
Estas competencias (internas, de autoconocimiento) determinan el modo en que nos relacionamos con nosotros mismos.
A este primer grupo pertenecen tres esferas o dimensiones:
• •• Autoconocimiento Emocional. • •• Autocontrol Emocional. • •• Automotivación.
a.1. Autoconocimiento Emocional (o conciencia de uno mismo)
Es la capacidad de reconocer y entender en uno mismo las propios estados internos, las fortalezas, debilidades, estados de ánimo, emociones e impulsos, saber qué emociones se sienten, se perciben, su origen, causa y motivo, así como el efecto que éstos tienen sobre los demás y sobre el trabajo. Esta competencia se manifiesta en personas con habilidades para juzgarse a sí mismas de forma realista, que son conscientes de sus propias
limitaciones y admiten con sinceridad sus errores, que son sensibles al aprendizaje y que poseen un alto grado de autoconfianza.
Veamos detenidamente las habilidades que Daniel Goleman propone en esta dimensión:
Conciencia emocional
Reconocimiento de las propias emociones y sus efectos.
Comprender las interrelaciones entre los propios sentimientos y las influencias que ejercen en lo que se piensa, se dice y se hace. Reconocer cómo los sentimientos afectan la expresión, la
manifestación, la actuación.
Tener conocimiento de los sentimientos que son guiados por los propios valores y metas, proyectando auténticamente en éstos, un adecuado sentido del humor.
Valoración adecuada de sí mismo
Conocimiento de los recursos propios, capacidades y limitaciones internas. Reconocer las propias fortalezas y debilidades.
Auto valoración precisa de las posibilidades, alcances y límites personales.
Mantener una conducta reflexiva posibilitando el aprender de la experiencia.
Abrirse a la regeneración franca, a nuevas perspectivas, al aprendizaje continuo y al auto desarrollo.
Confianza en sí mismo
Seguridad en la valoración que se hace de sí mismo y sobre las propias capacidades. Manifiesta seguridad y confianza en sí mismo.
Firmeza y capacidad de tomar decisiones legítimas a pesar de las incertidumbres y presiones.
Proyectar convicción en la exposición de medidas impopulares resaltando lo necesario para obtener resultados positivos. a.2. Autocontrol Emocional (o autorregulación)
Es la habilidad de controlar nuestras propias emociones e impulsos para adecuarlos a un objetivo, de responsabilizarse de los propios actos, de pensar antes de actuar y de evitar los juicios prematuros.
Las personas que poseen esta competencia son sinceras e íntegras, controlan el estrés y la ansiedad ante situaciones comprometidas y son flexibles ante los cambios o las nuevas ideas.
Según Goleman, la autorregulación es la base de cinco habilidades emocionales básicas:
Autocontrol
Capacidad del manejo adecuado de las emociones y los impulsos conflictivos. Gobierno adecuado de los sentimientos impulsivos y de las
emociones conflictivas.
Regulación de los impulsos y de las emociones disociadoras o penosas.
Pensamiento claro, entereza, y actitud positiva en momentos de prueba y bajo presión
Confiabilidad
Responsabilidad y comportamiento ético.
Fidelidad al criterio de sinceridad e integridad. Organización y cuidado en el accionar.
Énfasis en los compromisos y en el sustento de las promesas. Integridad
Ser íntegro.
Responsabilidad ante la propia actuación personal.
Fidelidad y honestidad con los principios personales y de los demás, generando confianza derivada de la fiabilidad y autenticidad.
Actuaciones y acciones éticas admitiendo los propios errores y confrontando acciones inmorales en otros.
Adaptabilidad
Flexibilidad para ver, analizar y afrontar los cambios
Adaptar las reacciones, respuestas y tácticas para posibilitar circunstancias fluidas.
Afrontar múltiples demandas adecuando rápidamente las prioridades.
Innovación
Comodidad y apertura ante inéditos planteamientos, enfoques e información.
Generar nuevas ideas o actualizaciones, en base a una gama amplia de fuentes y posibilidades.
Instrumentar soluciones originales ante nuevos problemas asumiendo las respectivas perspectivas y riesgos.
a.3 Automotivación (o la propia motivación)
Es la habilidad de estar en un estado de continua búsqueda y persistencia en la consecución de los objetivos, haciendo frente a los problemas y encontrando soluciones. Esta competencia se manifiesta en las personas que muestran un gran entusiasmo por su trabajo y por el logro de las metas por encima de la simple recompensa económica, con un
alto grado de iniciativa y compromiso, y con gran capacidad optimista en la consecución de sus objetivos.
