DISEÑO CURRICULAR EVALUACIÓN
2. El concepto de flexibilidad curricular
El concepto de flexibilidad curricular aparece como una nueva tendencia para la educación superior, su origen data de los años setenta en varios países de América Latina, sin embargo, no había logrado tener mayor incidencia en las IES. Restrepo (2002) señala que “uno de los principios modernos de la educación superior es precisamente la flexibilidad”. Mario Díaz (2002) habla de flexibilidad entre instituciones y con otros contextos, lo que ha permitido convenios nacionales e internacionales para oferta de programas y para investigación, intercambio de profesores y estudiantes, entre otras acciones, y flexibilidad dentro de las instituciones (…) y aunque el concepto de flexibilidad se aplica a distintas actividades, la más resaltada usualmente es la flexibilidad curricular, seguida de la flexibilidad pedagógica. Díaz (Ibidem, 2002) menciona y discute otros tipos de flexibilidad como la académica, la administrativa y de gestión. Objetivo central de la flexibilidad curricular es la formación integral. otro principio de la educación moderna”.
Haciendo un recorrido por distintos autores, podría establecerse algunas categorías y/o relaciones que se establecen entre flexibilidad curricular y un ámbito en particular. En este sentido, las tendencias que se pueden evidenciar son:
La flexibilidad promueve la apertura de las IES
De acuerdo con Restrepo (2002) el término flexibilidad aparece como opuesto a rigidez, así, “hacer flexible la educación superior significa hacerla más abierta, darle opciones internas y con respecto a lo que el mundo está demandando. En este sentido la flexibilidad se manifiesta, incluso, en las unidades administrativo-académicas que organizan las áreas del
conocimiento y los niveles de los programas. Se manifiesta también en la apertura de las tradicionales misiones de la universidad. A la docencia, la investigación y la extensión se agrega ahora la colaboración internacional”. Con esta noción, el concepto de flexibilidad exige una estructura institucional que promueva, dinamice y permita la apertura a nuevas maneras de organización curricular e institucional. Asimismo, establece relaciones directas entre procesos administrativos y académicos, las cuales deben establecer criterios para la definición, organización y puesta en funcionamiento de un programa académico, de una unidad académica. La flexibilidad no es entonces, una respuesta del ámbito académico en relación con su interés por hacer del conocimiento y la formación procesos más pertinentes socialmente, sino que se encuentra “atada” a condiciones institucionales y organizativas que estén también apuntándole a estas intencionalidades.
Finalmente, la propuesta de la Universidad Francisco de Paula Santander (2003) en torno a la flexibilidad curricular apunta a reconocer la capacidad que tienen las IES para anticiparse a los cambios del contexto, desde una visión prospectiva, que posibilite tomar decisiones sobre lo que puede ser una propuesta curricular, en un determinado contexto educativo. Por ello, se comprende que hablar de flexibilidad curricular implica “la capacidad del programa de anticipar y adaptarse a los retos originados en los cambios que la dinámica de la producción del conocimiento científico y tecnológico y el surgimiento de nuevos problemas se plantean en forma permanente; que a su vez busca superar estructuras rígidas e inmóviles de los planes de estudio tradicionales, ofrecer respuesta a los nuevos roles profesionales que demanda la sociedad y garantizar oportunidades de desarrollo personal.”
La flexibilidad curricular, un concepto asociado a la formación y al aprendizaje
Quizá la noción más cercana al concepto de flexibilidad curricular es aquella que establece una relación entre la formación que se quiere impartir y la manera como se asume en ella el aprendizaje. En este sentido, el planteamiento de Restrepo (2002) es “la flexibilidad curricular tiene que ver con el currículo en sí. Si se considera que el currículo abarca todo lo que se hace para alcanzar las metas de los aprendizajes que el estudiante debe incorporar en su estructura cognoscitiva como capacidades de saber y saber hacer, la flexibilidad consiste en oponer apertura a rigidez en múltiples campos: abrir la oferta de cursos, en ofrecer variadas actividades de formación a los estudiantes, dejándoles en libertad de diseñar parte del currículo, es decir, de escoger parte de los cursos que tienen que tomar para acceder a un título universitario; pero también consiste en organizar el currículo por ciclos, desde la formación técnica hasta los posgrados, en replantear la organización de la universidad en cuanto a sus unidades académico-administrativas, en flexibilizar los tiempos, espacios y medios de oferta de cursos y programas, lo que nos lleva a considerar las posibilidades de la educación a distancia y de la virtualidad para estos propósitos”.
