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4 CONCEPTOS DE CONSCIENCIA

La consciencia es la facultad de conocer, la facultad de percibir aquello que existe.

Conocer no es un estado pasivo, sino un proceso activo. En los niveles más bajos del conocimiento se requiere un complejo pro- ceso neurológico para permitirle al hombre experimentar una sensación y para integrar esas sensaciones en percepciones; ese proceso es automático y no está sujeto a la voluntad: el hombre es consciente de sus resultados pero no del proceso mismo. En un niv- el superior, conceptual, el proceso es psicológico, consciente y volit- ivo. En cada caso, el conocimiento se logra y mantiene mediante una acción continua.

Directa o indirectamente, cada fenómeno de la consciencia se de- riva del conocimiento del mundo externo. Cierto objeto, o sea cierto contenido, se halla involucrado en todo estado de consciencia. La extrospección es un proceso de cognición dirigido hacia lo exterior, un proceso de aprehender algún existente o existentes del mundo externo. La introspección es un proceso de cognición orientada hacia lo interior, un proceso de aprehender las propias acciones psicológicas en relación con cierto(s) existente(s) en el mundo ex- terno, acciones tales como pensar, sentir, rememorar, etc. Solo en relación con el mundo externo las diversas acciones de la conscien- cia se pueden experimentar, entender, definir o comunicar. La con- sciencia es el conocimiento de algo. Un estado de consciencia car- ente de contenido es una contradicción en términos.

Dos atributos fundamentales se encuentran involucrados en cada estado, aspecto o función de la consciencia del hombre: el conten- ido y la acción; el contenido de la consciencia y su acción en rela- ción con ese contenido.

Estos dos atributos son el Denominador Conceptual Común funda- mental de todos los conceptos concernientes a la consciencia. En el nivel perceptual de la consciencia, una criatura solamente ex- perimenta y es capaz de realizar unos pocos procesos psicológicos; su total desarrollo conceptual requiere que aprenda a conceptualiz- ar estos procesos (lo cual puede hacer una vez que ha alcanzado una cierta etapa de su desarrollo conceptual extrospectivo).

Para formar los conceptos de consciencia, uno debe aislar la acción del contenido de un estado de consciencia determinado mediante un proceso de abstracción. Así como, extrospectivamente, el hombre puede abstraer atributos de los entes, así también puede abstraer, introspectivamente, las acciones de su consciencia de sus contenidos y observar las diferencias entre estas distintas acciones. Por ejemplo (a nivel adulto), cuando un hombre ve caminar a una mujer en la calle, la acción de su consciencia es percepción; cuando advierte que es hermosa, la acción de su consciencia es evaluación; cuando experimenta un estado interno de placer y aprobación, de admiración, la acción de su consciencia es emoción; cuando se de- tiene para mirarla y trazar conclusiones, a partir de la evidencia, sobre su carácter, edad, posición social, etc., la acción de su con- sciencia es reflexión; cuando, más tarde, recuerda el incidente, la acción de su consciencia es reminiscencia; cuando considera que su apariencia mejoraría si su cabello fuese rubio en lugar de castaño y su vestido azul en lugar de rojo, la acción de su consciencia es imaginación.

También puede observar las similitudes entre las acciones de su consciencia en distintas ocasiones, al observar que estas mismas ac- ciones, en diferentes secuencias, combinaciones y gradaciones, son, fueron o pueden ser aplicables a otros objetos: a un hombre, un perro, un automóvil o a toda la calle; a la lectura de un libro, al aprendizaje de una nueva habilidad, a la elección de un empleo o a cualquier objeto dentro del ámbito de su consciencia.

Tal es la característica del proceso por el cual (con pasos lentos y graduales) el hombre aprende a formar los conceptos de consciencia.

En el terreno de la introspección, los concretos, las unidades que están integradas en un solo concepto, son las instancias específicas de un proceso psicológico dado. Los atributos mensurables de un proceso psicológico son su objeto o c ontenido, y su intensidad. El contenido es algún aspecto del mundo externo (o se deriva de al- gún aspecto del mundo externo) y puede medirse mediante los di- versos métodos de medición aplicables al mundo externo. La inten- sidad de un proceso psicológico es el resultado de la suma automát- ica de muchos factores: su alcance, su claridad, su contexto cognit- ivo y de motivación, el grado de energía o esfuerzo mental re- querido, etcétera.

