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Capítulo IV: La ontología naturalista del hombre

4.1 El concepto de hombre

Como bien lo resaltamos desde la introducción del trabajo, nuestro autor rechaza toda concepción metafísica del hombre para referirse a la observación del desarrollo efectivo de los hombres en la historia. Su pensamiento muestra al respecto que las abstracciones sobre el hombre son fatales para entender sus relaciones con el mundo, pues sólo ponen en frente un ideal que poco o nada tiene que ver con lo que el hombre puede realmente alcanzar o realizar. Por esta razón, no apela a ningún principio superior a la hora de llamar la atención sobre la situación de los hombres bajo el dominio de la propiedad privada. Lo importante consiste entonces que el hombre pertenece a un género común donde cada uno tiene su

lugar sin constituir, por tanto, una masa homogénea o tener que separarse a causa de sus diferencias. En este sentido, el género es su condición imprescindible. Esto se expresa así:

El hombre es un ser genérico no sólo porque en la teoría como en la práctica toma como objeto suyo el género, tanto el suyo propio como el de las demás cosas, sino también, y esto no es más que otra expresión para lo mismo, porque se relaciona consigo mismo como el género actual, viviente, porque se relaciona consigo mismo como un ser universal y por eso libre. (M I, XXIV, p. 110) Según esta definición, el ser humano consta de una organización compleja, pues mantiene vínculos necesarios con el resto de la naturaleza en los ámbitos teórico y práctico de su vida. Esto significa que su desarrollo depende necesariamente de sus relaciones con los elementos de la naturaleza, que sean plantas, animales y la simple materia, como su cuerpo inorgánico. Por otra parte, además de este equilibrio con la naturaleza, siendo él mismo parte de ella, tampoco se perfecciona su vida mediante el desprecio de su cuerpo y sus sentidos como lo sugieren algunas posturas tradicionales que dan a la ascética un lugar preponderante en la construcción de la humanidad del hombre. Mejor dicho, son dos pasos complementarios de un mismo proceso. Marx lo explica al escribir:

La naturaleza es el cuerpo inorgánico del hombre; la naturaleza, en cuanto ella misma, no es el cuerpo humano. Que el hombre vive de la naturaleza quiere decir que la naturaleza es su cuerpo, con el cual ha de mantenerse en proceso continuo para no morir. Que la vida física y espiritual del hombre está ligada con la naturaleza no tiene otro sentido que el de que la naturaleza está ligada consigo misma, pues el hombre es una parte de la naturaleza. (M I, XXIV, p.111).

Sólo es posible conocer al hombre en medio de este magnífico entramado de relaciones: existe en la naturaleza, vive de ella, se expresa utilizando ella, sin olvidar que es parte integrante e inseparable de la naturaleza. Así pues, cuando se enfrentan al hombre su trabajo y sus productos, todo el universo donde evoluciona se encuentra desequilibrado. De hecho, todo se vuelve ajeno al hombre por medio del trabajo enajenado: la naturaleza, el hombre mismo, su actividad y los objetos en general. Por esta razón, el trabajo enajenado constituye una traba para el desarrollo del ser humano: se opone a su bien y al de su género. Está claro que Marx no entiende al ser humano como un animal más sobre la superficie de

la tierra como tampoco busca un supuesto originario como la idea del hombre como animal

problema asignando una superioridad al animal por el desarrollo temprano de sus fuerzas

como lo supondrían autores como Montaigne118

On ne peut excuser l’homme d’éprouver quelque fierté de ce qu’il s’est élevé, quoique ce ne soit pas par ses propres efforts, au sommet véritable de l’échelle organique ; et le fait qu’il s’y est ainsi élevé, au lieu d’y avoir été placé primitivement, peut lui faire espérer une destinée encore plus haute dans un avenir éloigné.

. Nuestro autor, al contrario, muy cercano a Darwin, investiga la evolución del hombre en la historia y así puede mostrar qué finalidad tienen sus operaciones dentro de su desarrollo. Por eso, no habla de las diferencias entre el hombre y el animal en términos de polo ideal de una jerarquía. Esta actitud nos recuerda la siguiente meditación de Darwin:

119

De esta manera, mientras el animal está determinado por sus necesidades biológicas y su especie entera a producir inconscientemente según unas pautas fijas, el hombre, por su parte, es capaz de producir más allá de sus necesidades inmediatas y acorde con todas las demás especies vivientes. Hasta produce real, universal y estéticamente, nos dice el autor,

perfeccionando la naturaleza con nuevas formas (cf. M I, XXIV, p. 112). En este sentido,

produce, crea e inventa con libertad artística y sin coacción exterior; sus facultades espirituales y su sentido humano bastan para guiarlo. Como nos diría Feuerbach, el hombre

está dotado de una vida doble: vida interior y vida exterior120

118 En la Apología de Sabunde, Montaigne insiste en la inteligencia natural de los animales mientras rebaja la

ciencia de los hombres. Lo vemos hacer unas asignaciones espectaculares a los animales como: el lenguaje, el discernimiento reflexionado de lo útil, una industria, astucias, el sentido de la belleza, la capacidad de abstraer y de razonar, cierta participación de religión, selección de su hembra etc. Basándose sobre esa idea ataca la tontería antropocentrista diciendo: “La presunción es nuestra enfermedad natural y primera. La más frágil y discutible de las criaturas es el hombre, y a la vez la más orgullosa.” (Michel de Montaigne. Apología de Sabunde, trad EDAF, S. A., Madrid, SARPE, 1984, p.39)

119 Charles Robert Darwin. La descendance de l’homme et la sélection sexuelle, trad. Edmond Barbier,

d’après la 2e e. anglaise, Paris, Reinwald, 1891, p. 678. Traducimos: “No podemos disculpar al hombre el

hecho de que sienta algún orgullo por haberse alzado, aunque no es por sus propios esfuerzos, a la cumbre efectiva de la escala orgánica; y el hecho de que se haya elevado así, en vez de haber sido ubicado ahí primitivamente, puede permitirle esperar un destino aún más alto en un futuro lejano.”

120 Sobre las capacidades espirituales del hombre que le permiten tener ciencia, es decir, la conciencia de las

especies, Bottigelli trae a colación una cita muy interesante de Feuerbach. Traducimos: “Es la razón por la cual el animal no tiene sino una vida simple y el hombre una vida doble: en el animal la vida interior se confunde con la vida exterior; el hombre, al contrario, posee una vida interior y una vida exterior (distintas).” L. Feuerbach, Manifestes philosophiques, trad. Louis Althusser, Paris, 1960, p. 58 citado por Bottigelli (Cfr. K. Marx. Manuscrits de 1844 : économie politique et philosophie, ed. citée, note 115, p. 58.)

. Marx se une a esta posición para afirmar que “[l]a vida productiva es […] la vida genérica. Es la vida que crea vida. En la forma de la actividad vital reside el carácter dado de una especie, su carácter genérico, y

la actividad libre, consciente, es el carácter genérico del hombre” (M I, XXIV, p. 111). Esta actividad está llamada a extenderse a medida que crece el saber humano. ¿Cuál es el papel de los sentidos en la actividad así entendida?