Goleman señala cuatro habilidades en la dimensión de la motivación: Motivación de logro
Esfuerzo por mejorar o satisfacer un determinado criterio de excelencia.
Gran motivación por cumplir sus objetivos y exigencias. Asumen retos y metas desafiantes sin perder de vista el cálculo
del riesgo.
Aprenden a mejorar sus tareas. Compromiso
Secundar los objetivos de un grupo u organización.
Están dispuestos a hacer sacrificios personales o de grupo para encontrar una meta orgánica más global, generando un sentido de propósito más amplio.
Activamente buscan oportunidades para incentivar la misión del grupo, clarificando opciones para la toma de decisiones de valor. Iniciativa
Prontitud para actuar cuando se presenta la ocasión.
Prestancia ante nuevas oportunidades.
Conseguir el logro de metas más allá de lo que se requiere o se espera.
Movilizar a los demás con nuevos proyectos que incentiven mayor cantidad de talentos.
Optimismo
Persistencia y firmeza en la consecución de los objetivos a pesar de los obstáculos y los contratiempos.
Operar con esperanza de éxito en lugar de miedo ante el fracaso. Ver los retrocesos en las circunstancias manejables como
insuficiencias y oportunidades, antes que asumirlos como fallas personales reprochables.
b) La Inteligencia Interpersonal o Competencia Social.
Estas competencias (externas, de relación) determinan el modo en que nos relacionamos con los demás.
A este segundo grupo pertenecen dos esferas o dimensiones:
•
•• Empatía.
•
•• Relaciones Interpersonales. B.1.- Empatía (o reconocimiento de emociones ajenas)
Es la habilidad para entender las necesidades, sentimientos, problemas y
preocupaciones de los demás, poniéndose en su lugar, y respondiendo correctamente a sus reacciones emocionales. Las personas empáticas son aquellas capaces de escuchar a los demás y entender sus problemas y motivaciones, normalmente son populares y con mucho reconocimiento social, son personas que se anticipan a las necesidades de los demás y que aprovechan las oportunidades que les ofrecen otras personas.
Goleman señala cinco habilidades básicas en la empatía: Comprensión de los demás
Capacidad de captar los sentimientos y los puntos de vista de otras personas, interesándose activamente por las cosas que les preocupan.
y escucha activa.
Entender sinceramente a las demás personas.
Ayudar a los demás a superar sus obstáculos, comprendiendo sus necesidades y sentimientos.
Desarrollo de los demás
Darse cuenta de las necesidades de desarrollo de los demás y ayudarlos a superar y potenciar sus habilidades.
Reconocer y reforzar las fortalezas y logros de los demás. Proporcionar realimentación útil e identificar las necesidades de
desarrollo de los demás. Orientación hacia el servicio
Esta competencia es utilizada especialmente para fomentar la calidad en el servicio, sobre todo en el mundo organizacional.
Anticipación y reconocimiento apropiado de las necesidades de otros, encontrando maneras de aumentar su satisfacción (y lealtad en caso de tratarse de clientes).
Ofrecimiento de ayuda apropiada con adecuada predisposición. Aprovechamiento de la diversidad
Aprovechar las oportunidades que brindan diferentes tipos de personas.
Entender sensiblemente los diversos puntos de vista. Identificar las diferencias y rescatar las similitudes.
Ver la diversidad como oportunidad y crear ambientes donde las personas pueden crecer, evitando prejuicios e intolerancia. Conciencia política
Identificar las corrientes emocionales y relacionales de poder subyacentes en un grupo, definiendo con precisión el contexto de las situaciones y las realidades orgánicas y externas.
Entender las fuerzas que interpretan la realidad y determinan las acciones de un grupo ayudando a que las relaciones de poder tengan un resultado positivo.
b. 2.- Relaciones Interpersonales (o habilidades sociales)
Es la habilidad para manejar las relaciones con los demás, para persuadir e
influenciar a los demás. Quienes poseen habilidades sociales son excelentes negociadores, tienen una gran capacidad para liderar grupos y para dirigir cambios, y son capaces de trabajar colaborando en un equipo y creando sinergias grupales.
Las personas habilidosas socialmente pueden presentar todas o alguna de las habilidades que señala Goleman para este caso:
Influencia
Poseer herramientas de persuasión.
Utilización de tácticas de persuasión eficaces.
Frente a estrategias complejas, concertar apoyo y acuerdo general.
Comunicación
Escucha activa y emisión de mensajes claros y convincentes.
En la interacción registrar convenientemente las señales emocionales armonizando los mensajes.
Comprometerse sinceramente con problemas difíciles, escuchando atentamente y generando comprensión mutua. Posibilitar la recepción indistinta de todo tipo de noticias,
adoptando una postura abierta Resolución de conflictos
Capacidad de negociar y resolver conflictos.