No existe un método exacto para medir la intensidad de todos los procesos psicológicos pero, como en el caso de la formación de los conceptos de los colores, la conceptualización no requiere el conoci- miento de mediciones exactas. Gradaciones de intensidad pueden medirse, y de hecho se miden, aproximadamente en una escala comparativa. Por ejemplo, la intensidad de la emoción de la alegría, en respuesta a ciertos hechos, varía de acuerdo con la importancia que tienen estos hechos dentro de la jerarquía personal de valores; en estos casos los hechos varían, tal como sucede cuando se compra un traje nuevo o se obtiene un aumento de sueldo, o se contrae

matrimonio con la persona amada. La intensidad de un proceso de pensamiento y del esfuerzo intelectual requerido varía de acuerdo con el alcance del contenido; varía cuando se entiende el concepto de “mesa” o el concepto de “justicia”, cuando uno entiende que 2 + 2 = 4 o que “ e = mc2”.

La formación de los conceptos introspectivos sigue los mismos principios que la formación de los conceptos extrospectivos. Un concepto perteneciente a la consciencia es una integración mental de dos o más casos de un proceso psicológico que posee las mismas características distintivas, omitiendo tanto los contenidos particu- lares como también las mediciones de la intensidad de la acción, basado en el principio de que estas medidas omitidas deben existir en alguna cantidad pero pueden existir en cualquier cantidad (es decir, que un proceso psicológico dado debe poseer algún conten- ido y algún grado de intensidad, pero puede poseer cualquier con- tenido o gradación de la categoría apropiada).

Así, por ejemplo, se forma el concepto “pensamiento” al retener las características distintivas de la acción psicológica (un proceso de cognición orientado hacia un propósito específico), pero omitiendo los contenidos particulares así como el grado de intensidad del es- fuerzo intelectual. El concepto de “emoción” se forma al retener las características distintivas de la acción psicológica (una respuesta automática que procede de la evaluación de un existente) y omitir los contenidos particulares (los existentes), así como el grado de in- tensidad emocional.

Obsérvese que he mencionado los términos alcance y jerarquía en conexión con la intensidad de los procesos psicológicos. Estos son términos que pertenecen a la categoría de las mediciones, e indican métodos más precisos para medir algunos fenómenos psicológicos. Con referencia a los conceptos que pertenecen a la cognición (“pensamiento”, “observación”, “razonamiento”, “aprendizaje”,

etc.), el alcance del contenido provee un método de medición. El al- cance se mide por dos aspectos interrelacionados: por el ámbito del material fáctico involucrado en un proceso cognitivo determinado y por la longitud de la cadena conceptual requerida para tratar con ese material. En virtud de que los conceptos tienen una estructura jerárquica, es decir, puesto que las abstracciones más elevadas y complejas se derivan de otras más simples y básicas (comenzando por los conceptos de los concretos perceptualmente apreciados), es la distancia que los separa del nivel perceptual de los conceptos usados en un proceso cognitivo dado la que indica la amplitud de tal proceso. (El nivel de abstracción con el que un hombre está ca- pacitado a tratar indica cuánto tuvo que saber previamente para al- canzar ese nivel. No me refiero aquí a los hombres que meramente recitan vagas abstracciones memorizadas, sino tan solo a aquellos que captan todos los pasos intermedios involucrados).

En lo que respecta a los conceptos referentes a evaluación (“valor”, “emoción”, “sentimientos”, “deseos”, etc.), la jerarquía involucrada es de un tipo distinto y requiere un tipo de medición completa- mente diferente. Se trata de un tipo únicamente aplicable al pro- ceso psicológico de evaluación y puede ser designado como “ medi- ción teleológica”.

La medición es la identificación de una relación, una relación cuantitativa establecida mediante un estándar que sirve de unidad. La medición teleológica no se realiza con números cardinales, sino con números ordinales, y el estándar sirve para establecer una rela- ción calificada entre los medios y el fin.

Por ejemplo, un código moral es un sistema de medición teleológica que califica las opciones y acciones accesibles para el hombre, de acuerdo con el grado en el cual se cumple o se frustra el estándar de valor del código. El estándar es el fin, para alcanzar el cual las ac- ciones humanas son los medios.

Un código moral es un conjunto de principios abstractos; para practicarlo el individuo debe traducirlos en concretos apropiados, debe elegir las metas y los valores particulares que desea obtener. Esto requiere que defina su jerarquía de valores particulares según su importancia, y que actúe de acuerdo con ellos. En consecuencia, todas sus acciones deben ser guiadas por un proceso de medición teleológica. (El grado de incertidumbre y de contradicciones en la jerarquía de valores de un hombre es el grado por el cual no será capaz de realizar tales mediciones y en el que fracasará en sus in- tentos de efectuar los cálculos de valor o de realizar una acción con un propósito).