Desde la perspectiva de la formación, las IES deben hacerse la pregunta en relación con la forma como ellas van incorporando en sus propuestas curriculares las nuevas demandas socioeconómicas, políticas, culturales, los desarrollos producidos por la ciencia y la tecnología, la incorporación de las TICs en educación y las demandas que el sector productivo le propone a los programas de educación superior.
Desde la mirada al aprendizaje, la flexibilidad curricular apuntaría a analizar cuáles son aquellos conocimientos que en términos de tiempo y espacio puede seleccionar un estudiante, según sus intereses, sus
necesidades, sus búsquedas. Grant (1997), citado por Díaz, indica al respecto: “…La formación flexible coloca el aprendizaje del estudiante, sus necesidades y escogencias en el centro de los procesos educativos de toma de decisiones y reconoce que el aprendizaje es un proceso permanente y que el aprendizaje permanente y genérico de habilidades debiera ser un atributo de todos los profesionales o graduados”.
De ahí, que el concepto de flexibilidad curricular en este contexto, apunte a comprender que hay una transformación en la noción de aprendizaje, como un proceso en el que está implicado el estudiante con sus intereses, sus necesidades, sus formas particulares de asumir la profesión, a propósito de una propuesta curricular que se le ofrece. Así mismo, una postura frente a la formación que implica cambios en las prácticas educativas centradas en el maestro a unas prácticas que ubican al estudiante como el eje del proceso.
Las preguntas que sugiere esta manera de entender el papel del estudiante son ¿cuáles son los criterios que deberán orientar las decisiones de los estudiantes? ¿Qué tipo de orientaciones y acompañamientos se les debe proporcionar para que ellos hagan su escogencia?
Restrepo (2002), hace un análisis del planteamiento del Consejo Nacional de Acreditación – CNA y estipula que allí se propone una mirada al concepto de flexibilidad curricular que va más allá de la organización de los contenidos de una disciplina y su posible relación con otras. En este sentido, ubica la formación como un eje transversal a la propuesta curricular de la institución, a las maneras como un programa, una institución puede dar respuesta a esa formación y por ende, a las condiciones institucionales que se requieren para lograrlo. En esta perspectiva, el autor señala que “El CNA va más allá y asocia la flexibilidad curricular con la apertura del currículo a la formación integral de los
estudiantes, formación integral que se brinda no sólo desde el plan de estudios, desde asignaturas o actividades netamente académicas y éticas orientadas a la superación de una formación demasiado técnica, unilateral o especializada, sino inclusive desde aquellas actividades que se planifican desde el Bienestar Institucional, como son las actividades culturales, deportivas y sociales, entre otras...”.
Teniendo como base el aprendizaje Lemke (1978) define la flexibilidad como “el conjunto de movimientos que tienden a iniciar el cambio educacional con el acto de aprendizaje”. El problema central a resolver es como se organiza el acto de aprender desde el punto vista de quien aprende de tal manera que responda a sus Necesidades, Intereses y Problemas (NIPs). Una propuesta curricular de esta naturaleza se basará en criterios como: integración, cooperación, participación e individualización, y propone como estrategia de diseño curricular las Unidades de Aprendizaje Integrado (U.A.I).
Correa Uribe (2003) considera que si se asumen “que la lógica del aprendizaje no es la misma que la lógica de producción de conocimiento en los campos disciplinares y profesionales y que el sentido secuencial estricto de los contenidos, impide esa variedad de recorridos que supone el aprendizaje (equifinalidad), comprendemos la necesidad de despojar el plan de estudios del máximo de ataduras posibles, eliminando al máximo requisitos y correquisitos los cuales sólo favorecen la “administración” curricular y la mecanización de los procesos en la búsqueda de uniformidad de resultados pero generan grandes dificultades para la integración de un dinamismo socio-cultural en el que exista una adecuada relación entre el proceso de formación integral y desarrollo social y científico del individuo y el proceso educativo formal”.
Lo anterior, conlleva a que los programas empiecen la discusión en relación a qué es lo que se comprende por aprendizaje, desde qué
posturas y/o enfoques se está asumiendo, qué papel desempeñan en este proceso tanto los contenidos disciplinares y sus desarrollos, los profesores, los estudiantes y las distintas estrategias pedagógicas empleadas por los docentes en el proceso de implementación de su propuesta curricular.
En relación con lo planteado en la relación entre flexibilidad, formación y aprendizaje, una de las preguntas que orientará la indagación en los programas que se van a estudiar tiene que ver con: ¿hasta dónde los programas han contemplado en la construcción curricular el aprendizaje como dimensión central de este proceso?
