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2. Aproximación a la evolución del concepto de trabajo

2.2. El concepto de trabajo desde la Edad Media hasta el siglo XVIII

Posteriormente en el Medievo, que comenzó con la caída del Imperio Romano de Occidente (año 476 d.C.), el concepto de trabajo unido sobre todo a la actividad física no mejoró su consideración. Los bárbaros procedentes del norte de Europa que derrotaron al Imperio Romano, fueron estableciéndose en distintos dominios, trayendo consigo sus propias costumbres, pero al mismo tiempo fueron asumiendo parte de las prácticas de los nuevos territorios que ocuparon. Todo ello unido a la labor de cristianización llevada a cabo por la Iglesia, desembocó en una nueva organización

social, en gran parte heredera del periodo anterior, basada en el llamado ―derecho

consuetudinario‖19, de manera que en líneas generales la sociedad, particularmente la

rural, estuvo dividida en dos clases en cuanto a la propiedad se refiere: Los ―gentiles― o

señores pertenecientes a la nobleza y el ―campesinado‖.

A la nobleza le correspondía la propiedad de la parte del territorio en el que ejercía su señorío, referente a todo cuanto contenía (tierras de labranza, bosques, casas, molinos, enseres, ganado, caza, etc.), incluyendo al mismo tiempo el sometimiento de las personas radicadas en él. Por otra parte, el campesinado estaba dividido en dos clases:

Los ―villanos‖ y los ―siervos‖. La diferencia entre ambos estribaba, en que los ―villanos

eran descendientes de los campesinos libres, obligados a prestar tributo al ―señor‖ y

sometidos a sus Normas y decisiones, pero con la capacidad de abandonar el dominio

en el que servían, en tanto que los ―siervos‖ no eran hombres libres y no podían tener

propiedad alguna, por lo que el ―señor‖ ejercía sobre ellos una autoridad prácticamente

sin límites en todos los sentidos, y se encontraban íntimamente unidos, por precepto legal, a las tierras que cultivaban. La semejanza al concepto de esclavo era muy próxima, con la diferencia de que no podían ser vendidos separadamente de las tierras en las que trabajaban. Esto hizo que la esclavitud, aunque no desapareció, era prácticamente inexistente en las zonas rurales, dada la proximidad de su estatus al de las clases bajas.

Unido a todo lo anterior, el dominio de los principios cristianos, que si bien justificaban el

trabajo, lo presentaban como un castigo divino, ―Te ganarás el pan con el sudor de tu

frente…‖ 20, o en el mejor de los casos como un deber cívico, no aumentó la estima del

trabajo, pese a que en las cartas de San Pablo se recoge que21 ―Si alguno no quiere

trabajar, tampoco coma…‖. No obstante y al mismo tiempo acepta al menos tácitamente

el concepto de esclavitud, tal como se recoge en su epístola a los Colosenses:

Esclavos, obedeced en todo a vuestros amos de este mundo, no porque os vean,

como quien busca agradar a los hombres; sino con sencillez de corazón, en el temor

del Señor…‖ 22

.

Este postulado, dado el enorme peso de la doctrina impartida por este apóstol, influyó de manera notable en la posición de la Iglesia en los siglos posteriores. No obstante debe indicarse que, al mismo tiempo, propugna un buen trato para los esclavos:

Amos, dad a vuestros esclavos lo que es justo y equitativo, teniendo presente que

también vosotros tenéis un Amo en el cielo‖ 23.

Los centros de poder consideraban que la defensa del orden establecido y la conquista y el dominio de los territorios a través del ejercicio de las armas, junto con su posterior defensa, administración y mantenimiento, era la única actividad que debían ejercer las personas de rango superior. El desdén de la nobleza por el trabajo, que lo veía como una actividad que rebajaba su dignidad, lo relegó a las clases inferiores, es decir, a los no pertenecientes a la nobleza o a la alta jerarquía de la Iglesia. La Iglesia siguió los criterios de la cultura clásica, no en vano gran parte de su desarrollo filosófico estuvo basado en postulados aristotélicos. No obstante, un caso particular fue el relacionado con los centros y monasterios dirigidos por el clero, que a partir de principios del siglo VI

se rigieron fundamentalmente por la Regla de San Benito (Regula Sancti Benedicti)24,

compaginando oración y trabajo ―ora et labora‖.

