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El concepto de “Smart City”, es decir “ciudad inteligente” en castellano, hoy en día muy utilizado en el ámbito del marketing empresarial y de investigación científica34, no presenta aún una definición unívoca, aunque el debate sobre este tema tenga su origen en los años noventa35 tanto en Australia como en Malasia36 para referirse a unos asentamientos urbanos caracterizados por su alto nivel de desarrollo tecnológico; por eso, en el presente trabajo se tratará de explicar este concepto, este nuevo enfoque de las ciudades modernas a través de sus características generales y sus retos.

Entre los primeros que han introducido este término en relación a un futuro desarrollo sostenible de las ciudades está John Eger, director del California Institute for Smartes Communities, sosteniendo que esta transformación será posible solo gracias a la sensibilización de la ciudadanía sobre el poder de la tecnología y de la innovación en la vida cotidiana. En la misma línea, grandes empresas y corporaciones tecnológicas formularon el brand “smart” para promocionar nuevas iniciativas y hacerlas más atractivas para el público.

Esta idea de la importancia de la tecnología ha sido llevada adelante por Amanda Coe, del Center on Governance at the University of Ottawa. Coe considera fundamental el

33 Katz, B., Nowak, J. (20189. “El nuevo localismo: las ciudades estadounidenses ante los desafíos que

Washington es incapaz de resolver”, Vanguardia Dossier n. 67, pág. 60.

34

Nor, N.M., Wahap, N.A. (2014). “Workforce mobility: contributing towards smart city”, IOP Conference Series: Earth and environmental science n. 18, pág. 1. Klichowski, M. , Bonanno, P. , Jaskulska, S. , Costa, C. S. , Lange, M. D. , & Klauser, F. R. (2015). “CyberParks as a New Context for Smart Education: Theoretical Background, Assumptions, and Pre-service Teachers’ Rating”. American Journal of Educational Research n. 3(12A), pág. 1. Söderström, O., Paasche, T., & Klauser, F. (2014). Smart Cities as corporate storytelling. City, n. 18 vol. 3, págs. 307-320

35 Garau, C. (2014). “Smart paths for advanced management of cultural heritage”, Regional Studies

Regional Science n. 1, vol. 1, pág. 286.

36

Fernández González, M. (2016). “La Smart City como imaginario socio-tecnológico”, Cuaderno de Investigación Urbanística n. 109, pág. 7.

31 uso y el desarrollo de las nuevas tecnologías para que las ciudades evolucionen de forma inteligente y abastezcan las necesidades de sus ciudadanos. Para ello, la sola tecnología no es suficiente; el factor humano juega un papel fundamental en la ciudad, así que es indispensable que una ciudad, para convertirse en Smart, fomente relaciones colaborativas entre sus protagonistas, con exponentes tanto del sector público como del privado.

Así pues, observamos como las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) han sido el principal caldo de cultivo para la Smart City, los fundamentos para edificar un nuevo concepto de ciudad.

Por esta razón, antes de llegar a la denominación “Smart”, se formularon conceptualizaciones -relativas a la evolución de las ciudades- con un enfoque altamente tecnológico, como por ejemplo, la “Digital City” de Toru Ishida37

que indica como única y específica condición para ser una ciudad inteligente, la aplicación de los avances de la ciencia en la ciudad, tanto para integrar y comprender la información, como para incentivar y hacer más efectiva la participación ciudadana en asuntos públicos y asegurar el acceso a los datos. Otros ejemplos son el concepto “Cybercity” o “City of bits”38

formulada por Stephen Graham y Simon Marvin y la “Intelligent City” de Nicos Komninos que define la ciudad inteligente con las siguientes palabras: “Intelligent cities are systems of innovation combining innovative clusters, technology learning institutions, and digital innovation spaces. In this case, the innovation system is constructed on three overlapping spaces: physical, institutional, and digital”39.

Pese a este primer enfoque totalmente tecnológico (¿o acaso gracias a este?) respecto a la evolución de las ciudades, el concepto de Smart City terminó emergiendo fruto de múltiples intervenciones de estudiosos y expertos provenientes de diferentes sectores, no solo científicos sino también humanísticos. Es decir que la multidisciplinariedad en el estudio de la evolución de las ciudades facilitó la emergencia del concepto “Smart”, el cual se ha ido ampliando, abarcando los diferentes sectores de la ciudad y llegando a alcanzar su actual dimensión entre los distintos ámbitos de influencia, o sea un “sistema

37 Ishida, T. (2000). “Digital Cities: Experiences, Technologies and Future Perspectives”, Lecture Notes

in Computer Science, Vol. 1765, págs. 7-14.