La flexibilidad curricular como un proceso que transformar las estructuras organizativas de los programas e impulsar la interdisciplinariedad
Otro elemento fundamental en la comprensión de este campo, es que la flexibilidad curricular implica para las instituciones en general, y los programas en particular introducir nuevas formas de organización de sus propuestas curriculares, es pasar de unas estructuras rígida y cerradas a otras más flexibles, cambiantes y abiertas. El concepto de interdisciplinariedad empieza a cobrar importancia por varias razones: una de ellas, porque se exige a los programas establecer miradas tanto a sus propias estructuras disciplinares, a los problemas que aborda y a las posibilidades de verlos desde diversas ópticas; otra, porque los programas se ven obligados a “diversificar la oferta de cursos , actividades académicas y de áreas de conocimiento y práctica, así como a la generación de ciertas condiciones de trabajo académico orientadas a satisfacer las demandas e intereses de los estudiantes”.
Cabe entonces aquí el planteamiento de Díaz (2002) cuando plantea dos formas de flexibilidad curricular: “una primera consi-stente en apertura de los límites y relaciones entre los distintos campos y áreas del conocimiento, esto es, de la organización y los contenidos del currículo,
superando la organización asignaturista y planteando formas alternativas como los núcleos, los problemas, los proyectos, los módulos, propiciando la interdisciplinariedad; y la segunda, relacionada más con la apertura de la oferta a la satisfacción de necesidades del estudiante y de las nuevas corrientes que circulan en la sociedad, para que el estudiante pueda organizar más libremente su plan de estudio”.
Se puede establecer como consecuencia de ello, la necesidad de que los programas adecuen de manera permanente los conocimientos disciplinares e incorporen en ellos las nuevas discusiones y cambios que se producen en el contexto de una disciplina. Cabe entonces destacar la posición de Pedroza (1998) cuando indica que “la flexibilidad curricular puede entenderse como un proceso de apertura y redimensionamiento de la interacción entre las diversas formas de conocimiento –u objetos de aprendizaje- que constituyen el currículo...”. Esa interacción es la que posibilita el diálogo entre disciplina a partir de campos comunes de abordaje, problemas, conceptos, entre otros.
Young (1998) citado por Díaz, indica que en esta perspectiva de iniciar procesos de interdisciplinariedad, la flexibilidad se refiere entonces “al cambio de los patrones organizativos del conocimiento, los cuales han estado centrados en el rigor asociado a la tradicional forma de existencia de las disciplinas y a las rivalidades académicas y profesionales que éstas producen”. Entonces, además de la necesidad de que las disciplinas entren en diálogo, el concepto mismo de flexibilidad curricular aporta a la necesidad de generar nuevos enfoques en el abordaje del currículo, en el desarrollo de los contenidos, enfoques caracterizados por:
- La definición de problemas emergentes de las disciplinas que
- La estructura de propuestas curriculares basada en núcleos temáticos, en problemas, campos de conocimiento, módulos, proyectos, entre otras.
En esta misma corriente, se ubica autores como Magenzo y Nazif. El primero (1991:19), concibe la flexibilidad curricular como una alternativa para transformar la estructura del plan de estudios y sus implicaciones en los procesos pedagógicos. De manera específica la flexibilidad curricular se asume como un proceso que permite “…salvar el problema de los currículos unitarios y rígidos, se ha optado por introducir en la fundamentación que acompaña a los planes de estudio y en ocasiones en los principios que orientan la metodología de enseñanza y los sistemas de evaluación, el concepto de flexibilidad”. Y a continuación plantea ésta como la posibilidad que tiene el currículo de ser modificado y adaptado a las necesidades y realidades de las localidades y de las escuelas, de suerte que respondan a los intereses, aspiraciones y condiciones de cada una de ellas.
El segundo, se ubica más en el conocimiento, su organización y su forma de ser enseñado. Por ello, Nazif (1996) define la flexibilidad curricular como la “posibilidad de conceptualizar y relacionarse de manera dinámica y transformada con el conocimiento. Implica también incorporar los saberes cotidianos y reconocerlos como parte de la formación de los sujetos; dar legitimidad a estos saberes es reconocer especialmente a los alumnos como personas capaces de pensar, reflexionar, interpretar, sentir y relacionarse desde sus propias experiencias y conocimientos”, considera además la autora que la flexibilidad curricular tiene también como reto desbordar los límites de las disciplinas vinculándose con el estudio de la realidad, asumiendo sus complejidades y contradicciones de tal manera que se relacionen de manera integrada, indagativa y crítica.
En ese diálogo interdisciplinario, se presume una relación entre saberes cotidianos, contextos, actores y formas de representación del conocimiento, lo que hace que su abordaje en las distintas propuestas curriculares sea más complejo.
3. Implicaciones para la Universidad: formas en que se puede