Por otra parte, algunos pensadores trataron de hacer compatible el contenido de los evangelios y el pensamiento de las clases dominantes, con la evidente necesidad

práctica del trabajo. Así Santo Tomas, en su obra ―Suma Teológica‖ 25, plantea el trabajo

como un deber de la especie humana en su conjunto, lo que no quiere decir que implique a cada hombre en particular. Evidentemente este postulado, que fue un guiño a estas clases dominantes, entre las que se incluía la propia Iglesia, y a la justificación de

su ―statu quo‖ y de su forma de pensar, no favoreció la dignificación del trabajo.

Volviendo al concepto de ―servidumbre‖, muy relacionado con la esclavitud en la Europa

medieval, y paralelamente a todo el proceso evolutivo descrito debe indicarse, que uno de los pilares sobre los que se asentó su establecimiento y continuidad, fue el contenido

del ―Primer libro de la Política de Aristóteles‖26, en el que se describe que ―La

servidumbre entre los hombres es natural, ya que algunos son siervos por naturaleza‖.

Este postulado es recogido por Santo Tomas, al tiempo que analiza asimismo las afirmaciones de San Isidoro de Sevilla, quien consideraba que la servidumbre del

Servus‖ o esclavo, pertenece al ―Derecho de Gentes‖ y por lo tanto es un ―Derecho

Natural‖.

Tomando como referentes ambos postulados, Santo Tomás en su obra ―Suma

Teológica‖ concluye, que la servidumbre en sí misma, considerada de forma absoluta,

no encierra razón natural y por lo tanto no pertenece al ―Derecho Natural‖, sino que está

en función de la utilidad del hecho que se persigue, que no es otro que el que un hombre sea gobernado por otro más sabio, es decir, es útil al siervo ser regido por el

más sabio y a éste ser servido por aquel. En este sentido pertenece al ―Derecho de

Gentes‖, por lo que la servidumbre en relación con el derecho de gentes es natural, no

en función de una razón absoluta, sino en un sentido más restringido que tiene que ver con la utilidad. En este contexto, según recoge el Profesor Héctor Velázquez

Fernández27, Santo Tomas afirma que28:

―…en toda pluralidad hay un elemento que rige y otro que obedece, y como la multitud humana es una pluralidad, entonces lo mismo debe de ocurrir entre todos los hombres, a saber, que es natural y conveniente que alguno gobierne y otro sea

gobernado‖, así como que ―…el esclavo o siervo usa de otros instrumentos y los

mueve; y para ello se necesita del ministro y del siervo, es decir del que mande y del

que obedezca‖.

Todo ello en definitiva significó una forma de justificación del hecho en sí mismo, al tiempo que lo elevaba al rango de doctrina, de manera que, como hemos visto, en la Europa medieval la defensa de la servidumbre y de la esclavitud, derivó de los usos y costumbres de finales del Imperio Romano, pero también estuvo apoyada, como toda la filosofía de la época, en la doctrina de la Iglesia. Por una parte, todo el estamento social de ese momento se basaba en el derecho de vasallaje, así los reyes ejercían este derecho ante la nobleza y la nobleza entre si y respecto al campesinado, pero por otra, la Iglesia justificaba la servidumbre y, posteriormente, no sólo justificó sino que legitimó

la esclavitud y el comercio de esclavos a través de la bula ―Divino Amore Communiti‖ 29.

Al mismo tiempo existían distintos procedimientos, a través de los cuales una persona podría convertirse en siervo o esclavo. Por ejemplo si una persona merecía la muerte como consecuencia de haber pecado, era justo sustituir esa pena por la de la esclavitud,

27- Héctor Velázquez Fernández: Doctor en Filosofía y Letras (Universidad de Navarra), Doctor en Filosofía de la Ciencia, (Universidad Nacional Autónoma de México). Desde agosto de 1997, Profesor en la Facultad de Filosofía de la Universidad Panamericana.

más aún si se trataba de personas no creyentes o paganas capturadas en una guerra

justa‖, a las que se les permutaba la muerte, ofreciéndoles la redención de sus pecados

y la integración en la verdadera fe, a través de una forma de esclavitud o de servidumbre, como servicio o como penitencia.