38 Graham, S., Marvin, S. (2001). Splintering urbanism networked infrastructures,

technological mobilities and the urban condition. Londres: Routledge.

39

Komninos, N. (2008). Intelligent Cities and Globalisation of Innovation Networks. Londres: Routledge, pág. 43.

32 de sistemas” como prefiere decir Malcom McCullough40. Se podría afirmar que la primera conceptualización de una Smart City integrada, colaborativa y sostenible se da en el Smart City Forum del año 2011 en Ucrania.

De estas breves premisas podemos desprender los ejes fundamentales41 en los que se basa la Smart City: movilidad42, ahorro energético y urbanismo sostenible43, economía más limpia44, fomento de espacios verdes, tutela del medio ambiente45 y participación ciudadana46, este último, elemento clave para transformar los escenarios actuales de las ciudades47. La idea es que, a través de la acción sobre dichas áreas de influencia, se consiga mejorar la calidad de vida del ciudadano sin menoscabar el medio ambiente, gracias a la reducción de la contaminación atmosférica, a una mejor organización de la ciudad y a una mayor participación de la población en los asuntos ciudadanos.

Hoy en día, la ciudad no es solo una conglomeración de ciudadanos organizados democráticamente, sino algo más: aquí es donde surgen las condiciones estructurales y

40 McCullough, M. (2014). Ambient commons. Attention in the age of embodied information. Cambridge

(Estados Unidos): MIT Press, pág. 196 y ss.

41 Garau, C. (2014). “Smart paths for advanced management of cultural heritage”, Regional Studies

Regional Science n. 1, vol. 1, pág. 286. Nor, N.M., Wahap, N.A. (2014). “Workforce mobility: contributing towards smart city”, IOP Conference Series: Earth and environmental science n. 18, pág. 1: según otros, los pilares son la economía, la gobernanza, el medio ambiente, la movilidad, la calidad de la vida y las personas.

42 Observatorio tecnológico de la Energía. (2012). Mapa tecnológico ciudades inteligentes. España:

IDAE, pág. 8: entre las posibles medidas en esta área de influencia, podemos citar la implementación de simulaciones y modelos matemáticos para la comparación entre diferentes vías de circulación, con el fin de prever futuro impactos ambientales y sociales; servicios de información al ciudadano on line sobre el transporte público; impulso de transportes “limpios”; establecimiento de tarifas para el transporte privado según el grado de afectación al medio, entre otras. Álvarez Pelegry, E., op. cit., pág. 36 y ss. Ballotta, P. (2014). Smart City: prospettive strategiche e normative. Italia: Lulu, pág. 72 y ss.

43 Observatorio tecnológico de la Energía, op. cit., pág. 9: destacamos algunas medidas básicas en este

sector, como una planificación del desarrollo urbano sostenible, difusión de criterios estandarizados de evaluación del urbanismo (certificación energética, seguridad, sostenibilidad, sensores inteligentes, entre otros). Ballotta, P., op. cit., pág. 73. Véase para más detalle sobre un urbanismo más eficiente: VV.AA. (2007). Guía de planeamiento urbanístico energéticamente eficiente. Madrid: IDAE. Sanjuanbenito, D., Puigdollers, J. (2014). “Desarrollo Urbano sostenible”, CONAMA2014 Congreso Nacional del Medio Ambiente, Madrid: 24/11/2014.

44 Álvarez Pelegry, E., op. cit., pág. 79 y ss: además del fomento de producción de energía limpia, se

quiere incentivar un turismo sostenible, es decir a través de hoteles construidos según estándares de eficiencia energética y la posibilidad de utilizar el transporte público sin obstáculos; además la Smart City puede convertirse en una incubadoras de ideas y nuevos proyectos y un plató de pruebas tecnológicas y exposiciones.

45 Ballotta, P., op. cit., pág. 74: tutela de la biodiversidad, mejor gestión de los residuos y de las aguas,

cuidado por los recursos naturales.