Disolver discordancias entre personas o en situaciones difíciles, con diplomacia y tacto.
Anticiparse a los conflictos potenciales, animando debates y discusiones abiertamente para prevenir discordancias.
Orquestar la estrategia ganar-ganar en las posibles soluciones. Liderazgo
Inspiración y dirección de grupos y personas.
Despertar el entusiasmo, articulando la visión compartida de una misión.
Guiar responsablemente la actuación de otros, dando el ejemplo. Catalización del cambio
Inicio o direccionamiento de cambios.
Reconocer la necesidad por el cambio evitando anteponer barreras.
Desafiar el statu quo para reconocer la necesidad de un posible cambio.
Motivar a los demás en la persecución de la optimización. Colaboración y Cooperación
Capacidad de trabajar con los demás en la consecución de una meta común. Promover un clima amistoso y de cooperación.
Atender las posibilidades y oportunidades para solventar las expectativas individuales en una tarea común.
Equilibrar con atención las relaciones, colaborando y compartiendo planes, información y recursos.
Destreza para trabajar en equipo
Capacidad de crear sinergia grupal en la consecución de metas colectivas.
Incentivar en todos los miembros del equipo las cualidades ejemplares, como el respeto y la cooperación, mediante la participación activa y entusiasta.
Ayudar a generar una identidad y compromiso de equipo, propiciando un espíritu corporativo que acredite y proteja al grupo y su reputación.
Constituir alianzas y redes, nutriendo sus relaciones instrumentales.
Constituir y entablar relaciones mutuamente beneficiosas. Hacer y mantener amistades personales entre los socios de
trabajo.
Percatarse de las necesidades de desarrollo de los demás, incentivando sus talentos, reconociendo los empeños de las personas y sus logros.
Como hemos visto, estos dos grupos o áreas de competencias: la Competencia Personal y la Competencia Social agrupan a las cinco esferas o dimensiones, y éstas a su vez
comprenden una serie de habilidades básicas que nos hacen capaces de desarrollar la Inteligencia Emocional. Todas estas habilidades, como cualquier otra, se puede aprender si las entrenamos, es decir, hay que aprender a educar las emociones, lo que supone
conseguir que las personas desarrollen esas emociones, se den cuenta de que las poseen y les presten una adecuada atención. Pero no basta con tener emociones, tendremos también
que aprender a regularlas y controlarlas ya que, de otro modo, podrían ser destructivas para nosotros mismos, tendremos que canalizar todas estas emociones para que sean constructivas.
2.2.2.4. La inteligencia emocional en las relaciones académicas universitarias De la posición transmisora de la enseñanza, se derivan varios modos didácticos para operar en la práctica docente. Así, de una teoría educativa de la enseñanza se deducen otros estilos metodológicos distintos para obrar en el ejercicio profesional.
En efecto, no existe educación sin diálogo. En tal sentido, el educador no debe limitarse al uso de la palabra como el único instrumento de enseñanza, sino también a la proyección positiva de sus emociones con el objeto de encausar las emociones del grupo al cual se dirige en el aula, estableciendo altos niveles de comunicación que a través de la empatía, coadyuven de forma determinante en el desempeño pedagógico que brinde como resultado un excelente rendimiento académico del alumnado y la satisfacción personal para ambos.
Con estas estrategias se busca favorecer el proceso mediante el cual se dota al alumno con un juicio crítico y una capacidad de iniciativa, así como también con habilidades para construir, diseñar, crear nuevos conocimientos, investigar, acercarse al análisis de la realidad social y científica, reflexionar sobre la problemática descubierta a través del trabajo en equipo y habituarse al compromiso con la vida y la justicia.
Michavila y Calvo (1998) indican que aprender a vivir juntos y en armonía expresa una aptitud que debe transmitirse en las aulas, aunque no esté en los textos. Se trata, de desarrollar la comprensión del otro y la percepción de las formas de interdependencia, desarrollando proyectos comunes y abordando con rigor y respeto las discrepancias, en aras de fomentar los valores relacionados con el pluralismo y la comprensión mutua.
En este contexto, Rodríguez (1999) asegura que el profesor tendrá en un futuro cercano la tarea de explorar nuevos estilos de enseñanza, tales como aprender a aprender, guiar la labor indagadora del estudiante, ofrecer la función tutelar en seminarios o
entrevistas personales con la finalidad de dilucidar las dificultades, para dirigir los puntos más difíciles, buscando la resolución de los conflictos que sin duda se originan en el aula de clases.