Estos postulados no son exclusivos de entorno cristiano postromano de occidente. Así en la legislación justinianea, aunque el nuevo orden emanado de la filosofía cristiana propugnaba la igualdad entre los hombres y por lo tanto debía ser el principio del nuevo derecho, se toleró la esclavitud, a pesar de parecer un hecho contradictorio y que el

estoicismo, que proclamaba la libertad natural del hombre, lo consideraba como ―contra

naturam‖, tal como recoge Juan Antonio Bueno Delgado en su libro30 ―La legislación

religiosa en la compilación justinianea‖.

En el mismo texto, citando a Domicio Ulpiano31, ―…el Jurista más citado en el Digesto‖,

se recoge asimismo que:

― …por derecho natural todos los hombres nacen libres‖ o ―por derecho civil los

esclavos no son personas, pero no por derecho natural, pues por lo que respecta al

derecho natural todos los hombre son iguales‖.

Todo ello lleva a pensar, que los intereses políticos, económicos y organizativos de la sociedad de la época, hicieron que tampoco se aboliese la esclavitud en los dominios de oriente, permaneciendo por encima de otros postulados, aunque si bien es verdad, como asimismo se refiere en la obra anteriormente mencionada, la Institución fue suavizándose tanto en el plano humanitario como en el jurídico.

Otro caso particular y diferente a los anteriormente mencionados, es el de la aparición

de los gremios y de la burguesía. El término ―burguesía‖, aparece en la Edad Media,

ligado a una actividad nueva y diferente, al margen de la explotación de la tierra, desarrollada por comerciantes, artesanos y otras personas dedicadas a otros oficios

independientes, que se establecían en los denominados ―burgos‖ o ciudades, en tanto

que los gremios eran un lugar de asociación económica, que agrupaba a los artesanos y trabajadores del mismo oficio, para defender unos intereses que iban dirigidos entre otros aspectos a garantizar el trabajo y los sistemas de aprendizaje.

Estas personas libres que no pertenecían a la nobleza ni a la Iglesia y que tampoco eran siervos, defendían sus intereses de los terratenientes y de los grandes propietarios

agrupándose en ―gremios‖ o corporaciones de trabajadores y artesanos, así como en

agrupaciones de comerciantes (en algunos ámbitos denominadas ―guildas‖). Poco a

poco fueron creando lo que llegó a constituirse como una nueva clase socioeconómica, basada en el trabajo de sus miembros que, a diferencia de las anteriores, establecía una jerarquía estricta asentada en unos niveles de especialización muy marcados en cada oficio y por consiguiente en la cuantía de los salarios, es decir, a mayor especialización y maestría, mayor poder y mayor salario. Por otra parte, en las ciudades convivía además otro grupo de personas sin una actividad definida, cuya ocupación diaria estaba centrada en la subsistencia por cualquier medio.

A pesar de los impuestos y de las tasas que debían pagar para realizar sus actividades, la burguesía fue consiguiendo alcanzar considerables niveles de riqueza y, por consiguiente, adquiriendo un papel cada vez más relevante. Fruto de ello fue el establecimiento de un nuevo concepto de forma de vida, con unos niveles de independencia cada vez mayores de los sectores dominantes clásicos (la nobleza y la Iglesia), que fue consolidándose a los largo de los siglos.

Llegado el siglo XVI, con la reforma protestante el trabajo tomó un nuevo significado

como ―profesión‖, confiriéndole una visión ética en contraposición a la que regía en el

periodo anterior y diferenciándose del pensamiento de Santo Tomas, que sólo lo consideraba como una voluntad de Dios, con el mismo valor que comer o caminar, con lo que desde su perspectiva no podía contener en sí esa valoración ética. No obstante, las tesis luteranas justificaban teológicamente asimismo el vasallaje, siguiendo en este sentido un camino similar, aunque debe indicarse que otras formas del pensamiento protestante, como los calvinistas, no compartían estos postulados.

Ambos aspectos se mantuvieron vigentes en mayor o menor medida a lo largo del tiempo, hasta que comienza su declive a finales del siglo XVII con la ilustración y más adelante, bien avanzado el siglo XVIII, con el cambio de pensamiento que trajo consigo la Revolución Industrial, el capitalismo y los movimientos abolicionistas de la esclavitud.