46 Álvarez Pelegry, E., op. cit., pág. 69 y ss. 47

Branchi, P.E., Fernández-Valdivielso, C., Matias, I.R. (2014). “Analysis matrix for smart cities”, Future Internet n. 6, pág. 61. Achaerandio, R., Curto, J., Bigliani, R., Gallotti, G. (2012). “Análisis de las ciudades inteligentes en España 2012. El viaje a las ciudades inteligentes”, IDC, http://www.socinfo.es/contenido/seminarios/1404smartcities6/02-

33 tecnológicas de gobierno para enfrentarse a problemas sociales, ambientales, de crecimiento y de desarrollo económico48. Por lo tanto, podemos afirmar que la ciudad presenta un carácter profundamente complejo que abarca las siguientes dimensiones49: La económica, la social y la gobernanza. La dimensión económica hace referencia a la necesidad de una ciudad de abastecer las prioridades de sus ciudadanos50, tratando de conseguir este objetivo invirtiendo en investigación y en estrategias de protección del medio ambiente para lograr un adecuado desarrollo económico. En cuanto a la dimensión social, el foco se encuentra en la ciudadanía, no habremos de olvidar que el corazón de la ciudad son los ciudadanos51 los cuales, a través de las redes sociales, del fomento de los bienes comunes y del compromiso social, impulsan un nuevo concepto de ciudad, generando a su vez un cambio de paradigma en el modus vivendi de estos, más conscientes en sus elecciones cotidianas, más respetuosos por su entorno y más colaborativos entre ellos. Por último, observamos la gobernanza, la cual hace posible una organización sistémica y eficaz de las dinámicas urbanas, y que gracias a las directrices que una Smart City indica, mejora sustancialmente en aspectos tales como “accesibilidad de los datos, transparencia en la gestión, aplicación de políticas sostenibles”52, entre otras.

La Smart City se compone, al ser un sistema complejo, de diferentes elementos: el elemento ideológico, que sienta las bases de su discurso; los recursos comunicativos que permiten su difusión y evolución; los recursos económicos, tanto en forma de financiaciones e incentivos como nuevos modelos de negocio; los recursos tecnológicos; la parte institucional, o sea, la normativa, protocolos, estrategias y regulaciones; los diferentes actores, tanto privados como públicos; los objetivos y finalmente los espacios, es decir los lugares físicos y no físicos donde se desarrolla la ciudad inteligente. A través de este entramado estructural se intenta interpretar y

48

http://www.smart-cities.eu/index.php?cid=1&ver=3 , última consulta 06/07/2015: “En el contexto de los cambios económicos y tecnológicos provocados por la globalización y el proceso de integración, ciudades de Europa se enfrentan al reto de combinar la competitividad y el desarrollo urbano sostenible de forma simultánea”. Hodson, M., Marvin, S. “¿Ecociudades trascendentes o seguridad ecológica urbana? En Mostafavi, M., Doherty, G. Urbanismo ecológico. España: Editorial Gustavo Gili SL, pág. 211: las ciudades hoy son espacios “metalogísticos”, entendido como un intermediario activo en un procedimiento de formación y transformación material y de personas.

49 Piersanti, V. (coord.) (2013). Vademecum per la cittá intelligente. Italia: Edizioni fórum PA, pág. 7. 50 Para profundizar este tema, se aconseja: Bustillo Bolado, R.O, Gómez Manresa, M.F. (2014).

Desarrollo sostenible: análisis jurisprudencial y de políticas públicas. Cizur Menor: Civitas Thomson Reuters.

51 Borrell Borrell, B. (2014). “Smart information management. Aplicación de los sistemas Big Data y

Open Data para una gestión eficiente de la información”, Sabadell Smart Cogress 2014, 3-4 abril 2014.

34 entender la realidad urbana, alejándose de modelos rígidos y pasivos, proponiendo en cambio un nuevo paradigma, flexible y adaptable a una multitud de circunstancias con capacidad de individualizar y solucionar las problemáticas urbanas.

Aunque el concepto de Smart City sea abierto y flexible53, su estructura por lo general consta de unos elementos comunes, como un sistema de infraestructura en grado de abastecer las necesidades de los ciudadanos, un espacio urbano donde desarrollarse, un conjunto de redes y plataformas inteligentes y una ciudadanía empoderada que viva la ciudad.

Otro fuerte impulso hacia la Smart City viene de la Unión Europea54– como se analizará con más detalle posteriormente55 – que ha asignado doce millones de Euros hasta 202056 para proyectos Smart porque cree que una nueva gestión de las ciudades pueda mejorar el bienestar de sus ciudadanos y favorecer el desarrollo económico57 de una forma más sostenible, objetivo esencial de la UE.

