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2. La eficacia simbólica: de la definición de violencia a la de

2.1. El concepto de violencia

Cuando se habla de violencia se suele hacer referencia a una manifestación concreta de ella. Este “uso social” del concepto violencia se corresponde con la definición aportada por la Organización Mundial de la Salud:

“La violencia es el uso intencional de la fuerza física, amenazas contra uno mismo, otra persona, un grupo o una comunidad que tiene como consecuencia o es muy probable que tenga como consecuencia un traumatismo, daños psicológicos, problemas de desarrollo o la muerte” (OMS)28.

Esta definición presenta un problema en términos científicos por circunscribirse al “uso intencional de la fuerza física”. Esto implica presuponer que un ser pensante con voluntad e intencionalidad se sitúa tras el ejercicio de la violencia, negando implícitamente que determinada dinámica o estructura social pueda ser violenta. Más aún: descarta la posibilidad de que la violencia transcienda el uso real o virtual de la fuerza física.

Es relevante introducir aquí el concepto de “agresión” empleado por la psicología social, a menudo como sinónimo de violencia. Para esta disciplina la agresión se define como la “conducta que tiene como meta dañar a otro ser viviente, que está motivado a evitar ese tipo de tratamiento” (Baron & Byrne, 2005, p. 447). La agresión hace referencia a una acción que daña a aquel sobre el que recae, y que es realizada y recibida por “seres vivientes”. Pero la sociología debe entender la violencia como un fenómeno más amplio que la mera agresión. El concepto de agresión, al circunscribirse a un ámbito científico concreto, obvia la existencia de

un mundo social estructurado más allá de los sujetos29, así como obvia la dificultad

28 http://www.who.int/topics/violence/es/ Consultado el 3/12/2016

29 No se entienda esto como una crítica a la psicología, sino como una mención a la mayor

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para que una agresión sea percibida como tal. Como veremos, la violencia no tiene por qué circunscribirse a las relaciones interpersonales, así como tampoco tiene por qué producir un daño que sea reconocido como tal.

El concepto de violencia aportado por la edición de 1968 de la International

Encyclopedia of Social Sciences (IESS), presenta exactamente los mismos

problemas que la definición de Baron y Byrne (2005). En la IESS la violencia se define como el “comportamiento destinado a infligir perjuicios físicos a personas o daños a cosas” (Hobsbawn, 2010, p. 294). En este caso nos encontramos con el agravante de que circunscribe la violencia a la agresión física y al “daño a cosas”, sin que exista una disciplina específica detrás que justifique lo restrictivo de la definición.

Como trataremos de demostrar en las páginas siguientes, estas definiciones que acabamos de ver no hacen referencia al fenómeno de la violencia en su totalidad, sino que recogen cómo se percibe la violencia desde una “sociología

espontánea” (Bourdieu, Chamboredon, & Passeron, 2002)30. Hacen referencia a

cómo se percibe este fenómeno social de forma subjetiva, pero prescinden de análisis objetivantes de la realidad social que permitan apreciar que en el mundo social hay más realidades de las que apreciamos espontáneamente a través de nuestros sentidos. Consideramos que estas definiciones hacen referencia a una categoría de la violencia que Žižek denomina violencia subjetiva (Žižek, 2009), compuesta por un abanico amplio pero limitado de manifestaciones violentas.

No obstante, de las definiciones de violencia vistas hasta ahora puede dedu-

cirse, en primer lugar, que la violencia siempre tiene un sujeto y un objeto31. Es

decir, que debe haber un agresor y un agredido (aunque estos no tienen por qué ser personas). En consecuencia, podemos apreciar que las conductas que sean consideradas violentas deben tener una naturaleza relacional. Otro elemento característico de estas relaciones es que no son simétricas, es decir, que el sujeto realiza una acción con consecuencias para el objeto, sin que este último tenga que

ventajas como, por ejemplo, la capacidad para conocer los procesos cognitivos humanos hasta el punto de crear procedimientos para modificarlos.

30 Aquí radica fundamentalmente la escasa validez científica de esta definición elaborada por la

OMS.

31 En el caso de conductas como el suicidio o la autolesión estaríamos ante un tipo de relación

que se establece entre el individuo y el mundo, o entre sus distintas instancias psicológicas, por lo que igualmente deberíamos hablar de sujeto y objeto. Sin embargo, es difícil hablar de una relación asimétrica. Por lo que quedarían fuera de la definición de violencia aquí expuesta

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estar de acuerdo con la acción o sus consecuencias, a menudo suponiendo esta acción un perjuicio para el objeto.

Estos elementos pueden ser ilustrados de la siguiente manera. El sujeto (A)

interacciona32 con el objeto (B) y esta interacción es de naturaleza violenta. Cuando

la interacción se ha dado, el estado de B es distinto al que era antes de la interacción, es decir: A ha modificado a B, A ha influido sobre B sin tener en cuenta la voluntad

de B. De hecho, A ha podido incluso modificar la voluntad de B33. En función de

este esquema podemos definir la violencia en como una fuerza, en términos simila- res a los de la física. Es decir, podemos entenderla como un modo de interacción entre agentes o estructuras (en vez de partículas). En tanto que modo de interacción, la fuerza modifica o sujeta. Por lo tanto, de acuerdo a esta primera aproximación a la noción de violencia, ésta emerge como la forma que toma una interacción social cuando un agente (grupo o estructura) hace su voluntad (o lo intenta) sobre otro agente.

Esta es una conceptualización muy amplia de la violencia, pero nos permitirá comprenderla en toda su extensión y nos proporciona un marco desde el que aproximarnos al fenómeno estudiado.

2.2. Violencia simbólica: la eficacia simbólica