La medición teleológica debe efectuarse dentro y contra un con- texto inmenso; consiste en establecer la relación existente entre una elección dada y todas las demás elecciones posibles, y la jerarquía personal de valores.

El ejemplo más simple de este proceso, que todos los seres hu- manos hacen (con distintos grados de precisión y éxito), puede ob- servarse en el terreno de los valores materiales, en los principios (implícitos) que guían la forma en que un hombre gasta su dinero. A cualquier nivel de ingresos, el dinero que posee un hombre es siempre una cantidad limitada; al gastarlo, compara el valor de su compra contra el valor de toda otra compra que podría hacer con el mismo monto de dinero, lo pondera contra la jerarquía de todas sus demás metas, deseos y necesidades, y de acuerdo con eso hace la compra, o no.

El mismo tipo de medición guía las acciones de un hombre en el contexto más amplio de los valores morales o espirituales. (Por “es- piritual” me refiero a “perteneciente a la consciencia”, y menciono “más amplio” porque es la jerarquía de los valores de un hombre en ese dominio la que determina su jerarquía de valores en el área ma- terial o económica).

Pero el circulante o el medio de pago en este caso es diferente. En el terreno espiritual el circulante, el cual existe en cantidad limitada y que debe ser medido teleológicamente en la persecución de todo valor, es el tiempo, es decir la propia vida.

Dado que “valor” es aquello por lo cual uno actúa para obtenerlo y/o conservarlo, y la cantidad de acción posible se halla limitada por la duración de la propia vida, es parte de la propia vida lo que se invierte en todo aquello que se valora. Los años, meses, días u horas de pensamiento, interés o acción dedicados a un valor de- terminado son la moneda con que se paga por el placer que se recibe de él.

Contestemos ahora la pregunta: “¿Puede medirse el amor?”. El concepto “amor” se forma al aislar dos o más casos del proceso psicológico correspondiente y retener sus características distintivas (una emoción que proviene de la evaluación de un existente como valor positivo y fuente de placer), y omitir el objeto y las dimen- siones de la intensidad del proceso.

El objeto puede ser una cosa, un evento, una actividad, una condi- ción o una persona. La intensidad varía de acuerdo con la evalua- ción que uno hace del objeto, como sucede, por ejemplo, en casos tales como la predilección por un tipo de helado, por fiestas, por lecturas, por la libertad, o por la persona con la que se contrae mat- rimonio. El concepto “amor” incluye una amplia gama de valores y, consecuentemente, de intensidad: se extiende de los niveles inferi- ores (designados por la subcategoría “simpatía”) al nivel superior (designado por la subcategoría “afecto”, que se aplica únicamente a personas), hasta el nivel más elevado, que incluye el amor romántico.

Si se desea medir la intensidad de una forma de amor en particular, se toma en consideración la jerarquía de valores de la persona que

lo experimenta. Un hombre puede amar a una mujer y, sin em- bargo, considerar que la satisfacción neurótica de la promiscuidad sexual es mayor que su amor por ella. Otro hombre puede amar a una mujer y, sin embargo, abandonarla por considerar que su temor a la desaprobación de los demás por esa relación (su familia, sus amigos o aún personas a las que no conoce) es mayor que su amor por ella. Aun otro puede llegar a arriesgar su vida para salvar a la mujer que ama, porque sin ella todos sus otros valores dejarían de tener sentido. Las emociones relacionadas con estos ejemplos no poseen igual intensidad o dimensión. No permita nunca que un místico del tipo James Taggart le diga que el amor no puede medirse.

Ciertas categorías de conceptos de la consciencia requieren una consideración especial. Se trata de conceptos que pertenecen a los productos de procesos psicológicos, tales como “el conocimiento”, “la ciencia”, “las ideas”, etcétera.

Estos conceptos se forman al mantener sus características dis- tintivas y omitir su contenido. Por ejemplo, el concepto “conocimi- ento” se forma al mantener sus características distintivas (una com- prensión mental de uno o más hechos de la realidad, obtenidos ya sea por la observación perceptual o por un proceso de razonami- ento basado en la observación perceptual) y omitir los hechos par- ticulares involucrados.

La intensidad de los procesos psicológicos que llevaron a los res- ultados carece aquí de importancia, pero la naturaleza de esos pro- cesos se encuentra incluida en las características distintivas de los conceptos y sirve para diferenciar los diversos conceptos de este tipo.