El docente, por consiguiente, tiene conciencia que sus propuestas no sólo se soportan por la calidad de sus conocimientos, sino por la calidad de lo que transmite. Es por ello que, el docente emocionalmente inteligente en sus relaciones académicas con sus estudiantes es receptivo, sensible a los cambios generados en clase; estos cambios se dan cuando el estudiante interviene para aportar sus ideas. Al generarse distintos puntos de vista entre los alumnos, el profesor reflexiona y actúa, se dispone afectiva e
intelectualmente para la conducción de la dinámica.
La inteligencia emocional del profesor, tal como señalan Froufe y Colom (1999: 2), constituye “una de las variables que mejor explica la creación de un aula emocionalmente inteligente”. Su inteligencia emocional parece depender de como gestiona sus propias emociones especialmente las de naturaleza negativa, de forma que el profesor debe ser capaz de expresar sus emociones de un modo saludable dentro de la comunidad que constituyen sus alumnos.
De este modo, el docente debe incentivar a los alumnos para que se pregunten activamente cómo se sienten y qué podrían ayudar a mejorar.
Naturalmente enseñarles a resolver sus problemas propios a través de la empatía y el respeto mutuo resulta crucial. Por lo tanto, tal como lo exponen Froufe y Colom (1999), la regla básica para el desarrollo de la inteligencia emocional en las relaciones académicas universitarias es el respeto mutuo por las emociones y sentimientos de los demás. Ello
supone necesariamente saber cómo se siente la clase y que ésta es capaz de comunicar abiertamente sus sensaciones.
De esta manera, la inteligencia emocional fortalece la posibilidad de alcanzar resultados positivos en el proceso enseñanza-aprendizaje; es por ello que, el docente que se propone conducir a sus alumnos hacia la excelencia, utiliza todas las herramientas que ella le provee, estas son útiles en todos ámbitos de la educación y a todos sus niveles.
2.2.3. Nivel de aprendizaje 2.2.3.1. Concepto
Kerlinger (1988, citado por Reyes 2003), sostiene que la educación es un hecho intencionado; todo proceso educativo busca permanentemente mejorar el aprovechamiento del alumno. En este sentido la variable dependiente clásica en la educación es el
rendimiento o aprovechamiento del estudiante. Touron (1984) define al rendimiento académico, como la relación existente entre lo obtenido y el esfuerzo empleado para obtenerla. Pizarro (1985) considera que el rendimiento académico es una medida de las capacidades respondientes o indicativos que manifiestan, en forma positiva lo que una persona ha aprendido como consecuencia de un proceso de formación. El mismo autor, ahora desde una perspectiva propia del alumno, define al rendimiento como una capacidad que responde a estímulos educativos, susceptible de ser interpretado según objetivos o propósitos educativos pre-establecidos. Este tipo de rendimiento académico puede ser entendido en relación a un grupo social que fija los niveles mínimos de aprobación ante un determinado cúmulo de conocimientos o aptitudes. Herán y Villarroel (1987) y Fernández (2002) sostienen que el rendimiento académico en forma operativa y tácita, es el número de veces que el alumno ha repetido uno o más cursos. Mientras que Kaczynska (1986) afirma que el rendimiento académico es el fin de todos los esfuerzos y todas las iniciativas educativas manifestadas por el docente y alumno, la importancia del maestro se juzga por
los conocimientos adquiridos por los alumnos. En tanto que Chadwick (1979) define el rendimiento académico como la expresión de capacidades y de características psicológicas del estudiante, desarrollado y actualizado a través 58 del proceso de aprendizaje que posibilita obtener logro académico a lo largo de un período, que se sintetiza en un calificativo cuantitativo. Benítez, Giménez y Osicka (2000) manifiestan que
probablemente una de las dimensiones más importantes en el proceso de aprendizaje enseñanza lo constituye el rendimiento académico y cómo mejorarlo, se analiza en mayor o menor grado los factores que pueden influir en él, generalmente se consideran entre otros, factores socioeconómicos, metodología docente, los conceptos previos que tienen los alumnos, así como el nivel de pensamiento formal de los mismos. Sin embargo, y en contraste, Jiménez (2000) refiere que se puede tener una buena capacidad intelectual y buenas aptitudes y sin embargo no estar obteniendo un rendimiento adecuado. Asumiendo una postura sobre el rendimiento académico en base a lo señalado por los autores
previamente citados, se manifiesta que éste es un indicador del nivel de aprendizaje alcanzado por el alumno; por ello, el sistema educativo brinda tanta importancia a dicho indicador. En tal sentido, el rendimiento académico se convierte en una tabla imaginaria de medida para el aprendizaje logrado en el aula, que constituye el objetivo central de la educación.