Consecuentemente, España, dentro del marco europeo ahora presentado, ha aprobado en el marzo de 2015 su primer Plan Nacional de Ciudades Inteligentes con el objetivo de maximizar no solo “el impacto de las políticas públicas en TIC para mejorar la productividad y la competitividad, y transformar y modernizar la economía y sociedad española mediante un uso eficaz e intensivo de las TIC por la ciudadanía, empresas y administraciones”58, sino también para “una mejora en la calidad de vida de los pueblos y ciudades españolas”59, sin olvidar la necesidad de la recuperación de la actividad económica y de la creación de empleo60.

53

Ibídem, pág. 16.

54

Ratti, C. (2013). Smart City, Smart Citizen. Milano: Egea, pág. 13.

55 Véase Parte II.2.2.A.

56 Ballotta, P., op. cit., pág. 11 y ss: los ejes de la Estrategia 2020 son el desarrollo inteligente, el

desarrollo sostenible y el desarrollo del empleo.

57 Según un estudio “Smart Cities: un’opportunitá nello spirito del rinascimento per una nuova qualitá

della vita”, realizado en 2012 por Ambrosetti, una ciudad inteligente podría avanzar diez puntos PIB cada año, es decir unos 160 millones recuperados gracias a una mayor eficiencia.

58

Ministerio de Industria, Energía y Turismo. (2015). Plan Nacional de Ciudades Inteligentes. http://www.agendadigital.gob.es/planes-

actuaciones/Bibliotecaciudadesinteligentes/1.%20Plan/Plan_Nacional_de_Ciudades_Inteligentes.pdf, última consulta 15/04/2015, pág. 10. Los ejes que sigue el Plan son los siguientes: facilitara a las ciudades el proceso de transformación hacia una ciudad inteligente, proyectos en materia de TICs, desarrollo de la industria TIC, difusión del Plan Nacional de Ciudades Inteligentes, actuaciones trasversales de seguimiento del plan.

59 Ibídem. 60

Briganti, M., Rossi, G., Sforza, T. (2014). Smart cities & citizenship. Altran foundation, http://it.altran- foundation.org/, última consulta 30/07/2015, pág. 8.

35 Llegados a este punto podemos esbozar una primera definición61 de Smart City: una ciudad que integra la economía, la movilidad, el medio ambiente, la administración y la ciudadanía a través de un enfoque sostenible62, inteligente, coordinado y complejo63. Es de subrayar que el carácter multidisciplinar y omnicomprensivo de una Smart City, no atañe solo a su organización, sino también a los resultados de esta, a sus proyectos, medidas, soluciones y estrategias sostenibles, tendiendo a asumir un carácter interdisciplinar según evoluciona, esto último, siempre que la Smart City integre los conocimientos de las diferentes áreas de influencia, ofreciendo una visión compleja, estructurada y unívoca. En consecuencia, el siguiente paso en la evolución de la ciudad inteligente es la aplicación de un enfoque transdisciplinario que va más allá de la separación entre disciplinas, unificando el conocimiento y las herramientas de todas las áreas involucradas, sintetizando todos los elementos y las variables bajo un único concepto, la Smart City. Es decir que podemos encontrar diferentes facetas en la evolución de una Smart City, la multidisciplinar, la interdisciplinar y la transdisciplinar. Todas las partes que se involucran en el proyecto Smart a largo plazo salen ganando: los ciudadanos, por mejorar su calidad de vida; la nueva empresa que nace por emprender en nuevos sectores y la administración pública por mejorar en su organización. Se desprende de esto que, para conseguir una Ciudad Inteligente exitosa -ante todo- tiene que existir una fuerte y consolidada cooperación64 entre las autoridades administrativas de los diferentes niveles y los agentes socio-económicos. Solo de esta manera se podrá dar voz a las verdaderas exigencias de la ciudadanía65 – que en primera persona tendrá que comprometerse y empoderarse – y “las teorías de sostenibilidad se podrán convertir en realidades”66.

Entre las definiciones más completas de una Smart City, recordamos la del grupo de trabajo67 compuesto por Hatzelhoffer, Humboldt, Lobeck y Wiegandt, que define una ciudad como Smart cuando las inversiones en las personas, en las tecnologías y en el

61 Vianello, M. (2014). Construire una cittá inteligente. Santarcangelo di Romagna: Maggioli Editore,

pág. 23: Governance ciudadana de gestionar la ciudad en manera de mejorar la calidad de vida de las personas con el sustento de la innovación tecnológica.

62 Garau, C., op. cit., pág. 287: “Smart factors can therefore only lead to more efficient use of resources if

integrated effectively into the territory, promoting and maximizing existing resources and making them more attractive”.