Es importante notar que estos conceptos no son el equivalente de su contenido existencial, y que pertenecen a la categoría de concep- tos epistemológicos, considerando a sus componentes metafísicos

como “su contenido”. Así, por ejemplo, el concepto “la ciencia de la física” no es lo mismo que los fenómenos físicos que son el conten- ido de la ciencia. Los fenómenos existen independientemente del conocimiento humano; la ciencia es un conjunto organizado de conocimientos sobre estos fenómenos, adquiridos y comunicables a una consciencia humana. Los fenómenos mismos continuarían ex- istiendo aun cuando ya no existiese la consciencia humana; sin em- bargo, la ciencia misma ya no existiría.

Una subcategoría especial de conceptos pertenecientes a los pro- ductos de la consciencia queda reservada para los conceptos del método. Los conceptos del método designan cursos de acción sis- temáticos desarrollados por los seres humanos con el propósito de alcanzar ciertas metas. El curso de acción puede ser puramente psicológico (como es el método de usar la propia consciencia) o puede involucrar una combinación de acciones psicológicas y físicas (como lo es un método de perforación petrolera), de acuerdo con la meta que se quiere alcanzar.

Los conceptos del método son formados conteniendo las caracter- ísticas distintivas del curso de acción intencionado y su meta, pero omitiendo las medidas particulares de ambos.

Por ejemplo, el concepto fundamental del método, del cual depend- en todos los demás, es la lógica. La característica distintiva de la ló- gica (el arte de la identificación no contradictoria) indica la nat- uraleza de las acciones (las acciones de consciencia requeridas para alcanzar una identificación correcta) y su meta (el conocimiento), mientras que la extensión, la complejidad o los pasos específicos del proceso de inferencia lógica quedan excluidos, al igual que la nat- uraleza del problema cognitivo particular involucrado en todo caso donde se usa la lógica.

Los conceptos del método representan una gran parte del equipo conceptual del hombre. La epistemología es una ciencia dedicada al

descubrimiento de los métodos adecuados para adquirir y validar el conocimiento. La ética es una ciencia dedicada al descubrimiento de los métodos adecuados para vivir la propia vida. La medicina es una ciencia dedicada al descubrimiento de los métodos adecuados para curar las enfermedades. Todas las ciencias aplicadas (es decir, la tecnología) son ciencias dedicadas al descubrimiento de métodos. Los conceptos del método son la conexión con la vasta y compleja categoría de conceptos que representan integraciones de conceptos existenciales con conceptos de consciencia, una categoría que in- cluye la mayoría de los conceptos que se relacionan con las acciones del hombre. Los conceptos de esta categoría no tienen un referente directo a nivel de la percepción consciente (si bien incluyen com- ponentes de percepción) y no pueden formarse, ni entenderse, sin una larga cadena de conceptos antecedentes.

Por ejemplo, el concepto “matrimonio” denota una cierta relación moral-legal entre un hombre y una mujer, que involucra una cierta norma de comportamiento, basada en un acuerdo mutuo sancion- ado por ley. El concepto “matrimonio” no puede ser formado ni en- tendido por la mera observación del comportamiento de una pareja: requiere la integración de sus actos con una serie de concep- tos de consciencia tales como “acuerdo contractual”, “moralidad” y “ley”.

El concepto “propiedad” denota la relación de un hombre con un objeto (o una idea): su derecho a usarlo y a disponer de él, e invol- ucra una larga cadena de conceptos morales y legales, incluyendo el procedimiento por el cual el objeto fue adquirido. La mera observa- ción de un hombre en el acto de usar un objeto no explica el con- cepto de “propiedad”.

Conceptos compuestos de esta índole se forman al aislar los exist- entes, las relaciones y las acciones apropiadas, manteniendo las

características distintivas y omitiendo la clase de medición apropi- ada para las distintas categorías de conceptos involucrados. Unas palabras sobre la gramática. La gramática es la ciencia que trata de la formulación de los métodos adecuados de expresión verbal y comunicación, es decir, los métodos para organizar las pa- labras (conceptos) en frases. La gramática forma parte de las ac- ciones de la consciencia e involucra una serie de conceptos espe- ciales, tales como las conjunciones, que son conceptos que denotan relaciones entre pensamientos (“y”, “pero”, “o”, etc.). Estos concep- tos se forman conservando las características distintivas de la rela- ción y omitiendo los pensamientos particulares involucrados. El propósito de las conjunciones es el de la economía verbal: sirven para integrar y/o condensar el contenido de ciertos pensamientos. Por ejemplo, la palabra “y” sirve para integrar una cantidad de hechos en un solo pensamiento. Si se dice: “Fernández, García y Pérez están caminando” la “y” indica que la observación “están caminando” se aplica a los tres individuos citados. ¿Existe en la realidad un objeto que corresponda a la palabra “y”? No. ¿Existe un