63 Falconio, E., Caprioli, F., op. cit., pág. 18: una ciudad smart presenta una visión compleja y estratégica

de las políticas a realizar, rechazando enfoques sectoriales.

64 Álvarez Pelegry, E., op. cit., pág. 17. 65 Vianello, M., op. cit., pág. 42. 66

Álvarez Pelegry, E., op. cit., pág. 17.

36 transporte, alimentan un desarrollo económico sostenible y mejoran la calidad de vida gracias a un uso inteligente de los recursos naturales y a una mayor participación ciudadana.

En cambio, Quincoces Soler prefiere hacer hincapié en la dimensión social de la ciudad, formulando su definición de Smart City desde el punto de vista del ciudadano: “Una Ciudad Inteligente es una ciudad Accesible, Amigable, Asequible, Eficiente, Inclusiva, Integradora, Participativa, Segura y Sostenible”68. Casi todos los adjetivos utilizados hablan de una ciudad donde los protagonistas son las personas que la viven, la cuidan y se involucran con su desarrollo según principios sustentables y de ahorro energético. Numerosas son las definiciones que a lo largo de los años se han formulado respecto a la Smart City y para poder entender su evolución conceptual es preciso revisar las principales tendencias que han existido hasta ahora. Éstas van desde una identificación con una ciudad digital a una ciudad “socialmente inclusiva”69

culturalmente sensible, que garantiza una mejor calidad de vida, una humanización de la ciudad70. Un ejemplo del primer grupo es la noción tecnocéntrica que nos facilitan Juan Murillo71 y Jorge Martín García72 en la que las TICs son el factor determinante para una ciudad73 se convierta en inteligente. En el segundo conjunto mencionamos la definición de Gildo Seisdedos que propugna la importancia de la flexibilidad y de la cultura, como motores de las futuras ciudades inteligentes que describe con las siguientes palabras: “Un nuevo modelo de gestión más ligero y flexible que llene de contenido los espacios urbanos y materialice el potencial creativo de nuestras ciudades dinamizando la actividad emprendedora, cultural y científica que fluye por nuestras calles”74.

68

Quincoces Soler, J.L., op. cit., pág. 127.

69 Oberti, I., Pavesi, A.S., op. cit., pág. 117.

70 Agarwal, A. (2015). “Humanizing the metrópolis: making the city Smart”, Smart City Expo World

Congress. Barcelona: 18/11/2015.

71

Murillo, J., op. cit., pág. 53: “Ciudad Inteligente» o smart city es básicamente un neologismo creado para tratar de describir aquellos ámbitos urbanos en los que se están aplicando con diverso grado de éxito herramientas tecnológicas para tratar de dar solución a antiguos problemas que afectan a la sostenibilidad medioambiental y económica de las ciudades, y por tanto a la calidad de vida de los ciudadanos”.

72

García, J.M. (2012). “Smart City ¿Un futuro al alcance de la mano?", Bit n. 188, pág. 50.

73 Sevillano Pérez, F. (2015). “Big data”, Economía industrial n. 395, pág. 83: “la Smart City es una

solución que con el apoyo de la tecnología, abarca la transformación de la ciudad de forma sostenible y escalable, con apertura a los ciudadanos y negocios y con transparencia en la gestión”.

37 De todas formas, aún no se ha logrado una noción unitaria75. Es cierto que se pueden extraer, de todas estas conceptualizaciones, puntos comunes que podemos entender como los pilares de la Smart City. Por ejemplo, la tecnología como herramienta eficaz para construir un entorno saludable y estimulante donde cada ciudadano pueda desarrollarse de forma satisfactoria y en sintonía con el medio ambiente; pero esto no tiene que convertirse en la finalidad de la Smart City76, sino que solo ha de significar una ayuda y una base para su desarrollo, para hacer la cotidianidad más fácil y reducir esfuerzos, optimizando77 los servicios públicos en favor de los ciudadanos; una herramienta complementaria78 a políticas y buenas prácticas a aplicarse según las exigencias de cada ciudad. En este ámbito, hay que tener cuidado en no caer en la

trampa del paradigma:

Este paradigma a menudo se utiliza como justificación de la Smart City y es un error, aunque es cierto que hay que destacar la importancia del almacenamiento y del análisis de los datos de la ciudad, no hay que interpretarlos como la única base para construir un nuevo modelo de ciudad. A veces se usa erróneamente el argumento tecnológico para

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